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¿son los políticos y la cultura, o las
estructuras? Mencey Macro * Sin negar un cierto componente estocástico
en las relaciones humanas y en los sistemas sociales, yo más que en términos de
casualidades me inclino a pensar en términos de causalidades, es decir en
relaciones causa-efecto. El hombre tiene una capacidad asombrosa de
adaptación al entorno y normalmente se adapta mediante acciones racionales.
Cuando aparecen ciertos comportamientos que parecen completamente ilógicos e
irracionales o incluso contraproducentes, no es porque las personas que lo
hacen sean terriblemente estúpidas y nosotros más listos que nadie, lo
que suele ocurrir es que son motivados por reglas de juego distintas que
desconocemos y que alteran los comportamientos creando una lógica dentro de
la aparente “falta de lógica”, es decir un “sistema” o una “estructura"
que no es aparente ni visible a simple vista. Únicamente si somos capaces de asumir y
entender esto último, podremos llegar e identificar correctamente la raíz del
problema. Se suele razonar que con la clase política
actual y con los comportamientos socioculturales del pueblo canario una
independencia sería desastrosa. Esta afirmación presupone que el sistema, es
decir los incentivos y las reglas del juego, lo diseñan los canarios y no
España [1]. Pero más
importante aun, se basa en la presunción de que los individuos forman el
sistema pero niega la influencia que el sistema tiene en los comportamientos
de los individuos. Dentro de un sistema parlamentario pensar
así, en términos de individuos y no de incentivos, tiene una ventaja
considerable, cada cuatro años cambio las caras y depuro responsabilidades
individuales pero mantengo las mismas estructuras. Es decir, hago que las
personas cambien para que todo el sistema siga igual [2]. No seré yo quien defienda el comportamiento
de los políticos canarios, pero dichos comportamientos, por mucho que nos
repugnen, son el resultado lógico de las estructuras y los incentivos
implícitos en el sistema. Lo que hay que cambiar no son los
comportamientos individuales incidiendo sobre ellos directamente, sino
indirectamente cambiando las reglas del juego [3]. Esta afirmación última es evidente para
cualquier economista En el fondo, todos los humanos no somos más
que bípedos omnívoros con pantalones y neocortex
que respondemos a estímulos electroquímicos y que solemos reaccionar de forma
parecida ante situaciones parecidas. Por ello no es de extrañar que los
cuadros psicológicos y sociológicos de la población canaria actual se
correspondan exactamente con los cuadros psicológicos de poblaciones que
viven un sistema colonial [4]. De la misma forma el comportamiento de los políticos canarios y de
la oligarquía también se corresponden con los comportamientos típicos de los
sistemas coloniales [dualidad de la elite, corrupción, entreguismo, etc…]. Por tanto, no es que con la clase política
actual y con los comportamientos socioculturales del pueblo canario una
independencia sería desastrosa, es que lo que produce y condiciona esos
comportamientos en gran medida es la realidad colonial y el marco
institucional. Lo que sería desastroso sería una independencia sin el
marco institucional adecuado y precisamente en la capacidad de producir un
marco institucional adecuado, unas reglas del juego adecuadas, es donde
radica la clave de éxito del proceso. Por tanto, justificar la permanencia en
España debido a los comportamientos socioculturales del pueblo y de la clase
política canaria es como justificar la causa del problema en el mismo
problema que esta ocasionando. Es decir justificar la causa en el
síntoma. Un disparate, se mire como se mire. De igual forma se suele argumentar también
que la economía canaria es inviable y está desequilibrada y que por ello
necesitamos continuar dentro de España. Pero un simple análisis de las
balanzas y de las estructuras productivas pone en evidencia que lo que
realmente desequilibra a la economía canaria es su pertenencia a España. El argumento maquiavélico de usar los
desequilibrios causados por la penetración colonial para justificar la
presencia colonial tampoco es nuevo, ya lo hizo España en Cuba y el
Protectorado Marroquí, lo mismo que otras potencias coloniales en otros
lugares. Estos factores económicos y sociales
distorsionantes, al igual que los factores sociológicos y psicológicos
nombrados anteriormente, no son exclusivos de Canarias sino, una vez más,
comunes a todo sistema colonial. Blanco y en botella, leche. Echar la culpa a políticos individuales o a
la casta política con llamamientos a la ética tampoco resuelve nada, ya hemos
dicho que de poco sirve cambiar las caras si no se cambian las estructuras [5]. Por tanto, los argumentos a favor de la
permanencia a España por motivos económicos o socioculturales y de
desconfianza en la clase política puede parecer
lógico y coherentes a primera vista pero en realidad se queda en la
superficie y no profundizan en la raíz del problema [6].
[1] La realidad
es que a diferencia de lo que ocurre con otras comunidades como el País
Vasco, en el caso de Canarias y el REF, el parlamento español solo tiene la
obligación de “oír” las propuestas del parlamento canario al respecto que en
ningún caso son vinculantes. [2] Es decir
cambio las caras pero mantengo las mismas estructuras, lo que permite que el
sistema se perpetúe. [3] Esta es la
línea de pensamiento del Banco Mundial sobre corrupción y Gobernanza.
Ver series “Governance Matters”[*] de Kaufmann y otros [4] Ver Manuel
Alemán, Franz Fannon y otros [5] El mismo
razonamiento se aplica a la oligarquía belilla que
sufrimos [6] Tanto si
somos independentistas convencidos como si no, si realmente aspiramos a
mejorar la gobernanza y a recuperar el equilibrio
económico y social de nuestra tierra, el análisis crítico de los aspectos
institucional y estructural son reflexiones necesarias en el análisis y el
debate. |
* Fuente original: Mencey Capital
Management