El pleito y los equilibrios imprescindibles
El
Pleito Insular debería ser un libro de obligada enseñanza en las escuelas
canarias
Fernando
Fernández *
El Pleito Insular debería ser un libro de
obligada enseñanza en las escuelas canarias. Su autor, don Marcos Guimerá Peraza, es un prócer que hasta en su tierra,
Canarias, tan remisa a reconocer méritos en sus mejores hijos, ha premiado con
la más alta distinción que el Gobierno puede conceder: es Premio Canarias de
Patrimonio Histórico desde el año 2.002. El premio llegó con años de retraso,
pero nunca es tarde si la dicha es buena; y para los canarios, que don Marcos
sea un Premio Canarias es un motivo de orgullo. Días atrás, asistí en el Salón
Noble del Cabildo de Tenerife a la presentación del, por ahora, último libro de
nuestro eximio, polifacético y joven paisano de solo 94 años de edad, que en
Maura y Canalejas. La difícil conciliación, disecciona con precisión
quirúrgica, un momento especialmente difícil de la historia de España. De la
"conciliación" necesaria para salir a flote en momentos
particularmente complejos. Al finalizar el acto, me apresuré a saludarlo para
agradecerle la ayuda que siempre me prestó, desde que inicié mi vida política,
como diputado del Parlamento de Canarias, elegido por la circunscripción
insular de La Palma, allá por 1.983. A lo largo de mis 28 años de vida pública,
hasta mi jubilación hace ahora 6 meses, ese libro siempre me fue sumamente
útil. A lo largo de sus 610 páginas El Pleito Insular da todas las claves del
desdichado pleito que, desde 1.808, con la cuestión de la Junta Suprema y de la
"capitalidad", ha entorpecido el devenir político, económico y social
de lo que hoy es, desde la aprobación de la Constitución y del Estatuto de Autonomía,
la Comunidad Autónoma de Canarias. Don Marcos establece un certero diagnóstico,
solo al alcance del rigor de sus investigaciones. Como médico y, especialmente
como neurólogo, conozco que un diagnóstico certero es la clave del éxito de un
tratamiento. Fui uno de los que pensé que con la aprobación de nuestro de
Estatuto de Autonomía, encontramos el camino de nuestra imprescindible
reconciliación. El 30 de mayo de 1.984, Día de Canarias, publiqué en estas
páginas que hoy me acogen: Un año de esperanzada autonomía. Cuánto me
equivoqué, pero aún mantengo la esperanza.
Como palmero, hijo de isla menor, isla de realengo y a la vez noble, los
pleitos entre gran canarios y tinerfeños, o entre chicharreros y canariones,
siempre me pareció de difícil comprensión y poco útil para los canarios. En mi
vida pública traté de soslayarlo, no siempre con éxito. Aunque afirmo que lo
que dije en cualquiera de las 7 islas, sin olvidar a La Graciosa, lo pude y lo
puedo repetir en cualquiera de nuestras islas y en todos y cada uno de sus 88
municipios. Habré sido mejor o peor comprendido, me habré explicado con mayor o
menor acierto, pero nadie, ni un investigador como Don Marcos Guimerá, podrá encontrar ni una sola declaración, discurso
o escrito, que me haga retractar de lo que acabo de decir. Para tener éxito en
esa difícil tarea, también hay que recordar siempre, lo que Antonio Carballo Cotanda escribió, en 1.972, en su
Canarias, región polémica. Ya no somos región, ahora hasta nos llaman
"nacionalidad", pero seguimos con polémicas tan estériles como
inútiles. Para librarse del pleito, para no caer en la tela de araña de ese
diabólico Laberinto de Dédalo, son imprescindibles 2 condiciones "sine qua
non": Primero, no se puede ser pleitista, "pleitos tengas y los ganes";
en los pleitos solo ganan los abogados. Segundo hay que mantener siempre un
exquisito equilibrio. No es dar a todos por igual, sino dar a cada isla lo que
en cada momento corresponda. Y saber explicarlo. Con un gobierno presidido por
nacionalistas, es incomprensible entender como se pueden cometer errores que
están en el libro de Catón. Se cometen. Este sábado, anoche, estuve en Tejeda
en sus Fiestas del Almendro en Flor, a la sombra del Roque Nublo, donde no
estuvo, tampoco, don Paulino Rivero.
* Publicado en el periódico ‘La Opinión’, 10-02-2010