DE LATAS, VIDRIOS, PLÁSTICOS, BASURAS Y OTROS HUMOS.

 

 

DE KIOTO A COPENHAGUE: ¿MÁS DE LO MISMO? (y II)

 

¡JUSTICIA CLIMÁTICA YA!

 

 
DEL PROTOCOLO DE KIOTO, EN 1997, AL PROTOCOLO DE COPENHAGUE, EN EL 2009: ¿MÁS DE LO MISMO?

 

Por Jose Almeida Afonso

 

Cuando la mayoría de los países deciden organizar una Cumbre en la que los Estados firmantes se comprometerían a reducir los vertidos contaminantes a la atmósfera desde el año 1997 al 2010 en un 5%, después de cientos de reuniones, de encuentros, desencuentros, tiras y aflojas --en muchas ocasiones, incluso concluían que “Ni chicha, ni limoná...--,  científicos más críticos,  Movimientos Ecologistas y muchos ciudadanos concienciados con esta problemática exigían una rápida, urgente y seria actuación lo consideraban insuficiente –impotentes e indignados— se tuvieron que resignar a las decisiones de los grandes mandatarios (aunque desde el punto de vista de muchas personas que conozco quitarían la adjetivación de “grandes” , dejándolos tan sólo en “mandatarios”...).

 

Los países más desarrollados –que son también los más contaminantes-- y los  que están en vías de desarrollo--, que no quieren quedarse atrás en el progreso y “bienestar” de sus ciudadanos (por lo que su nivel de contaminación es cada vez más elevado...)

 

  

¡JUSTICIA CLIMÁTICA YA!

 

“Una de las peores trampas que acompañaron el establecimiento del Protocolo de Kyoto (parte de la Convención de Cambio Climático), es que los gobiernos aceptaron que en lugar de reducir efectivamente las emisiones de gases de efecto invernadero en fuente, los países del norte y empresas que más los producen pueden pagar a otros (que tengan menos emisiones) para seguir contaminando, sea a través de fondos manejados por gobiernos, o a través de mercados privados de carbono. Esto no mejora el cambio climático, pero ha dado lugar a nuevas fuentes de negocios y especulación financiera con mercados primarios y secundarios de bonos de carbono. Peor aún, los llamados sumideros de carbono, con los que las empresas compran su derecho a contaminar, son pingües negocios para las mismas u otras grandes trasnacionales, como es el caso de las extensas plantaciones de monocultivos de árboles, con enormes impactos ambientales y sociales.


Una forma de este perverso mercado es el llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que existe dentro de la Convención de Cambio Climático. Se basa en compensar a las empresas por evitar la hipotética emisión futura de más gases de efecto invernadero. La mayoría de los proyectos dentro del MDL favorecen a empresas tremendamente contaminantes y dañinas al medio ambiente, porque la compensación se da en comparación a lo más sucio que sería la producción sin el proyecto presentado. Esta contabilidad no contempla lo realmente necesario: que este tipo de producción debe desaparecer. Existen opciones realmente limpias y sustentables, en este caso, la producción agrícola y pecuaria campesina, descentralizada y de pequeña escala.


El proyecto MDL de Granjas Carroll es un emprendimiento conjunto de ésta (propiedad de la trasnacional Smithfield, la mayor productora gobal de cerdos, pero se presenta como contraparte de México), Cargill Internacional SA, desde su sede en Suiza, y Ecosecurities Ltd del Reino Unido. La última es una empresa trasnacional de transacciones con bonos y créditos de carbono.

La actividad del proyecto es la recuperación de metano (un importante gas de efecto invernadero), alegando que se producirá biogás para generar electricidad, con parte del metano que se emite en las inmensas y contaminantes lagunas de excrementos de cerdos. El proyecto es mínimo en relación con las emisiones y múltiples otros impactos de Granjas Carroll, y justifica la producción industrial, ya que para captar la cantidad de gas alegada, los animales deben estar concentrados, y el excremento líquido. Los gases emitidos por el excremento de ganado, si no estuvieran confinados y en enormes cantidades, serían muchísimo menores o neutrales, porque la materia fecal de animales en campo abierto, se seca y es absorbida en forma natural en el suelo, sirviendo además como fertilizante que favorece el crecimiento de pastura que absorbe y retiene carbono. Por el contrario, la lógica de Granjas Carroll y los otras empresas de cría industrial de animales es que se les debe pagar por manejar el problema que ellos mismos causan.


¿Alguien cree que así se podrá enfrentar el cambio climático? Los gobiernos tampoco. Algunos, como Bolivia y otros países del ALBA, plantean que la situación es demasiado grave y no tolera más farsas. Exigen reducción drástica de emisiones y el reconocimiento de la deuda climática histórica de las trasnacionales y países del Norte. Pero los países de Norte y muchos del Sur, como México, siguen discutiendo mecanismos de mercado y hasta quieren aumentarlos, incluyendo dentro de un próximo protocolo la agricultura industrial en totalidad, no sólo la pecuaria. Así, los devastadores monocultivos transgénicos, como la soya en los países del sur de América Latina, podrían ser subsidiados por este mecanismo de desarrollo tan sucio.

Aunque la lucha es desigual, muchas organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales están denunciando la situación y se preparan para manifestarse de muchas formas, en paralelo a la Cumbre de Copenhague. La consigna que los reúne es ¡Justicia climática ya!”, escribió Silvia Ribeiro en un artículo titulado “Cerdos Climáticos”[1]
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Una representante del Estado español afirmaba que en el 2050 las emisiones contaminates a la atmósfera se reducirían en un 80%? (¡ojalá que se cumplan estas previsiones, pero creo que muchøs habrán pensado “¿y qué nos importa a nostrøs el año 2050... si ese año estaremos todøs calvøs...?

 

Si en el protocolo de Kioto la mayoría de los Estados que se comprometieron a reducir los vertidos contaminantes en un 5% en diez años; Protocolo que no se cumplió en sus principales acuerdos. ¿Podemos fiarnos los ciudadanos que en esta Cumbre de Copenhague en la que afirmaron su presencia más de 190 Estados, y en la que para trasladar a los Presidentes o jefes de estado se iban a utilizar más e 170 aviones privados, y que no habían suficientes limusinas en Copenhague para trasladar del aeropuerto a sus estancias  al séquito de cada “grupo de trabajo en representación de cada estado”, y si en el Protocolo de Kioto no cumplieron con ese 5 %, en diez años, cumplirán el 30% de reducción en 10 años que la Unión Europa ya adelantó unilateralmente, y el presidente de EEUU, Barak Obama ya anunció que su país se comprometería en un 17% en 10 años?

 

¿Y China? ¿Qué fórmula es esa que piensa presentar  para cumplir con el compromiso que firme, para no aumentar las emisiones contaminantes, y al mismo tiempo que no relantice ni frene su cada vez más acelerado desarrollo?

 

Soy de naturaleza optimista... pero en estas cuestiones soy REALISTA... lo que significa que sólo me creo lo que pueda comprobar por mi mismo, o por fuentes de toda fiabilidad....

 

[1]Cerdos climáticos