Mirando el futuro hacia atrás

 

José Luis Rivero Ceballos *

 

Es cierto que el pasado no se puede cambiar y que el futuro está sujeto a la incertidumbre. También lo es que determinados filósofos nos dijeron que, en consecuencia, sólo debe ser objeto de nuestro interés el presente. Sin embargo, tal interpretación es, al menos, poco matizada. En mi opinión, del pasado podemos aprender y el futuro podemos construirlo en alguna medida. John Maynard Keynes nos enseñó que el futuro no es la sombra del pasado, porque está sujeto a la incertidumbre, a hechos a los que no se puede asignar una probabilidad, entre otras razones porque se producirán situaciones que ni imaginamos.

 

Digo esto porque los que tenemos una determinada edad hemos vivido situaciones de dificultades económicas al menos una vez cada diez años en los últimos cincuenta. En consecuencia, por poco reflexivos que seamos, reconocemos los perfiles de las crisis y sospechamos, por no decir que sabemos, cuál es la profundidad que alcanzan, los costes sociales que producen y algunos caminos que no deben transitarse, pues conducen a ninguna parte.

 

El Gobierno actual de España negó la evidencia hasta ayer. A mitad de 2007, se produjeron los primeros hechos que anunciaron los tremendos problemas que creó el sistema financiero. Pero el Gobierno de España se empeñó en decir que la solvencia del sistema financiero estaba fuera de dudas y que esto evitaría que la crisis financiera internacional se trasladara a la economía real. De un mal diagnóstico se derivó una equivocada política de gasto público que alimentó lo superfluo a costa de lo importante.

 

Pero no sólo se equivocó el Gobierno. Muchos colegas lo animaron sosteniendo que las dificultades económicas pronto pasarían, anunciando la recuperación para el semestre siguiente. Saben que un reloj parado da la hora correcta dos veces al día; de igual modo, están seguros de que si persisten, en algún momento del futuro la previsión será correcta.

 

Bienvenido sea el abrazo con la realidad. Mi temor es que, por aquello del péndulo, de ahora en adelante las políticas vayan justo en sentido contrario, que es por donde va la oposición. Esto último es una mera sospecha, porque desconocemos lo que haría la oposición si gobernara. La sospecha se deriva no sólo de que la oposición no ha hecho explícito su programa, sino también de que sabemos que desde el Gobierno la realidad se percibe de otra forma.

 

Pero es momento de mirar hacia adelante. Creo que lo primero es decir al país que la economía española es ahora más pobre que hace dos años y medio. También que estamos desaprovechando el 20% de nuestros recursos humanos, esto es, las personas que quieren trabajar y no tienen oportunidad de hacerlo. Es momento de decir que en la tarea de enderezar el entuerto tardaremos años. Pensemos en más de una década. Las medidas ahora serán discutibles en su intensidad, pero están en la línea de lo que procede.

 

Las retribuciones del personal de la Administración pública tienen que reducirse. Hubiera sido mejor no incrementarlas en los últimos ejercicios, pero bien está rectificar. La reducción del 5% equivale aproximadamente al incremento real de los dos últimos años. También parece conveniente hacerlo de forma proporcional. Esto, unido a la cobertura limitada de bajas, alivia la carga del capítulo uno de los presupuestos. No obstante, cuidado con la tentación de buscar pactos paralelos que compensen de alguna forma la reducción del capítulo retributivo.

 

La reducción de las retribuciones tendrá un efecto sobre la demanda de bienes de consumo que, a su vez, reducirá la demanda interna y las importaciones. Previsiblemente, la caída de la demanda agregada que se deriva de esta medida actuará negativamente sobre las posibilidades de recuperación. El efecto sobre la demanda será mayor a partir de julio, cuando se produzca la subida del Impuesto sobre el Valor Añadido. Pero también habrá que tener en cuenta que el efecto del IVA estará amortiguado por el incremento de la economía informal.

 

En el mismo sentido actuará la suspensión de la revalorización de las pensiones, aunque su efecto no será importante mientras los precios se mantengan aproximadamente constantes. Resulta de justicia que la medida excluya las pensiones no contributivas y las mínimas, lo que tendrá un efecto probablemente neutro sobre la demanda.

 

Es evidente que las medidas destinadas a reducir el tránsito a la jubilación son necesarias; se aconsejaba ya antes de la crisis de 2007, mucho más ahora. La medida es tímida porque en realidad lo que tiene un efecto sobre el gasto público es el flujo de jubilaciones anticipadas completas. También resulta conveniente eliminar la ayuda por nacimiento, aunque hubiera sido mejor no aprobarla nunca. El control del gasto farmacéutico y su reducción es una tarea permanente. Bienvenida sea, y más vale no preguntarse por qué no se tomaron hace treinta años o más. Nada que objetar a las medidas relativas a la dependencia. Como tampoco hay nada que decir en contra de las medidas de austeridad relativas a la ayuda oficial al desarrollo y al gasto de las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

 

Cuestión distinta es la reducción de la inversión pública. Es la medida más discutible por sus efectos sobre la actividad económica. Reducir la demanda agregada vía consumo, como ya se ha señalado, pero mantener la inversión pública prevista parece coherente. Sin embargo, la reducción de la inversión genera un efecto depresivo añadido sobre la demanda y, en consecuencia, sobre la actividad económica y el empleo.

 

En resumen, las medidas tienen un efecto depresivo general sobre la demanda agregada. Sin estímulo público por la vía de la inversión y sin que sea previsible un incremento de la disponibilidad de crédito por parte de las entidades financieras para el consumo y la inversión privada, no podemos sino esperar una mayor debilidad de la actividad económica y el empleo. La única esperanza procede de un comportamiento favorable de las exportaciones y el turismo, que se derive de una mejora sustancial de la actividad en los países centrales de la Unión Europea. Pero esto puede ser insuficiente para mantener el nivel de empleo y reducir la tasa de paro, aunque la población activa caiga por el retorno de los inmigrantes.


* Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna

 

Fuente y comentarios: Diario de Avisos, 13-05-2010