Níger

 

José A. Infante Burgos (*)

Las islas Canarias, en su cercanía continental, están flanqueadas en arco por el Sahara Occidental, Marruecos, Mauritania y Argelia, con los que casi no tenemos intercambios de ningún tipo, quizás muchos no saben que, obviando las islas de Madeira o Azores -las más parecidas y cercanas-, también Mali o Senegal se ubican en circunferencia de compás.

Pegado a Mali, alejado del litoral, devastado por el sol en su superficie, con unos 15,5 millones de personas, se encuentra Níger. Con fronteras a distancias equivalentes de Canarias como las de muchas grandes capitales europeas, su centro político es Niamey. Situado al sur de Argelia, unas tres veces más grande que España, nos podemos hacer idea de una enorme estufa que cada vez aprieta más a la franja meridional, en la parte suroccidental del país, por donde se da la vuelta agobiado el río Níger, y por donde se concentra la mayoría de población que subsiste a base de una agricultura -sólo el 4% de su territorio es apto- y pastoreo de pura sobrevivencia. El resto es desértico.

Con una deuda externa por encima de los 1.600 millones de dólares, Níger vive el recrudecimiento de una crisis alimentaria casi perpetua y no publicitada que arrastrará en este verano a más de la mitad de la población a pasar hambre. Como consecuencia, alrededor de un millón de niños está en peligro de padecer desnutrición severa.

El verdadero drama que vive el país más pobre de África, según el último Índice de Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es que mientras millones de personas pasan hambre, hay comida disponible en los mercados, pero es demasiado cara, según afirma Jeremie Ouangrawa, responsable de InspirAction para Níger y Burkina Fasso.

¿Cómo puede suceder? Nada menos que tienen la segunda mina más grande del mundo, es el tercer exportador mundial de uranio, que supone aproximadamente el 80% de sus exportaciones, contando además con carbón, hierro, fosfato de sodio, oro, estaño, cinc, molibdeno e incluso petróleo. Ganado ovino y caprino en las inmediaciones del desierto del Teneré, mijo y sorgo, aparte de cacahuetes, camote, maíz, arroz, plátanos y tomates son sus principales medios de vida.

El agua es cada vez más escasa. Sería lo primero que habría que procurar remediar porque su subsuelo la contiene abundantemente. Los animales se mueren y la malnutrición está incrementándose fatídicamente. Por ello, desesperadas, muchas familias abandonan sus hogares en dirección a la capital, Niamey. "Muchos niños ya no van a la escuela (en algunas regiones apenas lo hace un 20% de la población en edad escolar), y la mayor parte de los campesinos temen que tampoco tendrán semillas que plantar para la próxima cosecha", indica Isabel Ortigosa, responsable de Comunicación de InspirAction.

Como consecuencia de estas sequías cíclicas en aumento, las insuficientes lluvias irregulares registradas durante 2009 y los efectos de las crisis alimentarias anteriores, la hambruna puede afectar a ocho millones de personas. A la mitad de la población.

Citar como datos que la esperanza de vida es de 44 años, que viven con seis euros al mes y el promedio de hijos por mujer es de 7,37, la segunda tasa más alta del mundo, lo cual provoca un aumento poblacional desorbitado. Claro, su tasa de natalidad es de las más altas del globo, con 51,6 nacimientos por 1.000 habitantes, y la de mortalidad elevadísima, con 14,83 muertes por mil habitantes, también de las más altas del planeta. La mortalidad infantil es tremebunda y demasiado cruel, con 116,66 fallecimientos por 1.000 habitantes. Tan sólo el 17,6% de la población está alfabetizada.

Probablemente se represente, en la condensación en este Estado, la realidad más cruda del completo del continente, tras cincuenta años de teórica independencia. La abundancia de materias primas y posibilidades de desarrollo se combina en vivo con una miseria galopante e inaceptable que pone en entredicho las estructuras económicas existentes. Es la gran paradoja actual, las transformaciones con la modernización consecuente sólo pueden imponerse en la dependencia en aquellos sectores interesantes al mercado internacional, permaneciendo un altísimo porcentaje fuera de cualquier círculo productivo. ¡No existen!

Parece evidente y prioritario reubicar los criterios de rentabilidad económica en los de rentabilidad social orientando las producciones del suelo africano hacia la satisfacción de las necesidades de su población. Las casas hay que cimentarlas, Europa necesita a Canarias en un modelo que puede empezar por la decisión de activación.

infburg@yahoo.es

(*) Publicado en el periódico El Día, 30-06-2010