ARTEASEM IBARADEN
La mujer y el hombre en el
siglo XXI
Por Liberto *
A pesar de los elevados índices de denuncias de la
mujer, de que siguen existiendo agresiones físicas, psíquicas y violaciones de
todo tipo, no sólo en Canarias, sino también en el Estado español, en los
países europeos en general y en el mundo occidental -la situación de la mujer
en los países orientales y los llamados del tercer mundo son un caso aparte, un
tema más cruel y sangrante si cabe; A pesar de que a igual trabajo el hombre
percibe mayor salario; que todavía existe cierto recelo para que la mujer ocupe
altos cargos de responsabilidad, tanto en las Instituciones públicas como en
las empresas privadas; a pesar de que una mujer que mantenga relaciones
sexuales con más de un hombre es ya una puta -aunque no exista dinero por
medio-; a pesar de que todavía persiste, sobre todo en zonas rurales, el dicho
de "la mujer en casa y con la pata quebrada"; a pesar de todo esto -y
de muchísimas cosas más-, a nadie medianamente atento a los cambios que
experimenta la sociedad se le escapa que la mujer del nuevo milenio es otro
tipo de mujer. Muchos siglos de sometimiento y dominación del hombre sobre la
mujer, han creado en ésta una especie de defensa, de protección, frente a los
desmanes y tropelías que se han ejercido y se continúan ejerciendo impunemente
sobre ésta y sin posibilidad alguna de seguridad ante los ataques del hombre.
Aunque todavía el macho seguirá ejerciendo su
preponderancia sobre la mujer en forma de agresiones, maltratos, violaciones,
humillaciones y vejaciones diversas, bien es verdad que el hombre cada día más
se siente impotente cuando se enfrenta a la mujer sólo con las armas de la
dialéctica. Al hombre, ante esta situación, sólo le queda el recurso de acudir
a la fuerza bruta o el maltrato psicológico para intentar imponerse sobre la
mujer. Y en este sentido, la mujer todavía se encuentra indefensa.
Que la mujer del nuevo milenio es otra, sólo hace
falta observar los índices de inscripción en las universidades, donde las
féminas superan con creces a los varones. Aunque, por otro lado, las mujeres
superen en estos momentos el número de parados con respecto a los hombres,
éstas están siendo mejor consideradas, porque destacan por una mayor
responsabilidad y eficacia en los trabajos que se les asignan.
El hecho mismo de que ya no sea necesaria, ni imprescindible, la intervención
del hombre para la reproducción de la especie, es un fenómeno de una
envergadura tal, que todavía es demasiado pronto para valorar hasta qué medida
está afectando a la hasta ahora, inamovible e imperturbable seguridad del
hombre frente a la hembra y de qué manera lo va a condicionar.
La mayor presencia de la mujer en todos los órdenes
de la vida desde mediados del siglo XX hasta la
actualidad, ya sea el ámbito empresarial, político, educativo, científico,
cultural o social han venido demostrando que si se le da la oportunidad, o
dicho más propiamente, si se cumple simplemente un derecho que le asiste desde la Declaración Universal
de Derechos Humanos en 1948 en la que se "prohíbe toda clase de
discriminación por razón de sexo… y reconoce la igualdad ante la ley e igual
protección contra toda discriminación que infrinja la Declaración", la
mujer puede ser tan capaz -o mejor si me apuran un poco- que el hombre en el
desarrollo de las actividades que desempeñe.
La impotencia del hombre ante esta nueva situación,
ante este cambio de papeles y roles, le está creando una especie de síndrome de
inferioridad, con las consiguientes dosis de inseguridad, frustración e
impotencia desconocidas hasta entonces para el que se creía hasta ahora
"dueño y señor" de la especie.
El reto ya está planteado. La solución para una
convivencia pacífica hombremujer mujerhombre
en el nuevo milenio está, según mi punto de vista, en que el hombre acepte de
una vez y para siempre la igualdad de sexos, y si me siguen apurando, que la
mujer es tan inteligente o más que el hombre en igualdad de condiciones.
Si no se plantea en estos términos, la guerra
hombre-mujer en el nuevo milenio puede traer consecuencias nefastas para ambos.
Por último, la vida será más fácil, nos irá mejor a todøs, si miramos a la mujer, no como una adversaria o
enemiga a combatir, sino como una compañera, una amiga, una amante… nada más y
nada menos.
Artevirgo, La Aldea, Canarias.
* Jose Almeida Afonso