Alberto Vázquez-Figueroa
No soy
creyente y por lo tanto estoy en condiciones de opinar que el uso de la
violencia por parte de los musulmanes tan solo conseguirá retrasar el hecho de
que su religión acabe por imponerse. Son como una inmensa ola que avanza
imparable, se esfuerza por tener hijos que lleven cada vez mas lejos
las enseñanzas del Profeta y sus dirigentes son los primeros en defender sus
creencias. Sin embargo un gran número de dirigentes occidentales ven en la
religión a un enemigo con el que no desean compartir el poder por lo que se
intentan debilitarla en un desesperado intento de crear una sociedad cada vez
más reducida, dividida, sumisa y laica, lo cual lo único que esta haciendo es
facilitar la labor al islamismo.
Durante
quince siglos la cruz y la espada combatieron contra la media luna y el
alfanje, pero si los políticos de la espada acaban con los religiosos de la
cruz, tan solo será cuestión de tiempo que la media luna ocupe el espacio de
esa cruz porque, pese a lo que yo opine, el ser humano tiene un alma que
necesita creer en la existencia de un ser superior, un más allá y una vida mejor.
Y eso es algo que ningún político conseguirá evitar por mucho que se empeñe.
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