LA LUCHA POR NUESTRA INDEPENDENCIA
Y SU CONEXIÓN CON
EL PASADO
Andrés García Montes
Hace tiempo deseo escribir
algunas apreciaciones sobre el estancamiento evolutivo que caracteriza a las
castas dirigentes de nuestra metrópoli, principalmente en el aspecto político,
económico y cultural y la incidencia que tal realidad puede tener en la lucha
que el pueblo canario protagoniza en pro de su independencia.
Estimo que dos aspectos hacen
propicio este momento histórico para tratar esta inquietud, que si bien no son
únicos si revisten la importancia y actualidad que el caso requiere. Me refiero
al trato que en este momento se le da a la Guerra Civil y sus funestas
repercusiones dentro de España y el tratamiento que los dueños del poder le
vienen dando a la Revolución Bolivariana, que denuncia el terror y
el odio que sus enfermos espíritus sienten por los cambios y las
transformaciones que conducen al avance y progreso de la sociedad humana.
Aunque parezca mentira, ambas tienen una fuerte relación en sus retrógradas y
oscurantistas mentes, pues en ambos casos es una lucha contra el vigente
feudalismo en la sociedad española y su socio, el Capitalismo.
Démonos un ligero paseo por
los dos aspectos, comenzando por la Guerra
Civil. Nada ocurre por nada, todo lo que ocurre tiene su cómo
y su por qué, y todo lo que ocurre hoy tuvo su origen en el pasado y tendrá su
repercusión en el futuro. Así reza un principio del análisis científico. Al aplicarlo al hecho en
estudio surge sin mucho esfuerzo el por qué del manto de silencio con que los
actuales gobernantes, al servicio de esas anquilosadas y retrógradas castas
sociales dirigentes españolas, tratan a un hecho histórico de la importancia y
transcendencia de la Guerra Civil
y su desastrosa repercusión, pues como negar que la misma impidió que el pueblo
español rompiera las cadenas que le mantienen atado a la involución y al
atraso, condenándole a caminar a la cola de Europa y dando vigencia a la conocida
frase “Europa comienza en los Pirineos”. A mi mente acuden las enseñanzas que,
en la década del 60 del pasado siglo, aprendí de un grupo de intelectuales
exiliados españoles que militaban en la Organización
Libertad para España, en la Ciudad de Caracas a cuyas juventudes pertenecía y
que hombres de la talla de Don Eduardo Ortega y Gasset, el catedrático de la Universidad Central
de Venezuela (UCV) Juan David García Bacca y muchos
otros, los que tenían muy claro las razones históricas del por qué España
ocupaba ese puesto entre los países europeos, no obstante de tener tan amplio y
extenso imperio y los muchos miles de kilos de oro y plata usurpados a América.
Una historia oculta y que esas castas junto al clero la quieren mantener
sepultada porque ese dedo acusador es contundente
Esta historia tiene su origen
en la llamada reconquista de España por los cristianos contra los invasores
moros, que de moros no tenían nada ¿Cómo lo iban a ser después de vivir casi 8
siglos en España?, a lo que se le sumó que la intolerancia religiosa expulsara
también a otros españoles judíos. Con ello salió lo más avanzado industrial y
culturalmente de la población, imponiéndose no sólo la intolerancia del
feudalismo, sino el fanatismo e intransigencia religiosa, determinando la ruina
histórica de España.
Esta fue la España que se anexó
a Canarias a comienzos del Siglo XV y luego a América a finales de dicho siglo,
la misma que a través de Fray Diego Landa, en Yucatán, arrojara a las llamas
los libros de los mayas, y el Cardenal Cisneros quemara en Granada la Gran Biblioteca que tenían los
islámicos, cuya “purificación” alimentó a una gigantesca hoguera que duró
varios días. Fue la
España que consideró a los indoamericanos
“seres sin alma”, fue la
España que, de acuerdo a Eduardo Galeano, redujo por
diferentes formas, en 150 años que duró la Conquista, a la población de América situada
entre 70 y 90 millones de seres humanos a 4,5 millones, fue la España que utilizó
los tribunales de la Santa
Inquisición para cometer los más monstruosos y atroces
crímenes e impulsó su hegemonía a través del miedo y del terror más perverso y
sanguinario, impidiendo de esta forma y ahogando todo intento de progreso y
avance científico técnico.
La II
República Española representó un despertar del pueblo español y un inicio de
romper esas cadenas que tanto daño han causado al progreso y desarrollo del
pueblo español. Es bien conocido el destacado grupo de intelectuales que se
formó a su amparo, cuyo talento se puso de manifiesto en el exilio, entre ellos
el canario último presidente de la república y destacado biólogo, me refiero a
Juan Negrín. Con razón muchos de aquellos exiliados
repetían que el crimen de la Guerra Civil
y del fascismo español iba mucho más allá, a pesar de los monstruoso de las
cifras que los hechos narran de más de un millón de muertos, otros tantos
heridos y mutilados, centenares de miles de torturados, desaparecidos y
fusilados, millones de huérfanos y viudas, incontables locos y enajenados,
hambre, miseria, desnutrición y un largo etc., se suele olvidar -decían- uno de
los dramas históricos más significativos, como fue el asesinato del intento del pueblo español de romper las
cadenas que le siguen atando al atraso, a la involución, al estancamiento, tal
como lo denota que casi toda la intelectualidad española salió al exilio y el
franquismo protegió y consolidó el poder de las castas feudales y el clero.
Concluyendo generalmente su análisis con el siguiente veredicto: “La sociedad
española ha retrocedido sobre su atraso, decenas de años”.
No se equivocaban estos
señores, pues 70 años después de este indescriptible holocausto, todo parece
indicar que lejos de debilitar ese calamitoso y trágico desarrollo de ese
proceso histórico iniciado hace muchos centenares de años por Don Pelayo en las
montañas de Asturias, lo ha fortalecido, tal como lo indica el que la dirigencia
política actual en vez de utilizar las enseñanzas de la II República como ejemplo de
progreso y desarrollo, se esfuerzan en ignorarle y silenciarle. Que la lucha de
los pueblos por su progreso y desarrollo les aterra a esas castas, lo pone de
manifiesto la actitud asumida por el gobierno español con la Revolución
Bolivariana de Venezuela, que tiene grandes similitudes con la España de la República, donde
las gratuitas y calumniosas acusaciones de destacados políticos de la derecha
son coronadas por lo dicho por el Juez español Eloy Velasco basándose en
supuestas pruebas que no soporta el más elemental análisis que se le quiera
hacer, para culminar con la petición del Sr. Zapatero pidiendo respeto para el
Sr. Aznar. Con razón la prensa nacional progresista después de señalar la
reunión de este señor con Bush y el Primer Ministro Británico, donde acuerdan
invadir a Irak con el fabricado pretexto de una vulgar mentira que ha generado
el asesinato de más de un millón de seres humanos. El gobierno venezolano tiene
pruebas del apoyo del Sr. Aznar en el golpe de estado de abril del 2002 y otros
aspectos, terminan preguntando al Sr. Zapatero, ¿Quién debe dar explicaciones? ¿Quién
tiene que pedir perdón? ¿Quién ha faltado el respeto? Esto generó que el Diario
VEA publicara el 12-03-2010 el siguiente Editorial:
“La Derecha española reúne
características especiales. Lleva en su sangre la herencia del fascismo. Está
modelada en la ideología del odio y la guerra contra la República con sus
asesinatos en masa (aún hoy se descubren fosas comunes con los restos de los
fusilados) los campos de concentración, el éxodo forzado. El franquismo ultimó
a la República Española
gracias a las armas suministradas por la Alemania hitlerista y la Italia fascista. Franco no
vaciló en usar aviones alemanes para que bombardearan las ciudades y los
pueblos españoles, y tropas italianas para cometer los más viles crímenes
contra la población. De esta estirpe está formada la Derecha Española
de Aznar. Pero, además, la Derecha
Española está sumergida en las sotanas del clero más
reaccionario de Europa. No es sorprendente que en España, en el Siglo XXI, impere el fanatismo más rabioso contra el aborto,
mientras pasan inadvertidos los abusos sexuales de los curas contra niños y
adolescentes en los colegios católicos.
Esta Derecha profascista encabeza la campaña en Europa contra Venezuela.
No hay un día sin una crónica colmada de calumnias contra el Presidente Chávez.
Los voceros de la Derecha Española
se jactan de encabezar una internacional de la infamia para desestabilizar la Revolución
Bolivariana. Es la España de la Santa Inquisición
y la Conquista.
(La
España Atlántica y Eurocentrista,
racista y subordinada a Washinton).
Afortunadamente no es toda
España, hay otra, la que cantó Pablo Neruda, la de los estudiantes que
rechiflan a Aznar, la de los trabajadores que admiran al presidente Chávez. Esa
España está en el corazón de los venezolanos. A la otra, ni le tememos, ni
logrará sus propósitos”.
Aunque cuesta creerlo, aunque
nos parezca inadmisible, esa es la España de nuestros días. Debe quedar claro que no
me refiero al pueblo español, entiéndase que hablo de sus castas dirigentes,
responsables, tanto en el pasado como en el presente, de las atrocidades que la
historia señala, esas castas dirigentes cuya menguada capacidad no les ha
permitido aprender de la historia, pues no satisfechos con el horror del
genocidio de la conquista y la colonización americana, condenó al pueblo
español y a sus excolonias a sangrientas y atroces guerras, para terminar reconociendo
el derecho a la libertad y la soberanía de estos pueblos, a esas castas
huérfanas del más elemental sentido de modestia, rebosantes de soberbia,
arrogancia, pedantería y orgullo, que le impide el más modesto sentido de
humildad para reconocer sus errores y excesos, mucho menos pedir perdón a sus
víctimas.
Estas son las características
que a lo largo de la historia han venido identificando a las clases dirigentes
de la metrópoli española y tal como lo indica el editorial transcrito, los
herederos siguen estancados en su proceso evolutivo alimentándose de los mismos
retrógrados y atrasadas concepciones de sus ancestros y que hace tiempo la historia
se los tragó.
No hace falta ser un
superdotado para saber los posibles patrones de conducta que adoptarán los
actuales amos del poder frente a la lucha que desarrolla el pueblo canario por
su independencia y soberanía, y más cuando ostentamos el poco envidiable título
de ser la primera colonia de la metrópolis española y ser la última en
sacudirse tan oprobioso yugo. Lo dicho no debe desanimar ni obstaculizar el
ánimo de ningún patriota canario, el triunfo de toda lucha exige conocer en
profundidad al adversario para poder trazar las estrategias de lucha en la
forma más correcta y conveniente, al mismo tiempo, que también exige el
conocimiento de los factores favorables al objetivo que se persigue y que en
este momento histórico pueden jugar un papel más que importante decisivo.
Comencemos señalando que la correlación de fuerzas en el campo internacional con
relación al colonialismo son inmensamente más favorables que las que afrontaron
los pueblos americanos a comienzos del Siglo XIX. Organismos
internacionales de gran peso e influencia, como: las Naciones Unidas (ONU), la Unión
Africana (UA), la
Organización de Estados Americanos (OEA), entre otros, aún
condicionados por fuertes intereses, tienen conocidas posiciones
anticoloniales. Dos de los aspectos por los cuales nuestra metrópoli le ha
interesado mantener su dominación en Canarias ha sido por el estratégico lugar
que ocupamos, hoy venido a menos ante el avance en los medios de comunicación.
Y los grandes beneficios que obtiene por ser uno de los centros turísticos más
importantes, hoy también disminuido ante la crisis estructural que castiga al
sistema social capitalista y que todo indica que se prolongará por mucho
tiempo. Aunque hay otros aspectos que no dejan de dar grandes beneficios a la
metrópoli, los nombrados no dejan de ejercer su peso.
Lo dicho entre otros aspectos
son factores que ejercen su presión a favor de la lucha del pueblo canario en
la consecución de su libertad, pero lo que debemos tener muy presente y claro,
es que ese derecho no nos va a llover del cielo ni los va a regalar nadie, ese
es un objetivo que sólo podrá lograrse a través de la lucha y el sacrificio del
pueblo canario, y sólo esa lucha se coronará con la victoria cuando logremos la
unión de nuestro pueblo, cuando logremos la capacidad de presentar un frente
unido, monolítico, en torno al legítimo y sagrado derecho de tener una patria
libre y soberana, donde el pueblo canario pueda determinar en total y plena
libertad, el curso de su destino.