Los
papeles de Assange
Juan
Jesús Ayala
Al fundador de la página web
Wikileaks, Julian Assange, le han salido cargos en su contra por todos lados
con la intención de taparle la boca ante los escándalos que su periodismo,
sagaz y valiente, está poniendo al descubierto.
No cabe duda de que el
mundo se ha movido siempre por decisiones políticas que no son las que se dicen
con todo el énfasis establecido por los máximos responsables, sino que hay un
sinfín de hilos enmadejados ocultos que están instalados en la mudez y que, en
realidad, son los que han movido y mueven las decisiones que se toman desde
altas instancias y que cuando se nos muestran con toda crudeza y veracidad, hay
que salir corriendo y poner entre rejas al mensajero. En definitiva, hacerlo
así es el mejor canto a que se puede elevar la libertad desde el punto de vista
de lo fallido y de lo indignante.
Y las islas, como
plataforma de máxima operatividad en el Atlántico para cualquier manejo que se
quiera hacer y tal vez negocio para no se sabe quién, no podían ser menos y
estar también reflejadas en esas páginas. Así nos hemos enterado cómo el país
más poderoso de la Tierra, EEUU, ante el golpe de Estado que se produjo en
Mauritania en 2008 se alentó, ya que se suponía que lo que interesaba a los
Estados, entre ellos a España, no era restablecer el orden democrático, y sí
dar bajo cuerda apoyo al dictador, el general Mohamed Ould Abdelazis.
Y se hizo por el temor de que surgiera cerca de Canarias un Estado fallido que
comprometiera la estrategia de las islas como plataforma logística para las
operaciones del país norteamericano. Y se dijo así de tajante para evitar una
nueva Somalia en otra punta de África.
Y, por otro lado, ante
el compromiso y amistad preferencial entre los EEUU y el Reino de Marruecos, el
atasco, perfectamente estudiado y retrazado, del referéndum por la
autodeterminación del Sahara Occidental, y como solución altamente cualificada
de suma inteligencia, al embajador en Camerún de EEUU, Robert Jackson, y a su
vez encargado de los negocios de la embajada norteamericana en Rabat, no se le
ocurrió otra cosa que manifestar que el problema del pueblo saharaui se
solucionaría con su propuesta. Propuesta que no era otra que España concediera
la nacionalidad a la colonia saharaui y que esta emigrara al archipiélago
canario, terminándose así el conflicto entre el Frente Polisario y Marruecos.
Y, de esa manera, el Sahara Occidental sin saharauis y con alguna que otra voz
de protesta quedaría prácticamente en el anonimato y en la desaparición como
pueblo. Y lo que ante ese fenómeno ocurriera aquí en las Islas, como somos una
poquita cosa en el mapa para los EEUU, ya nos arreglaríamos entre nosotros
mismos y el conflicto que pudiera sobrevenir.
Así las cosas, hay que
dar con lo oculto, en ejercicio de una verdadera hermenéutica para saber a qué
atenernos y cómo son las cosas, aunque ni acercándonos a la física cuántica o a
la psicología predictiva esto será posible, porque ya se encargarán los que
pueden, desde la oscuridad, en hacernos creer en aquello que les parezca y así
permanecer maniatados y enmudecidos, sujetos a las boberías y memeces que nos suministran, para así tenernos entretenidos
y totalmente despistados.