Obama, y su particular “I Have
A Dream”
Mafersa
Los presidentes de EEUU, Barack Obama, y de Rusia, Dmitri Medvédev, firmaron recientemente en Praga el tratado Nuevo START de desarme nuclear, que afianza las relaciones entre
los dos países y supone un paso adelante contra la proliferación atómica. El
acuerdo, fruto de un año de arduas negociaciones y que limita a 1.550 las
cabezas nucleares por país, representa el fin de la "separación" de
los últimos años en las relaciones bilaterales, aseguró el presidente estadounidense,
que indicó que en el futuro habrá aún mayores recortes en el armamento de ambos
países. El acuerdo suscrito reemplaza al START de
1991, que expiró el pasado diciembre, además de recortar a 1.550 las cabezas
nucleares respectivas, limita a 800 el número de vectores para su lanzamiento
limitando para cada parte a 700 el número de misiles balísticos
intercontinentales, misiles balísticos estratégicos en submarinos y aviones
bombarderos estratégicos equipados con armamento nuclear. La firma se produce casi
exactamente un año después de que Obama pronunció,
también en Praga, un discurso en el que propuso un mundo futuro sin armas
nucleares. Le recuero a quién esto lee que actualmente existen cabezas
nucleares en la tierra como para destruir quinientas veces nuestro maltratado
planeta.
No me cabe la menor duda que Mr. Obama
está destinado a ser un revulsivo de la política de los EEUU,
con logros históricos, como ha sido el reciente de la reforma del sistema
sanitario de su país, que, más que sanitario es social, pues lo que realmente
cambia es que es el estado quién paga la cobertura del seguro médico a las
compañías aseguradoras particulares, pero, es que, en ese gran país, es lo más
que se puede hacer por ahora, y eso, representando un enorme desgaste político
para su promotor, el Sr. Obama, que ha sufrido los
ataques furibundos de las compañías aseguradoras y de la potentísima industria
farmacéutica estadounidense, quienes se han encargado de organizar una enorme
campaña de descrédito del Sr. Obama, quién, con su
reforma, ha logrado dar cobertura médica a cuarenta y cinco millones de
estadounidenses que carecían de ella. Pero volviendo a la firma del tratado
para la no proliferación de armas nucleares, los que tenemos una cierta edad
recordamos el miedo generalizado en todo el mundo a una confrontación nuclear
de las dos superpotencias, EEUU y la extinta URSS,
pues, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual Japón sufrió
los dos únicos ataques nucleares -por el momento- que lo llevaron a claudicar,
el mundo entero pudo percatarse con horror del poder de las bombas nucleares,
y, desde aquel preciso instante, comenzaron a desarrollarse programas de
armamento nuclear en la mayoría de las potencias del mundo.
Durante los años 50 y 60, Estados Unidos y la URSS
hicieron numerosas pruebas de armamento nuclear tanto en su territorio como
fuera de éste. En el contexto de la Guerra Fría, mostrar a su adversario un
poder de devastación más temible era la manera de garantizar la seguridad
nacional. Cada bando poseía el armamento nuclear tal que de utilizarlo
supondría la destrucción total de su oponente. La sicosis era tal que se
construyeron infinidad de bunkers bajo tierra, con
gruesas paredes de hormigón, no solo por parte de gobiernos, sino a nivel particular,
bajo las casas, dotándolos de alimentos y agua para aguantar unas semanas
protegidos de la posible explosión y radiación nuclear e caso de producirse la
debacle nuclear, que, gracias a Dios, nunca ocurrió. El miedo a esta situación
fue lo que llevó a la llamada Guerra Fría que duró desde el final de la Segunda
Guerra Mundial en 1945 hasta el desmoronamiento de la URSS en 1991.
Afortunadamente eso ya es historia, pero no lo es el enorme arsenal atómico de
esas dos superpotencias, incrementado aún más, tanto en cantidad como en
potencia destructora. Es precisamente por sus repercusiones y por este
componente histórico el que hace de esa firma un acontecimiento histórico para
toda la humanidad, no suficientemente analizado y valorado en los medios de comunicación.
Con esta firma del tratado START, versión 2010, en
contra la proliferación atómica el Sr. Obama consigue
poner en práctica lo manifestado en su discurso hace ahora un año, en el que
propuso un mundo futuro sin armas nucleares, particular versión suya del
magistral discurso “I have a Dream”,
“Tengo un sueño”, que, contra la segregación racial en los EEUU,
pronunció el Honorable Martin Luther King, cuando
habló poderosa y elocuentemente de su deseo de un futuro en el cual la gente de
raza negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales. Este
discurso, pronunciado el 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del
Monumento a Lincoln durante la Marcha en Washington por el trabajo y la
libertad, fue un momento definitorio en el Movimiento por los Derechos Civiles
en Estados Unidos. ¡Quién le iría a decir al Honorable Martin
Luther King que en 2010, cuarenta y siete años después de su discurso, habría
un presidente de su misma raza en la Casa Blanca!