¿Hemos perdido la memoria?
Wladimiro
Rodríguez Brito
Es bueno que hagamos
una lectura socioeconómica de nuestro paisaje ante el debate vigente en la
sociedad sobre naturaleza y demandas humanas en el territorio. Idear la naturaleza
olvidándose del hombre y sus necesidades no parece el mejor planteamiento ni
para ella ni para nosotros. Es bueno que sepamos que la naturaleza está mejor
conservada en el mundo en aquellos países donde los hombres tienen resueltos
sus problemas vitales. Y es en este marco en el que debemos hacer una lectura
de lo que ha ocurrido históricamente en esta Isla, pues, sin lugar a dudas,
sólo con la lectura de los topónimos que pueblan nuestro territorio podemos
entender cómo ha sido la naturaleza de Tenerife hasta hace unos años.
Son numerosos los
topónimos individuales dada la desaparición de las masas vegetales a la que fue
sometida nuestra Isla por la demanda de los hombres como madera, leña, tierras,
pastos, etc. Así, en numerosos puntos de Tenerife tenemos barranco del Pino,
cueva del pino, barranco del escobón, mocán, barranco
de la palma, almáciga y almácigo, y sabinita. También existen tablado,
tablero y lomo de los tozes. Los topónimos de
masas vegetales también existen, pero son menos numerosos, como cardonal, escobonal, el palmar -aunque hoy ya no tiene palmeras-,
o el palmeral. Es decir, si nosotros en
Estas líneas se
escriben hoy en la isla que posiblemente ha tenido la mayor masa boscosa de los
últimos 500 años, con más de
Por ello, en este
marco de relaciones hombre-naturaleza, el sebadal de
Granadilla no puede ser la única referencia ambiental que tengamos hoy. Es más,
sería bueno que nos planteen qué alternativas tienen para las demandas de
nuestra población en este comienzo del siglo XXI.
Debemos hacer memoria. En Granadilla, en 1960, con menos de 7.000 habitantes,
con abundancia de agua debido a los alumbramientos del canal intermedio y canal
del sur, con amplios regadíos en toda la piel del municipio, se labraban
tierras desde el Paisaje Lunar -en el que hay eras a más de
Por ello, en
Es en este marco en el
que parece razonable que se sitúen las cosas, puesto que la isla de Tenerife,
con un millón de personas en estos momentos, la sostenibilidad no es nada fácil
y supongo que nadie de los que se oponen a estas instalaciones estén
proponiendo volver a una economía de aceite, sal, azúcar y velas como la que
sufrieron nuestros padres en esa Granadilla de los años 60, en las que los
cebadales eran tierras donde se sembraban cebada para suavizar el gofio de
millo que muchas veces venía cargado de gorgojos. Es más, hasta las tabaibas en
las costas de Granadilla fueron utilizadas para extraer látex para hacer
chicles y hubo una fábrica resinera en Los Cristianos para sacar la resina y
fabricar productos, extrayendo la savia de nuestros ya raquíticos y, por
entonces, escasos pinos.
Creemos que
transcurrida la convocatoria del pasado sábado, es bueno que nos sentemos a
reflexionar sobre cómo gestionar esta Isla en la que el cemento y el asfalto no
sea una lectura depredadora, puesto que hasta hace unos años, con menos asfalto
y cemento,
Así, los más de
150.000 puestos de trabajo que genera el Turismo hoy hemos de mimarlos y
cuidarlos, unido a otras actividades económicas que nos hagan menos
dependientes y que nos permitan mantener la amplia superficie forestal que
tenemos protegida, pero siempre pendientes de que nuestra gente tenga una
posibilidad de trabajar y alimentarse en un difícil equilibrio en el que desde
hace años hemos planteado la necesidad de una limitación de la población en
Canarias y nos han tildado demagógicamente de xenófobos los mismos que se
oponen a todo.
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