Fernando Pellicer Melo *
Los niños y jóvenes canarios están entre los que menos
oportunidades de desarrollo personal y profesional van a tener a lo largo de su
vida, como consecuencia del creciente fracaso escolar de nuestro sistema
educativo. Los datos son lamentablemente demoledores.
Desde
el comienzo de la década, cada curso escolar hay más alumnos que no titulan la
ESO, habiendo retrocedido la tasa de graduados en 3 puntos porcentuales.
En este
periodo, el número de repetidores ha aumentado un punto porcentual por año,
como refleja el hecho de que la tasa de idoneidad a los 15 años ha bajado desde
58,0 al 49,5% colocando a Canarias nada menos que en el penúltimo puesto del estado
español (por detrás de Melilla y por delante de Ceuta).
Por si
ello fuera poco, en la recientemente publicada Evaluación general de diagnóstico
2009, los resultados del alumnado canario se sitúan en los puestos de cola en
todas y cada una de las competencias evaluadas, retrocediendo en el ranking de
formación respecto a sus familias.
Todo
ello significa que se está produciendo un empeoramiento sostenido del fracaso
escolar en las islas que perjudicará gravemente las oportunidades futuras de
nuestro jóvenes, víctimas de una gestión educativa que merma sus posibilidades.
Este
deterioro se produce en un contexto de reducción de los recursos de la
educación que, aunque acrecentado recientemente, viene de largo (de mucho antes
de la crisis) y que ha provocado que Canarias esté entre las comunidades que
menos invierte en educación por alumno y que sea la que tiene más alumnos por
profesor.
Quienes
han estado gestionando durante las tres últimas legislaturas la Educación en
Canarias, no conformes con restringir ciega y gravemente sus recursos, cada vez
que se han publicado los datos de las consecuencias de su fracaso se han
dedicado a buscar culpables por doquier, entre los preferidos, la falta de
dedicación del profesorado, la baja participación de las familias o la falta de
esfuerzo del alumnado, pero sin mencionar nunca la reducción de recursos
practicada por este gobierno y el desatino de sus medidas.
Ahora,
ante las evidencias del grave retroceso, emprenden una huída hacia delante para
salvar su imagen y eludir sus responsabilidades en la situación creada. De esta
forma, además de cercenar la oportunidades de futuro
de los jóvenes canarios, pretenden engañar a la ciudadanía y a los medios de
comunicación con una mentira masiva consistente en pregonar a los cuatro
vientos que el fracaso escolar disminuye en Canarias.
Da
igual que cada año gradúen menos alumnos al finalizar la ESO; da igual que
aumente el número de repetidores; da igual que los diagnósticos nacionales nos
coloquen a la cola del estado; da igual que la inversión por alumno sea menor
que la de cualquier otro territorio; da igual que las plantillas docentes sean
las más raquíticas del estado. Quienes son responsables de esta situación ahora
afirman sin ruborizarse que avanzamos con paso firme hacia el paraíso educativo.
Paulino
y su equipo educativo han decidido que después de representar su papel de
Terminator en la educación, al ser descubiertos, deben cambiar al papel de
Pinocho y hacerlo con determinación. Han decidido inventar una gran mentira y
pregonarla a los cuatro vientos. Intentan aprovechar la buena fe de la
ciudadanía y de los medios de comunicación, para distraernos de las
consecuencias que para nuestra juventud va a suponer su desastrosa gestión de la
educación canaria.
Si los
datos sobre el empeoramiento de lo educativo muestran su incompetencia, la
campaña de venta de esta mentira muestra algo más alarmante en un político: su
baja catadura moral y su ausencia de escrúpulos para eludir sus
responsabilidades.
Pinocho
no es un buen modelo para la gestión de algo tan serio como el futuro de
nuestros jóvenes: su educación.
* Miembro
del Secretariado Nacional del STEC-IC