Afganistán
y el Nobel de la Guerra
Rubens Ascanio Gómez *
Hay algo
extraño e inquietante en el cuadro “saturno devorando a sus hijos” de Goya, es
una visión horrible que se te graba en la mente, una imagen que no me deja de
recordar la brutalidad del ser humano. Esa brutalidad ha sido palpable en estas
últimas semanas mientras los poderosos decidían sus cuotas de responsabilidad
en la destrucción del planeta con las bombas y la muerte haciendo acto de
presencia día tras día en Afganistán
dejando muertos y más muertos sobre un país que hace años que dejó de existir
en la realidad.
Hace un
tiempo en un documental español se podía ver imágenes de la antigua televisión
afgana, en la época donde el gobierno socialista gobernaba la República
Democrática de Afganistán con el apoyo de la Unión Soviética. La imagen de una
chica joven de ese país con el pelo rojo que cantaba sin velo y vestida a la
moda filo punky de mediados de los ochenta me llamó
poderosamente la atención, como ha cambiado Afganistán, como ha cambiado el
mundo.
El occidente
capitalista convirtió la intervención soviética en defensa del gobierno
socialista del país asiático en una cruzada por la libertad. Millones de
dólares se destinaron a formar, entrenar, armar y fomentar a los “valientes”
guerrilleros anticomunistas, esos chicos tan simpáticos con sus pintorescos
turbantes y barbas descuidadas. No importaba nada, al fin y al cabo el imperio
necesitaba devolverles la derrota de Vietnam a los soviéticos.
No creo que
nadie se extrañe a estas alturas de saber que la CIA y otras agencias de
inteligencia occidentales se encargaron de hacer el trabajo sucio a los
“libertadores” afganos dotándolos de las mejores armas posibles y una potente
difusión mediática. En esa época incluso Rambo en la “película más violenta de
la historia” viaja a Afganistán para ayudar como decía al final del film a la “gallarda gente de Afganistán”.
Todo era maravilloso en esos días, daba
igual que los alegres guerrilleros fueran fundamentalistas religiosos, al fin y
al cabo, como decían los medios del imperio en esos años, rezaban al mismo
dios. No importaba que los mujaidines tuviesen a sus
mujeres envueltas en burkas y sin ningún derecho,
ellos eran buenos mientras que el gobierno laico apoyado por la Unión Soviética
que protagonizó la mayor modernización del país en siglos era el enemigo a
batir.
Cuando llegó el 2001 y las Torres Gemelas
caen parece que de repente de la noche a la mañana los alegres muchachos
afganos ya no eran tan “gallardos” ni tan buenos para la causa. Los Estados
Unidos se lanzaron contra Afganistán y se encontraron que las balas que mataban
a sus “muchachos” habían salido de armas pagadas con fondos reservados de su
propio país.
Afganistán vive entre la espada y la pared,
entre el imperialismo salvaje vestido de ONG que quiere reconstruir escuelas y
hospitales que previamente ha bombardeado y los talibanes que son igual de
fanáticos que siempre.
Me pregunto como sería Afganistán hoy si a
esos afganos comunistas se les hubiese dejado hacer su labor, me pregunto que
diferente sería todo si en vez de gastarse el millón de euros que cuesta un
sólo misil Tomahawk para lanzarlos contra la población civil los hubiesen
destinado a cooperación al desarrollo.
Ahora Obama, el
nuevo Bush, ordena el envío de decenas de miles de soldados más a Afganistán,
la venta de aviones al famélico ejército de Karzai y además se permite señalar nuevos objetivos en
el mapa de países enemigos de la paz imperial.
Para los que tengan todavía dudas no está
en juego la seguridad mundial, ni tan siquiera se trata de una batalla en
defensa de los derechos humanos, en un país donde al lado de las bases aliadas
las mujeres siguen cubiertas por sus burkas. Esto
tampoco tiene que ver con al democracia, eso les importa más bien poco, al
final lo vital para el imperio es saber que en el subsuelo Afgano existen jugosas
reservas de gas y petróleo que debe ser la excusa para mantener a toda una
industria militar norteamericana como hipócritamente dijo Obama
en su discurso al recibir el Nobel de la Paz
“los instrumentos de la guerra tienen un rol a jugar en la
preservación de la paz”.
En
este mundo loco donde se premia al que ningún mérito ha hecho para ello algo
que tengo claro es que en Afganistán Saturno trata de devorar a sus hijos.
* Miembro de Alternativa Sí se puede por
Tenerife