Los mecanismos del poder colonial y la lucha por la independencia

 

Andrés García Montes

 

La verdad es una, por detestable, dolorosa o repugnante que nos parezca, desconocerla es suicida, afrontarla en toda su complejidad y composición, siempre ha sido no sólo lo correcto, sino lo indispensable y necesario para lograr los cambios y transformaciones que deseamos.

Esto es más diáfano y transparente para nuestro pueblo canario en este momento histórico, cuando afrontamos la lucha por nuestra independencia y libertad, secuestrada hace seiscientos años.

A lo largo de estos últimos seis siglos, en el seno de nuestra sufrida sociedad han venido cohabitando dos culturas, una que a través de la Ley de la Selva, el abuso, el racismo, la segregación, la mentira, el miedo, el terror, el desprecio, el robo, el saqueo, la rapiña, la imposición, el desconocimiento de los más elementales derechos, la imposición de intereses, el secuestro y manipulación de nuestro pueblo, etc., etc., lo que ha permitido implantar la cultura colonial que desde entonces ha sido la hegemónica y la otra la cultura de la liberación, de la identidad de pueblo, de la hermandad, de la solidaridad, de la unión, del humanismo, del apego a todo lo auténticamente nuestro, nuestros valores socio-culturales, usos, costumbres, hábitos, lenguaje, que por razones obvias ha sido la cultura abatida, escondida en las sombras del miedo, de la ridiculización y la burla, condenada al olvido, pero que tal como lo ha demostrado la Historia, ha vencido todos los vientos que han soplado y los tóxicos que han regado, apareciendo joven y remozada cada vez que nuestro proceso evolutivo ha ido generando las condiciones ambientales adecuadas, como la actual crisis estructural que azota con particular rigor a nuestra metrópoli.

Los colonialistas han tenido muy claro  desde los inicios de la expansión colonial europea a comienzos del siglo XV, que el ejercicio del poder tiene como base principal el mundo espiritual y no el físico.

Pues cuando la mayoría de la sociedad deja de justificar, defender o temer a un sistema social, cuando lo cuestiona y no le entiende como algo natural, es lógico entender que ese sistema tiene sus días contados.

Por el contrario, si la mayoría acepta un sistema social, sea porque lo justifica, lo defiende, le teme, lo acepta como una fatalidad, lo justifique como un mal menor, ese sistema está incrustado en el espíritu de la sociedad, lo que induce a asegurar su perpetuidad en el tiempo.

El razonamiento anterior indica con diáfana claridad que los mecanismos que determinan la hegemonía y por tanto el poder, tiene su principal base de sustentación en el mundo subjetivo del espíritu. Un ligero análisis nos indicará el por qué esto es así. El modelo cultural comienza a efectuar su labor en el moldeamiento espiritual del ser humano desde muy temprano, en la tierna infancia del futuro ciudadano, creando una estructura psíquica adaptada a este mecanismo, donde los juegos infantiles, los sentidos de culpa, los miedos, las recompensas, los castigos, las promesas, las exaltaciones, las comparaciones e incluso, las contradicciones, son algunas de esas numerosos actos que preparan la psiquis donde los mecanismos hegemónicos y de poder encuentran cómodo asiento.

Los patrones de conducta de lo seres humanos siempre -salvo excepciones- estarán adaptados a su pensamiento, tal como lo dijo el filósofo Descartes: la locución latina Cogito ergo sum, que en español se traduce como Pienso, luego soy (o pienso, por lo tanto, existo), el cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental encontrado en su famoso Discurso del método (1637). Pensar, razonar, analizar nos hace humanos, la humanidad se ha construido en el pensamiento, el cual evoluciona en estrecha relación por la realidad político-social y económico-cultural.

Conocido es como el pensamiento nace de la discusión, del examen del análisis del conjunto de temas, hechos y fenómenos, que forman parte del medio que nos circunda o pueden afectarnos. En consecuencia, discute, piensa, razona, analiza, todos aquellos que matan el tiempo discutiendo cualquier aspecto baladí, hasta el intelectual investigador o científico, que presenta un novedoso trabajo en un congreso.

En consecuencia, una sociedad forjará su pensamiento y de allí y sus patrones de conducta, de acuerdo a los temas que discuta, bien podemos afirmar que somos lo que discutimos.

Así tenemos que el colonialismo hace lo imposible para impedir que el colonizado piense, razone, reflexione, analice, desarrolle su capacidad crítica, analítica y creadora, para lo cual nos llena la cabeza de trivialidades, nos oculta nuestra historia, obstaculiza nuestro desarrollo, fortalece los mecanismos de la dependencia, incrementa los miedos, el aislamiento, combate y persigue las ideas “peligrosas” que cuestionan su dominación, entre otros mecanismos dirigidos a perpetuar su dominio. Si logra imponer sus criterios y las discusiones dominantes en nuestro pueblo obedecen a estos criterios, todos sabemos lo que ocurrirá.

La descolonización es un cambio radical de la manera de pensar de nuestro pueblo, sin ese cambio difícilmente obtendremos la libertad. El enfrentamiento con el colonialismo español, es en el fondo el enfrentamiento de dos formas de pensar, de dos formas de ver y enfocar nuestra realidad. De lo expuesto bien puede deducirse que para lograr el sublime objetivo de la libertad de la Patria Canaria, es necesario, indispensable y fundamental, la discusión, el contenido y la forma, los temas que se discuten y cómo se discuten. Es necesario e indispensable estar atento a la discusión que pueda establecer nuestro pueblo, esto es algo que no puede dejarse a la improvisación y al libre albedrío, pues fácilmente puede ser manipulado por el coloniaje. Aquí lo más avanzado de nuestro pueblo está obligado a orientar y trazar los parámetros dentro de los cuales debe desarrollarse la polémica y dotarla de una lógica adecuada a nuestra lucha.

Evitemos el gravísimo error de polemizar con un compatriota que por confusión y atrapado en las redes de la cultura colonial defienda al verdugo que nos oprime, sepamos comprenderle y coloquémosnos en un plano superior y más si la discusión se efectúa en presencia de un grupo de compatriotas, cuidado con tratarle como un enemigo, pues salvo que sea un agente del coloniaje, siempre será un potencial aliado si sabemos comprenderle, dicho trato a no dudarlo redundará en una buena acogida de los oyentes, nuestra lucha es fundamentalmente contra una cultura, esta visión no debemos de olvidarla, ni tampoco subvalorarla.

Otro aspecto a tomar muy en cuenta es que cuando polemicemos con el enemigo evitemos  caer en los dimes y diretes, dando la impresión de ser una pelea o enfrentamiento personal, cayendo en el menudeo de acusaciones personales o cosas sin trascendencia, hay que llevar al adversario al terreno de las cosas grandes y trascendentes, nuestro subdesarrollo, nuestra vergonzosa dependencia, el ocultamiento de nuestra historia, nuestra colonizada cultura, el racismo, la segregación y la exclusión, con que siempre hemos sido tratados, son algunos de los argumentos que convencen, no al enemigo, pero si a la parte de nuestro pueblo que puede estar atenta a la discusión.

No admite duda que para desarrollar esta necesaria y compleja labor, es imprescindible una organización con un mínimo de orden y disciplina, donde lo ideal es que responda a una dirección que dirija, controle y oriente, la compleja lucha que la obtención de tan sublime objetivo reclama. Este no puede ser otro que una organización conformada por los que estamos dispuestos a luchar por la independencia de la Patria Canaria, los que tenemos que formar un frente herméticamente unido ya que esa es la mejor forma de obtener el triunfo. Me atrevo a decir que es la única forma que garantiza la obtención de tan anhelado y sublime objetivo. Pues sin restar un ápice a la gran importancia que tienen los acuerdos internacionales y las posibles presiones que pueden ejercer organismos del prestigio y el peso de Naciones Unidas sobre la libertad de las colonias para el año 2010, la lucha activa de nuestro pueblo es factor mas que necesario, indispensable.

No debemos olvidar la capacidad de maniobra y los fuertes y variados tentáculos de que dispone la metrópoli para frustrar este legítimo derecho del pueblo canario, de allí la imperiosa necesidad de la movilización y participación de nuestro pueblo, sin cuyo concurso se está corriendo grave peligro.