Periodismo, profesión de riesgo

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Hace unas semanas, denunciaba la persecución, despidos, encarcelamientos, agresiones y asesinatos, en una buena parte del mundo, de sindicalistas dedicados a la defensa de los derechos humanos y los intereses de los trabajadores. Ahora, quiero denunciar las dificultades y peligros de otra profesión, los periodistas que deciden defender la libertad de prensa y denunciar los abusos y la corrupción del poder establecido, dictatorial o democrático, en lugar de "adaptarse a la situación" en su propio beneficio personal o el de las empresas para las que trabajan.


Al igual que a los sindicalistas, a muchos periodistas que cumplen con su deber de informar sobre la verdad de los acontecimientos políticos, bélicos, económicos o sociales les esperan las amenazas, el despido, las listas negras, las agresiones o el asesinato, sistemas utilizados por patronales y gobiernos de muchos países, especialmente contra aquellos periodistas especializados en la investigación de la corrupción, o corresponsales de conflictos bélicos, soterrados o abiertos y, recientemente, la represión ha caído sobre los que utilizan Internet para contar sus verdades.


En España, muchos medios de comunicación, argumentando la difícil situación creada por la crisis financiero-económica, con reducción de las ventas de periódicos y revistas, menor número de oyentes o televidentes y una importante reducción de los ingresos por publicidad, quizás, aprovechando la escasa implantación sindical o el miedo a sindicarse de muchos trabajadores de la información, preparan reducciones de plantillas y la eliminación de colaboradores externos. Según Europa Press, 450 periodistas pueden haber perdido el empleo en los últimos tres meses.


No sólo son enemigos de la libertad de información los dictadores, los gobiernos corruptos al servicio de intereses empresariales, nacionales o multinacionales. También se encuentran, entre los que luchan contra la libertad y la verdad informativa, los grupos que utilizan el terrorismo, el asesinato cobarde, el tiro en la nuca o el coche bomba y que no soportan una información objetiva de sus objetivos democráticos y, mucho menos, de la incalificable vesania y crueldad utilizada para su consecución.


Acosada por la decisión del Gobierno de terminar con esa banda de asesinos y la eficacia de la acción policial, que viene deteniendo a los autores de cada atentado con inusitada celeridad, ETA ha querido demostrar que todavía tiene capacidad para amedrentar a la sociedad. La fecha elegida por los terroristas para hacer explotar un coche-bomba fue el 31 de diciembre de 2008; el lugar, una zona muy concurrida de Bilbao, y el objetivo, un edificio que alberga a diversos medios de comunicación: la ETB, television vasca; El Mundo, Antena 3 TV, Expansión y Marca. No es la primera vez que los asesinos etarras atacan a la prensa libre.


Reporteros sin fronteras ha denunciado que "con este atentado ETA pretende demostrar que las últimas detenciones llevadas a cabo no la han puesto de rodillas. Condenamos con firmeza este intento de intimidar a la población y a los periodistas del País Vasco por parte de una minoría que intenta imponer su ley".


2007 puede considerarse el año más letal para la prensa libre de toda una década, con 86 periodistas y 20 colaboradores asesinados, 887 encarcelados, 67 secuestrados, 1.511 agredidos o amenazados y 528 medios de comunicación censurados. En 2008, las cifras fueron: 60 periodistas y un colaborador asesinados; 673 periodistas encarcelados, 929 agredidos o amenazados, 329 medios de comunicación censurados y 29 periodistas secuestrados. Con respecto a Internet, un blogger asesinado, 59 detenidos, 45 agredidos y 1.740 sitios informativos cerrados o suspendidos.


Reporteros sin Fronteras ha tenido en cuenta los casos en los que o bien ha quedado establecida la relación entre la profesión de la víctima y el incidente, o bien es altamente probable, lo que deja fuera de la estadística aportada los casos que se mantienen en secreto, como medio de protección de las víctimas.


El informe señala que "zonas de Asia-Pacífico y Magreb-Oriente Medio siguen siendo las más peligrosas para el periodismo. Después de Irak (15 periodistas asesinados), Pakistán (7) y Filipinas (6) son los países con mayor numero de víctimas de la represión contra la libertad de prensa. En México, asesinaron a 4 periodistas por motivos profesionales. El descenso de muertos en África (3 en 2008 y 12 en 2007) se explica por la renuncia de muchos profesionales a seguir ejerciendo su oficio o el cierre de medios de comunicación, especialmente en Somalia".


Los arrestos y detenciones (más allá de las 48 horas) son numerosos en África, donde las comisarías resultan un lugar de paso obligado para muchos reporteros que molestan a los gobiernos establecidos. En Irak (31 detenciones), donde el ejército norteamericano sigue gestionando la seguridad. En China (38 detenciones), el año olímpico sirvió de excusa para muchos encarcelamientos. En Birmania (17 detenciones), muchos periodistas y bloggers críticos han pagado con su libertad la rigidez de la Junta Militar.


Reporteros sin Fronteras entiende que "es cierto que las cifras son menos elevadas que el año anterior, pero el descenso oculta muy mal una generalización de la intimidación y la censura, también en Occidente, así como un endurecimiento de los gobiernos más autoritarios. Aunque, efectivamente, algunas situaciones han mejorado cuantitativamente, hay que tener en cuenta que, a veces, se debe al desaliento de los propios periodistas, que emprenden el camino del exilio o renuncian a su trabajo. En este contexto no podemos decir que cerca de sesenta asesinatos, cientos de detenciones y actuaciones de censura generalizadas sean un motivo para sentirse optimistas".


El aumento de la influencia y las potencialidades de Internet han sido acompañadas por un aumento de la vigilancia y las medidas represivas por parte de muchos gobiernos, democráticos o autoritarios, que no parecen dispuestos a tolerar que las presiones a que someten, mediante leyes restrictivas, con la excusa terrorista del 11-S, a los medios de comunicación tradicionales pueda eludirse mediante la utilización de la red.


Reporteros sin Fronteras ha reaccionado: "No hay que creer que un descenso de las cifras significa una situación mejor. A diario, o casi, asistimos al espectáculo de un periodista esposado en todos los continentes. La cárcel suele ser la respuesta más frecuente de los gobiernos cuestionados. Y los asesinatos, que todavía se cuentan por decenas, en los que es más que probable la implicación de las fuerzas de seguridad, prácticamente nunca son objeto de un proceso judicial, tanto si ocurren en Sri Lanka como en Burkina Faso".


El pasado 1 de diciembre, 125 periodistas estaban encarcelados por causas de su trabajo y el 45% de ellos trabaja para medios de Internet.