Londres como epicentro de la conspiración

por la independencia de América (III)

 

Mayke Santos

 

 La noche del 31 de marzo de 1767 todas las casas jesuitas de Madrid son clausuradas  y sus miembros incomunicados, el 2 de abril la medida es practicada en el resto de España e inmediatamente las órdenes son despachadas al resto de los dominios españoles en ultramar. Los jesuitas son acusados de instigadores del motín de Esquilache en España, de las publicaciones clandestinas, de obedecer a consignas secretas y de propagar doctrinas regicidas. La medida tiene importantes significaciones para la América española, los jesuitas expulsados son parte de la intelectualidad criolla que ya comienza a dar señas de “alarmante inquietud regionalista”; son los jesuitas los que abogan por autonomía absoluta en América, a la vez que eran defensores del anti regalismo, y de la autoridad del Papa (a propósito de los efectos de la expulsión, léase el interesante trabajo de Oswaldo Rodríguez Pérez “El Hispanoamericanismo de los Jesuitas expulsos en Italia”). Varios de ellos habrán de destacar desde su exilio, como es el caso del abate Juan Ignacio Molina, quién escribirá el “Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reino de Chile”; el padre Francisco Javier Clavijero escribirá y hará una memorable defensa de México con su “Historia Antigua de México”, o Rafael Landívar con su “Rusticatio Mexicana”, pero sólo uno alcanzará dimensiones revolucionarias y de procerato: Juan Pablo Viscardo y Guzmán.

 

La vida de Viscardo es una tragedia en sí misma, pero es gracias a esa tragedia que este hombre alcanza su compromiso histórico. Expulsado con tan sólo 19 años de su Patria, Viscardo se cansará de pedir la reivindicación de sus bienes y el permiso para volver al Perú; no recibirá respuesta alguna a sus reclamaciones, morirá en el exilio, en una tierra ajena y sin poder ver el incendio revolucionario al otro lado del Atlántico. Viscardo, como casi todos los expulsos, se refugia en Italia; al enterarse de la rebelión de Tupac Amaru II, se pone inmediatamente en contacto con el Cónsul Inglés en Livorno, John Udny, a quién le ofrece sus servicios para organizar una acción revolucionaria en las colonias españolas. Luego de sucesivas negociaciones pasará a Inglaterra, la primera vez entre 1782 y 1784; la segunda y definitiva, en la cual gozará de una pensión del gobierno inglés, entre 1791 y 1798.

 

La segunda visita de Viscardo a Londres, coincidirá con la crisis de la bahía de Nootka, un asentamiento en la costa oeste de Norteamérica, en lo que hoy es Vancouver. Los preparativos para una guerra entre las dos potencias marítimas, España e Inglaterra, se intensifican; cuando ya la guerra parece inminente (con Inglaterra dispuesta a devolver el golpe que significó la ayuda de España a la Independencia Norteamericana), los hispanos fallan en asegurarse la alianza con Francia; sola ante el enorme poderío marítimo inglés, España se ve obligada a aceptar una humillante convención, reconociendo los derechos de Inglaterra a navegar y comerciar a lo largo de la costa oeste, a cambio de un pírrico compromiso por parte de esta de no verse envuelta en el contrabando con las colonias españolas.

 

Aunque el peligro pasa, Inglaterra decide conservar los contactos con todas aquellas personas que, llegado el momento oportuno, podrían ayudarla a asestarle a España el golpe mortal que tanto anhelan, despojándola de sus preciadas colonias en América. Viscardo se establecerá en Londres, a la espera de otra propicia oportunidad. Es cuando se dedica más fervientemente a escribir y sustentar con razones de peso, la independencia del continente. En Lettre aux Espagnols Américains esbozará tres razones contundentes: Primero, la distancia entre Europa y América y el concepto de Patria. Separados geográficamente, los americanos estaban aún más separados de España por sus intereses. Segundo, la preferencia de los españoles peninsulares sobre los criollos en lo que respecta al poder político. Se le negaba a los americanos el gobernarse por sí mismos (ya vimos en el artículo anterior como el padre Las Casas argumentaba que por Derecho Natural los americanos tenían derecho a ser libres y a escoger sus propias autoridades). Y tercero, la tiranía del régimen español en América. Se les privaba a los americanos de la libertad y la igualdad, se les explotaba económicamente y no se les permitía ejercer el control político.

 

Viscardo morirá en 1798, pero antes de su muerte entregará al embajador de los Estados Unidos en Londres, Rufus King, sus papeles. Será King quién entregue a Miranda la Lettre aux Espagnols Américains, para su publicación. Así lo hará Miranda, consciente del poderoso instrumento que han puesto en sus manos. Con dos ediciones en Londres, una en 1799 y otra en 1801, se convertirá en un clásico continental, dotando a Viscardo en el mundo hispánico, del papel que jugó Tomas Paine y Common Sense en la revolución de las colonias del norte.               

 
Comunidad Canaria en Londres, CCL   ~   ccl@live.co.uk

 

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