La crisis, otras
consecuencias
Justo
Fernández Rodríguez
Las fuerzas políticas, económicas y
mediáticas de la mayor parte de los países europeos, haciendo seguidismo de los gobiernos ultraliberales de Bush, con
destacados discípulos en España, como Aznar, Berlusconi y Blair, nos han
impuesto un modelo económico global de desregulación y no intervencionismo en
el sistema bancario, que ha significado ingentes beneficios a determinados
sectores económicos y, en buena medida, oculto en paraísos fiscales, que
nos ha conducido a una crisis finaciero-económica,
mundial, iniciada a mediados de 2007 y agravada cuando finalizaba el año
2008, que ha significado un auténtico desastre para la mayoría de
ciudadanos en todo el mundo.
En las últimas semanas, algunos organismos internacionales han coincidido en la
publicación de informes sobre las consecuencias de la crisis en los
distintos ámbitos geográficos, políticos, económicos y sociales en el mundo,
con escasa difusión pública y mediática, pero que resulta imprescindible su
conocimiento para tener una idea más completa de la magnitud de la crisis y sus
verdaderas consecuencias, especialmente en los sectores de población más
pobres, con escasa representación real en el poder político y económico y nula
capacidad de organización en defensa de sus intereses usurpados.
La crisis económica mundial ha agravado el problema para los millones de
personas en países desarrollados que se enfrentan a la pérdida de empleo o
reducciones salariales, soportando, como en España, las constantes peticiones
por parte de todas las asociaciones empresariales, publicaciones reaccionarias,
organismos nacionales e internacionales y los dirigentes del Partido
Popular, orientado por la FAES,
el instituto de opinión ultraderechista de Aznar, de mayores facilidades para
un despido más barato. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional,
hace un mes, anunciaban que los países más desarrollados, dada la presión
presupuestaria de financiación de medidas para sus propias poblaciones y el incremento
de sus déficits públicos, tenderán a reducir las ayudas destinadas a los países
pobres.
Según la FAO,
organización de la ONU
para la Alimentación
y la Agricultura,
y la OCDE, la
crisis financiera, aunque ha provocado una bajada de los precios mundiales de
los alimentos, más de mil millones de personas, casi la sexta parte de la
población mundial, padecerán hambre este año. La crisis afecta a la calidad de
la nutrición de las familias que tienden a comprar los alimentos más baratos,
con más calorías y menos proteínas. El informe de la FAO advierte que casi todos
los desnutridos viven en países en desarrollo: 642 millones en Asia y el
Pacífico y 265 millones en África. En América Latina se registraron 53 millones
de personas con hambre, con un aumento del 12,8% con respecto al año anterior.
Coincidiendo con el Día del Refugiado, el comisionado de Naciones Unidas para
los Refugiados (Acnur) ha informado que “resulta
preocupante que las cifras de desplazados estén creciendo de nuevo, que los
países del Tercer Mundo estén pagando la carga de acoger refugiados y que no
existan soluciones”. El último estudio de Acnur
estima que unos 42 millones de personas viven fuera de sus lugares de origen.
De ellas, 16 millones eran desplazadas y
solicitantes de asilo y otros 26 millones son desplazados internos, dentro de
las fronteras de su propio país. El 80% de los desplazados vive en países en
vías de desarrollo y la mayoría no tiene perspectivas de volver a su tierra en
mucho tiempo. Pakistán es el país que más refugiados acoge, 1,8 millones de
afganos, seguido de Siria, con 1,1 millones procedentes de Irán. Colombia
cuenta con la mayor población de desplazados internos, estimada en unos tres
millones. Irak le sigue con 2,6 millones. A continuación figuran Sudán, Congo,
Somalia, Kenia, Pakistán, Sri Lanka y Yemen. Aproximadamente, dos millones de
refugiados y desplazados internos pudieron regresar a sus hogares en 2008,
cifra inferior a la del año anterior.
La Asamblea General
de la ONU, el
pasado mes de mayo, debatió las fórmulas para una acción colectiva más fuerte y
eficaz contra el tráfico de personas, después de llegar al acuerdo de que los
esfuerzos nacionales y regionales no son suficientes. Todos estuvieron de
acuerdo en que el protocolo aprobado en Palermo en 2000, no ha sido eficaz para
detener el incremento del tráfico humano. Una de sus insuficiencias es que más
de un tercio de los estados miembros de la ONU no lo han suscrito.
La
Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha
denunciado que la trata de personas se ha convertido en un negocio
internacional multimillonario. Según la
ONU, el tráfico de seres humanos es la tercera actividad
ilegal más lucrativa del mundo, después del tráfico de armas y el narcotráfico.
El número de víctimas del tráfico humano supera los cuatro millones cada año.
Brasil tiene el triste liderazgo en el abastecimiento de seres humanos
para el tráfico internacional. La explotación sexual representa casi el 80% del
tráfico humano, mientras que el trabajo forzado no supera el 18%. Miles de
mujeres y niñas viajan, obligadas o bajo promesas, creyendo que van a ser
contratadas como bailarinas, cuidadoras de niños e, incluso, como prostitutas.
No sospechan que su destino es el de esclavas
sexuales.
La
Organización Internacional del Trabajo considera que la
crisis internacional puede aumentar la explotación infantil en los próximos
años. En su reciente informe señala que el riesgo de que las niñas sean
forzadas a trabajar está vinculado al hecho que en muchos países las familias
favorecen a los varones cuando se toman decisiones sobre la educación de los
niños. Las niñas corren el riesgo de ser alejadas de las escuelas, aumentando
las probabilidades de entrar a formar parte de la fuerza de trabajo a muy
temprana edad. A esta situación contribuyen los recortes de los presupuestos de
educación y la disminución de las remesas de los trabajadores migrantes que
ayudan a mantener a los niños en la escuela.