El
Filibusterismo
de
José
Rizal
(II)
Estrategia y tácticas de los independentistas
(Pags,
...
y como yo, tiene usted cuentas que arreglar con la sociedad; su hermanito fue
asesinado, a su madre la han vuelto loca, y la sociedad no ha perseguido ni al
asesino ni al verdugo. Usted y yo pertenecemos a los sedientos de justicia, y,
en vez de destruirnos, debemos ayudarnos. Simoun se detuvo ahogando un suspiro y
después continuó lentamente con la mirada vaga.
-
Sí, yo soy aquel que ha venido hace trece años enfermo y miserable para rendir
el último tributo a un alma grande, noble que ha querido morir por mí. Víctima
de un sistema viciado he vagado por el mundo, trabajando noche y día para
amasar una fortuna y llevar a cabo mi plan. Ahora he vuelto para destruir ese
sistema, precipitar su corrupción, empujarle al abismo al que corre insensato,
aun cuando tuviese que emplear oleadas de lágrimas y sangre... Se ha condenado,
lo está y no quiero morir sin verle antes hecho trizas en el fondo del
precipicio!
Y Simoun extendía ambos brazos hacia la tierra como si con aquel
movimiento quisiese mantener allí los restos destrozados. Su voz había
adquirido un timbre siniestro, lúgubre que hacía estremecerse al
estudiante.
-
Llamado por los vicios de los que las gobiernan, he vuelto a estas islas y, bajo
la capa del comerciante, he recorrido los pueblos. Con mi oro me he abierto
camino y donde quiera he visto a la codicia bajo las formas mas execrables, ya
hipócrita, ya impúdica, ya cruel, cebarse en un organismo muerto como un
buitre en un cadáver, y me he preguntado ¿por qué no fermentaba en sus entrañas
la ponzoña, la ptomaína, el veneno de las tumbas, para matar a la asquerosa
ave? El cadáver se dejaba destrozar, el buitre se hartaba de carne, y como no
me era posible darle la vida para que se volviese contra su verdugo, y como la
corrupción venía lentamente, he atizado la codicia, la he favorecido, las
injusticias y los abusos se multiplicaron; he fomentado el crimen, los actos de
crueldad, para que el pueblo se acostumbrase a la idea de la muerte; he
mantenido la zozobra para que huyendo de ella se buscase una solución
cualquiera; he puesto trabas al comercio para que empobrecido el país y
reducido a la miseria ya nada pudiese temer; he instigado ambiciones para
empobrecer el tesoro, y no bastándome esto para despertar un levantamiento
popular, he herido al pueblo en su fibra mas sensible, he hecho que el buitre
mismo insultase al mismo cadáver que le daba la vida y lo corrompiese... Mas,
cuando iba a conseguir que de la suprema podredumbre, de la suprema basura,
mezcla de tantos productos asquerosos fermente el veneno, cuando la codicia
exacerbada, en su atontamiento se daba prisa por apoderarse de cuanto le venía
a la mano como una vieja sorprendida por el incendio, he aquí que vosotros surgís
con gritos de españolismo, con cantos de confianza en el Gobierno, en lo que no
ha de venir; he aquí que una carne palpitante de calor y vida, pura, joven,
lozana, vibrante en sangre, en entusiasmo, brota de repente para ofrecerse de
nuevo como fresco alimento... ¡Ah, la juventud siempre inexperta y soñadora,
siempre corriendo tras las mariposas y las flores! Os ligáis para con vuestros
esfuerzos unir vuestra patria a
-
Al contrario, repuso Basilio; si el conocimiento del castellano nos puede unir
al gobierno, en cambio puede unir también a todas las islas entre sí!
-
¡Error
craso! interrumpió Simoun; os dejáis engañar por grandes palabras y nunca
vais al fondo de las cosas a examinar los efectos en sus últimas
manifestaciones. El español nunca será lenguaje general en el país, el pueblo
nunca lo hablara porque para las concepciones de su cerebro y los sentimientos
de su corazón no tiene frases ese idioma: cada pueblo tiene el suyo, como tiene
su manera de sentir. ¿Qué vais a conseguir con el castellano, los pocos que lo
habéis de hablar? Matar vuestra originalidad, subordinar vuestros pensamientos
a otros cerebros y en vez de haceros libres haceros verdaderamente esclavos!
Nueve por diez de los que os presumís de ilustrados, sois renegados de vuestra
patria. El que de entre vosotros habla ese idioma, descuida de tal manera el
suyo que ni lo escribe ni lo entiende y ¡cuantos he visto yo que afectan no
saber de ello una sola palabra! Por fortuna tenéis un gobierno imbécil.
Mientras
Simoun
se detuvo y se pasó la mano por la frente. La luna se levantaba y enviaba su débil
claridad de luna menguante al través de las ramas. Con los cabellos blancos y
las facciones duras, iluminadas de abajo arriba por la luz de la lámpara, parecía
el joyero el espíritu fatídico del bosque meditando algo siniestro. Basilio,
silencioso ante tan duros reproches, escuchaba con la cabeza baja. Simoun
continuó:
-
Yo he visto iniciarse ese movimiento y he pasado noches enteras de angustia
porque comprendía que entre esa juventud había inteligencias y corazones
excepcionales sacrificándose por una causa que creían buena, cuando en
realidad trabajaban contra su país... Cuantas veces he querido dirigirme a
vosotros, desenmascararme y desengañaros, pero en vista de la fama que
disfruto, mis palabras se habrían interpretado mal y acaso habrían tenido
efecto contraproducente... Cuantas veces he querido acercarme a vuestro
Makaraig, a vuestro Isagani; a veces pensé en su muerte, quise destruirlos...
Detúvose
Simoun.
-
He aquí la razón por qué le dejo a usted vivir, Basilio, y me expongo a que
por una imprudencia cualquiera me delate un día... Usted sabe quien soy, sabe
lo mucho que he debido sufrir, cree en mí; usted no es el vulgo que ve en el
joyero Simoun al traficante que impulsa a las autoridades a que cometan abusos
para que los agraviados le compren alhajas... Yo soy el Juez que quiero castigar
a un sistema valiéndome de sus propios crímenes, hacerle la guerra halagándole...
Necesito que usted me ayude, que use de su influencia en la juventud para
combatir esos insensatos deseos de españolismo, de asimilación, de igualdad de
derechos... Por ese camino se llega a lo más a ser mala copia, y el pueblo debe
mirar más alto! Locura es tratar de influir en la manera de pensar de los
gobernantes; tienen su plan trazado, tienen la venda puesta, y, sobre perder el
tiempo inútilmente, engañáis al pueblo con vanas esperanzas y contribuís a
doblar su cuello ante el tirano. Lo que debéis hacer es aprovecharos de sus
preocupaciones para aplicarlas a vuestra utilidad. No quieren asimilaros al
pueblo español? Pues, enhorabuena! distinguíos entonces delineando vuestro
propio carácter, tratad de fundar los cimientos de la patria filipina. . ¿No
quieren daros esperanzas? Enhorabuena! no esperéis en él, esperad en vosotros
y trabajad. Os niegan la representación en sus Cortes? Tanto mejor! Aun cuando
consigáis enviar diputados elegidos a vuestro gusto, ¿qué vais a hacer en
ellas sino ahogaros entre tantas voces y sancionar con vuestra presencia los
abusos y faltas que después se cometan? Mientras menos derechos reconozcan en
vosotros, mas tendréis después para sacudir el yugo y devolverles mal por mal.
Si no quieren enseñaros su idioma, cultivad el vuestro extendedlo, conservad al
pueblo su propio pensamiento, y en vez de tener aspiraciones de provincia,
tenedlas de nación, en vez de pensamientos subordinados, pensamientos
independientes, a fin de que ni por los derechos, ni por las costumbres, ni por
el lenguaje el español se considere aquí como en su casa, ni sea considerado
por el pueblo como nacional, sino siempre como invasor, como extranjero, y tarde
ó temprano tendréis vuestra libertad. He aquí por qué quiero que usted viva!
Basilio respiró como si un gran peso se le hubiese
quitado de encima y respondió después de una breve pausa:
— Señor, el honor que usted me hace confiándome
sus planes es demasiado grande para que yo no le sea franco y le diga que lo que
me exige está por encima de mis fuerzas Yo no hago política, y si he firmado
la petición para la enseñanza del castellano ha sido porque en ello veía un
bien para los estudios y nada más. Mi destino es otro, mi aspiración se reduce
á aliviar las dolencias físicas de mis conciudadanos.
El
joyero se sonrió.
— ¿Qué son las dolencias físicas comparadas con
las dolencias morales? preguntó; ¿qué es la muerte de un hombre ante la
muerte de una sociedad? Un día usted será tal vez un gran médico si le dejan
curar en paz; pero más grande será todavía aquel que infunda nueva vida en
este pueblo anémico! Usted ¿qué hace por el país que le dio el ser, que le
da la vida y le procura los conocimientos? No sabe usted que es inútil la vida
que no se consagra á una idea grande? Es un pedruzco perdido en el campo sin
formar parte de ningún edificio.
— No, no señor, contestó Basilio modestamente; yo
no me cruzo de brazos, yo trabajo como todos trabajan para levantar de las
ruinas del pasado un pueblo cuyos individuos sean solidarios y cada uno de los
cuales sienta en sí mismo la conciencia y la vida de la totalidad. Pero, por
entusiasta que nuestra generación sea comprendemos que en la gran fábrica
social debe existir la subdivisión del trabajo; he escogida mi tarea y me
dedico á la ciencia.
—
La ciencia no es el fin del hombre, observó Simoun.
—
A ella tienden las naciones más cultas.
—
Sí, pero como un medio para buscar su felicidad.
—
La ciencia es más eterna, es más humana, más universal! replicó el joven en
un trasporte de entusiasmo Dentro de algunos siglos cuando la humanidad esté
ilustrada y redimida, cuanda ya no haya razas, cuando todos los pueblos sean
libres, cuando no haya tiranos ni esclavos, colonias ni metrópolis, cuando
rija una justicia y el hombre sea ciudadano del mundo, solo quedará el culto de
la ciencia, la palabra patriotismo sonará á fanatismo, y al que alardea
entonces de virtudes patrióticas le encerrarán sin duda como aun enfermo
peligroso, á un perturbador de la armonía social.
Simoun
se sonrió tristemente.
— Sí, sí, dijo sacudiendo la cabeza, mas, para
que llegue ese estado es menester que no haya pueblos tiranos ni pueblos
esclavos, es menester que el nombre sea á donde vaya libre, sepa respetar en el
derecho de cualquiera el de su
propia individualidad, y para esto hay que verter primero mucha sangre,
se impone la lucha como necesaria... Para vencer al antiguo fanatismo que oprimía
las conciencias fue menester que muchos pereciesen en las hogueras para que,
horrorizada la conciencia social, declarase libre á la conciencia individual.
Es menester también que todos respondan á la pregunta que cada día les dirige
la patria cuando les tiende las manos encadenadas! El patriotismo solo puede
ser crimen en los pueblos opresores porque entonces será la rapiña bautizada
con un hermoso nombre, pero por perfecta que pueda ser la humanidad el
patriotismo será siempre virtud en los pueblos oprimidos porque significará en
todo tiempo amor á la justicia, á la libertad, á la dignidad misma. Nada
pues de sueños quiméricos, nada de idilios mujeriles! La grandeza del hombre
no está en anticiparse á su siglo, cosa imposible por demás, sino en adivinar
sus deseos, responder á sus necesidades y guiarle á marchar adelante. Los
genios que el vulgo cree se han adelantado al suyo, solo aparecen así porque el
que los juzga los ve desde muy lejos, ó toma por siglo la cola en que marchan
los rezagados!
Simoun se calló. Viendo que no conseguía despertar
el entusiasmo en aquella alma fría, acudió á otro argumento, y preguntó
cambiando de tono:
— Y por la memoria de su madre y de su hermano, qué
hace usted? Basta venir aquí cada año y llorar como una mujer sobre una tumba?
Y
se rió burlonamente.
El
tiró dio en el blanco; Basilio se inmutó y avanzó un paso.
—
¿Qué quiere usted que haga? preguntó con ira. Sin medios, sin posición
social ¿he de obtener justicia contra sus verdugos? Sería otra víctima y me
estrellaría como un pedazo de vidrio lanzado contra una roca. ¡Ah, hace usted
mal en recordármelo porque es tocar inútilmente una llaga!
—
Y si yo le ofrezco á usted mi apoyo?
Basilio
sacudió la cabeza y se quedó pensativo.
—. ¡Todas las reivindicaciones de la justicia,
todas las venganzas déla tierra
no harán revivir un solo cabello de mi madre, refrescar una sonrisa en los labios de mi hermano! Que duerman
en paz... Qué he de sacar aun cuando me vengase?
— Evitar que otros sufran lo
que usted ha sufrido, que en lo futuro haya hijos asesinados y madres forzadas
á la locura. La resignación no siempre es virtud, es crimen cuando
alienta tiranías: no hay déspotas donde no hay esclavos. Ay! el hombre es de
suyo tan malo que siempre abusa cuando encuentra complacientes. Como usted
pensaba yo también y sabe cual fue mi suerte. Los que han causado su desgracia
le vigilan día y noche; sospechan que usted acecha un momento oportuno;
interpretan su afán de saber, su amor al estudio, su tranquilidad misma por
ardientes deseos de venganza... El día en que puedan deshacerse de usted lo
harán como lo hicieron conmigo y no le dejarán crecer porque le temen
y le odian!
— ¿Odiarme á mí? odiarme todavía después del
mal que me han hecho? preguntó el joven sorprendido. Simoun soltó una carcajada.
— Es natural en el hombre odiar á aquellos á
quienes ha agraviado, decía Tácito
confirmando el qttos laserunt et oderuni de
Séneca. Cuando usted quiera medir los agravios ó los bienes que un
pueblo hace á otro, no tiene más que ver si le odia o
le ama. Y así se explica el por qué algunos que aquí se han enriquecido
desde los altos puestos que desempeñaron, vueltos á
— Pero si el mundo es grande, si uno les deja gozar
tranquilamente del poder... si no pido
más que trabajar, que me dejen vivir...
— ¡Y criar hijos pacíficos
para irlos después á someter al yugo, continuó Simoun remedando
cruelmente la voz de Basilio. ¡Valiente
porvenir les prepara usted, y le han de agradecer una vida de humillaciones y sufrimientos! ¡Enhorabuena, joven!
Cuando un cuerpo está inerte, inútil es galvanizarlo. Veinte años de esclavitud continua, de humillación sistemática, de
postración constante llegan á crear en el alma una joroba que
no lo ha de enderezar el trabajo de un día. Los sentimientos buenos ó
malos se heredan y se trasmiten de padres á hijos. Vivan pues sus ideas idílicas,
vivan los sueños del esclavo que solo pide un poco de estopa con que envolver
la cadena para que suene menos y no le ulcere la piel! Usted aspira á un pequeño
hogar con alguna comodidad; una mujer y un puñado de arroz: he ahí el hombre
ideal en Filipinas! Bien; si se lo dan, considérese afortunado.
Basilio, acostumbrado á obedecer y á sufrir los
caprichos y el mal humor de Cpn. Tiago y subyugado por Simoun que se le aparecía
terrible y siniestro destacándose de un fondo teñido en lágrimas y sangre,
trataba de explicarse diciendo que no se consideraba con aptitudes para
mezclarse en la política, que no tenía opinión alguna porque no había
estudiado la cuestión pero que siempre estaba dispuesto á prestar sus servicios
el día en que se los exigiesen, que por el momento solo veía una necesidad, la
ilustración del pueblo etc., etc. Simoun le cortó la palabra con un gesto y
como pronto iba á amanecer, dijo:
— Joven, no le recomiendo á usted que guarde mi
secreto porque sé que la discreción es una de sus buenas cualidades, y aunque
usted me quisiere vender, el joyero Simoun, el amigo de las autoridades y de las
corporaciones religiosas merecerá siempre más crédito que el estudiante
Basilio sospechoso ya de filibusterismo por lo mismo que siendo indígena se
señala y se distingue, y porque en la carrera que sigue se encontrará con
poderosos rivales. Con todo aunque usted no ha respondido á mis esperanzas, el
día en que cambie de opinión, búsqueme en mi casa de
Basilio
dio brevemente las gracias y se alejó.
— ¿Me habré equivocado de clave? murmuró Simoun
al encontrarse solo; es que duda de mí ó medita tan en secreto el plan de su
venganza que teme confiarlo á la misma soledad de la noche? O será que los años
de servidumbre han apagado en su corazón todo sentimiento humano y solo quedan
las tendencias animales de vivir y reproducirse? En este caso el molde estaría
deforme y hay que volverlo á fundir... La hecatombe se impone pues; perezcan
los ineptos y sobrevivan los más fuertes!
Y
añadió lúgubremente como si se dirigiese á alguien:
—
Tened paciencia, vosotros que me habéis legado un nombre y un hogar, tened
paciencia! Uno y otro los he perdido, patria, porvenir, bienestar, vuestras
mismas tumbas... pero tened paciencia! Y tú, espíritu noble, alma grandiosa, corazón magnánimo
que has vivido para un solo pensamiento y has sacrificado tu vida sin contar con
la gratitud ni la admiración de nadie, ten paciencia, ten paciencia! Los
medios de que me valgo no serán tal vez los tuyos, pero son los mas breves....
El día se acerca y cuando brille iré yo mismo á anunciároslo á vosotros. ¡Tened
paciencia!
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