PENSAR MÁS ALLÁ DE LA ÉPOCA
Juan Manuel García Ramos
Para desengrasar
un poco la mente durante estas navidades, he visitado algunas páginas del
combativo Oscar Wilde y me he encontrado con algunas de sus ideas más
aprovechables. Dice Wilde que el único deber que tenemos con la historia es el
de volver a escribirla. Yo propondría volver a leerla, porque siempre hubo
alguien que nos impuso lecturas canónicas de nuestro pasado de las que hay que
huir, o, al menos, de las que hay que recelar.
Estas últimas semanas
he mantenido un cruce de impresiones con un columnista que no ha obedecido a su
director a la hora de poner punto final a la discusión de marras y ha soltado
su último estampidito dialéctico rematado con una exótica cita de dieciocho
líneas como una prueba evidente de que el resuello propio ya no le daba para
más. Es como el volador pirotécnico: sube y sube con soberbia, explota y luego
queda reducido a una caña maltrecha.
Toda esa discusión
surgió porque el aludido columnista quiso despachar, con su consabida tendencia
estelar al adjetivo descalificativo, algunas páginas firmadas por el que esto
escribe.
Por seguir con Wilde,
también yo podría afirmar que cuando la gente está de acuerdo conmigo, siempre
pienso que debo de estar equivocado. Pero me resulta sorprendente el desprecio
con el que González Jerez despacha cualquier esfuerzo intelectual ajeno, como
sorprendente me resulta también el desprecio que le merece un nacionalismo
canario del que él no se encuentra tan alejado. Y aquí puntos suspensivos.
He dicho y escrito por
activa y por pasiva que en Intrahistoria del nacionalismo canario sólo quise
reunir y jerarquizar un material histórico que nos pudiera ayudar a interpretar
nuestro pasado desde otra perspectiva. Pero veo que la simple enumeración de
algunos hechos pretéritos pone muy nerviosos a los que considero legítimos
antinacionalistas canarios, a aquellos que no admiten la más mínima alteración
de lo que es su concepción histórica de Canarias y, en buena parte, su concepción
política del Archipiélago. González Jerez dice que él es federalista, aunque no
sé de qué Estado federal habla.
En la presentación de
Intrahistoria del nacionalismo canario en el Ateneo
lagunero dije que las páginas de ese libro se planteaban más como el inicio de
un debate en torno al asunto propuesto desde el mismo título que como cualquier
suerte de conclusión sobre el particular. Lo único que pretendía como autor de
esa obra era poner en orden algunas notas personales para empezar a desandar un
camino que, desde nuestro punto de vista, los canarios no nos habíamos atrevido
a transitar con la decisión debida. Proclamamos que ése era un texto para autocorregirse y ser corregido, una obra abierta, una
puesta y una apuesta en cuestión. A nuestro parecer, necesitábamos y
necesitamos inventariar y retener en nuestra memoria hechos de nuestro pasado
histórico que hayan ido forjando una conciencia nacional canaria, una
personalidad colectiva, un sentimiento y un pensamiento como pueblo
diferenciado. Y terminaba preguntándome: "¿Existen esos hechos?"
Así de simple, así de
humilde era nuestra pretensión.
Con los años me he ido
acostumbrando a no ser bien visto por mis convicciones nacionalistas, he
perdido amigos y amigas por esta debilidad ideológica, he visto zarandeada mi
vida cultural y académica por creer en determinadas ideas políticamente
incorrectas para una gran parte de nuestra población pensante. Asumo esas
cargas, como no podía ser menos. Pero lo que no asumo es la malcriadez de
algunas criaturas, como la que destila la pluma del señor González Jerez
caricaturizando afirmaciones que yo nunca hice en anteriores réplicas.
Ya sé de la devoción
de González Jerez por la labor histórica del profesor Antonio Macías. Ahí están
sus fuentes. Yo también he leído a mi admirado colega y me he beneficiado de
sus rigurosos trabajos. Aunque no comulgue con sus interpretaciones de nuestro
pasado al cien por cien. Los pueblos, como los hombres y las mujeres, se rigen
por leyes secretas y es apasionante y hasta divertido descubrir el sentido de
tales conductas.
Otro profesor, el
doctor Bethencourt Massieu, si no me equivoco maestro del señor Macías aunque
en la actualidad esto de los maestros no esté muy de moda, no tuvo reparos a la
hora de declarar en las páginas de LA PROVINCIA del día 24 de abril de 1996 que
para él Canarias tenía razones para ser considerada una nación dentro del
Estado español y lo dijo con estas palabras: "Yo creo que lógicamente
tenemos más renta histórica, más tradición y más sensación de identidad para
ser nación que muchas que se están llamando ahora nación".
¿A qué renta histórica
se estaba refiriendo don Antonio de Bethencourt? ¿Qué historiadores canarios de
las últimas generaciones se han preocupado por inventariar esa posible renta
identitaria fuera de Manuel de Paz, de Manuel Hernández González, de Domingo Garí-Montllor Hayek
o de algunos otros que no me vienen ahora a la memoria?
En 1997, el mismo
profesor Bethencourt, en una conferencia dictada en Las Palmas de Gran Canaria,
volvía sobre el asunto: "Si somos nación, nos encontramos obligados a
reflexionar sobre cuál es la razón esencial de nuestra connotación
diferencial". Y en 1999, insistía de nuevo Bethencourt Massieu (LA
PROVINCIA, 17 de noviembre de 1999) en reconocer que "Canarias tiene el
doble de rasgos diferenciales que Cataluña, por ejemplo, de modo que si
Cataluña es una nacionalidad, Canarias debe ser doble nacionalidad [?] Si se lee la historia insular surgen signos de identidad,
van brotando, salen solos y, además, a montones".
Precisamente esta
última cita de Bethencourt Massieu la elegí como uno de los epígrafes que abren
las páginas de Intrahistoria del nacionalismo canario, porque me pareció una
invitación sincera al debate pendiente en nuestros foros intelectuales y políticos.
Discutir sobre lo que hemos sido, con todas las cartas sobre la mesa, incluida
esa otra referencia de Viera y Clavijo, que en la página 216 del tomo primero
de su Noticias de la Historia General de las Islas Canarias (Santa Cruz de
Tenerife, Goya Ediciones, 1967, 6ª edición) alude a que los primitivos isleños
de las Canarias formaban un "cuerpo de nación original con un mismo gusto
en todos los asuntos y en todos los modos de pensar y subsistir".
Sí, ya sé que el
término nación no era usado entonces con la estricta acepción que el
romanticismo europeo y la Revolución Francesa le otorgaron a esa palabra, pero
Viera insiste en muchas otras páginas de su obra (215, 677, 678, 679? de ese
primer tomo citado) en demostrarnos que la sociedad insular prehispánica
compartía una cultura común y un mismo afán por enfrentar el mundo hostil de
entonces, algo nada desdeñable y, desde luego, nada lejano del concepto de
nación manejado en su día por Johann Gottfried Herder, uno de los principales
instigadores del romanticismo germano.
Discutir sobre lo que
en verdad hemos sido para pensar con mayores argumentos más allá de la época
que ahora vivimos. Esa labor no se puede desestimar así como así. Yo sigo
apostando por ese debate, sin menosprecios recíprocos de los antagonistas en
esa tarea y con la vista puesta en el futuro que nos espera.