DESDE EL MERIDIANO CERO… HACIA EL PUTO MUNDO (y VI)

 

 

Ánghel Morales García

 

Sigo vivo… Qué jodienda.

 

Me pregunto que hago aquí terminando este artículo sin haber dicho nada importante, probablemente ocupando unas páginas que por derecho propio le pertenecen o le debían pertenecer a otros. Pero que se jodan, a mí me dieron esta oportunidad y a ellos no. Es la ley de causa y efecto. La causa es que tengo amigos que dirigen revistas y me dan la oportunidad de manifestar mis carencias. El efecto, el trauma que me he ido cogiendo según iba juntando letras y no encontraba nada importante que decir, pero como la gente es rara, igual a muchos mis miserias les parecen interesantes. Aunque tengo que comunicarles… ¡Jodido Cabrón!, que con toda seguridad las mejores cosas se me quedaron en el tintero, más que nada lo comento por si me dan otra oportunidad de emborronar folios, porque a estas alturas del artículo ya no merece la pena volver para atrás a escribirlas. El amigo Jesús Castellano me acaba de comunicar que o mando de una puñetera vez este rollo o no sale.

 

Aunque parezca mentira sigo viviendo, intentando cada día enhebrar la aguja de la vida para coser un día con el anterior. Les juro que hacía años que estaba retirado saboreando el vino de La Matanza y amargándole la vida a alguna infiel que se empeñaba en compartir la suya conmigo. Pido perdón por el dolor causado y además, que nadie se moleste en pedírmelo por la misma causa. El dolor lo callan siempre quienes lo hicieron.

 

Estaba retirado, y un día hace más de tres años alguien me llevo a Radio Unión Tenerife. Juro que ni lo pedí, ni lo quería y aquí sigo ladrándole al micrófono todos los días, pero el culpable es el director que me ha permitido lo que yo no le hubiera permitido a nadie que estuviera a mis órdenes: borracheras inoportunas, faltas injustificadas y que tenga que visitar los juzgados por reírme de los demás. A veces dan ganas de quemar los pensamientos libres.

 

A la literatura volví, al ver las injusticias que se estaban cometiendo con algunos autores como José Rivero Vivas y salté al palenque de las ediciones procurando que sus obras vieran la luz. Tras de Pepe otros han confiado en mí y aunque me halaguen  algunas cosas,  otras me fastidia, porque no tengo la más mínima gana de trabajar. Tengo un tesoro muy grande que son los amigos y si puedo aportar una gota de felicidad en el océano de alegría de sus vidas, pues aquí estamos, a cara descubierta, llenando de oxígeno los pulmones del futuro.

 

PD.: A todas estas, lo más grande que me ha ocurrido en la vida es el nacimiento de mi hijo, por él ha merecido la pena pasar por este mundo y de él sí puedo decir que es literatura viva… que ustedes la disfruten.

 

Capítulos anteriores:

Desde el Meridiano Cero... Hacia el puto mundo (V)

Desde el Meridiano Cero... Hacia el puto mundo (IV)

Desde el Meridiano Cero... Hacia el puto mundo (III)

Desde el Meridiano Cero... Hacia el puto mundo (II)

Desde el Meridiano Cero... Hacia el puto mundo (I)