De narcisos, firmas y genocidios

 

ÚLTIMA RESPUESTA AL ‘PROFESOR’ JAVALOYES

 

 Julián Ayala Armas

 

   Decía Rimbaud que había nacido para revolucionar el infierno. Yo no soy tan ambicioso (ni tan jactancioso), pero cuando era pequeño me gustaba tirar piedras a las charcas donde chapoteaban ranas, sapos, lagartijas y otras pequeñas alimañas de aguas estancadas. Psicólogos, psiquiatras y otros gurús de estos tiempos de decadencia suelen considerar las experiencias de la infancia algo así como una impronta que marca en cierta manera los comportamientos posteriores de las personas.

 

   No sé qué habrá de verdad en ello, pero lo cierto es que esa afición infantil  parece que me ha perseguido toda la vida, y todavía hoy, en una edad alejada de aquella época feliz, el gusto por revolucionar a las bestezuelas del charcal no me ha abandonado del todo, a juzgar por las reacciones de los gusarapos en cuestión.

 

UN NARCISO NARCISISTA.

 

Así, un sapo cancionero que arrastra las eyyyes, che, no cesa de dirigirme croídos destemplados. Este desemejante sujeto no es otro que el inconmensurable, colosal, incontrastable, inefable e infumable “profesor” Narciso Javaloyes.

 

   No somos responsables de los nombres que nos ponen, pero sí de los pseudónimos que elegimos. Y este batracio, hinchado de vanidad como el de la fábula clásica (de repente revienta un día de estos), ha adoptado precisamente el de un personaje mitológico, Narciso, que enamorado de sí mismo acabó ahogándose en el agua que le servía de espejo y ante la que se pasaba las horas muertas fascinado por su propia figura. El caso de homofilia más perfecto que pueda darse.

 

   ¿Hay algo más admirable a sus propios ojos que el ombligo de un narciso? Nada, claro está, y en torno a su maravilloso ombligo el mentado Javaloyes tejió, en su intervención en el programa “La Trapera” de Radio San Borondón el pasado 23 de enero, toda una urdimbre de “genialidades”, invectivas, salidas de tono y de tema, tergiversaciones variadas y otras retóricas cortinas de humo, con el único afán de ocultar su anterior toma de postura –y la de su conmilitón, Antonio Adelfo Delgado Núñez– “comprensiva” de las políticas de limpieza étnica y asesinatos en masa perpetradas por el Estado de Israel en Palestina (de las que constituyen un episodio particularmente odioso las matanzas de estos días en Gaza), al mismo tiempo que intentaba, con escasa fortuna, “refutar” mi intervención el día antes en la misma emisora, en la que le eché en cara esta actitud reaccionaria e inhumana. Su postura es comprensible, pues un hombre “de izquierdas” y, sobre todo, “un espíritu libre” como él no puede tolerar que se le arranque la máscara de ecuanimidad progresista con la que se mueve por el carnaval del mundo

 

LA GRAN TERGIVERSACIÓN.

 

   Muchas son las tergiversaciones en las que incurre este profesor de vía estrecha, pero la mayor reside en su propio enfoque de la cuestión. Para él, lo principal y lo que se está discutiendo no son las actitudes de cada uno ante el genocidio, sino el que yo haya hecho público en Canarias-Semanal, primero, que no recordaba haber firmado en 2008 una petición de premio al programa del que es codirector; segundo, que admitiendo la posibilidad de haberlo hecho, añadiera que firmé muchos escritos el año pasado y a veces “sin poner suficiente atención a su contenido”, y tercero, que de todas maneras en 2008 los responsables de “Tiempo Abierto” no se habían mostrado partidarios (o al menos yo no tenía constancia) de la criminal política del Gobierno sionista. Este asunto colateral y mínimo al lado de la espantosa tragedia del pueblo palestino, ha sido elevado a la estratosfera de la incoherencia política por el “profesor”, con juicios tan mesurados y objetivos como “[esto] lo deja no sólo en evidencia, en mi opinión, sino en el más espantoso de los ridículos”.

 

   Como seguramente el narciso no suele firmar documentos solidarios con nadie (ya se sabe que él está contra “el discurso imperante en la izquierda”), no aprecia la predisposición de una persona a prestar su nombre en favor de una causa noble (por ejemplo, en estas últimas semanas he suscrito tres textos, cuya firma ha sido solicitada por diversos colectivos a través de Internet: una carta al presidente del Gobierno español pidiendo la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, otra solicitando el cese del comercio de armas con el Estado genocida y una tercera, ésta de la Comunidad Palestina de Canarias, para la creación de un tribunal especial que juzgue los crímenes contra la humanidad cometidos en Gaza).

 

   Ignora también, por lo visto, que aparte de imperativos de carácter ético, en estos asuntos suelen incidir otros factores, como es la confianza en la persona o institución que solicita nuestro apoyo. Cuando Amnistía Internacional, por ejemplo, pide la firma de algún texto contra un desmán cometido contra los derechos humanos en cualquier lugar del mundo, yo no pongo en duda la veracidad del hecho, aunque no lo haya comprobado personalmente. Lo mismo, y salvando las distancias, cuando seguramente César Rodríguez Placeres me solicitó la firma en apoyo de un programa de su emisora, lo hice por la confianza que tengo en él y, además, por la propia banalidad de un asunto como la demanda del Premio Ondas 2008. Una banalidad que se ha vuelto contra mí, pues no caí en la cuenta de que pocas cosas son inocentes en este mundo, y desde luego no lo es un programa de radio que sirve de trampolín a la expresión frívola (el Javaloyes lo llama “humorismo”) de ideas reaccionarias y de marcado carácter injusto.

 

   El reconocimiento autocrítico de este “fallo” ha dado pie también para las jeremiadas del “profesor”. Un individuo como él, que por lo visto considera que no se equivoca nunca y que si se equivoca nunca lo admitirá (la prepotencia es inherente a la mediocridad), sólo puede considerar una debilidad que otra persona lo reconozca. Comprendo la escandalera que ha montado este gaucho de pacotilla. Las denuncias de su actitud lo han dejado en pelotas y sin boleadoras en medio de la inclemente pampa y acude a cualquier cosa para tapar sus vergüenzas.

 

   Una última afirmación sobre este asunto, que considero zanjado y sobre el cual no pienso volver, aunque el Javaloyes se desgañite de nuevo, es que no está separado, como él pretende, del tema principal, el debate sobre el genocidio palestino, pues fue  precisamente el conocimiento de la postura de los responsables de “Tiempo Abierto” lo que me impelió a publicar la aclaración sobre el controvertido hecho de mi firma, pues aunque sea de refilón, no quiero que nadie me pueda asociar con esa barra radiofónica de reaccionarios.

 

TERGIVERSACIONES MENORES.

 

Incurre el ínclito “profesor” en otras tergiversaciones menores, que sólo tienen como fin dar paso a su lucimiento en el dominio del sarcasmo –bastante alicorto, por cierto– como, por ejemplo, al achacarme una variante del tópico “cuanto más conozco a la gente más aprecio a mis perros”. Miente como un bellaco, porque lo que exactamente dije, y supongo que estará recogido en la fonoteca esa a la que tanto se refiere, es que “cuanto más conozco a tipos como usted, más aprecio la inteligencia de mis caniches”. Un pequeño matiz que deliberadamente ignoró este sujeto tan “objetivo”.

 

   Otra muestra de su ingenio inapreciable es cuando dice que los tenemos colgados en unos artículos en Internet, “porque no [hemos] podido hacerlo de momento en alguna plaza pública de Teherán”. ¡Que exageración, D. Narciso! Usted y el resto de la santa compaña no valen ni la cuerda que se usa en esos casos, extremos y francamente desagradables para nuestro gusto. Antes bien, lo que nos gusta y mucho es que sigan largando por esa boquita de pitiminí, pues una vez conocido lo que son es divertidísimo observar sus esfuerzos por disfrazarse de lo que no son. No van a tener necesidad de risas enlatadas, las carcajadas de verdad las pondrán los oyentes de su programa.

 

JAVALOYES–GILIPOLLES–SOPLAPOLLES.

 

Ya decía Oscar Wilde en su tiempo que a estas alturas de la vida no se puede ser original ni en el pecado. No me extraña, pues, que otros conocedores de su idiosincrasia, “profesor”, hayan hecho el mismo juego de palabras que yo con su estrambótico apellido. Y no encuentra mejor defensa que compararme con uno de los líderes de la radio-basura tinerfeña, Jorge Vargas, que, según dice, fue el primero que empleó el calificativo de marras.

 

   A pesar de su gramática parda, parece no haberse percatado que se limita a  emplear la desprestigiada fallacia ad inverecundiam (lo contrario que el argumento de autoridad), que ya empleaban los sofistas antes de la era cristiana, sin caer en la cuenta de que incluso un botarate intelectualmente tan poco amueblado como el tal Vargas puede acertar alguna que otra vez. ¿Recuerda la fábula del asno y la flauta? Pues eso.

 

   Y tenga la absoluta seguridad de que con ese calificativo nunca he tratado de “rebajarlo”, empleando alguna de las 38 estrategias de Schopenhauer a las que usted se refiere y de las que, dicho sea de paso, es un seguidor aventajado, sino tan sólo  definirlo. En fin, si no le gusta lo de Gilipolles, puede atribuirse otro apellido, Soplapolles, por ejemplo. El castellano es muy rico en este tipo de vocablos.

 

ANALISTA IMPONDERABLE.

 

Tendremos que ponernos las aletas y la bombona de oxígeno para bucear en el insondable pozo de sabiduría que es este hombre, pues dice el insigne Soplapolles que lo que hace en su programa, además de aportar datos para contrastar, es “introducir una perspectiva analítica racionalizadora”. Y eso lo lleva a cabo en una sección de “Tiempo Abierto” en la se que intenta no juzgar ni condenar, sino explicar los orígenes del conflicto en Oriente Medio. Para ello los comentaristas del programa –continúa– se han traslado a los tiempos de la invasión de las tribus hebreas en Canaán y, antes de que surgiera lo de Gaza, iban por algunos de los descendientes de Salomón. Y añade con su peculiar gracejo: “Yo no se si en eso de posicionarse pretende Julián Ayala, a lo mejor con buen criterio, que nos posicionemos del lado de Absalón o de su padre David, al cual quería quitar el trono”.

 

   “Ya el conejo me esriscó la perra”, como dice el mago. Este sabio sin par  se remonta al año mil tropecientos antes de Cristo para explicar por qué los israelíes hacen lo que están haciendo en Palestina, como si hubiera alguna relación entre aquellos tiempos y estos, y entre aquello judíos y los de ahora. Disparates como estos suele restregar el imponderable por los oídos de los masocas que oyen sus chamuyos radiofónicos. Pobres.

 

   Lo mejor que puede hacer –se trata de una modesta proposición– es acudir a obras como ¿Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío?, de la que es autor el  catedrático de Historia Europea en la Universidad de Tel Aviv, Shlomo Sand. En unas declaraciones reproducidas en la revista digital Rebelión el 14 de octubre del año pasado, el profesor Sand, dice entre otras cosas,  que “al igual que los demás israelíes, yo daba por descontado que los judíos eran un pueblo que había vivido en Judea y que había sido expulsado al exilio por los romanos el año 70 d. C., pero una vez empecé a buscar pruebas, descubrí que los reinos de David y Salomón eran puras leyendas. Lo mismo pasó con el exilio”. Dice también que “la idea de una nación judía –cuya necesidad de un lugar seguro en donde vivir se utilizó originalmente con el fin de justificar la fundación del Estado de Israel– es un mito inventado hace poco más de un siglo”.

 

   Otra entrevista con Shlomo Sand a propósito de su libro apareció en el diario español Público el 2 de junio de 2008. En la introducción a la misma se expone que “el libro contiene dos tesis que en el pasado tuvieron cierto predicamento, también entre historiadores sionistas, pero que hoy han sido archivadas: que los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo fuera de Palestina, y por lo tanto no descienden de los antiguos judíos, y que los palestinos árabes son los únicos descendientes de los antiguos judíos”.

 

   Así que oído al parche, don sabelotodo. Si de verdad quiere introducir “una perspectiva analítica racionalizadora” en su manido discurso, póngase al día y deje a un lado los mitos y leyendas que sustentan una concepción etnicista de la historia, a estas alturas absolutamente desprestigiada. Una visión similar, por otra parte, a la del preclaro José María Aznar, cuando explica los atentados del 11-M como venganza de la morisma por haber sido expulsada de Al Andalus hace más de quinientos años.

   En resumen, rasón tenés para chincharte, che, profe, pues de incontrovertible oráculo de Delfos te hemos colocado en tu verdadero papel de pitonisa gitana que echa las cartas en una barraca de feria.

 

LA CRUDA REALIDAD.

 

Y para terminar, el asunto que considero más importante. Los conductores de “Tiempo Abierto” reiteran que con sus opiniones sobre la situación en Palestina tratan de polemizar con el discurso imperante en la izquierda al respecto. Está bien como planteamiento de intenciones, pues el fundamento de la izquierda es la crítica, y en virtud de ella la izquierda se ha caracterizado siempre por estar en perpetua discusión con el sistema y consigo misma. Por eso, la izquierda adocenada, maniquea y dogmática que no se renueva al compás de los tiempos, deja de ser un elemento de cambio para convertirse en un paliativo de la mala conciencia.

 

   Vistas así las cosas, polemizar contra y desde la izquierda, es decir, discutir con la izquierda utilizando argumentos de izquierda, es un ejercicio saludable para la misma. Pero polemizar con la izquierda con argumentos de la derecha, es ponerse en el campo de ésta. Y los que actúan así son de derechas, por más que pretendan negarlo. Es lo que hacen, por ejemplo, Jiménez Losantos y sus mariachis en la Cope y en Libertad Digital. Y es lo que hacen también en Radio San Borondón el “Profesor Javaloyes y sus compañeros de “Tiempo Abierto”, al adoptar una actitud pro-sionista, que se niegan a admitir pese a las evidencias.

 

   Trata el “profesor” de demostrar su postura contraria, diciendo que es partidario de la coexistencia y la convivencia en la zona de dos estados, el israelí y el palestino. Como si esa no fuera la posición también (claro que de boquilla) del agresivo Estado colonialista de Israel y de sus patrocinadores internacionales, lo que demuestra que este tipo de alegaciones generalistas no sirven para definir una actitud clara contra el genocidio, pero sí para envolver el asunto en una ambigüedad falsamente equidistante. Como si pudiera haber equidistancia entre el sufrimiento de las víctimas y la crueldad de los victimarios.

 

   Pero hasta la ambigüedad desaparece cuando estos izquierdistas de quita y pon tratan aspectos concretos del drama, como las masacres de Gaza. Entonces se destapan. Tienen suficiente vergüenza para no decir directamente que están a favor de las matanzas, incluso se refieren a la acción genocida como “una barbaridad”; pero afirman acto seguido que la resistencia palestina está compuesta por terroristas, que Hamas utiliza a los niños como escudos humanos, que Israel es el único Estado democrático de la región, que el gobierno de Hamas es dictatorial (pese a haber ganado unas elecciones limpias) y represor, pues ha impuesto las leyes coránicas de amputación de manos para los ladrones y pena de muerte para los homosexuales… Y ellos, izquierdistas, pero rompedores, no entienden “por qué todo esto se obvia desde el discurso de la izquierda y de las fuerzas progresistas”.

 

   El principal corifeo de esos cantos destemplados es, junto con su gran hermano,  el “profesor” Narciso Javaloyes, padre y maestro mágico de las ondas hertzianas y especialista en el nobilísimo arte de tirar la piedra y esconder la mano (bueno, este esconde todo el cuerpo). Pero ya dijo alguien que no se puede engañar mucho a muchos durante mucho tiempo, pues más tarde que temprano algunos de los engrupidos acaban dándose cuenta y el tinglado de los maulas empieza a desmoronarse. Eso está pasando, lo están viendo y por eso están muy nerviosos. Con su pan se lo coman.

 

CODA: ‘QUÉ HERMOSO PELO TIENE’.

 

   Y lo extraño es que este muchacho de doradas y abundosas greñas, como un personaje inactual y un tanto andrógino de Botticelli o Carpaccio, tiene cierto talento para algunas cosas (las ilustraciones musicales de “Tiempo Abierto” son lo mejor del programa), pero es lástima que lo esté desaprovechando de esta manera, quién sabe si por influencia nefasta de su gran hermano (curiosamente, Adelfo en griego significa precisamente eso, hermano), a cuya sombra ha vivido toda su vida. No creo que a estas alturas pueda zafarse de esta abducción. Se le nota muy cómodo en su papel y hasta ufano de sus travesuras.

 

   Narciso-Alberto-Javaloyes-Delgado continuará, pues, haciendo el Soplapolles,  entre idas y venidas a la peluquería para cuidar su magnífico peluco y descontando las luengas horas que pasará peinándose y aplicándose cosméticos variados para que sus guedejas de querube no pierdan ese brillo coruscante y fascinador.

 

Qué hermoso pelo tiene

Ay, qué dolor, qué dolor, qué pena,

Qué hermoso pelo tiene

Quién se lo peinará,

Do, re, mi, do, re, fa,

Quién se lo peinará…