GRAN ANGULAR
EL MIMETISMO
POR BANDERA
Ramón
Moreno Castilla
Como recordarán los amables lectores, en la última
parte de mi artículo anterior (“Una españolidad inducida”)[1] comentaba, con cierta sorna, que los canarios,
siguiendo la tónica dominante en la “Península”, se habían vuelto “locos por
España” debido al histórico triunfo de “La Roja” al proclamarse campeona del
mundo; y finalizaba con el deseo ferviente de que esa paranoia fuera, tan solo,
una locura transitoria.
Pues bien, las “exaltaciones patrióticas”,
perfectamente orquestadas, y las loas a la “españolidad de Canarias” se suceden
por doquier; poniendo de manifiesto, una vez más, que este pueblo sigue
instalado en una alienante marginalidad identitaria, adoptando un caricaturesco
mimetismo por bandera. Ello, no solo agrede los orígenes antropológicos de mi canariedad, sino que a la vez representa un intolerable
insulto a la naturaleza misma del sempiterno nacionalismo que profeso; lo que
me produce un enorme bochorno y una profunda vergüenza ajena, ante actitudes y
manifestaciones tan deplorables y artificiosas.
Y como los comportamientos humanos reiterados dejan
una huella indeleble en el devenir de los pueblos, esos patrioteros
españolistas deben saber que un día tendrán que comparecer inapelablemente ante
el juicio sumarísimo de la historia; y si bien, esa enajenación mental pasajera
-espero- podría considerarse un atenuante, no sería, en ningún caso, un
eximente. No en vano la historia, que si tiene memoria, y es implacable e
inexorable en el tiempo, pondrá a cada uno en su sitio.
¡Ya está bien de rendir culto a la conquista genocida
de Canarias y de confraternizar con la potencia colonizadora! Resulta impúdico
y humillante que a estas alturas de la historia, y al tiempo que
Pero lo que resulta verdaderamente grotesco es el
“boom” de esas nuevas palabras que las “miméticas” y los “miméticos” han ido
introduciendo por la cara en el léxico del habla canaria, tan entrañable y
diferenciada, por otra parte. Vocablos foráneos tales como “¡qué fuerte!”,
“jolines”, “venga”, “perdón” y otros de extracción goda; unidos al “chao”, que
ha sustituido al “adiós” o “hasta luego” de toda la vida, son repetidos por
todo el mundo como loros, en un acomplejado y vano intento de “hablar bien” y
alardear de un supuesto “moderno vocabulario”. ¡Unos modismos absolutamente aculturizantes!
Porque si, en efecto, en algunos estratos de la sociedad
canaria existe un componente criollo e influencias externas enriquecedoras; en
mi caso, que soy tan celoso en preservar mis señas de identidad y mi acervo
histórico y cultural, tengo un
particular “calvario” en la vida diaria, y a veces debo hacer titánicos
esfuerzos para no llamar ¡cretino! al mimético de turno. Contaré algunos
pasajes cotidianos verdaderamente esperpénticos. En una ocasión que utilizaba
un taxi en Las Palmas para hacer unas gestiones, el taxista, que era de
¿Y que decir de esos toletes -políticos sobre todo-
que se derriten ante un micrófono de radio o TV, y para hacerse los “cultos” e “ilustrados” y más
“interesantes” (eso creen ellos) empiezan a pronunciar la “c” y la “z” como
cualquier “peninsular” ostentoso? Toda una demostración de la versión más
tragicómica de un devaluado chauvinismo; de quienes dicen ser europeos y
reniegan de su propia tierra, haciendo una vergonzosa abstracción de la
incuestionable realidad geográfica de Canarias. Pero que no se confundan. El
factor geográfico es tan determinante -como no podía ser de otra forma- que
cualquier planteamiento riguroso en el ámbito político-jurídico referido a
Canarias pasa, indefectiblemente, por nuestra “localización geográfica”
consagrada en el Derecho Internacional contemporáneo; donde el binomio “población
y territorio”, forman parte intrínseca del nuevo concepto de independencia
política.
Ahora se pretende hacer caso omiso del mandato
descolonizador de Naciones Unidas, para preservar el actual “statu quo”,
pensando en las elecciones autonómicas del 2011; y se va más allá incluso,
proponiendo a Las Palmas como “Capital Europea de
Por su parte, Coalición Canaria ha elegido ya a su
candidato en la persona de don Paulino Rivero Baute, al
que avalan sus 30 años de magisterio; no en las aulas, sino en la política que
es menos pedagógica, pero mucho más rentable y productiva.
Y yo me pregunto: ¿no será que todas esas formaciones políticas, con CC a la
cabeza, quieren la independencia de Canarias “a plazos” -aunque no lo dicen
para seguir medrando- y nosotros los
nacionalistas ortodoxos la queremos “al contado”?
En cualquier caso, queridos compatriotas, y sea como
sea, ¡bienvenidos al Club!
Canarias, agosto de 2010