Morir de envidia

 

Néstor M. Garavito

 

   Como santacrucero, no puedo por menos que expresar mi indignación por la forma en que algunos habitantes de la ciudad que me vio crecer se han comportado y se comportan con todo lo que tenga que ver con el sur de Tenerife, y las infraestructuras que esta parte de la Isla demanda.

 

   Recuerdo cómo muchos se oponían a la construcción de un aeropuerto en Granadilla, argumentando que aniquila­ría el turismo en el norte y, que con el de Los Rodeos ya era suficiente. También rememoro cómo el MPAIAC,  a principios de los 70, anunciaba la cons­trucción de una base aeronaval de la OTAN que englobaría aeropuerto y puerto de Gra­nadilla. A finales de los 80, algún grupo de avanzadas ideas pegaba fotocopias en contra de la central de Unelco en el polí­gono de Granadilla, asegurando que el humo de su chimenea asfixiaría al casco y las medianías, tal y como le sucedía a Arafo y Güímar con la de Las Caletillas.

 

   Municipios como Arico, Granadilla y San Miguel soportan la incomodidad de unas infraestructuras, aeropuerto y verte­dero principalmente, que contaminan tanto auditiva como medioambientalmente más que puerto alguno, pero esto parece no incomodar a nadie en la capital ni en universidad alguna.

 

   ¿Dónde estaban los ecologistas cuando se dragaron los fondos marinos para hacer las nuevas playas del sur? Eso sí, cuando surgió un macrofestival decente como el de la playa de Las Vistas se lo car­garon denunciando el daño ecológico. ¿Dónde estaban los biólogos de renombre cuando se reconstruyó y amplió el puerto deportivo de Amarilla Golf? Tampoco se ha visto oposición alguna al tren del sur, que destrozará buena parte del territorio y afectará al ecosistema del cardonal-tabaibal. Quisiera verlos manifestándose para exigir la consrucción de un hospital comarcal decente. ¿Han calculado cuántas toneladas de combustible dejarían de quemarse anualmente, si todas esas familias no tuvieran que despla­zarse diariamente desde el sur y el norte hasta Santa Cruz? En otros tiempos, los intelectuales de la izquierda nos decían que el turismo y el sector servicios sería nuestra ruina. Hoy, lo defienden públicamente y se oponen radicalmente a la diversificación económica. Dicen que el puerto des­truye y contamina, pero se olvidan de decimos el precio que pagamos por la cantidad de residuos que el turismo genera y que tenemos que verter en nuestra tierra. Quien haya visitado el vertedero de Arico sabrá a qué me refiero. En fin, ya lo dijo Marx: tenemos unos principios, pero si no le gustan, tenemos otros. ¿Se referiría Groucho a los ecologistas? Una cosa es ecología y otra ecologismo.

 

   Es legítimo que cada cual luche por lo suyo, pero si no observamos un mínimo de solidaridad con el hermano que menos tiene o con el que apechuga con lo peor del negocio, los canarios nunca avanzaremos y moriremos de envidia.