IN MEMÓRIAM
María del
Carmen Rodríguez Ramírez
Por Antonio Cubillo Ferreira
El pasado 3
de diciembre falleció en Santa Cruz de Tenerife mi compatriota y amiga María
del Carmen Rodríguez Ramírez, hermana del director del periódico independiente
EL DÍA, don José, y sobrina de don Leoncio Rodríguez, fundador y editor del
periódico La Prensa, cuyo diario, cuando el golpe de estado del general Franco
en 1936, fue requisado manu militari
por el régimen a su propietario y le cambiaron el nombre en el EL DÍA por orden de Madrid y le impusieron por fuerza aquello
de Órgano Oficial del Movimiento o lo cerraban y clausuraban la empresa. Fue
una triste época, como me recordaba María del Carmen, y don Leoncio, que era
todo un caballero y hombre de izquierdas, se llevó tal disgusto que esto
aceleró su fallecimiento.
Tengo que escribir este artículo debido a la amistad
y favores que me hizo mi amiga María del Carmen a lo largo de los años. Vivía
ella en la calle Veremundo Perera,
n° 4, de esta capital, por el barrio de Salamanca, y
tengo que contar esta anécdota ya que mi amiga me ayudó en los tiempos del
fascismo, cuando era gobernador Ballesteros Gaibrois,
con quien tuve bastantes enfrentamientos desde 1957 hasta que salí de
Canarias, en 1962, para evitar varios consejos de guerra y juicios por defender
a los obreros de esta isla.
Resulta que por varias veces tuve que esconderme
después de la famosa huelga de los panaderos, en mayo de 1961, y por las otras
huelgas del puerto, de los remolcadores, de la Azufrera, de la fábrica del
gas y de la Papelera, pues en aquellos tiempos, a través de mi despacho,
publicaba clandestinamente los llamamientos a la huelga de dichas fábricas (y
propaganda independentista) y tenía a cada momento en mi despacho a la policía
franquista, y para evitar detenciones me solía refugiar en la calle de Veremundo Perera, enfrente de la
fábrica de dulces que tenían allí mis amigos gomeros, en el número 6, don
Antonio Rodríguez y doña Adela Brito, de Hermigua,
que eran gente de izquierda y don Antonio había estado muchos años en el campo
de concentración de Gando y en la prisión de Fyffes.
Como yo era muy amigo del hijo, Luis Rodríguez Brito, él tenía la llave de una
casa de una amiga suya que estaba enfrente a la dulcería y que vivía en España
por temporadas y, como era lógico, la policía sabía que siguiendo a mi amigo
Luis podían encontrarme, por lo que había que tomar precauciones. El problema
se resolvió debido a la amistad que teníamos con María del Carmen, que era
amiga de ambos, y además de izquierda, y con quien charlábamos a menudo. Mientras
estuve escondido algunos días en 1961, y a veces estuve más de una semana, en el
año 62, me tenían que alimentar en el escondite; el plan era el siguiente para
no ser localizado por la policía: mi amigo Luis llevaba la comida y los dulces
a casa de María del Carmen, en el número 4, dos veces al día. y ella me lo traía posteriormente a mi refugio frente la
dulcería y por la tarde venía a recogerlo sin que pudieran sospechar de ella. A
veces, incluso, como había llevado conmigo la multicopista del despacho, hacía
tiradas de pasquines y propaganda a favor de la independencia -que siempre
incluía en la otra propaganda de las huelgas-, y María del Carmen era la
encargada de llevársela a su casa y distribuirla a través de Luis o de un
amigo taxista. Ni que decir tiene que durante el almuerzo se quedaba y
charlábamos de la situación política y de cómo marchaba el periódico, al cual le
enviaban e imponían desde Madrid a los directores y otros cargos, y las órdenes
precisas de los editoriales falangistas, que ella, como sobrina de don Leoncio
y como demócrata, no podía aceptar, pero había que callarse. Comentamos
incluso una anécdota de don Leoncio que me dijo mi padre, amigo de don Leoncio,
de cuando vino aquí un charlista godo llamado García Sanchís
a dar una charla en el Guimerá, cuando la República,
y después, cuando llegó a Madrid le preguntaron qué tal por Canarias, y dijo en
medio de unos periodistas y contertulios sonriente: "Canarias, flores sin
olor y mujeres sin honor", propio de un vulgar conquistador que vuelve de
la colonia. Pues bien, meses después, se le volvió a invitar a otra charla en
el Guimerá y entonces don Leoncio, como un hombre de
honor, de los pocos con coraje, fue al camerino antes de empezar, y quitándose
un guante le preguntó si había dicho aquella frase y el otro no sabía qué
decir, por lo que don Leoncio Rodríguez le cruzó la cara con el guante en medio
de sus admiradores canarios. Entonces hubo un duelo a espada allí mismo, en el
bigudí, a primera sangre, con padrinos, etc., que pudieron detener al poco, pero
María del Carmen me decía que hubieran tenido que venir todos los asistentes a
la charla a cruzarle la cara a este español colonialista y mal educado. Bueno,
por lo menos don Leoncio dejó el ejemplo.
Cuando me fui de Tenerife y dos años después,
estando en Argel, solía enviar algunos artículos de investigación sobre el
guanche, el beréber y topónimos argelinos para que los publicaran en EL DÍA.
Como no se hablaba de política, llamaba a María del Carmen y le preguntaba si
había posibilidad de publicarlos, y ella, que trabajaba de cajera y otros
cargos administrativos en el periódico de su familia, me decía que haría lo
posible para que se publicasen, como así se hizo muchas veces. De vez en
cuando la llamaba para que me diera noticias de lo que pasaba en Canarias, que
después en 1975 y siguientes aprovechaba para sacarlas por la Voz de Canarias
Libre, sin dar la fuente, por supuesto.
Dejo en estas líneas un homenaje a esta amiga,
militante y compatriota, que acaba de fallecer, así como el pésame a su hermano,
don José, y sobrinos, y a todos los empleados del periódico EL DÍA que durante
años fueron sus amigos y compañeros.