El
Archipiélago en el que yo quiero vivir
Eduardo
Vera
Muchas han sido las tertulias en las que se especulaba
de un archipiélago cerca de las Islas Canarias, incluso se ha llegado a decir
que sus gentes viven en paz y en armonía. Pero nadie podía demostrar que había
estado en él. Pues hoy les traigo nuevos relatos desde San Borondón.
La indignación por lo acaecido a lo largo de mi vida en las Islas Canarias me
hizo marchar el 16 de noviembre del 2006 y convertirme en un emigrante isleño.
Es curioso, cuando preguntaba en las Islas
Canarias a la gente sobre su procedencia, me decían que eran isleños,
igual que yo, pero no daban muestras de ansiedad por su situación actual o
previsión de lo que se les venía encima. En los 31 municipios de la isla de
Tenerife no hay tumultos de gente en búsqueda del alcalde, irrumpiendo por la
puerta principal del edificio. No ha sido incendiado ni uno de los
ayuntamientos en los últimos 30 años. Igual que nunca han entrado en la
torre del Cabildo para apresar al presidente acorralado en su
morada. Del mismo modo que el Parlamento hace y deshace sin que las gentes
se agolpen exigiendo explicaciones de nada. Es como el mundo de las maravillas.
Siempre pensé que vivía entre ellos y en la misma línea, sin embargo eran
realidades y vidas paralelas.
Paradójicamente, he participado en más de 7 manifestaciones de repulsa contra
la línea política, he realizado varias concentraciones en plazas condenando
situaciones innobles ocurridas y sufridas por la población, he pintado
muchísimas veces en contra de los gobernantes... Una conducta muy distinta a
los nativos de las islas; entonces surge la duda ¿Por qué se comporta la gente
en las Islas Canarias como si estuvieran en San Borondón?
Todos te dicen que son canarios, pues no voy a llevar la contraria a la mayoría
¿De dónde soy entonces, dónde vivo?
Lo que ocurre realmente, damas y caballeros, es que en San Borondón
cuando un alcalde se enriquece ilícitamente en la próxima pierde las elecciones
y arreglan cuentas. Cuando un presidente del Cabildo de San Borondón
se cree que la isla es su cortijo particular, el tumulto de gentes indignadas
no tarda en pedir su dimisión. En el archipiélago mágico que pocos han visto,
la gente da muestras de que lo pasa mal: exigiendo, manifestándose masivamente,
e incluso incendiando el Parlamento, cual Bastilla de San Borondón.
Un alcalde no aumenta su patrimonio de manera espectacular sin que le cueste el
puesto ¿Y el concejal de urbanismo? Sin lugar a dudas no está de crucero por
los fiordos de Noruega mientras los ciudadanos están con la guataca costeándose
una casa de arquitectura mediocre, urbanismo precario a la que les cae un
"palo de agua" y lo pierden todo. En este lugar se exige y se lucha
por nuestros derechos y por eso tenemos un plan de la vivienda y un Plan
General de Ordenación Urbana que garantiza un urbanismo y arquitectura de
calidad. Incluso desde niños ya damos muestras de indignación y coraje como: el
día que se burlaron de mi porque fui al ayuntamiento a pedir un scate park; esa misma noche con
una cadena arranqué un brazo a una estatua del Parque García San Borondón Sanabria, o cuando en mi juventud, disgustado con
el rumbo de la isla fui al Cabildo de San Borondón y
de manera poco higiénica (he de reconocer) hice mis necesidades de madrugada en
la misma puerta principal. Igual que recuerdo tantas pintadas pidiendo Ley de
Residencia, o el día que, con la bandera de la independencia me planté delante
del Parlamento de San Borondón y gritaba - ¡Esto no
es un Parlamento, es la cueva de Alí-Babá y los 40
ladrones!- Justo cuando aprobaban la moratoria turística.
Pues sí señor, los canarios tienen razón y han nacido
en Canarias, lo que pasa es que en Canarias, pase lo que pase, la
gente sonríe y es noble con su señor.
Después de muchos años vine a caer en la cuenta de esta realidad literaria
única, que narro para mis queridas Islas Canarias. Soy yo el que vivía en
San Borondón.
19 de noviembre de 2009