La parte absurda de un editorial
Emilio Abad
Ripoll *
Hay una frase que
tiene varios padres, pues se atribuye con ligeras variaciones a diversos
pensadores, pero que más o menos viene a decir que "no se puede convencer a
quien no quiere que se le convenza". Y eso es lo que va a pasar con estas
letras mías: que la persona a la que van dirigidas lo más seguro es que se
cierre en banda y sea imposible que en su cerebro pueda penetrar otra luz que
la que él le ilumina desde siempre.
Me refiero al redactor
ignoto, anónimo, que editorializa en EL DÍA y que, llevado de un extraordinario
espíritu mayestático (ya saben, lo de nosotros "entramos",
"entendemos", "conferimos", "no discutimos",
etc., etc.), dogmatiza a troche y moche, eso sí, sin
aportar razón alguna en la que basar la expresión de su fe. Y esa postura
inflexible queda para mi más clara que nunca en la absurda contestación que en
el editorial del pasado domingo, día 20, dirige a mi amigo y compañero de armas
José María Clar, quien en fechas anteriores había
publicado en el mismo periódico un artículo titulado "¿Un Ejército de
ocupación? Por favor". Alaba nuestro desconocido redactor a Clar por su patriotismo español, para reclamar algo que
nadie, y mucho menos Clar, ha discutido, que también
se sienta amor por la patria chica.
Dice a renglón seguido
el editorialista que la patria canaria "existió desde el siglo XV hacia
atrás". Tremenda noticia que debía ser galardonada con un premio mundial
de investigación histórica. ¿De modo que lo que existía en el archipiélago
antes de que llegasen los primeros castellanos era ya una "patria"? A
mano tengo un diccionario de la Real Academia Española (lo siento) de la Lengua
que, en su primera acepción de la palabra patria, dice que es la "Tierra
natal o adoptiva, ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano
por vínculos jurídicos, históricos y afectivos". ¿Me puede explicar el
señor editorialista qué vínculos jurídicos, históricos o afectivos ligaban a
los guanches de Tenerife con los habitantes de las demás islas del archipiélago
cuando ni siquiera navegaban aquellos primitivos moradores de unas a otras?
Pero, por favor, si con absoluta seguridad los de La Gomera -y la recíproca
también es cierta- no sabían que existían Canaria, Fuerteventura o Lanzarote.
¿Puede detallarnos qué ordenamiento como nación común existía y era respetado
en las 7 islas? ¿Y eso era una patria? Pero lo dice el anónimo editorialista...
y hay que creerlo.
Y luego seguimos con
los dogmas. Canarias fue tomada por un "ejército
de ocupación". Pues no, señor mío. Canarias fue tomado por un
"ejército de conquista", de tan poquísima entidad que en los ataques
piráticos de todo tipo que se produjeron contra todas las islas en el XV y en la
primera mitad del XVI fueron los propios naturales los que defendieron vidas y
haciendas contra los saqueadores e invasores, sencillamente porque no había
ejército regular; ni de ocupación, ni de ningún tipo. Eran los propios Cabildos
los que, de forma autónoma para cada isla, se encargaban de organizar la
defensa del territorio, con los propios habitantes del mismo.
Es inconcebible que,
precisamente en EL DÍA, que patrocina y con justicia puede presumir de convocar
uno de los mejores premios (si no el mejor) de investigación histórica de
Canarias, el "Rumeu de Armas", uno de sus
redactores desconozca tan absolutamente los trabajos de nuestro ilustre paisano
para decir que el "ejército de ocupación" "ha seguido
aquí". Le aconsejo que lea su monumental obra titulada "Canarias y el
Atlántico", y en ella los muchos capítulos dedicados a las Milicias
Canarias. Si así lo hace descubrirá que es la falta de ese ejército, que
dedicado a sus labores de "ocupación" asegura usted que existía, lo
que mueve a que nazcan las Milicias Canarias, que se organizan en 1552 en Gran
Canaria y en años sucesivos en Tenerife y La Palma. Para que quede más claro, y
por si no le apetece buscarlo en el libro, mire lo que escribe Rumeu de Armas:
"No se puede
hablar en Canarias de un Ejército permanente, ni de una auténtica organización
militar hasta los tiempos de Rodrigo Manrique de Acuña y Pedro Cerón (1551), en que las Milicias se estructuran y
organizan, no ya para una acción determinada, como el ejército de la conquista,
sino como algo permanente y estable, encargado de la defensa del país frente a
sus invasores".
¿Ve usted? Para
defender el país, no para ocuparlo.
E imbuidas de ese
espíritu van a ser esas Milicias Canarias las que defiendan el Archipiélago
contra piratas, corsarios y flotas (recuerde, Van der
Does, Pata de Palo, Drake, Jennings, Blake, Nelson y
muchos otros).
Pero es que, además,
las Milicias Canarias, repito, las únicas unidades militares existentes en las
Islas -por tanto, según usted y en contra de la opinión de Rumeu
(que al fin y al cabo solo fue director de la Real Academia de la Historia)
herederas del famoso "ejército de ocupación" y continuadoras de esa
línea de acción- van a estar constituidas exclusivamente por canarios, por
todos los hombres de entre los 16 y 60 años de edad que habitaban estos siete
roques. De modo que los "ocupados" -paradojas de su razonamiento- van
a constituir el "ejército de ocupación".
Y no fue esa una
actuación pasajera, ni mucho menos (ya ve que entre los almirantes citados hay
muchos años de diferencia), porque con la excepción de un pequeño destacamento
que apenas llegaba a los 60 hombres en Las Palmas, en misiones exclusivas de
instrucción de milicianos, no va a ser hasta 1771 cuando se constituya la
primera unidad de lo que podríamos llamar ejército regular. El coronel Mazía Dávila, responsable de la aplicación en Canarias de
las reformas militares de Carlos III, va a crear el Batallón de Infantería de
Canarias, con 200 hombres en Tenerife y 100 en Gran Canaria, efectivos que se
duplicarán años después.
Ese batallón (tan de
"ocupación" que, junto a varias compañías de milicias, lo mandaron a guerrerar al Rosellón, sin perder
de vista el Archipiélago, claro) y las milicias y los paisanos van a luchar
codo con codo en defensa de la isla cuando "lo de Nelson"; y también
juntos van a formar la mañana del 25 de julio de 1797 en la plaza de la
Candelaria, bajo la bandera de España que ondeaba en el castillo de San
Cristóbal, para ver desfilar a las vencidas huestes inglesas. Y van a coexistir
el batallón, con distintas denominaciones y reorganizaciones, y las milicias ni
más ni menos que hasta 1867, en que estas desaparecen definitivamente.
Es decir, que me quedo
perplejo al descubrir su teoría de que, por más de 300 años, los canarios
estuvimos ocupados por... los canarios. Pero bueno, si usted lo dice, punto en
boca.
Y luego ha sido igual.
Nuestros cañones y nuestros fusiles, nuestros barcos y nuestros aviones han
estado, están, preparados para defender las Canarias y a los canarios; no para
ocuparlas ni sojuzgarlos. El mejor ejemplo simbólico de cual ha sido siempre la
idea que preside la mente de nuestros militares en el Archipiélago es la brecha
que, a iniciativa de un tinerfeño, el teniente Grandy,
tuvo que abrirse, para poder batir la playa de la Alameda, en las troneras del
castillo de San Cristóbal el día 23 ó 24 de julio de 1797... porque
todas las piezas apuntaban hacia el mar y ninguna a lo que, según usted, era
territorio ocupado.
Permítame que le diga
que, con todo orgullo, he formado parte desde 1979 -en que los azares de la
vida militar me condujeron a Tenerife- hasta 2005 -en que por imperativos de la
edad me retiré- de ese ejército que peyorativamente usted califica como
"de ocupación". Y, mire por dónde, la verdad es que sí, en algunas ocasiones
he tenido que ocupar, con muchos de mis compañeros, superiores, iguales e
inferiores, parte del territorio canario. Por ejemplo, en 1983, cuando
permanecimos tres día desde el Valle de La Orotava hasta Punta de Teno luchando
contra el fuego; o al año siguiente, salvando La Gomera, en aquella tragedia de
casi una veintena de muertos (por cierto, con unas unidades "de
ocupación" bajo directrices en un caso del gobernador civil de la
provincia y en otro del delegado del Gobierno en Canarias, que eran curiosamente
la misma persona, don Eligio Hernández, herreño por más señas). Y en esas, y en
muchas otras, le puedo asegurar que viví en primera línea el afecto y el cariño
de la inmensa mayoría de los canarios (de todas las islas, sin excluir a
ninguna, como hace usted) hacia su Ejército. Y si eso es un ejército de
ocupación... Claro que como es un dogma editorialista hay que creérselo.
Lo mismo que hay que
creerse, sin dar razón alguna que lleve a esas conclusiones, que "Canarias
no es España" o que "Canarias es una colonia", como nos asegura
en el artículo, y nos lleva repitiendo ya desde hace muchos meses.
Dentro de muy poco,
varios centenares de soldados de ese "ejército de ocupación" van a
trasladarse a Afganistán. Y la gran mayoría de ellos son canarios. Y todos en
su uniforme lucen con orgullo los colores de la enseña de España, a la que, sin
presión de "la potencia colonizadora", han jurado o prometido
entregar, si preciso fuera, su vida. Ahí si tienen los medios de comunicación
canarios una excelente oportunidad de mantener informadas a las familias y a la
población del quehacer de nuestros hombres y mujeres en aquel peligroso
territorio. Quizás a nuestro editorialista le convendría ver otros escenarios
para aclarar ideas.
Entre uno y otro dogma
asegura usted que a los militares también nos profesa cariño, empezando por los
capitanes generales, de lo que me congratulo. Pero no es usted congruente
cuando separa de los queridos y respetados capitanes generales (aquellos
"ocupantes" que, aunque usted no lo mencione, hicieron puertos,
calles, barriadas, colegios, mercados, trajeron agua, iluminaron, etc.) a don
Valeriano Weyler. Pero hombre, ¿cómo va a vivir el
"presidente" de la futura República canaria en el Palacio de
Capitanía? ¿No sabe usted que se construyó en la etapa de mando de don
Valeriano? Debería usted aconsejar al futurible, si lo conoce, que lo primero
que debe hacer es derribar el edificio, siguiendo ejemplos que están a la vista
de todos.
¡Ah! Y otro consejo al
"presidente": que haga más caso que usted de lo que dicten las urnas,
porque, claro, achacarnos al 91,9% de los canarios que consideramos que el
ingreso en la UE era beneficioso para Canarias y para España los bellos
epítetos de "adormecidos, narcotizados, aborregados, encogidos por el
indigenismo, la inferioridad, el temor y la ignorancia" no es el mejor
camino para presumir de demócrata. Queda claro, por lo sucedido en los años
transcurridos desde aquella votación, que sólo un 8,1% de los votantes (ya
saben, los despiertos, los espabilados, los de pensamiento libre, los de
espíritu universal, los que se saben superiores, los valientes y los sabios)
tuvieron razón. Entre ellos, sin duda, se encontraba el editorialista de EL
DÍA.
*General de Brigada
de Artillería (R)
Reproducido del periódico El Día, 05-03-2011