LADRAN, LUEGO
CABALGAMOS
¡Despabilesen, carajo! La llegada
de la independencia les podría coger con las piedras en la mano.
Gracias a los e-libros
recién salidos al mercado -que traen buscadores-
y a la Wikipedia, sabemos ya que la frase no es del cervantino El Quijote -del que tan mal uso hace el españismo más casposo, para perjuicio gástrico de los demás
(legítimos) nacionalismos del orbe-. Ni es del ingenioso hidalgo, ni mucho
menos de su socarrón escudero; ni tampoco de doña Dulcinea -que nunca llegó a
escaparse con el manchego-.
En realidad parece ser
la versión campechana, llegada por vía de Goethe a los labios de Rubén Darío, a
Azaña y Unamuno -y luego a textos de escritores poco
leídos-, de la frase latina que se traduciría con libertad LADRAN Y POR EL ECO
SABES CUANTO AVENTAJAS A TUS COMPETIDORES; es más larga, pero…
A su vez, es una
derivación de otra expresión griega: o sea, se trata de sabiduría ancestral, por lo que no es necesario ni útil seguir el
rastreo hasta que bajamos de los árboles en el Sahel africano. No se puede
negar que esta segunda versión es casi preferible a la escueta LADRAN, LUEGO
CABALGAMOS, en particular cuando debes echar mano de su moraleja para enfrentar
la insidia de los resentidos, envidiosos e insultadores; la imagen de que el
eco te apacigüe de las iras, es reconfortante, suena a música, es liberadora.
Te da inteligencia espacial para entender la situación, el posible porqué de la
miseria.
Y es que los otros,
agazapados en su reconcomio por imposibilidad de superarse a sí mismos, no
siempre hay que presumir que sean marionetas de la inteligencia de estado, tan activa en los ámbitos de final de la
colonia. Suelen estar pagados, incluso por sí mismos, pero esto es otra
historia, que también debe ser bastante casposa...
Superarse a sí mismo es
una cuestión de humildad. Y de paciencia. Y de mucho esfuerzo. Y de constancia
cotidiana. Y de honradez. Y de talento, finalmente. Por eso es tan difícil
conseguirlo.
Respetar a los que no
coinciden contigo es resultado de superarte a ti mismo.
Todo eso es necesario
para aspirar a ser bueno para trabajar por tu pueblo. Y también para aspirar a
representarlo -que es el segundo escalón de ‘trabajar por tu pueblo’, una vez
te hiciste consciente de sus problemas-; aunque sólo sea acumulando 150 votos,
porque esos 150 electores seguro que creen que estás adornado de las virtudes
que digo, aunque no se hayan dado cuenta de que tú tiras piedras como todos los
linchadores
de todos los tiempos, porque no puedes hacer otro mérito, ni tienes argumentos
más lúcidos. Además, difamar a otro es fácil, y siempre quedará algo, cierta
sospecha…; además, lo dejas marcado por tu insolencia y tu desenfado, por ese
desprecio a su persona.
Superarse a sí mismo es
algo que alguna gente no lo alcanza a conseguir nunca. Hay gente que lo
intenta, y se desanima pronto. Pero en cualquier momento de la vida, cualquiera
puede cambiar; en cuyo caso, deberá restablecer el honor de quien ha ofendido
con su ira y/o su mentira, antes de disculparse, rehabilitarse, corregir el
rumbo, etc. Pero todo el mundo lo hace al revés, porque el sistema es muy
permisivo con los que machacan a los no-obedientes con el poder.
Hay también quienes
nunca querrán superarse a sí mismos, y mucho menos desmantelar las insidias que
montaron contra algún adversario -algunos han creído que la política “es así”, todo vale, pero no es verdad; el delito
da ‘resultado’… mientras no lo descubra la justicia, o los justos más
exactamente-. Esa gente es la que nunca deberemos permitir que acceda a
gobernar nuestros intereses y destinos.
Tampoco se les puede
estar echando cuenta, porque son insociables de oficio, aunque no se den
cuenta, y sus allegados prefieran no contradecirles.
Uno se podría reír de
ellos, carcajearse con sus disparates, su inconsistencia, su verborrea
artificiosa y algo inculta. Pero nadie está fuera del género humano. Lo mejor
es escuchar al eco, como aconseja el dicho, para saber que uno está trabajando
con rectitud: la unidad se hará, en su caso, en torno a quienes estén
cabalgando. No en torno a los que reclaman un puesto de vigilia junto al
capitán, porque son los que se duermen antes y se levantan después que los
demás: los débiles.
¡Despabilesen,
carajo! La llegada de la independencia les podría coger con las piedras en la
mano.
Solidaridad Canaria, en
el Archipiélago a 28.X.2010.
solidaridadcanaria.1977@gmail.com