Plátanos de Canarias: una reflexión para el futuro
Wladimiro
Rodríguez Brito
En el artículo de hoy
haremos una aproximación a la situación que vive la isla de La Palma en cuanto
al plátano. Sin lugar a dudas, en la historia de esta Isla los plátanos han sembrado
en dicho pueblo la mejor situación de bienestar en el plano económico y social
en los 500 años de su historia; situación que hemos de valorar ante un presente
muy incierto, máxime con las declaraciones que ha hecho el presidente de Asprocan, Francisco Rodríguez, en las que, según parece, el
año que acaba de terminar no ha sido malo y tiene preparado para el presente la
"indicación geográfica protegida". No sabemos si es que le va a poner
un GPS a cada mata de plátano por si éstas salen caminando. Sin embargo, no
sabemos cuántas piñas han nacido y cuántas cortamos para las próximas semanas.
Es decir, hoy no sabemos cuántos kilos tendremos para enviar al mercado la
próxima semana. Mientras tanto, la competencia tiene planificadas las toneladas
y los precios que pone en el mercado peninsular para los próximos meses. Aquí
sobran supuestos estudios sobre el plátano y declaraciones sobre los mismos y
faltan actitudes responsables para el futuro.
Por ello, no queremos
polémicas en el sector. Hay alternativas y hemos de sembrar con un buen
barbecho el campo que nuestros agricultores han venido trabajando a lo largo
del tiempo. En este caso, la sociedad palmera no se puede permitir el lujo, al
igual que el resto de Canarias, de continuar por los derroteros actuales. Es
decir, un alto porcentaje de sus plátanos en sus vertederos y unos precios de
ruina para sus agricultores.
Entremos en materia.
En La Palma, los plátanos significan actualmente la base de la economía de la
Isla. Es más, viven directamente de los plátanos más de 15.000 familias y son
rentas complementarias para otras muchas, dado que una gran parte de los
plataneros palmeros han sabido administrar su economía con 8.000 ó 9.000 kilos
por familia, más el resto de actividades agrarias y ganaderas complementarias.
Eso ha hecho de esta Isla la más estable socialmente de Canarias, algo a
valorar en los tiempos presentes.
En los últimos 50
años, La Palma ha pasado de poco más de 1.000 fanegadas de plátanos a situarse
en algo más de 6.000 fanegadas en la actualidad. Hablar de los plátanos en La
Palma es hablar de los celemines (
Es en este marco en el
que debemos situar las sorribas para el cultivo del
plátano. Es decir, en La Palma ha pasado de estar este cultivo localizado en Argual, Tazacorte y Los Sauces en
los años 50, para extenderse a lo largo de toda la isla, lo que nos permite
también distribuir la riqueza que generan las más de 3.000 has. de plátanos. A su vez, nos han proporcionado más de 130
millones de kilos al año, es decir, algo más del 34% de la producción total del
Archipiélago.
Por ello, de la suerte
que corran los plátanos va a depender gran parte la estabilidad social,
ambiental y paisajística de La Palma. Creemos que ante la coyuntura
internacional -coste de los fletes, proximidad canaria al mercado peninsular,
calidad de nuestra producción- este sector puede tener futuro y sus problemas
son mayoritariamente nuestros. No podemos continuar con una comercialización
carente de profesionalización, atomizada, en una especie de reinos de taifas,
donde, como hemos visto estos días, a los dirigentes del sector del plátano se
les ocurren ideas como la de la denominación geográfica del plátano. En un
mercado en el que las grandes empresas internacionales manejan la oferta y, por
otra parte, la concentración en España con las grandes cadenas, o el pasar de
más de 200 maduradores a 40 actualmente, nosotros en Canarias tenemos no solo
un sector atomizado, enfrentado, sin coordinación, sino también unos
responsables alejados de la realidad, como esta ingeniosa idea, que dicho sea
de paso, no nos dice si vamos a vender algunos excedentes fuera del mercado
peninsular, y lo que es más preocupante: si hay algún estudio para saber la
estimación de producción para los próximos meses y el supuesto mercado en caso
de que haya excedentes en los mismos.
El pasado miércoles,
19 de enero, nos reunimos con jóvenes agricultores de toda la Isla en Los
Llanos ante la preocupación por la situación actual. Y es bueno que no sólo
hablemos del pasado y del presente, sino que el futuro del plátano pasa por
superar la torre de Babel que es Asprocan, alejada de
los agricultores y del lógico diálogo permanente entre el campo isleño y los
consumidores en la Península, ya que la actual situación es insostenible. En La
Palma aún mantenemos seis cooperativas, una agrupación de interés económico y
seis S.A.T. con más de 25 empaquetados, mientras Asprocan carece de conexión con los agricultores y su
problemática para los próximos años. El plátano de Canarias tiene futuro y
solución, siempre y cuando se tiendan puentes entre los productores y los
consumidores con una filosofía propia de los tiempos, en la que el cuello de
botella por el que nos hace pasar Asprocan lo
superemos. Queremos un Asprocan con participación
democrática de los agricultores y profesionales que orienten en el comercio y
en los temas sociales del mismo.