Otro día de la mujer trabajadora

 

Juan Manuel García Ramos

 

Como cada año, hoy, 8 de marzo, se celebra El Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Entre otros hechos, se conmemora el aniversario de una gran marcha de trabajadoras en 1857, sobre los barrios elegantes de Nueva York, en protesta por sus miserables condiciones laborales. En 1908, más de 40.000 trabajadoras textiles se declararon en huelga, reclamando el derecho de sindicación, la igualdad salarial con los hombres por el mismo trabajo, la reducción de la jornada laboral abusiva que soportaban a las diez horas diarias y el rechazo del trabajo infantil. Durante la huelga se produjo un encierro de trabajadoras en la Cotton Textile Factory. Cerradas las puertas de la fábrica, por sus dueños, un misterioso incendio arrasó la fábrica. 129 trabajadoras murieron abrasadas.


El primer Día Internacional de la Mujer fue organizado en los EE.UU. el 28 de febrero de 1908, por las organizaciones de mujeres socialistas. Asistieron 2.000 personas. En Europa, se celebró el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria y Dinamarca. Las dos caras de esta reivindicación contra la explotación laboral y la obtención de derechos civiles fueron aunadas por los socialistas.


En la Rusia revolucionaria, las mujeres no solo exigieron igualdad en las condiciones de trabajo y en la política, sino que además consiguieron el derecho al aborto y al divorcio. La toma del poder por el estalinismo borró la mayoría de los derechos conquistados. El capitalismo ha desviado hacia los hombros de las mujeres un peso que la aplasta, convirtiéndolas en obra, sin aliviarlas de sus tareas de amas de casa y madres. Aunque su presencia ha alcanzado a todas las profesiones, las mujeres continúan padeciendo discriminaciones laborales de toda índole.


No se puede dudar que, desde aquellas fechas, las mujeres han obtenido progresos en todas las áreas y en casi todo el mundo. Más mujeres tienen acceso a una educación superior; una mayor igualdad en materia de derechos legislativos; mayores oportunidades en el mercado laboral y un incremento de la proporción de mujeres que tienen acceso a altos cargos políticos, empresariales, académicos y sociales.


En cualquier caso, la maternidad y la división del trabajo, en función del género, hacen recaer la responsabilidad primaria de mantener la casa y la familia sobre las mujeres, constituyendo elementos determinantes de la desigualdad entre sexos. Las responsabilidades familiares y las exigencias del trabajo entran en conflicto, contribuyendo, decisivamente, a la desventajosa situación de la mujer en el mercado de trabajo.


Mientras las mujeres deciden o se ven obligadas a aceptar un trabajo mal remunerado, eventual, a tiempo parcial, desde su domicilio o informal, para poder combinarlo con sus obligaciones familiares, los hombres excluyen o limitan su colaboración en el hogar, para aceptar un trabajo remunerado. El avance profesional de la mujer, en muchas ocasiones, se ve perjudicado cuando se interrumpe su carrera profesional, no sólo cuando ejercita su derecho a la licencia por maternidad, sino, especialmente, cuando, inmediatamente después, se acoge a una licencia parental.


La Confederación Sindical Internacional (CSI) ha publicado un nuevo informe que examina el impacto de la recesión económica en las posibilidades de las mujeres de tener un empleo y contar con ingresos. Las crisis anteriores tuvieron mayores consecuencias negativas para las mujeres de los países en desarrollo, empleadas en los sectores industriales de la exportación y de la agricultura. Los recortes de gastos en sanidad, protección social y educación por parte de los gobiernos y la tendencia mundial a reemplazar el empleo regular por la subcontratación afecta más a las mujeres y tendrá mayores consecuencias negativas cuando los empresarios reduzcan sus plantillas por la actual recesión mundial. Decenas de millones de mujeres que trabajan en el servicio doméstico y como trabajadoras migrantes se enfrentarán a la pérdida de su puesto de trabajo.


El informe de la CSI aborda los terribles costos humanos y económicos que supone la violencia contra las mujeres, examinando su impacto en los hogares, en el trabajo y en la sociedad. En algunos países la mayoría de las mujeres sufren agresiones físicas e intimidación psicológica, mientras la media mundial señala que un tercio de ellas se ven afectadas por la violencia en algún momento de su vida. En las guerras del Tercer Mundo, las mujeres y las niñas continúan siendo víctimas de muertes, violaciones, lesiones, abusos y venta. Según la encuesta realizada por CSI, la brecha salarial entre hombres y mujeres es mucho mayor que la reseñada en las cifras oficiales, proporcionadas por los gobiernos, del 16,5%. La encuesta, realizada en países industrializados y en desarrollo, alcanza el 22%. En España, las mujeres cobran un 26,3% menos que los hombres.


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha lanzado una campaña mundial, de un año de duración, para destacar la importancia de la igualdad de género. Juan Somavia, director general de la OIT, reconoce que "aunque se ha avanzado, la igualdad de género aún es una asignatura pendiente en un mundo del trabajo que cambia rápidamente".


En 2009, el lema de referencia para el Día Internacional de la Mujer en la OIT es "Trabajo y familia".


Los objetivos de la campaña, son:


- Aumentar la toma de conciencia y la comprensión general de las cuestiones conexas con la igualdad de género en el mundo del trabajo.


- Poner de manifiesto los puntos de conexión concretos entre la igualdad de género y el logro del trabajo decente para todos.


- Promover la aplicación de las normas del trabajo de la OIT en materia de igualdad de género.


- Preconizar la importancia y conveniencia que entraña para todas las personas superar los obstáculos actuales que impiden la igualdad de género.


Sin embargo, estamos muy lejos de lograr una verdadera igualdad de género. Las mujeres continúan estando oprimidas en muchas partes del mundo, y con demasiada frecuencia no perciben el mismo salario que los hombres, cuando realizan el mismo trabajo. Tampoco gozan de los mismos derechos que los hombres para el acceso a la educación, la sanidad y el trabajo remunerado. Aunque el número de mujeres en altos cargos ha aumentado, queda un largo camino por recorrer.


La lucha de la mujer por sus intereses comienza en el lugar de trabajo, donde es necesaria su organización para impedir las discriminaciones al uso y avanzar hacia la consecución de la completa igualdad de los derechos laborales y sociales.


Asimismo, tiene que participar más en la acción política, sin olvidar sus objetivos si pretenden contentarla con un cargo, más o menos importante, que la haga olvidar su auténtica reivindicación de igualdad en obligaciones y derechos. No se me ha olvidado la definición de Cristina Almeida, abogada laboralista, militante del PCE y luchadora por los derechos de la mujer, en una manifestación, en Madrid, a finales de los años setenta: "El 8 de marzo es un día para tomar conciencia de lo que las mujeres hemos conseguido y del camino que falta por recorrer".