PENDONES EN BETANCURIA
Jaisa
La visceralidad
del colonialismo es a su vez un complejo de inferioridad. Cuando ese sentimiento profundo e incontrolado es a la
española, se refleja en un reivindicativo insistir por revivir lo que
auto-considerado victorias y glorias, no fueron más que rapiña y abusos de
fuerza y poder sobre pueblos comparativamente indefensos.
La insistencia del restregar los “pendones”
por la geografía del Archipiélago Canario, no es otra cosa más que un añejo
machacar “el somos los amos”, que denota un transfondo psicológico de incómoda
des-ubicación, de perpetuo encontrarse incómodamente foráneo, de no poder
sentirse parte integrada de aquí, a donde se ha inmigrado históricamente para
medrar.
Luego está el otro amigo de los pendones,
es el nativo/a, de identidad carcomida y en ello muy afectado por el síndrome
del colonizado, que se deja acomplejar sin enterarse, y como el cangrejo
ermitaño busca identidad en caparazón ajeno, ignorando las verdaderas glorias
de su gente, que en realmente heroica lucha desigual, han sido sistemáticamente
acalladas por el invasor para, perpetuando su revanchismo, seguir colonizador. Es este canario, entreguista, comerciable,
constante lamedor remunerado del poder que nos mangonea.
En el caso de lo militar, recordando el
delincuente y cruento paso legionario por la historia moderna de Maxorata, ni entramos, pero en el religioso nos sentimos en
la necesidad de exigir a los mandos eclesiásticos un poco de cordura, un mucho
de apacentar los rebaños y, sobre todo, un rectificar sus muchos entuertos y
complicidades en las barbaries que se han cometido antes durante y después de
la conquista de este Archipiélago.
Son ustedes, obispos y sacerdotes,
sumamente responsables de que se perpetúe esa carencia de respeto para con nuestros antepasados y generaciones actuales,
son ustedes responsables en evitar se avienten rescoldos promocionando actos
seudo-religiosos, provocativos por mesturados. Son
ustedes responsables en actualizar sus predicados e impartir cordura y buen
ejemplo. Y a este pueblo, que no rebaño, ayudarlo en su recuperación de la
dignidad, no a trastocarle perpetuamente su identidad como tal, y a generarle
controversias, pues ustedes sí conocen la historia real, no en vano la han
protagonizado.
Retiren ya de procesiones y actos
religiosos en Canarias, los pendones, las armas, y los bailes del sur de
España, lo contrario es continuar usando a Cristo, luchador de libertades, como
neocolonialista 2010 años después de su muerte.