Nosotros también podemos (I)

 

Fernando Gracia *

Ser libres, ser nación canaria, administrar nuestros propios recursos y, lo más importante en estos momentos, saber salir de la crisis.

Han transcurrido demasiados siglos de feroz humillación y dependencia. Para muchos la colonización es un término completamente obsoleto e inexplicable en estos días, pero los canarios son aún la triste mezcla de ciudadanos de tercera y personajes de Harriet Beecher Stowe en su famosa obra abolicionista "La cabaña del tío Tom".

Canarias, la nación canaria, continúa sometida a un amo con palacio a más de dos mil kilómetros de distancia -omito la medida en nudos porque muchos peninsulares no la conocen- y esto implica un triste e ineficaz proteccionismo más bien convertido en potente maquinaria electoral y económica, tan sólo para beneficio político peninsular.

Por suerte, son los jóvenes canarios los que con mayor fuerza están despertando en estos momentos de un largo letargo de triste aceptación. ¡Es lógico!, la historia es de las pocas cosas que nunca se puede enterrar por millones de paladas de tierra, vergüenza, intereses y desprecio que se eche sobre ella.

¡Españoles! ¿Qué canario se puede sentir orgulloso de ser considerado español cuando somos hijos de un noble, sacrificado, trabajador y pacífico pueblo guanche?

Recordemos que transcurría el medio siglo de 1400 cuando hombres castellanos, valencianos y de las costas peninsulares, como el mismo Guillén Peraza, abordaban Canarias con tres naves que transportaban más pólvora, espadas, puñales, grilletes y cadenas que alimentos.

La "conquista" fue terrible, se ordenó la muerte despiadada de los pobres hombres guanches, indefensos indígenas que desconocían el valor del oro y la vergüenza del odio. A cientos se les enterró, para ejemplo y escarnio, en pie y con tan sólo la cabeza saliendo de la arena al descubierto, hasta que fallecieran por deshidratación e insolación.

Las niñas y mujeres eran ferozmente violadas y mancilladas por aquellos españoles, muchos carne de presidio, que no habían visto hembras desde hacía muchos meses.

Finalmente, para niños, niñas y mujeres de todas las edades se aplicaron los fuertes y apretados grilletes de pesado bronce unidos a cadenas de hierro. Así fueron embarcados, marcando un grueso charco de sangre sobre la madera de la cubierta que brotaba de sus débiles tobillos aprisionados. Era su viaje como esclavos a la Península, a la España que los acababa de conquistar y colonizar.

Esa es nuestra dura historia, nuestra más pura raza guanche, nuestra obligación de conservar y valorar esta tierra nuestra que es Canarias y que en aquellos tiempos fue para los indefensos habitantes su bella, fértil y pacífica tierra canaria, su auténtica patria canaria. Ellos sí la consideraban su patria.

Y llegamos a hoy, al siglo XXI. ¿Acaso el Gobierno central ha presupuestado alguna partida para reservar y dignificar nuestra memoria histórica?

Ahora que se trata de devolver la dignidad a los españoles masacrados y abandonados sus cuerpos en cunetas durante la guerra y la posguerra en la Península, ¿qué pasa con nuestros antepasados, qué pasa con nuestros padres guanches? ¿Puede el paso del tiempo ser causa justa de olvidar en nuestras playas semejantes campos de concentración tan crueles como los de Auschwitz, Chelmno o Majdanek?

No es mi propuesta envolver este artículo con tintes shakespearianos, que gracias a mi director, don José Rodríguez Ramírez, puede llegar hasta ustedes en el periódico de máxima tirada de las Islas; es simplemente unir mi pequeño, pero urgente, grito de justicia y libertad para el pueblo canario, con la humilde arma de mi pluma.

Utilizo la palabra "urgente" porque nos encontramos en la recta final de alcanzar el ganado premio de patria canaria. Como bien saben es el próximo año 2010 la fecha fijada para lograr la descolonización de todos los pueblos del mundo.

El próximo año es la fecha tope establecida por la resolución 1514 de la ONU para que recuperen su libertad todas las naciones aún tristemente sometidas.

Y necesitamos su firma, su aceptación a ser libres como miembros de un pueblo soberano, su obligación de homenajear solemnemente -nunca digo vengar- a todos nuestros antepasados tristemente masacrados y esclavizados. Necesitamos pertenecer a la gloriosa patria canaria, poder disponer de todos los bienes que proporciona esta bendita tierra que Dios creo en un limpio Atlántico y que se encuentra enclavada entre tres continentes; ser conscientes de que sin falsos paternalismos nuestra independencia supone en primer lugar el orgullo de emerger, los primeros, de esta dura crisis económica que amenaza a Europa y, a nivel doméstico, me remito al bien decir de nuestro Paulino Rivero: "Zapatero está llevando el país a la bancarrota". Razón de más para separarnos de la metrópoli, antes de que nos arrastre al más profundo abismo.

No sólo consiste en el infinito orgullo de ver ondear nuestra bandera canaria en los mástiles de la ONU, y sobre todos los edificios de los foros internacionales; es mucho más, es el sentimiento de la libertad que nace en el individuo como la misma sangre y que durante toda su vida fluye por las venas para mantenerlo vivo.

Usted, mi amigo, mi amiga, tienen que sentirse finalmente canarios de una patria canaria, algo tan impresionantemente profundo e importante que, por desgracia, nunca pudo conocer usted, ni tampoco sus padres, ni sus abuelos, ni sus tatarabuelos?

Me remito a un pensamiento de ese gran hombre que fue Jean Paul Sartre, filósofo, político y pensador, quien dijo: "Conocer algo es darse cuenta de que yo (que conozco) no soy ese algo conocido, es saber que soy separado, distinto, algo que se da distintamente, creando un abismo entre el en-sí y para-sí, introduciendo la nada, porque la conciencia no es lo conocido (en-sí) ni tampoco es algo lo que se conoce, sino el lugar donde todo aparecer tiene lugar y todo es reducido a nada: es un poder ser lo que no se es y de no ser lo que se es".

El ser para-sí es el Dasein de Heidegger: el hombre, ser temporal, indeterminación radical que está "condenada a ser libre", a pesar del contexto sociohistórico, de la legalidad, incluso de toda coacción. En última instancia, "el hombre elige, prefiere, afirma o niega. Cualquier imposición aceptada, asumida aunque sea a regañadientes, es una huida frente a la libertad, porque no hay nada que pueda salvarnos ni descargar nuestra libertad".

Profundo pensamiento de Sartre, ideal para que los jóvenes rotularan en sus mochilas.

Canarias puede salir de la crisis

Canarias tienen infinitos medios para aflorar de la crisis absolutamente autóctonos, aunque lógicamente con un impresionante esfuerzo y adaptación a una nueva etapa. No olvidemos que los recientes tiempos de bonanza nunca volverán de la misma forma.

Recursos son muchos; pero no tengo este modesto artículo trazado para explicarlos, ni soy técnico en economía y tan sólo en unas líneas me aproximo al tema del turismo.

Recordemos que las Islas Canarias están situadas en el tercer puesto de las seis principales "comunidades autónomas españolas" -me indigna la calificación y por eso la subrayo- por delante de Andalucía, la Comunidad Valenciana y Madrid, según las últimas estadísticas que conozco del turismo.

Está claro que Canarias, por sí sola, alcanzaría aún metas mucho más ventajosas en el actual proceso de crisis de las que hoy tiene si fueran los propios canarios los que crearan y ampliaran, con ingenio, los recursos sin necesidad de recurrir a tristes escenarios peninsulares como el mismo Fitur, cuyos resultados han quedado absolutamente obsoletos y desfasados.

El mismo Carnaval tinerfeño está situado en el segundo puesto del mundo, tras Brasil, pero precisa de una savia nueva para que el próximo año tuviera una inyección de novedad a nivel internacional.

Esto, muy a pesar de la opinión del político de Las Palmas Juan Fernando López Aguilar, quien en una ocasión confesó el espanto que le producen las comparsas, las carrozas, las murgas y los mogollones, las reinas y los "drags".

Sin necesidad de ser desfasadamente optimistas, seamos conscientes de que el turismo está bajando, de forma notable, pero nunca desaparecerá, y hay que "tirar" de ese porcentaje que siempre quedará.

Está demostrado que hoy, y un mañana muy próximo, el turismo, cambiante por ciclos, ha comenzado a buscar una alternativa diferente al escenario del sol y la playa para sus viajes -sin desecharlo de ninguna manera- y ese nuevo desfile de posibles diferentes viajeros se interesa por "la historia"; llegan de la Península, de Europa, de Asia y de América en busca de historia.

Canarias puede montar anualmente para una época más baja "la gran historia de su propia historia". El mundo de los guanches, sus costumbres, su música, sus danzas, su persecución, su masacre y su cautiverio hacia la esclavitud española.

Pocos espectáculos vivos se pueden ofrecer en el mundo con la fuerza, la dignidad y, por qué omitirlo, con el morbo y la curiosidad, siempre masivamente comercial y de fácil promoción y lanzamiento internacional.

Canarias, con el apoyo de grandes luchadores como el amigo Ricardo Melchior Navarro y el alcalde Miguel Zerolo, más un noble grupo de empresarios de responsos, podrían pensar en crear el más interesante y visitado de los parques temáticos de toda Europa: "El mundo de los guanches en Tenerife".

Es perfectamente posible con la creación de puestos de trabajo para los jóvenes dar vida a escenarios tan impresionantes como las cuevas de Los Reyes, la Pintada y la Furnia; mostrar las alquimias, como la de la Sangre del Drago; sus espectaculares ritos funerarios; sus creencias en un Dios masculino y una Diosa femenina; la aparición de la Virgen de la Candelaria a unos pastores en la playa de Chimisay; las batallas entre caballeros e hidalgos; los poblados de viviendas oval; y todo esto sin olvidar la impresionante mitología del demonio Guayota, que vivía en el interior del volcán Teide.

En el cierre de este artículo quiero dejar patente que "Nosotros también podemos", que Canarias se encuentra, por sí sola, capaz de salir adelante en una fuerte etapa de crisis gracias a sus propios recursos y por su importante orgullo de ser una nación independiente.

Son muchos, y algunos con menos kilómetros cuadrados que nuestras islas, los países libres que se encuentran atravesando "la crisis" con más holgura que los países grandes; podemos citar, entre otros, Mónaco, Malta, Chipre, Isla Mauricio, Cabo Verde.

Si mi director, don José Rodríguez Ramírez, me lo permite, les contaré, uno a uno, sus inicios, su economía, las anécdotas que viví al visitarlos, su bienestar por la imprescindible independencia y, por supuesto, sus planes inmediatos para salir de la crisis, bajo el título genérico de "Nosotros también podemos".

 

* Tomado del periódico El Día, 15-02-2009