David Delgado
El modelo político democrático-burgués europeo,
establecido tras
Esta concepción burguesa del derecho y las
libertades políticas se topa, sin embargo, con grandes contradicciones,
limitaciones y trampas que ponen al descubierto la verdadera naturaleza del
Estado contemporáneo, que no es otra que la definida hace siglo y medio por
Marx y Engels: la violencia organizada de la clase dominante minoritaria frente
a la mayoría de los explotados.
Por mucho que se adapte y renueve la forma
política que reviste el Estado, su carácter clasista y represor no se ve
alterado de ninguna forma en lo esencial, pues la existencia misma del Estado
es la demostración de que las contradicciones de clase son irreconciliables.
Y como los comunistas no percibimos la apariencia
de la realidad de forma intuitiva, sino que vamos a la raíz de los fenómenos
que estudiamos científicamente para extraer conclusiones fundamentadas,
advertimos que la emancipación de los trabajadores y su lucha por el socialismo
no tiene cabida en los asfixiantes márgenes que consiente la democracia
burguesa.
Pero no basta con compartir esta concepción
ideológica, que hasta los pequeñoburgueses anticomunistas pueden asumir en
teoría. Es en la práctica, en la evolución de la actividad política, de la
adopción de la táctica y las estrategias a emprender, donde se comprueba la
fidelidad de la línea política que cimenta la acción
política de una organización a los principios revolucionarios.
En Europa actualmente, donde el Estado moderno
ha “perfeccionado” su máquina represora, y los comunistas corren la seria
amenaza de ser criminalizados, ilegalizados y perseguidos -en muchos países ya
lo son-, las tendencias fascistas organizadas se sienten confortablemente,
tanto en las instituciones parlamentarias como en la calle.
En los parlamentos nacionales ven aumentar
progresivamente su presencia. En la calle, tienen derecho a manifestar sus
consignas xenófobas, racistas, homófobas e
inconstitucionales, protegidos y amparados por las fuerzas represoras
estatales, que son las mismas, naturalmente, que luego se dedican a la caza
del comunista.
La unidad entre las fuerzas políticas y
sociales fascistas, los partidos burgueses neoliberales y socialdemócratas y
los cuerpos especiales de represión, es muy estrecha, coexistiendo vínculos
personales, económicos y políticos. Como se escucha en multitud de
manifestaciones antifascistas, no es extraño encontrarse individuos que sean
“nazis de día, de noche policías”.
Al fin y al cabo, el fascismo que sembró el
terror durante el siglo XX, con la eliminación física
de decenas de millones de personas y la tortura y desaparición de otros cientos
de miles, no fue sino la expresión del gran capital financiero e industrial,
que precisó de un Estado de excepción total, sin garantías constitucionales de
ninguna clase, ni libertades individuales ni políticas, para combatir
despiadadamente al movimiento obrero en alza y, más en concreto, la expansión
de las ideas y la influencia comunistas tras el triunfo de la revolución rusa.
En España, tras tres décadas de monarquía
constitucional y democracia burguesa, si el pueblo canario colonizado,
decidiera tomar el camino legítimo de la autodeterminación, el Estado tiene
reservado el “derecho constitucional” de emplear al ejército para contener el
desarrollo del proceso. Esto es: en las actuales condiciones, a la burguesía
española no le interesa ni le conviene un sistema de dominación declaradamente
fascista, pero ejerce el poder con elementos propios del franquismo cuando la
hegemonía y los intereses de los explotadores puedan ser socavados.
A medida que avanzan las condiciones para que
los trabajadores emprendan la revolución, el Estado democrático-burgués se va fascistizando.
Por ello en tiempos de crisis económicas como en
el presente, se refuerzan las unidades de choque antidisturbios, crece el
seguimiento policial a las organizaciones más combativas y decididas, se
difunden y promueven ideas fascistas en el seno de la clase obrera para
neutralizarla y se intensifica la represión paralelamente al surgimiento de
luchas económicas fruto de la lucha de clases, como pudimos constatar
recientemente en las brutales agresiones policiales en las movilizaciones del
pasado 6 y 7 se septiembre promovidas por el Sindicato Andaluz de Trabajadores
(SAT).
En Alemania, en los últimos tiempos se han
permitido numerosas manifestaciones de organizaciones nazis, mientras se han
criminalizado y prohibido otras que denunciaban al fascismo.
El 5 de septiembre se celebró en Dortmund lo que
los organizadores conocen como “National Anti-Kriegstag” (día nacional
antiguerra), que es una perversión de la iniciativa de los sindicatos en 1957,
que conmemoraban el “Anti-Kiegstag”
movilizando a las masas bajo el lema: “¡Guerra nunca más, fascismo nunca más!”
Los actuales organizadores tergiversan los
hechos en base a su ideario elogiando la invasión alemana de Polonia iniciada
el 1 de septiembre de 1939. Quienes acudieron a protestar contra esa
tergiversación nazi fueron reprimidos con gases lacrimógenos y hubo más de 200
detenidos.
No es casual que las manifestaciones fascistas
se impulsen en los barrios obreros. El mensaje de que la precariedad y la grave
crisis que azota a los trabajadores españoles es “culpa” de los trabajadores
extranjeros, es interiorizado por los trabajadores más atrasados y alienados, y
los únicos beneficiados son, como no podía ser de otra manera, los capitalistas
que alborozados contemplan la fragmentación y rivalidad entre personas que tiene
los mismos intereses pero defienden los de otra clase social.
Los comunistas, ante la perspectiva de un futuro
en el cual defender la ideología marxista-leninista sea motivo de
criminalización, y en el que las democracias burguesas patrocinen las
ideas y métodos fascistas, como se han fomentado en Italia, y los reformistas
pequeñoburgueses alienten la entelequia de que una transformación democrática y
pacífica hacia el socialismo es posible, tenemos que afrontar la
responsabilidad ideológica y política de concienciar a los trabajadores de que
ante el imperialismo, el colonialismo y el fascismo, la única respuesta posible
es la revolución socialista.
* Miembro del Comité
Central del Partido
Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)