Jesús Mendoza

 

Luis Ortega

 

Durante años, y por mi oficio, compartí espacio, tiempo y pasión con un hombre de fe en las ocasiones excepcionales en las que, más allá de credos y miedos, los isleños de toda condición y sensibilidad celebran a la Virgen de Agosto en la advocación de Candelaria. El espacio del encuentro, una sala inmediata al camarín de la Patrona de Canarias, decorada con un lienzo de José Aguiar dedicado a la Multiplicación de los panes y los peces; el tiempo, la víspera -con la ofrenda de las flores, los frutos y los cantos de la tierra para honrar a María, ayudar a los pobres y alegrar a los tristes- y el Día Grande, cuando liturgia y boato, piedad y emoción se ponen a los pies de la Madre de Dios dentro y fuera de la Domus Aurea que impulsó el obispo Pérez Cáceres y proyectó el arquitecto Marrero Regalado; la pasión la ponía, la pone en todo cuanto hace, el padre Jesús Mendoza, prior de la comunidad dominica que guarda y sirve el culto de la sagrada imagen y el luminoso templo, que atiende las necesidades parroquiales de los vecinos y que es, sin duda, responsable de la vitalidad y pujanza, en horas de crisis, de la devoción candelariera.


En 2009, la Villa y las islas conmemoran el cincuentenario de la consagración de la Basílica y para la efeméride se contó con un pregonero excepcional: el padre Mendoza que, a su acreditado compromiso evangélico y social y a sus valores pastorales, une un fino instinto literario y una encendida elocuencia dedicada a la esperanza, la más alegre y necesaria de las virtudes teologales. La amistad y la confianza me han permitido disfrutar de un texto culto y ameno, profundo y emotivo, una lección de amor y de pedagogía que, por sobrados méritos, ya está en el anaquel de la literatura mariana que inició fray Alonso de Espinosa en 1594 y que, desde entonces, no ha parado de crecer con nombres ilustres y de adecuarse al signo y la exigencia de los tiempos. En un momento de su pregón, declara: "Junto a Ti, Señora, aprendimos a abrir el corazón, a soñar tierras, a ser mestizos, a respetar diferencias, a hacerte más visible en la ternura y a hacer más visible el rostro de un Dios, que en la teología más serena de nuestros pinos y montañas, nos enseña que la solidaridad y la paz, el servicio y la entrega son los dones más urgentes y preciados que podemos ofrecer".


Pasadas estas fechas de memoria y fervor, al ocupado e incansable prior le toca dar a la imprenta sus palabras de anuncio festero porque proceden de la inteligencia y el corazón, un binomio indisoluble en todos los órdenes de la vida, incluida la catequesis. Todos lo agradeceremos.

 

El Pregón