“Escritos
del cibercafé”
(Volumen segundo)
Samir
Delgado
Hay momentos
en que todo parece perdido frente a la impunidad brutal que mal gobierna estas
islas cada vez más desafortunadas. Si ya resultan apabullantes las malas
noticias que no cesan de bombardear el archipiélago con el aumento de la
corrupción institucional y el descalabro económico de las familias, el grave
deterioro medioambiental y el drama humanitario de los naufragios, ahora la
última jugarreta del Ministerio de Defensa ha sido el anuncio en plenos
carnavales de maniobras de aviones de combate “eurofighter”
a sólo
Un simulacro
de guerra con efectivos españoles y yankis que
resulta a todas luces el hartazgo final para poner el grito en el cielo y
embroncarnos en la calle frente a cualquier búnker gubernamental, sin los paños
tibios de quienes pretenden cambiar las cosas desde cierta izquierda apalancada
tras los faxes a la prensa, de quienes por su silencio cómplice andan
despistados en el centro de su mundo particular y de quienes siendo de derechas
hacen carantoñas de extrañeza cuando se les pregunta por la militarización de
Canarias.
El dibujo en el mapa de las islas como una
plataforma de agresión a otros pueblos y su conversión en punto caliente para
maquiavélicos planes dada nuestra situación geográfica es una obviedad de perogrullo.
Por mucho maquillaje publicitario en el
exterior sobre nuestras bondades paisajísticas y la calidez de nuestros
entornos naturales, la peor cara de las islas sigue siendo la de pelotazos
urbanísticos en los litorales y las colas del paro que evidencian la
fantasmagoría de nuestros barrios, pero todo bien ocultadito para que no se vea
como los feísimos polvorines militares del ejército que por muchos lugares de
las islas con sus murallas acorazadas ofrecen un misterio para nada
sobrenatural.
¿A quién pretenden engañar?, ¿qué se
esconde tras los discos de prohibido el paso en Gando?, ¿ por qué tantos militares
profesionales corriendo por Las Canteras cada mañana?.
La propaganda del ejército español que está repartiéndose en muchos institutos
públicos es una vergonzosa forma de captación masiva entre los menores,
al igual que en la última campaña se confundía a la población con la
retransmisión en la televisión pública de anuncios militaristas con una
verdadera pátina de manipulación informativa. Junto a las imágenes rebuscadas
de gente guatemalteca entrevistada por su experiencia en la guerra civil
pretenden hacer ver a las fuerzas armadas como un mero dispositivo de ayuda
humanitaria, como si las armas fabricadas en España no fuesen también
comercializadas precisamente en numerosas naciones marcadas por la beligerancia
dramática y como si la inteligencia militar del alto estado borbónico se
dedicase únicamente a labores de ONG filantrópica y futuro aspirante al premio
príncipe de Asturias por las investigaciones científicas en
Ya
resulta una verdadera tomadura de pelo el hecho de que los gastos
presupuestarios en el ministerio de Defensa sean desorbitados en comparación
con otras verdaderas necesidades de la sociedad, más aún ahora que estamos
metidos de lleno en la mega crisis económica de estos años. ¿De verdad hacen
falta los tanques para sentirnos más seguros?, ¿la amenaza futura de una
invasión sobre nuestro territorio no se parece mucho al cuento de los
marcianitos verdes que vendrán de afuera?, ¿hasta que punto resultan
sostenibles los radares apuntalados encima de nuestros espacios naturales? ¿los acuartelamientos con sus toques de cornetín en medio de
muchos barrios no son un obstáculo real para el bienestar social más necesitado
de amplios parques urbanos y espacios liberados para el esparcimiento vecinal?
Desde luego que el abuso del poder mediático
alcanza niveles de contaminación sociológica incalculables. Se nos pinta la
institución militar como una salida laboral milagrosa para así aprovecharse de
los altos índices de fracaso escolar y la indefensión de una mayoría juvenil
con escasos recursos de supervivencia.
Parece que la jerarquía militar, una de las
instituciones piramidales con el peor legado vigente del nacionalismo español
más exacerbado, reúne por su posición dentro del Estado la completa impunidad,
intachable y respetada, cuando bien al contrario su realidad interna está
contaminada por la herencia franquista y el culto a los símbolos castrenses de
la peor calaña histórica desde la guerra de Cuba no tan lejana para muchos
nostálgicos del espíritu plus ultra.
El papel de los militares en la sociedad
sigue siendo la manutención de los rancios dogmas de la superioridad del
fuerte, la instrucción diaria en el frívolo arte del manejo de armas para el oficio
remunerado del mercenario profesional, todo completamente alejado de la
educación cívica por los valores de paz entre pueblos, el completo desarme de
la vida pública y el fin de la violencia en los conflictos internacionales que
muchas veces quedan hipotecados gravemente por la mala injerencia externa y el
tutelaje instrumental con intereses económicos, por muchos soldaditos de plomo
que mande el ejército español al Líbano y por muchas tropas con cascos azules
que circulen llevando caramelos por Irak o Darfur.
Por estos días sempiternos de apariencia
invernal con los visitantes europeos ávidos de sol, por nuestros cielos isleños
también habrán avioncitos jugando a la guerra de las
galaxias.
Quién sabe, como están las cosas, una vez
pasada a la historia la proclama de la insumisión frente a la comida de bola
del ejército y con el piberío de hoy enganchado a las metralletas de la
consola, tal vez si nadie protesta y nos quedamos mirando a la conchinchina, no sería extraño que
Quién sabe, en tiempos de crisis la
inteligencia militar suele estar muy solícita, y por estar tan diestros en el
pirateo, mejor no dar ideas.