Juan Manuel
García Ramos
Mis responsabilidades profesionales me
impidieron seguir de cerca en su totalidad, como me hubiera gustado, las
sesiones del debate sobre el estado de la nacionalidad canaria, celebradas esta
semana en el Parlamento Autónomo, tan traído y llevado últimamente. Y digo
Parlamento Autónomo, y no Autonómico, como muchos periodistas y políticos se
empeñan en llamarlo, incluso el mismo presidente del Gobierno de Canarias. Esos
debates anuales suelen ser puestas en escena donde se ponen a prueba tanto la
fortaleza del gobierno de turno como la capacidad de maniobra crítica de la
oposición correspondiente.
Sí pude seguir algunas intervenciones en la sede parlamentaria de Teobaldo Power, mediante los enlaces que algunos periódicos
facilitaban a través de la red, y también pude leer el texto del discurso de
apertura del presidente del Gobierno de Canarias. Desde luego, tenía razón el
presidente del Ejecutivo isleño al afirmar que el debate que abría esta vez no
se parecía a ningún otro anterior porque la situación económica y social que
vivimos en el Archipiélago, en España y en buena parte del mundo occidental no
se parece a ninguna otra anterior. Todo estaba bajo el signo de la dichosa y
enquistada crisis financiera y económica que corroe nuestras sociedades.
En cuanto al texto presidencial de referencia, poco se puede decir, pues este
género de discursos siempre responde a cierta rutina donde se exponen, con
mayor o menor fortuna retórica, los logros gubernamentales y los programas
previstos de acción política.
Paulino Rivero Baute abrió su alegato con un golpe de
efecto basado en la enumeración de diez nuevas medidas de choque para combatir
la aceptada crisis, diez medidas que venían a sumarse a las que su gobierno ha
venido poniendo en práctica desde los meses finales del año pasado y estos
primeros de 2009. Leídas con atención, es difícil argumentar cualquier
desacuerdo con esas nuevas iniciativas que tienen que ver con avales para
atender las necesidades de liquidez de las pequeñas y medianas empresas
canarias y de los trabajadores autónomos, con ayudas de emergencia social para
familias bajo riesgo de exclusión social, con una nueva deducción del IRPF para
las personas que hayan estado en paro más de seis meses durante 2009, con
alquileres de viviendas para familias con dificultades económicas, con ayudas
al pago de la seguridad social del trabajador autónomo en el primer año de actividad,
con subvenciones a empresas que mantengan sus plantillas o las incrementen
mediante contratos a tiempo parcial, con agilizar los pagos a contratistas que
hagan obras para la administración pública, con subvenciones a los tipos de
interés de los préstamos ICO Turismo para proyectos de rehabilitación de
plantas alojativas, con el incremento de las ayudas POSEI a las producciones agrarias y al sector ganadero.
Un decálogo de decisiones gubernamentales que nadie podría poner en cuestión
por mucha agresividad opositora que se quisiera exhibir sobre el atril
parlamentario. Un buen entrante para la comida que sería servida a continuación
y que ya seguiría el ritmo algo cansino que suele acompañar a estas ceremonias:
las acciones y los programas desarrollados por cada una de las consejerías del
Ejecutivo de turno.
En esa dirección, el discurso presidencial insistió en presentar con aire de
cierta novedad el espíritu de
Otra de las joyas de la corona presidencial fue la atención prestada al
transporte, como herramienta de cohesión territorial de nuestro Archipiélago en
la que el Gobierno de Rivero Baute ha depositado
mucha confianza y esperanza.
El Acuerdo por
En el ámbito educativo, aciertos en materia universitaria, con la firma
reciente de los contratos programas con nuestros dos centros superiores para el
periodo 2009-20013, y silencio para el fracaso escolar y la compleja relación
con el profesorado no universitario en estos dos años de legislatura. Apuesta
por la formación profesional y por el refuerzo educativo en horario de tarde y
por la intensificación del servicio de recogida temprana, así como por aumentar
las secciones bilingües. Mínima alusión al programa cultural, todo él orientado
a esa abstracción que responde al rótulo del Septenio.
Progresos aún insuficientes en el servicio sanitario, desbordado por una
demografía inesperada, bien es verdad, así como en la promoción de vivienda
pública y otros servicios sociales.
Protestas contra una ley de extranjería estatal que nos endosa en exclusiva el
problema de los menores inmigrantes no acompañados, que superan en estos meses
los mil quinientos en nuestros desbordados centros de acogida, contra una deuda
histórica que asciende a unos seis mil millones de euros, y apuesta por
reiniciar el debate sobre la reforma del Estatuto de Autonomía, donde se
contemplaría un desarrollo más ambicioso y absolutamente necesario del
autogobierno, y donde se incluiría, entre otras competencias, la de incrementar
nuestro peso como interlocutores de
En resumidas cuentas, un programa de gobierno difícil de rechazar en estos
tiempos críticos y contra el que poco pudo hacer el estreno en la portavocía socialista del bueno de Manuel Marcos Pérez
Hernández, al que un exceso de finura natural en sus ademanes y expresiones le
impide convertirse, al menos por ahora, en el hombre-bronca que exige el lópezaguilarismo en alza.
La destreza en la tribuna de oradores que ha ido adquiriendo Paulino Rivero
dejó más atrás que nunca a sus opositores, empeñados en negar un consenso que
todo el mundo pide a gritos, no sólo en la sede de Teobaldo Power,
sino en la misma Carrera de San Jerónimo, donde Ana Oramas
obtuvo en esas mismas fechas un respaldo decisivo a sus dieciocho propuestas
para seguir combatiendo una crisis que a todos nos afecta sin contemplaciones.
El tándem Rivero-Oramas ha deparado esta semana una
oxigenación a las pretensiones gubernamentales nacionalistas bajo la convicción
generalizada de que todos los esfuerzos son pocos a la hora de contener el
tsunami de desconfianza empresarial y de destrucción de empleo que se nos viene
encima.
Un trabajo bien hecho y la demostración de que estos dos dirigentes del
nacionalismo en el poder crecen y se revalidan en sus responsabilidades
respectivas. Esto es lo que hay.