Cuidado: el Magreb se desestabiliza
Juan
Jesús Ayala
No conviene a Canarias
y desde Canarias dejar de lado lo que acontece en el vecino Magreb (aparte de
la reelección del cuestionado Buteflika como jefe de Estado argelino), ya que
cualquier movimiento por imperceptible que sea nos puede afectar y mucho. Así
pasó cuando
Marruecos está en el
umbral de un cambio de ciclo económico importante, puesto que la crisis mundial
también toca a sus puertas. Tiene el país un exceso de población joven en
demanda de empleo y que se ha puesto como objetivo el logro anualmente de
200.000 puestos de trabajo urbano que necesita satisfacer. Objetivo que el
gobierno de Mohamed VI no podrá cumplir. Las exportaciones de fosfatos han
caído en un 32 por ciento; debido a la caída del turismo, la ocupación hotelera
ha disminuido el 30 por ciento y cada año se destruyen cerca de 50.000 puestos
de trabajo. Las remesas de dinero enviadas por los marroquíes desde el
extranjero se redujeron en un 30 por ciento; y en cuanto al índice del
desarrollo humano, Marruecos ocupa el puesto 127 entre 179 países, y en lo que
concierne a la corrupción está en el puesto 80 de 180 países.
Con todo este panorama
de crisis mundializada a la vista, las cuestiones sociales que pretendía el rey
alauí atajar y solventar se le dificultan sobremanera, por lo que al
descontento ya existente sólo le basta una simple cerilla para que el polvorín
prenda.
Ante la posibilidad de
un estallido social que desestabilice parte del Magreb, nos viene a la memoria
el dispositivo psicológico que ponen en práctica gobiernos comprometidos e
incapaces de salir de la crisis que originan, que es ni más ni menos que enardecer
y exaltar el patriotismo nacional e ir a la búsqueda de un enemigo común que
amenaza al país, y así, echando en el olvido penurias y hambrunas, todos a una,
juntos a la lucha. Así aconteció cuando el reinado de su padre, Hasan II. El
país se tambaleaba por el descontento de la población y tras un golpe de estado
fallido se inventó aquello de
Pues si eso es y ha
sido así no olvidemos que parte del gobierno alauí está integrado por miembros
del Istikial, partido nacionalista que no cesa en reivindicar las Islas
Canarias como pertenecientes a Marruecos para dar satisfacción a la idea del
Gran Magreb. Por lo que es fácil deducir que, si la crisis del país vecino se
acentúa, no es descabellado pensar que la insistencia de Marruecos hacia las
islas como parte de su territorio se convierta en una política de Estado y de
tapadera incitadora hacia la conquista tras la permanente reivindicación de
Canarias. Por eso digo: cuidado, que el Magreb se desestabiliza.