De narcisos, firmas y genocidios
ÚLTIMA RESPUESTA AL ‘PROFESOR’
JAVALOYES
Julián Ayala
Armas
Decía Rimbaud que había nacido para
revolucionar el infierno. Yo no soy tan ambicioso (ni tan jactancioso), pero cuando
era pequeño me gustaba tirar piedras a las charcas donde chapoteaban ranas,
sapos, lagartijas y otras pequeñas alimañas de aguas estancadas. Psicólogos,
psiquiatras y otros gurús de estos tiempos de decadencia suelen considerar las
experiencias de la infancia algo así como una impronta que marca en cierta
manera los comportamientos posteriores de las personas.
No sé qué
habrá de verdad en ello, pero lo cierto es que esa afición infantil parece que me ha perseguido toda la vida, y
todavía hoy, en una edad alejada de aquella época feliz, el gusto por revolucionar a las bestezuelas del
charcal no me ha abandonado del todo, a juzgar por las reacciones de los
gusarapos en cuestión.
UN
NARCISO NARCISISTA.
Así, un sapo cancionero que arrastra las eyyyes, che, no cesa de dirigirme croídos
destemplados. Este desemejante sujeto no es otro que el inconmensurable,
colosal, incontrastable, inefable e infumable “profesor” Narciso Javaloyes.
No somos
responsables de los nombres que nos ponen, pero sí de los pseudónimos que
elegimos. Y este batracio, hinchado de vanidad como el de la fábula clásica (de
repente revienta un día de estos), ha adoptado precisamente el de un personaje
mitológico, Narciso, que enamorado de sí mismo acabó ahogándose en el agua que
le servía de espejo y ante la que se pasaba las horas muertas fascinado por su
propia figura. El caso de homofilia más perfecto que pueda darse.
¿Hay algo más
admirable a sus propios ojos que el ombligo de un narciso? Nada, claro está, y
en torno a su maravilloso ombligo el mentado Javaloyes tejió, en su
intervención en el programa “
Muchas son las tergiversaciones en las que incurre
este profesor de vía estrecha, pero la mayor reside en su propio enfoque de la
cuestión. Para él, lo principal y lo que se está discutiendo no son las
actitudes de cada uno ante el genocidio, sino el que yo haya hecho público en Canarias-Semanal, primero, que no
recordaba haber firmado en 2008 una petición de premio al programa del que es
codirector; segundo, que admitiendo la posibilidad de haberlo hecho, añadiera
que firmé muchos escritos el año pasado y a veces “sin poner suficiente
atención a su contenido”, y tercero, que de todas maneras en 2008 los
responsables de “Tiempo Abierto” no se habían mostrado partidarios (o al menos
yo no tenía constancia) de la criminal política del Gobierno sionista. Este
asunto colateral y mínimo al lado de la espantosa tragedia del pueblo
palestino, ha sido elevado a la estratosfera de la incoherencia política por el
“profesor”, con juicios tan mesurados y objetivos como “[esto] lo deja no sólo
en evidencia, en mi opinión, sino en el más espantoso de los ridículos”.
Como
seguramente el narciso no suele firmar documentos solidarios con nadie (ya se
sabe que él está contra “el discurso imperante en la izquierda”), no aprecia la
predisposición de una persona a prestar su nombre en favor de una causa noble
(por ejemplo, en estas últimas semanas he suscrito tres textos, cuya firma ha
sido solicitada por diversos colectivos a través de Internet: una carta al
presidente del Gobierno español pidiendo la ruptura de relaciones diplomáticas
con Israel, otra solicitando el cese del comercio de armas con el Estado
genocida y una tercera, ésta de
Ignora
también, por lo visto, que aparte de imperativos de carácter ético, en estos
asuntos suelen incidir otros factores, como es la confianza en la persona o
institución que solicita nuestro apoyo. Cuando Amnistía Internacional, por ejemplo,
pide la firma de algún texto contra un desmán cometido contra los derechos
humanos en cualquier lugar del mundo, yo no pongo en duda la veracidad del
hecho, aunque no lo haya comprobado personalmente. Lo mismo, y salvando las
distancias, cuando seguramente César Rodríguez Placeres me solicitó la firma en
apoyo de un programa de su emisora, lo hice por la confianza que tengo en él y,
además, por la propia banalidad de un asunto como la demanda del Premio Ondas
2008. Una banalidad que se ha vuelto contra mí, pues no caí en la cuenta de que
pocas cosas son inocentes en este
mundo, y desde luego no lo es un programa de radio que sirve de trampolín a la
expresión frívola (el Javaloyes lo llama “humorismo”) de ideas reaccionarias y
de marcado carácter injusto.
El
reconocimiento autocrítico de este “fallo” ha dado pie también para las
jeremiadas del “profesor”. Un individuo como él, que por lo visto considera que
no se equivoca nunca y que si se equivoca nunca lo admitirá (la prepotencia es
inherente a la mediocridad), sólo puede considerar una debilidad que otra
persona lo reconozca. Comprendo la escandalera que ha montado este gaucho de
pacotilla. Las denuncias de su actitud lo han dejado en pelotas y sin
boleadoras en medio de la inclemente pampa y acude a cualquier cosa para tapar
sus vergüenzas.
Una última
afirmación sobre este asunto, que considero zanjado y sobre el cual no pienso
volver, aunque el Javaloyes se desgañite de nuevo, es que no está separado,
como él pretende, del tema principal, el debate sobre el genocidio palestino,
pues fue precisamente el conocimiento de
la postura de los responsables de “Tiempo Abierto” lo que me impelió a publicar
la aclaración sobre el controvertido hecho de mi firma, pues aunque sea de
refilón, no quiero que nadie me pueda asociar con esa barra radiofónica de reaccionarios.
TERGIVERSACIONES
MENORES.
Incurre el ínclito “profesor” en otras
tergiversaciones menores, que sólo tienen como fin dar paso a su lucimiento en
el dominio del sarcasmo –bastante alicorto, por cierto– como, por ejemplo, al
achacarme una variante del tópico “cuanto más conozco a la gente más aprecio a
mis perros”. Miente como un bellaco, porque lo que exactamente dije, y supongo
que estará recogido en la fonoteca esa a la que tanto se refiere, es que
“cuanto más conozco a tipos como usted, más aprecio la inteligencia de mis
caniches”. Un pequeño matiz que deliberadamente ignoró este sujeto tan
“objetivo”.
Otra muestra
de su ingenio inapreciable es cuando dice que los tenemos colgados en unos
artículos en Internet, “porque no [hemos] podido hacerlo de momento en alguna
plaza pública de Teherán”. ¡Que exageración, D. Narciso! Usted y el resto de la
santa compaña no valen ni la cuerda que se usa en esos casos, extremos y
francamente desagradables para nuestro gusto. Antes bien, lo que nos gusta y
mucho es que sigan largando por esa boquita de pitiminí, pues una vez conocido
lo que son es divertidísimo observar sus esfuerzos por disfrazarse de lo que no
son. No van a tener necesidad de risas enlatadas, las carcajadas de verdad las
pondrán los oyentes de su programa.
JAVALOYES–GILIPOLLES–SOPLAPOLLES.
Ya decía Oscar Wilde en su tiempo que a estas alturas
de la vida no se puede ser original ni en el pecado. No me extraña, pues, que
otros conocedores de su idiosincrasia, “profesor”, hayan hecho el mismo juego
de palabras que yo con su estrambótico apellido. Y no encuentra mejor defensa
que compararme con uno de los líderes de la radio-basura tinerfeña, Jorge Vargas,
que, según dice, fue el primero que empleó el calificativo de marras.
A pesar de su
gramática parda, parece no haberse percatado que se limita a emplear la desprestigiada fallacia ad inverecundiam (lo contrario
que el argumento de autoridad), que ya empleaban los sofistas antes de la era
cristiana, sin caer en la cuenta de que incluso un botarate intelectualmente
tan poco amueblado como el tal Vargas puede acertar alguna que otra vez.
¿Recuerda la fábula del asno y la flauta? Pues eso.
Y tenga la
absoluta seguridad de que con ese calificativo nunca he tratado de “rebajarlo”,
empleando alguna de las 38 estrategias de Schopenhauer a las que usted se
refiere y de las que, dicho sea de paso, es un seguidor aventajado, sino tan
sólo definirlo. En fin, si no le gusta
lo de Gilipolles, puede atribuirse otro apellido, Soplapolles, por ejemplo. El
castellano es muy rico en este tipo de vocablos.
ANALISTA
IMPONDERABLE.
Tendremos que ponernos las aletas y la bombona de
oxígeno para bucear en el insondable pozo de sabiduría que es este hombre, pues
dice el insigne Soplapolles que lo que hace en su programa, además de aportar
datos para contrastar, es “introducir una perspectiva analítica
racionalizadora”. Y eso lo lleva a cabo en una sección de “Tiempo Abierto” en
la se que intenta no juzgar ni condenar, sino explicar los orígenes del
conflicto en Oriente Medio. Para ello los comentaristas del programa –continúa–
se han traslado a los tiempos de la invasión de las tribus hebreas en Canaán y,
antes de que surgiera lo de Gaza, iban por algunos de los descendientes de
Salomón. Y añade con su peculiar gracejo: “Yo no se si en eso de posicionarse
pretende Julián Ayala, a lo mejor con buen criterio, que nos posicionemos del
lado de Absalón o de su padre David, al cual quería quitar el trono”.
“Ya el conejo
me esriscó la perra”, como dice el
mago. Este sabio sin par se remonta al
año mil tropecientos antes de Cristo para explicar por qué los israelíes hacen
lo que están haciendo en Palestina, como si hubiera alguna relación entre
aquellos tiempos y estos, y entre aquello judíos y los de ahora. Disparates
como estos suele restregar el imponderable por los oídos de los masocas que
oyen sus chamuyos radiofónicos.
Pobres.
Lo mejor que
puede hacer –se trata de una modesta proposición– es acudir a obras como ¿Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío?,
de la que es autor el catedrático de
Historia Europea en
Otra
entrevista con Shlomo Sand a propósito de su libro apareció en el diario
español Público el 2 de junio de
2008. En la introducción a la misma se expone que “el libro contiene dos tesis
que en el pasado tuvieron cierto predicamento, también entre historiadores
sionistas, pero que hoy han sido archivadas: que los actuales judíos provienen
de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo fuera de Palestina, y por lo
tanto no descienden de los antiguos judíos, y que los palestinos árabes son los
únicos descendientes de los antiguos judíos”.
Así que oído
al parche, don sabelotodo. Si de verdad quiere introducir “una perspectiva analítica
racionalizadora” en su manido discurso, póngase al día y deje a un lado los
mitos y leyendas que sustentan una concepción etnicista de la historia, a estas
alturas absolutamente desprestigiada. Una visión similar, por otra parte, a la
del preclaro José María Aznar, cuando explica los atentados del 11-M como
venganza de la morisma por haber sido expulsada de Al Andalus hace más de
quinientos años.
En resumen, rasón tenés para chincharte, che, profe,
pues de incontrovertible oráculo de Delfos te hemos colocado en tu verdadero
papel de pitonisa gitana que echa las cartas en una barraca de feria.
Y para terminar, el asunto que considero más
importante. Los conductores de “Tiempo Abierto” reiteran que con sus opiniones
sobre la situación en Palestina tratan de polemizar con el discurso imperante
en la izquierda al respecto. Está bien como planteamiento de intenciones, pues
el fundamento de la izquierda es la crítica, y en virtud de ella la izquierda
se ha caracterizado siempre por estar en perpetua discusión con el sistema y
consigo misma. Por eso, la izquierda adocenada, maniquea y dogmática que no se
renueva al compás de los tiempos, deja de ser un elemento de cambio para
convertirse en un paliativo de la mala conciencia.
Vistas así
las cosas, polemizar contra y desde la izquierda, es decir, discutir
con la izquierda utilizando argumentos de izquierda, es un ejercicio saludable
para la misma. Pero polemizar con la izquierda con argumentos de la derecha, es
ponerse en el campo de ésta. Y los que actúan así son de derechas, por más que
pretendan negarlo. Es lo que hacen, por ejemplo, Jiménez Losantos y sus
mariachis en
Trata el
“profesor” de demostrar su postura contraria, diciendo que es partidario de la
coexistencia y la convivencia en la zona de dos estados, el israelí y el
palestino. Como si esa no fuera la posición también (claro que de boquilla) del
agresivo Estado colonialista de Israel y de sus patrocinadores internacionales,
lo que demuestra que este tipo de alegaciones generalistas no sirven para
definir una actitud clara contra el genocidio, pero sí para envolver el asunto
en una ambigüedad falsamente equidistante. Como si pudiera haber equidistancia
entre el sufrimiento de las víctimas y la crueldad de los victimarios.
Pero hasta la
ambigüedad desaparece cuando estos izquierdistas de quita y pon tratan aspectos
concretos del drama, como las masacres de Gaza. Entonces se destapan. Tienen
suficiente vergüenza para no decir directamente que están a favor de las
matanzas, incluso se refieren a la acción genocida como “una barbaridad”; pero
afirman acto seguido que la resistencia palestina está compuesta por
terroristas, que Hamas utiliza a los niños como escudos humanos, que Israel es
el único Estado democrático de la región, que el gobierno de Hamas es
dictatorial (pese a haber ganado unas elecciones limpias) y represor, pues ha
impuesto las leyes coránicas de amputación de manos para los ladrones y pena de
muerte para los homosexuales… Y ellos, izquierdistas, pero rompedores, no
entienden “por qué todo esto se obvia desde el discurso de la izquierda y de
las fuerzas progresistas”.
El principal
corifeo de esos cantos destemplados es, junto con su gran hermano, el “profesor” Narciso Javaloyes, padre y
maestro mágico de las ondas hertzianas y especialista en el nobilísimo arte de
tirar la piedra y esconder la mano (bueno, este esconde todo el cuerpo). Pero
ya dijo alguien que no se puede engañar mucho a muchos durante mucho tiempo,
pues más tarde que temprano algunos de los engrupidos
acaban dándose cuenta y el tinglado de los maulas
empieza a desmoronarse. Eso está pasando, lo están viendo y por eso están muy
nerviosos. Con su pan se lo coman.
CODA:
‘QUÉ HERMOSO PELO TIENE’.
Y lo
extraño es que este muchacho de doradas y abundosas greñas, como un personaje
inactual y un tanto andrógino de Botticelli o Carpaccio, tiene cierto talento
para algunas cosas (las ilustraciones musicales de “Tiempo Abierto” son lo
mejor del programa), pero es lástima que lo esté desaprovechando de esta
manera, quién sabe si por influencia nefasta de su gran hermano (curiosamente,
Adelfo en griego significa precisamente eso, hermano), a cuya sombra ha vivido
toda su vida. No creo que a estas alturas pueda zafarse de esta abducción. Se
le nota muy cómodo en su papel y hasta ufano de sus travesuras.
Narciso-Alberto-Javaloyes-Delgado continuará, pues, haciendo el
Soplapolles, entre idas y venidas a la
peluquería para cuidar su magnífico peluco y descontando las luengas horas que
pasará peinándose y aplicándose cosméticos variados para que sus guedejas de
querube no pierdan ese brillo coruscante y fascinador.
Qué
hermoso pelo tiene
Ay,
qué dolor, qué dolor, qué pena,
Qué
hermoso pelo tiene
Quién
se lo peinará,
Do, re, mi, do, re, fa,
Quién
se lo peinará…