EL  COMPRENSIBLE  MIEDO  A LA  PALABRA  “NACIÓN” (yII)

 

por Víctor Ramírez (*)

 

 

     En cambio para los del Pp sólo podemos ser Comunidad Autónoma -¡y demos gracias a su "generosidad!"-, cuando de Comunidad tenemos poquito (¡es tanto nuestro desmigajamiento!) y de Autónoma bastante menos que nada. Una colonia tiene poco de Comunidad al ser, en esencia, propiedad a la que se explota para extraerle mucho dinero.

 

     (Ahí están, testificándolo, esos tantísimos bancos ocupando toda nuestra geografía: que donde hay bancos se mueve dinero, dinero que primordialmente va a engrosar arcas ajenas en inexorable detrimento de la población colonizada).

 

     Y, si abrimos los ojos, hemos de admitir que no es casual ni castigo de Dios la atosigante invasión de españoles y de otros europeos y no europeos que estamos padeciendo actualmente. No, no es casual ni castigo divino.

 

     Es, simple y crudamente, otra "legal" manera de aniquilarnos como pueblo: para que, cada vez más, los canarios seamos relativamente menos cantidad y estemos absolutamente más indefensos. Así tendremos -"democráticamente"- mayores dificultades para la emancipación, mayores dificultades para quitar el negocio (negocio que, a fin de cuentas, es Canarias) al poderío español.

 

     Y esto no puede ser xenofobia. No puede ser porque poco puede odiar al extranjero quien se siente extraño y viviendo asustado y como de limosna en su propia Patria. ¡Ojalá empezáramos a sentir algún que otro ataquito de xenofobia para que, así, inclusive nos despabiláramos de una vez...!

 

     De ahí el lógico y comprensible temor de los españolistas canarios a una palabra, a la inocua palabra Nacionalidad. Se la teme porque, por inercia de la historia, podrá acabar ella convirtiéndose al poquito tiempo en Nación.

 

     Y la palabra "nación" encierra la explosiva necesidad de definirnos como conjunto de habitantes -es decir, actuantes y no meros residentes- en un país, habitantes que normalmente acabarán queriendo ser regidos por un gobierno autoelegido, no impuesto por ajenos. El vocablo "nación" acabará exigiendo que se cumpla el concepto que expresa. Y ya sabemos la importancia del verbo, de la palabra -esencia de lo humano.

 

     Repito: los mandarines españoles también lo saben. E impedirán, a través de sus esbirriles intermediarios, que aparezca el menor atisbo de verdadero nacionalismo en nuestra sojuzgada Patria. Pero no pueden ellos detener la historia de esa manera, mediante adulteraciones coactivas. Podrán intentarlo, y lo intentarán con todas sus fuerzas -"legítimas" o no, "pacíficas" o no.

   

     Sin embargo (una vez abiertas las grietas en los muros de este torreón carcelario en que han convertido nuestra patria tantos siglos de colonialismo) poco podrán hacer por evitar que consigamos la independencia, la soberanía nacional, el derrumbe de ese pérfido torreón carcelario que somos.

 

     Así es que siento como esperanzador el verlos tan temerosos ante una sencilla palabrita bisílaba y aguda, ante la palabra "Nación". El ansia de libertad nacional entre muchos de nuestros paisanos no ha desaparecido del todo, e inclusive crece con redivivas fuerzas en casi todos de ellos.

 

     Hay motivos para la esperanza: no siempre va a pesarnos más el miedo que el decoro. Pero también hay motivos para el recelo y la alerta.

 

     Jamás se han andado los españoles con chiquitas cuando han requerido dañar: dañar incluso hasta el exiliarnos de nuestra tierra natal, dañar hasta el darnos la degradante prisión o la aniquiladora muerte.

 

     Nación Canaria, Nación Canaria: Colonizada a punta de miedos e ignorancias, pero NACIÓN. Así es aunque así no la nombren.

 

8-nov-1994

 

 

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(*) Este artículo salió publicado en EL DIARIO DE LAS PALMAS