Máster en ciencias
ocultas
Wladimiro
Rodríguez Brito
En los últimos años existe una devaluación de lo
rural, de la cultura familiar, de las tradiciones, entrando en una
"titulitis" que hace que recientemente se haya puesta en marcha en
Granada un curso o máster sobre pastoreo. Es la
propuesta moderna a la lucha contra el fuego, dados los desastres que producen
los incendios forestales. Como hemos devaluado el campo y su cultura, ahora
recurrimos a los diplomas y títulos esperando recuperar algo básico en una
sociedad mercantilizada que maltrata económica y socialmente todo lo que tiene
que ver con el mundo rural.
El
"descubrimiento" de los máster
en Granada pone de manifiesto la profunda crisis en la que estamos viviendo,
pues indudablemente las cabras y ovejas retiran combustible en el largo verano
mediterráneo y, en consecuencia, los incendios son menos agresivos, pero no
hace falta un papel del ministerio para hacer ese trabajo. Hasta ahora, la
mayor parte de las leyes y de los planteamientos tecnológicos contra el fuego
se han hecho limitando los usos a los ganadores y agricultores y
descapitalizando el mundo rural con un supuesto proteccionismo ambiental,
pensando que los helicópteros y los grandes equipos contra el fuego resolvían
la papeleta.
Lo malo de los máster es que van a
impartir unos títulos posiblemente vacíos y que son más un elemento de
decoración, como los que tienen los médicos y abogados en sus despachos. El
campo y el trabajo en el medio rural tienen que ver poco con papeles
encuadernados. Lo cierto es que nuestros jóvenes no miran para el campo como
razón lógica de lo devaluado que está el mismo, tanto en el plano económico
como en el social. Sin embargo, tienen afición a actividades que no les
repercuten en lo económico pero que den prestigio social. Es decir, sin ninguna
remuneración hacen puenting, parapente, windsurfing, escalada, rappel, etc.,
etc., pero a ninguno se le ocurre encabar el sacho dada la mala imagen que
tiene esta actividad.
Por ello, no es fácil
tener campesinos si no revalorizamos la actividad agrícola y ganadera. Es en
ese marco en el que tenemos que felicitar a Manuel Reyes, alcalde de San Juan
de la Rambla, porque hace once años puso en marcha en el instituto de su
municipio un centro de preparación en temas forestales, siendo uno de los
primeros que existen en Tenerife y del que han salido casi 200 jóvenes que en
la actualidad trabajan en los montes o en temas relacionados con el sector
primario. Este tema lo planteamos hace una semana en un acto celebrado en El
Amparo con más de 700 vecinos de San Juan de la Rambla, expresando que la
revalorización del mundo rural en el que incluimos, cómo no, el medio ambiente,
es algo más que un máster y declaraciones bonitas y
que en primer lugar están las personas y la dignificación de las mujeres y
hombres del campo. En ese sentido, no hay que olvidar que cuando se creó este
módulo la oposición criticó duramente al alcalde diciendo que era la vuelta al
pasado, a la miseria y al atraso. Sin embargo, los hechos le dieron la razón a
Manolo Reyes y, como ejemplo, hay que destacar que este año hay 60 peticiones
de jóvenes, desde Santa Úrsula hasta Buenavista del Norte, para cursar dichos
estudios.
Por ello, los máster vacíos para cargar el currículo sobran en estos
tiempos y falta la revalorización real del campo, entre otras cosas, con una
retribución económica no inferior a los urbanitas. El campo no es un lugar de
contemplación y despensa para ir a buscar productos frescos, sino que social y
económicamente hemos de situarlo en el lugar que le corresponde. Por ello, los
programas de estudio, la puesta en valor del medio rural, es algo más que el
nivel de leyes proteccionistas que protegen todo, excepto a los campesinos. De
tal manera que tenemos sobre la piel de la isla más de 20 categorías de
protección de espacios y suelos, mientras la especie campesina no aparece
protegida en ninguna ley.
Así, entendemos que la
titulitis que permite incluso especializarse en ciencias ocultas, lo que antes
llamaban brujería, no es la alternativa para nuestros jóvenes, que en estos
momentos están más preocupados por los animales de compañía que por la
ganadería de subsistencia o que en muchos casos desconocen los riesgos que
tiene el fuego al tener sus viviendas rodeadas de matorrales. En consecuencia,
ignoran y desprecian una rica sabiduría popular que aún pervive en nuestros
pueblos gracias a los verdaderos "catedráticos" de nuestra tierra,
los campesinos, a los que seguro que no llaman para impartir clase en Granada.
Nuestros "magos" son los que han separado las piedras de la tierra,
han buscado el agua en las lavas vomitadas por los volcanes; son los mismos que
en El Amparo bailan al ritmo del tajaraste y dignifican la cultura local con
los "chovas" correspondientes y los
que se indignan, con toda la razón del mundo, cuando importamos papas que nos
hacen cada día más pobres en nuestra tierra.