Los mecanismos del
poder colonial y la lucha por la independencia
Andrés García Montes
La verdad es una, por
detestable, dolorosa o repugnante que nos parezca, desconocerla es suicida,
afrontarla en toda su complejidad y composición, siempre ha sido no sólo lo
correcto, sino lo indispensable y necesario para lograr los cambios y
transformaciones que deseamos.
Esto es más diáfano y
transparente para nuestro pueblo canario en este momento histórico, cuando
afrontamos la lucha por nuestra independencia y libertad, secuestrada hace
seiscientos años.
A lo largo de estos últimos
seis siglos, en el seno de nuestra sufrida sociedad han venido cohabitando dos
culturas, una que a través de
Los colonialistas han tenido
muy claro desde los inicios de la
expansión colonial europea a comienzos del siglo XV, que el ejercicio del poder
tiene como base principal el mundo espiritual y no el físico.
Pues cuando la mayoría de la
sociedad deja de justificar, defender o temer a un sistema social, cuando lo
cuestiona y no le entiende como algo natural, es lógico entender que ese
sistema tiene sus días contados.
Por el contrario, si la mayoría
acepta un sistema social, sea porque lo justifica, lo defiende, le teme, lo
acepta como una fatalidad, lo justifique como un mal menor, ese sistema está
incrustado en el espíritu de la sociedad, lo que induce a asegurar su
perpetuidad en el tiempo.
El razonamiento anterior
indica con diáfana claridad que los mecanismos que determinan la hegemonía y
por tanto el poder, tiene su principal base de sustentación en el mundo
subjetivo del espíritu. Un ligero análisis nos indicará el por qué esto es así.
El modelo cultural comienza a efectuar su labor en el moldeamiento espiritual del
ser humano desde muy temprano, en la tierna infancia del futuro ciudadano,
creando una estructura psíquica adaptada a este mecanismo, donde los juegos
infantiles, los sentidos de culpa, los miedos, las recompensas, los castigos,
las promesas, las exaltaciones, las comparaciones e incluso, las
contradicciones, son algunas de esas numerosos actos que preparan la psiquis
donde los mecanismos hegemónicos y de poder encuentran cómodo asiento.
Los patrones de conducta de lo
seres humanos siempre -salvo excepciones- estarán adaptados a su pensamiento, tal
como lo dijo el filósofo Descartes: la
locución latina Cogito ergo sum,
que en español se traduce como Pienso, luego soy (o pienso, por lo
tanto, existo), el cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental encontrado en su
famoso Discurso del método
(1637). Pensar,
razonar, analizar nos hace humanos, la humanidad se ha construido en el
pensamiento, el cual evoluciona en estrecha relación por la realidad
político-social y económico-cultural.
Conocido es como el
pensamiento nace de la discusión, del examen del análisis del conjunto de
temas, hechos y fenómenos, que forman parte del medio que nos circunda o pueden
afectarnos. En consecuencia, discute, piensa, razona, analiza, todos aquellos
que matan el tiempo discutiendo cualquier aspecto baladí, hasta el intelectual
investigador o científico, que presenta un novedoso trabajo en un congreso.
En consecuencia, una sociedad
forjará su pensamiento y de allí y sus patrones de conducta, de acuerdo a los
temas que discuta, bien podemos afirmar que somos lo que discutimos.
Así tenemos que el
colonialismo hace lo imposible para impedir que el colonizado piense, razone,
reflexione, analice, desarrolle su capacidad crítica, analítica y creadora,
para lo cual nos llena la cabeza de trivialidades, nos oculta nuestra historia,
obstaculiza nuestro desarrollo, fortalece los mecanismos de la dependencia,
incrementa los miedos, el aislamiento, combate y persigue las ideas “peligrosas”
que cuestionan su dominación, entre otros mecanismos dirigidos a perpetuar su
dominio. Si logra imponer sus criterios y las discusiones dominantes en nuestro
pueblo obedecen a estos criterios, todos sabemos lo que ocurrirá.
La descolonización es un
cambio radical de la manera de pensar de nuestro pueblo, sin ese cambio
difícilmente obtendremos la libertad. El enfrentamiento con el colonialismo
español, es en el fondo el enfrentamiento de dos formas de pensar, de dos
formas de ver y enfocar nuestra realidad. De lo expuesto bien puede deducirse
que para lograr el sublime objetivo de la libertad de
Evitemos el gravísimo error de
polemizar con un compatriota que por confusión y atrapado en las redes de la
cultura colonial defienda al verdugo que nos oprime, sepamos comprenderle y coloquémosnos en un plano superior y más si la discusión se
efectúa en presencia de un grupo de compatriotas, cuidado con tratarle como un
enemigo, pues salvo que sea un agente del coloniaje, siempre será un potencial
aliado si sabemos comprenderle, dicho trato a no dudarlo redundará en una buena
acogida de los oyentes, nuestra lucha es fundamentalmente contra una cultura,
esta visión no debemos de olvidarla, ni tampoco subvalorarla.
Otro aspecto a tomar muy en
cuenta es que cuando polemicemos con el enemigo evitemos caer en los dimes y diretes, dando la
impresión de ser una pelea o enfrentamiento personal, cayendo en el menudeo de
acusaciones personales o cosas sin trascendencia, hay que llevar al adversario
al terreno de las cosas grandes y trascendentes, nuestro subdesarrollo, nuestra
vergonzosa dependencia, el ocultamiento de nuestra historia, nuestra colonizada
cultura, el racismo, la segregación y la exclusión, con que siempre hemos sido
tratados, son algunos de los argumentos que convencen, no al enemigo, pero si a
la parte de nuestro pueblo que puede estar atenta a la discusión.
No admite duda que para
desarrollar esta necesaria y compleja labor, es imprescindible una organización
con un mínimo de orden y disciplina, donde lo ideal es que responda a una
dirección que dirija, controle y oriente, la compleja lucha que la obtención de
tan sublime objetivo reclama. Este no puede ser otro que una organización
conformada por los que estamos dispuestos a luchar por la independencia de
No debemos olvidar la capacidad
de maniobra y los fuertes y variados tentáculos de que dispone la metrópoli
para frustrar este legítimo derecho del pueblo canario, de allí la imperiosa
necesidad de la movilización y participación de nuestro pueblo, sin cuyo
concurso se está corriendo grave peligro.