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NO NOS ROBAN EL TRABAJO
Por Víctor Ramírez
Habló el viejo Armiche
y nos dijo: La pirenaica y tan linda Andorra es pequeñita: con una extensión
algo más que la mitad de nuestra querida Lanzarote y con una población bastante
menor que nuestro entrañable Telde. Y sin embargo ahí la tienen ustedes:
soberana, y por ley controlada la residencia de fuereños, que son mayoría -sí,
mayoría- pero sin la ciudadanía
andorrana.
Ya uno de sus equipos futboleros, con
potencial equivalente o menor a un tercera división de
los nuestros, participa incluso en competición europea. (No se pudo aguantar El
Cobra: "Malta, islita incluso menor que Andorra pero con más habitantes
-menos que los que abarrotan Las Palmas de Gran Canaria- participa con su
selección en los campeonatos mundiales").
Que yo sepa, muchachos, esos pocos
habitantes andorranos no quieren pertenecer ni a Francia ni a España. Ningún
país soberano, por muy pequeñito y débil que fuese, tiene entre sus
aspiraciones políticas ser colonia de otro -y por muy potente y bondadoso que
fuera éste. Podrán desear amparo o negociar colaboración, pero jamás
sometimiento, dejación de su soberanía.
Sólo quienes
tienen el alma podrida por el miedo y la ignorancia desean estar colonizados,
soportan perrunos el dominio inmisericorde de una potencia extraña en su
Patria. La Nuestra es un archipiélago del noroeste africano -la culpa no es de
nadie: estamos aquí y no allá-; y con armas de matar y no con diálogo y respeto
fue sometida: a eso se le llama colonización
-la culpa de que así se le llame tampoco es nuestra.
(Volvió a interrumpir El Cobra: "Todos
los andorranos tienen su trabajito porque su Patria es de ellos. Canarias
no es de los canarios, aunque se nos haga creer lo contrario").
Repito, muchacho: Canarias está en África y
pertenece, como propiedad adquirida y
sostenida con las armas y no como parte
natural, a España. Por eso me parece una tontería -dicho con todos los
respetos- alegar que se nos roba el
trabajo. No se nos puede robar lo que no nos pertenece. El trabajo tampoco
tiene que pertenecernos porque el trabajo pertenece a quien posee el territorio
y el poder.
Ni siquiera las aguas que rodean nuestra
Patria son nuestras. Marruecos atrapa un barco que -eso al menos aducen los
captores- navega sin permiso por sus aguas territoriales, y hace frente a la
poderosa Europa -con arrogancia incluida- porque Marruecos es un país soberano
tras haber sido colonia, tras haber sido posesión de potencias extranjeras. Las
aguas archipielágicas canarias serían canarias si,
como Andorra y otras tantas Patrias soberanas más pequeñitas que la nuestra
colonizada, fuéramos soberanos.
Puede generarse todo el dinero que se
quiera en Canarias, que ello será sólo para perjudicarnos. El deterioro
ecológico acaso sea irreversible. La degeneración sicológica continúa su
inexorable camino si no recuperamos la hermosa capacidad de autoadministrarnos,
si no arrancamos de nuestras vidas el peor de los tutelajes: el sometimiento
colonial.
Leí que el año pasado se generaron unos
tres billones de pesetas aquí, y uno de esos billones voló completamente hacia
otros lares. Los otros dos billones resultan
perjudiciales porque son dinero colonizador, es decir pudridor. En una colonia
no se invierte para el futuro porque no se respeta al paisaje ni al paisanaje.
En una colonia se expolia y se deprime
porque el motor económico es la codicia irrefrenable del colonizador y no el
respeto cordial del patriota. En una colonia, si alguien estorba y sobra, ése
es el colonizado. En Canarias sólo han sobrado y estorbado canarios, jamás
españoles y demás fuereños.
La constante histórica de nuestra amada
Patria ha sido la forzada emigración: como negocio lucrativo de unos
desalmados, españoles normalmente, que negociaban con nosotros -sí, nosotros
somos todos los canarios de siempre- y como prevención o remedio al conflicto
social, conflicto que hubiese devenido político. El conflicto político en una
colonia significa luchar por la independencia.
Desde la prensa y demás medios de
comunicación pueden españoles y canarios infragodos
actuales seguir intentando burlarse de nosotros, tratándosenos de trasnochados
e iluminados a quienes pugnamos por la única solución digna para nuestra pobre Patria
tan sorroballada: la emancipación del cruel poderío
español. La emancipación no significa -al menos para nosotros- que nos
aislemos, que nos desvinculemos económica y políticamente de Europa.
La emancipación significa todo lo
contrario: significa poder estar con Europa, pues de Europa -que no
de España- ha venido lo poquito benefactor que hemos podido disfrutar los
canarios a lo largo de nuestra criminal Historia, pues de Europa podemos
recabar la ayuda que en justicia necesitan nuestros hermanos africanos y
americanos. Mas para estar con Europa necesitamos
imperiosamente no estar bajo la tiranía española,
necesitamos quitarnos intermediarios matreros.
Toda colonización es tiranía por mucha democracia que parezca: las decisiones
verdaderamente importantes -vitales- son tomadas por el poderío metropolitano,
siempre expoliador. Y quienes ejercen la política en una colonia no pueden ser
otra cosa que esbirros o capataces coloniales. Con las elecciones en una
colonia no se elige representantes del pueblo sino representantes del poderío
metropolitano.
Los canarios, en esencia, sinceramente, no
tenemos derecho a nada porque aquí el derecho lo genera e impone el poder
metropolitano. Por eso no se nos roba el trabajo generado por fuereños o por
canarios con alma fuereña, generado para quienes les plazcan.
Ahora no tiene España el recurso de nuestra
-siempre miserable- emigración. Ahora la situación histórica se presenta muy
interesante. La esperanza no ha muerto del todo.
18-agosto-1997
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