¡FUEGO!, ¡FUEGO!, ¡INCENDIO!, ¡LA ISLA ARDE!, ¡¡FUEEEGOOOOOO…!!

 

Fernando Báez *

 

     Dice un refrán que “matándose el perro, se acabó la rabia”, y yo lo refiero a los pinos. Si los pinos fueran perros, arrancándolos y no plantando más pinos, no habría más incendios.

 

     No se olvide, que cada vez que hay un incendio, se esconde el dueño de ese terreno, al que se lo “robaron”. Precisamente allí, él, en otro tiempo, tenía animales y frutales, pero el cabildo ladrón, desde hace 60 años, no ha cesado de comprar: engañando, casi robando (por tres perras, lo que vale una fortuna) y forzando, chantajeando y acosando a los propietarios, para que les “vendieran” las tierras, con lo que se ha ido vaciando las cumbres de personas, de animales y de agricultura, a la par que se ha llenado de pinos, que son la materia indispensable para que hayan incendios, y ello, a pesar de las tres cámaras de vídeos que lo graban todo, a pesar de los tres helicópteros -y más que vengan-, incluido los hidroaviones, y por más que hayan más de trescientos profesionales de “apagas-fuegos” -que dicho sea de paso, no se en qué universidad se titularon- y es el caso, que para prevenir los incendios, no hay sino un solo camino: el de comenzar a arrancar los pinos y en su lugar plantar castañeros y nogales, que sabido es que ni con gasolina que se les echen, arden.

 

     Los castañeros y nogales, también las higueras, no arden, por más que se les prenda fuego. Pero, hay más, mucho más. La gran colaboradora -más que los controladores de incendios, bomberos, especialistas, expertos, aparatos, cámaras y bichos metálicos que vuelan (sobran todos), si se sueltan- las cabras, que son, junto con las ovejas, las que comiéndose la hierba, no habría la segunda materia que arde, y de ambas (pinos y matojos, con toda clase de hierbas [protegidas todas -les recuerdo, que segar una retama, sin arrancarla, solamente por podarla, te cuesta una multa de 600 €, que viene a ser el sueldo de un cura por atender su parroquia en un mes-]).

 

     Y hablando de dineros, la ruina que supone todo esos ejércitos de: Miedo Ambiente, Bomberos, Gentes del cabildo, etc., etc., son una ruina: cobran, por no hacer nada, sino esperando a ver -como canta la zarzuela-, esperando ver dónde hay humo, para desactivar un operativo, que siempre llega tarde, y mal. Antes, no había incendios, porque el pueblo en masa, lo apagaba, ahora no; ahora, para acercarse al fuego tienes que tener carné de apagador, ropa y equipo, cual si fueras a ir a la guerra, y que te impide hasta caminar, y nada digo si hay que correr. Pero, volvamos a la primera: si se suelta el ganado (secuestrado en corrales y a un kilómetro de donde viva alguien aunque haya llegado ayer por la tarde a vivir cerca del corral desde toda la vida allí, y si se plantara para reverdecer la isla árboles frutales, la gente no va a quemar la comida, y además aunque se quiera, no arde.

 

     Así que hay culpables de los incendios indirectamente (los que plantan la materia que arde), y no me refiero a los pirómanos, que no son tales, o son ex-dueños que reclaman lo que es suyo, o son como el último, prendido el fuego por uno de sus trabajadores, es decir, ellos mismos. El caso es que es pavoroso, saberse en el campo, y rodeado de fuego, que son en potencia los pinos todos, pues la resina es más que la gasolina, y la isla está llena de pinocha, que como miles de  veces he dicho no se come, y sí se la come el fuego. ¿Por qué, pues, sirven la comida al fuego? Es como poner una bandeja de dulces en un patio de recreo y esperar los niños al salir del aula, no se los coman. Es el caso de los pinos, ¿qué otra cosa y función tiene sino la de arder?; porque dijeron atraía el agua (y las presas están vacías), para engañar, y ¿quién jamás se hizo una mesa, puerta o ropero con la madera de los pinos (en un ropero metía yo a todos los del cabildo dados a plantar pinos)?, que al año de cortado ya ha sido al 100 %, comido por los gusanos. Luego, ¿para qué los plantan?

 

     Jamás supe ardiera en incendio alguno: un olivar, un nocedal o un parral. Arde, lo que no sirve; pasa que hay animales de por medio, casas, familias, y parece hay una política oculta: echar del campo a todo campesino, y así convertir en una única finca todas las cumbres del cabildo, continuación de la de Tirma -por donde no se puede pasar, y hay que dar la vuelta a más de media isla, en lugar de cortar camino por ella-, por donde no se ven ya ni a los cuervos, y pretenden estos subnormales, vuelen por toda la isla unos pájaros azules, que no existen y para los que les plantan todo de pinos  y más pinos.

 

     Pero, como no hay mal que por bien no venga, como resultas de los incendios, las cenizas que son el mejor abono que ellos producen, hará que la isla, pronto vuelva a ser un vergel (pena es no haya ganado que la coma después, sino nuevamente el siguiente verano, otros incendios, y así en ruleta, hasta que no paren de plantar pinos, que solo alimenta -desertizando la isla (y a la que quieren convertir en un geriátrico para europeos enfermos y borrachos)-; y sabido es que: los pinos no se queman, sino que se chamuscan y siguen vivos, pero estos canallas, por cada pino falsamente quemado, plantan cien; así que esto, esto va para rato y va a ir de mal a peor.

 

     Más aún, esto no ha hecho sino empezar (y si cada operario de apagadores de fuego, tuviera a su cuidado un par de cabras, no habría incendios, y justificaban el sueldazo que cobran, ya que al ordeñar a los animalitos, tendríamos leche, queso, carne, estiércol, la tierra suelta, el paisaje turístico, la vida de siempre, riqueza, etc., etc.).

 

     Después del incendio, vendrán los mentirosos de los políticos a decir lo recuperarán todo: sí, ¡cógelos cuco!

 

 

* Padre Báez

 

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