LA
POBREZA Y LAS DESIGUALDADES
Por Jose Almeida Áfonos
La cuestión de la pobreza y las desigualdades entre las personas no es cuestión
nueva y, aunque sea una evidente obviedad, tampoco la padecemos, la sufrimos y
la soportamos sólo algunøs canariøs.
Me atrevería a decir que es tan antigua como la humanidad misma. Con diferentes
particularidades y en diversas formas, claro, puede afirmarse que ha estado
presente en todos los períodos históricos y en todas las sociedades conocidas
hasta ahora.
Sólo y, quizás, en algunas sociedades prehistóricas -y tal vez en algunas
tribus incontaminadas hasta el momento por la avaricia y la usura, la envidia y
el egoísmo, tan característicos del ser humano que conocemos, y causas
principales de la actual situación de envilecimiento, de mezquindad y de
ruindad general que parece dominar las acciones, los pensamientos y los
sentimientos de una gran parte de esa humanidad hasta el día de hoy- podríamos
hablar de la inexistencia del concepto de pobreza y de las desigualdades tal y
como las concebimos en las llamadas sociedades occidentales y orientales
actuales, tanto en las conocidas como desarrolladas, como en las
subdesarrolladas.
Sin embargo, no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo en que las
personas -algunas personas- se han planteado y replanteado la razón de porqué
unos poseen más riquezas y más privilegios, y en cambio otros yacen en la más
pura inanición anímica, espiritual y fisiológica.
Son estas desigualdades y privilegios varios entre unas personas y otras de una
misma sociedad los principales motivos que han dado origen a las numerosas
revoluciones que ha conocido la historia. El hecho de que unos posean tanto -generalmente
obtenido a costa del trabajo y la salud de una gran mayoría de personas, cuasi
en régimen de semiesclavitud - y otros tan poco es lo que ha movido,
principalmente, a las personas a rebelarse contra ese tiránico y perverso
régimen establecido con el esencial objetivo de construir una sociedad más
igualitaria, más justa, más solidaria.
Lo que ha resultado después de estos "levantamientos"
"revueltas" "motines" "revoluciones" o
"alzamientos" poco tiene que ver con los principios que los originaron
y con los objetivos que perseguían: la construcción de una sociedad, en
principio, en la que cada cual tuviera según sus posibilidades, y cada quien
tuviese según sus necesidades. Ni más ni menos.
En la época actual, después de la desintegración de la URSS (Unión de
Repúblicas Soviéticas Socialistas) y con ésta, la esperanza ¿acabada? de la
construcción de una sociedad socialista donde el ser humano sería tratado con
total respeto y donde tanto el conocimiento, el saber, como los medios de
subsistencia estuvieran al alcance de todos por igual, sin distinciones ni
privilegios, y con absoluta libertad para desarrollarte íntegramente según las
habilidades, las posibilidades, las aportaciones de cada cual.
Pues eso, que con esta esperanza ¿perdida? de la construcción de esa posible y
deseada sociedad socialista en el mundo, nos quedó ---fundamentalmente en los
países Occidentales--- el imperante sistema capitalista, con USA (y tira) a la
cabeza de este modelo donde, como decía alguien, lo grave no es que las promesas
del socialismo fueran falsas, sino que las del capitalismo eran verdaderas.
Y en estas estamos. ---¿Irremediable e indefectiblemente.?---
No lo sé a ciencia cierta. Quisiera tener algunos firmes fundamentos, variados
certeros elementos que me lleven a creer, a pensar, a sentir de verdad que las
personas no estamos condenadas indefectiblemente al fracaso, como ha quedado
demostrado más que suficientemente hasta estos momentos --¿a qué engañarnos?--,
hasta aquí y ahora: aquí, en estos Atlánticos Peñascos Africanos que son las
Islas Canarias, y ahora, en el inicio del tercer milenio...
Tengo un amigo que dice que aunque la esperanza fue lo último que se perdió,
por lo menos nos queda la dignidad, la dignidad de no ser ingratos, de no
traicionar la verdad, nuestra verdad, de hacerle frente con "trincheras de
ideas", a los malditos poderes tiránicos financieros, militares,
eclesiásticos, políticos-- como muy bien dejó dicho el cubano libertario José
Martí. Pobres ingenuos e ilusos que somos algunøs, y
como ya he dicho en más de una ocasión, a estas alturas de nuestras vidas ya no
hay dios que nos cambie aunque en ello nos vaya la vida.
Sí, esa hermosa y terrible vida, esa vida que a veces, muchas veces, nos deja
como traspuestos en un sin fin de tiernos y amorosos remolinos, esa vida que
vivo "sin vivir en mí".
Sí, esa vida que nos empuja inmisericorde, cruel, feroz, brutal, contra todas
las orillas azules de los más hermosos y soñados deseos. Sí, esta vida, esta de
ahora, de aquí, pero también esa otra, más mezquina, más ruin e indeseable que
nos está esperando asquerosamente acechante en cualquier esquina de mala
muerte.
ARTEVIRGO/ La Aldea/ CANARIAS
Octubre 2009