Víctor Ramírez

 

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SOBRE “PREOCUPADOS” Y “RESIGNACIÓN CANARIA”

(De José Saramago y demás)

 

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NOTA  DECLARATORIA

 

Esta reflexión periodística salió en la revista Liberación desde el 9 de octubre del 2000 al 12 de febrero del 2001 en diez entregas. Las razones de mis publicaciones periodísticas en detrimento de mi actividad narrativa –cuando pude aprovechar, pues estuve y sigo estando vetado en los medios de comunicación habituales- pueden encontrarse en este artículo que a continuación expongo como preámbulo. Lo publiqué en el periódico La Tribuna el Domingo 14 de febrero de 1999 y gracias a la oportunidad que me había brindado su director Federico González Ramírez –contra la voluntad de los dueños del periódico, claro. Éstos, pocas semanas después de empezar mi colaboración, le habían ordenado que dejara de publicarme; pero Federico se negó y le seguí enviando semanalmente un artículo bajo el epigrafe EL PARAÍSO PODRIDO -que luego publiqué en libro. Por cierto: el seguramente primer trabajo que, como director sustituyendo a Federico, realizó Martín Marrero fue vetarme el artículo que ya había yo enviado para su publicación, el titulado Tarajano, la Academia, O'shanahan (fechado el 24-julio-2000).

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Guardar silencio "intelectual" no es despreciar sino apoyar al Poder vigente.

 

 

     En su libro El sentido de la realidad dijo Isaiah Berlin, refiriéndose a una tesis del alemán Fichte, que "los valores no se descubren sino se construyen". Esto me lleva a reafirmar que política, toda política -incluso la más íntimamente personal-, es la inexorable -sic- planificación del futuro con elementos del presente y enseñanzas del pasado.

 

     En mi prostituida Patria Canaria los elementos del presente están controlados por agentes españoles o canarios al servicio del poder metropolitano, y el pasado lo desconocemos en su casi totalidad o se nos mixtifica con absoluta vesania.

 

     Mas, cuando uno responde públicamente mediante su obra artística -en mi caso literaria-, está haciendo política porque participa, quiera o no, en esa ineludible planificación. Tampoco hay, por tanto, actividad de incidencia social (como radiar un partido de fútbol, por ejemplo) políticamente neutra.

 

     En nuestra Patria Canaria (al habérsenos dificultado violentamente -sic- la construcción de valores emancipadores, al impedírsenos tiránicamente -sic- la construcción de valores dignificantes, forzándosenos a aceptar colonialmente los opresivos valores españoles) lo habitual ha sido, y continúa siendo, la cultura de la evasión, de la elusión, o de la pura mascarada cortesana, cuando no la del ataque frontal –liquidador- al menor atisbo de un arte emancipador –principalmente en la actividad literaria.

 

     Casi nunca ha sido nuestra cultura la del enfrentamiento directo con la tiranía española, enfrentamiento sin perífrasis ni eufemismos. Y ello, al menos para mí, es injustificable, imperdonable. Por eso quiero volver a airear algo leído hace unos pocos meses.

 

     Lo aireo porque es una acusación sin ambages al esbirraje colonial que, ciega o lúcidamente, participa en la pudrición de nuestro pueblo. Ese esbirrismo hace posible que hoy, ciento setenta años después, continúen vigentes las denigradoras razones que aducía el esbirro capitán general Francisco Tomás Morales cuando, a petición del maldito "madrid", elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente infundados los recelos "madrileños" sobre la lealtad isleña.- informe que no me canso de repetir. Fue el 10 de diciembre de 1827 cuando Morales fechó lo siguiente:

 

"Desengáñese V.E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes.

>>Su situación topográfica, su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas de los innovadores?"...

 

     En toda esa miseria se continúa sustentado la "españolidad" actual de la mayoría de mis compatriotas. Quienes tenemos la obligación de construir los valores de la salutífera rebeldía somos los más responsables e incluso culpables... pues el silencio no es despreciar sino apoyar al Poder vigente, al denigrante poder colonial español.

 

 

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SOBRE  "PREOCUPADOS"   Y

"RESIGNACIÓN CANARIA"

 

(de José  Saramago  y  demás)

 

 

- I -

 

Entonces interrumpiría el apodado Pancho, con entonación ansiosa:

Me vino a la memoria como relámpago algo que leí por vez primera hace cinco años:  justo en la página doce de Notas y recuerdos, libro de Agustín Millares Torres (1826 -1898). También lo recordé porque el tal Francisco Tomás Morales, que vivió entre 1781 y 1847 (ejerciendo de Capitán General entre los años 27 y 36), fue contemporáneo durante veinte años del insigne prócer don Agustín -hombre que hoy, por decente y sabio, sólo podría ser independentista. Dice así:

"La casa del Coronel -en La Oliva de Fuerteventura- es una especie de fortaleza, con cañones y cuerpo de guardia, muebles antiguos, costumbres feudales y riqueza forrada de miseria.

>>El coronel es mirado con la misma veneración que a Dios. Cuando se le descubre en aquellas grandes llanuras que forman horizonte, la gente se descubre y permanece inmóvil hasta que desaparece por la parte opuesta. Hay quien asegura que, al acercarse, se arrodillan".

Tenía sólo veinte años Agustín Millares Torres cuando en 1846, rumbo a España para estudiar música, aprovechó la parada del barco en Puerto de Cabras e indagó cuanto pudo sobre aquellos pobres infelices mahoreros que tantas hambre y humillación habían pasado, pasaban y continuarán pasando. Ahora, cuando por mor del turismo podrían ellos resarcirse de tales penurias físicas y anímicas, resulta que apenas sí pueden decir con verdadera propiedad que Fuerteventura es su tierra -casi toda ella controlada y expoliada por fuereños con la complicidad de los colaboracionistas de siempre y aprovechándose de la indefensión e ignorancia del nativo resignado.

 

¿Saben en qué pensaba, señores, mientras oía al amigo Pancho? -preguntó con gesto entristecido Amaranto Froilán de Todos los Santos. Pensaba en cuán pobres de alma seguimos siendo -a esta pobreza hay quien la llama ‘resignación canaria’ ("mejor que canaria, ¿por qué no llamarla perraria? –interrumpió fugaz Miranda).

Supe que Ricardo García Luis presentó un libro del entrañable, y ya fallecido, Hermógenes Afonso Hupalupa en el Ateneo de La Laguna y que asistió bastante gente. Es muy típico de nosotros escudarnos tras unos heroicos compatriotas muertos, compatriotas que cuando vivían apenas sí eran mínimamente arropados y estimulados en su lucha libertaria: lucha que hubieron ellos de realizar soportando agobiantes soledades y, sobre todo, soportando muchas ponzoñosas desventuras afectivas causadas por las personas más allegadas y queridas (“además del aseteo constante de injurias y calumnias de los supuestamente correligionarios suyos” –apostilló Pancho).

Seguro estoy de que, si Hermógenes Hupalupa estuviera vivo y presentara ahora su libro (admitiendo que lo hubiese podido publicar tras ímprobas fatigas económicas y morales), apenas sí aparecerían por allí los cuatro indiscutibles de siempre -además del entrañable presentador Ricardo García Luis.

Pero, como ya su palabra viva no molesta ni levanta ampollas (muy especialmente entre los paisanos que, jugando a independentistas, envidiaban y criticaban ponzoñosos su vehemente arrojo patriótico), sino que puede ser manipulada de una u otra forma, entonces vamos y -consecuentes con nuestra psicología de colonizado envilecido-, lo enarbolamos y lo enaltecemos para poder continuar escondiéndonos y rumiando nuestras frustraciones mientras hacemos el vacío e inclusive vituperamos al compatriota vivo que planta cara -casi siempre en solitario- al poderío colonial español.

Así es la vida, señores. De hombres como Hermógenes Hupalupa, Secundino Delgado y unos pocos demás, sólo nos debería interesar seguirles el ejemplo y mostrarles la mayor gratitud mientras estamos vivos: ejemplo y gratitud que principalmente nos animen a seguir la única digna de las luchas aquí, la lucha por la emancipación de la Patria colonizada: y teniendo presente que la Patria no tiene padres, sino hijos -buenos o malos, ingratos o agradecidos, trabajadores o gansos, fieles o traidores, heroicos o cobardes... pero hijos.

Ese ejemplo y esa gratitud, consecuentemente, me impedirán tomar parte en la necrofilia cómodamente idolátrica hacia una buena persona que -si viviera- continuaría siendo crucificada desde todas partes, especialmente por quienes –juguetones- ahora la consideran y proclaman suya, poco menos que de su exclusiva propiedad.

Por eso no debe extrañarnos que, de entre esos admiradores y propulsores actuales del machacado Hermógenes y del no menos lacerado Secundino Delgado, haya quienes despotriquen calumniosos contra -por ejemplo- el periódico Liberación y contra algunos de sus participantes y de otros que dan continua y abiertamente la cara en pro de la soberanía de nuestra sorroballada Patria.

Resulta más llevadero y ostentoso a esos tan  patrióticos compatriotas despotricadores ocultarse tras los muertos, sí. ¡Qué tris-teza! Perdonen el desahogo y la interrupción. Continúe usted, joven.

 

(Pero Pancho se mantuvo silencioso, con la boca abierta, mirando como hipnotizado hacia el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos).

Entonces aprovechará el viejo Armiche para casi susurrar:

Tus palabras, amigo, suenan duras y uno quisiera que no correspondiesen a la realidad, que estuvieran exageradas. Mas temo que no yerras del todo en tus apreciaciones... En fin...

El amigo Pancho mentó a los mahoreros y eso tan contundente de "la riqueza forrada de miseria" y "al control expoliador de fuereños". Quisiera, por ello, recordarles las palabras del tan alabanceado escritor portugués José Saramago, palabras que la prensa colonial publicó hace unos pocos días. Supongo que ustedes las habrán leído.

(Se equivocó de plano el anciano: ninguno de los contertulios las hubo leído. Y, mientras hablaba, extraería del bolsillo superior izquierdo de su sahariana una página de periódico dobladísima y bastante subrayada. Tras haberla desdoblado y extendido sobre la mesa, leyó:)

"José Saramago advierte del deterioro de Canarias con el excesivo monocultivo del turismo. El escritor critica la pasividad de los lanzaroteños ante el deterioro de la Isla". Ése es el titular. La prensa se refería a lo que expuso el escritor portugués en conferencia celebrada en el Club Náutico y organizada por la asociación cultural Achicatande.

 

Esa Achicatande supongo que será una más de las asociaciones que, pese a su nombre tan aborigen y siguiendo el programa colonial habitual de ellas tan 'canarias', procuran evitar que se oiga la palabra del rebelde, del independentista -intervino El Cobra, enronquecida su voz por otro mal de amores.

Seguro que será una asociación que debe seguir demostrando que ningún canario vale la pena. ¿Cómo habrán tratado y seguirían tratando asociaciones así a personas como el canario lanzaroteño Leandro Perdomo, intelectual y hombre muchísimo más valioso para Lanzarote y Canarias que cuarenta mil Saramagos juntos?

¡Menuda desgracia es ésta, que todo cuanto de cultura por aquí brota acaba siendo purita cizaña anticanaria y por muy de canaria que presuma! Siga usted, señor Armiche.

 

Pero quien habló sería el joven apodado Pancho, para exclamar: ¡menudo papanatismo rastrero se ha montado aquí entre los culturos con el tal Jaramago, bastante más ruin escribiendo que -además del eximio Leandro Perdomo- nuestros aún vivos Isaac de Vega y Rafa Arozarena! ¡Si hasta una persona tan culta y tan condescendiente como el doctor Rafael Inglott lo califica de bodrio que parece escribir un poquillo mejor últimamente, imagínense cómo será de paquete por mucho celofán mediático con que se le envuelva y propagandee!

Yo mismo soy uno de los que han intentado leerlo -por curiosidad y por no ser injusto en mis apreciaciones- y me atrabanco enseguida de lo tan empalagoso y farfullero que escribe el individuo. Y no me digan que sobre gustos no hay nada escrito; pues, si de algo se ha escrito demasiado, es precisamente sobre gustos, sobre cómo éstos también son producto de interesados adoctrinamientos ideológicos.

El que es bueno es bueno y el que es malo es malo por mucho que procuren engatusarnos con mentiras mediáticas y de las otras. Así lo siento y así lo digo. Discúlpeme el desahogo, señor Armiche. Adelante con su lectura.

 

Pienso que te has pasado en tus apreciaciones, amigo Pancho, que rayas en la injusticia. Yo he leído al señor José Saramago -no mucho, cierto, pero sí lo suficiente. Y me parece aprovechable: no tanto como bastantes otros, cierto, incluidos los mentados por ti.

Pero puede ser que te sientas dolido porque consideras que admite él, por puro peseterismo o desidia, o por la edad o el exceso de ocupaciones distraidoras, ser utilizado papanata y torticeramente por esos auténticos esbirros culturales que tienen copados todos los espacios docentes, periodísticos, radiofónicos y televisivos: gentes que actúan como inclementes represores colonialistas para ningunear hasta la extinción a nuestros escritores, de los que algunos no resultan peores que el señor Saramago -cierto-, pero no tan mejores como afirmas tú, Pancho, al menos según mi valoración, claro. Bien... Sigamos leyendo lo que tengo aquí subrayado. Creo que merece la pena.

"Defendió Saramago a su vez una conciencia ciudadana colectiva y afirmó que estamos asistiendo a la segunda muerte de César Manrique. La primera fue el cuerpo, la segunda es la muerte del espíritu. Ante un público que debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón, Saramago confesó que <<yo encontré aquí una idea en la que yo creía que los lanzaroteños habían recibido y habían integrado. César Manrique tenía una idea de presente y una idea de futuro, ¿qué está pasando ahora?>>".

    

Perdone un minuto, señor Armiche -atajó Miranda con cierta brusquedad, inusitada en él: hombre más bien de talante socarrón. Leyendo cosas de éstas, se pregunta uno si individuos tan ensalzados como el señor Saramago en verdad son toletes de liar o listos que se hacen los bobos para seguir mamando del bote, y no importa la edad que se tenga si está bien del coco.

Vamos a ver: ¿por qué no se ha preocupado él, que lleva aquí sus cuantos años, en leer a algunos de nuestros escritores más significativos? Opino que, si los hubiese leído, debería saber que a un pueblo al que se le fuerza a vivir sin memoria -y por ende sin personalidad ni capacidad para aprender, para ilustrarse, para conscienciarse- no se le puede exigir entendimiento para comprender y captar su realidad, ni mucho menos exigirle voluntad capacitada para integrar algo bueno en su alma individual y -mucho menos- en su alma colectiva.

Debería saberlo el insigne escritor. Es su obligación intelectual si se pone a manifestarse en público y, por consiguiente, su obligación ética y, por consiguiente, su obligación política. Nadie es neutral en sus manifestaciones publicadas. Y mucho menos lo es un escritor tan reconocido como él.

 

9-octubre-2000

 

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- II -

 

El Cobra aprovecharía que callara abruptamente Miranda: para participar en el coloquio. Y dirá con voz nítida pese a su ronquera de amores: hace un rato volvió a mentar el amigo Pancho lo de cuánto se ocultan muchos compatriotas presuntos independentistas detrás de los poquitos muertos heroicos nuestros.

Se ocultan -pienso- para acaso engatusar a su mala conciencia, engatusarla en vez de apoyar a los luchadores vivos en la contienda emancipatoria de nuestra Patria, luchando ellos asimismo o no estorbando -al menos- con sus celos y envidias y demás frustraciones narcisistas.

Pero atendiendo a lo que ha leído usted, señor Armiche, caigo en la cuenta de que el mentado señor Saramago (hombre 'preocupado por nosotros', del que Alcorac nos libre y guarde) también recurre hipócrita y torticeramente al muerto, y por ende silencioso, César Manrique.

Recurre, fingiendo dramatismo inclusive, con esa machangada de que el artista lanzaroteño murió dos veces: la primera de cuerpo y la segunda de espíritu. ¡Pues sí que manda cataplines la tal patujada, señores míos! ¡Lo que hay que hacer comunistamente para promocionar capitalistamente tus libros y para que se te invite a espectaculares conferencias o a ser entrevistado izquierdosamente colonizador!

Que yo sepa, el mismito César andaba por ahí presumiendo propagandístico de su obra artística y ecológica en Lanzarote –obra y propagandeo que yo no tengo por qué valorar negativamente, pero que sus buenitos dinerones y suculentitas prebendonas le proporcionaron. Exaltaba él por ahí, sobremanera y eufórico de orgullo por su labor, los encantos de su isla.

Los exaltaba César publicitariamente como el totorota ingenuo que exalta la hermosura y pureza de su jovencita hermana, niña simplona y pobre e indefensa, ante proxenetas mafiosos sin escrúpulos. Éstos, desde que pueden, se apropian de ella y la prostituyen al máximo e inmisericordemente -como así ha ocurrido y ocurre con nuestra indefensa Patria, y como seguirá ocurriendo hasta su consunción si no nos emancipamos cuanto antes del maldito poderío español.

César Manrique mercadeó con su obra como cualesquiera de los otros artistas: sin reparos éticos (aunque él se creyera, con razón discutible, un ángel de la guarda ecológico, ángel que no le hacía fos al dinero ni a la vanidad publicista, ni al compincheo político) y sin conciencia patriótica. Se enriqueció él dinerariamente, ostentó su riqueza e incluso doblaría la cerviz -pletórico de cortesanía- ante el merito Borbón y Borbón, directo heredero del dictador Franco y actual Jefe del Estado que tan policialmente nos mantiene aherrojados e ignorantes.

Si mal no recuerdo, el político lanzaroteño que al principio lo apoyaría en ese negocio tan lindo que montó (y que en Patria independiente acaso hubiera valido la pena; pero que en Patria totalmente sometida se limita a aumentar inexorable el aherrojamiento y, a la larga, el irreversible deterioro) acabaría suicidado. ¿Por qué se suicidó ese tal político si también era bastante rico y dícese que muy respetado? Según oí, no estaba enfermo irreversible o cosa parecida.

Y volviendo a eso que usted nos ha leído, señor Armiche, me sigo preguntando si no le da vergüenza al colonialmente y colonizadoramente alabanceado Saramago pronunciar tales tonterías tan dañinas; si no le da cierto repelús -tras muchas veces declararse comunista- prestarse a juegos tan capitalistamente coloniales.

¿Es que a su lado no tiene a alguien que le asesore un poquito con decencia y cierta sabiduría? ¿Es que quienes le rodean únicamente son simples garrapatas cortejadoras o es él tan soberbio que todo se lo sabe y no admite consejos, simples insinuaciones, alguna opinión que sea verdaderamente progresista, que sea verdaderamente humanitaria, opinión que en nuestra Patria sólo puede ser antiimperialista, sólo puede ser  independentista?

¡Alcorac bendito que estás en los cielos!: ¿es que nunca vendrá un intelectual extranjero, de los reconocidos publicitadamente, a echar una mano a este chusmerío en que el maldito poder colonial español tanto empeño ha puesto en convertirnos?

¿Es que todos los intelectuales que por acá recalan sólo pueden acabar siendo, con su complicidad, invasores colonialistas, y por mucho que presuman de progresía y de cosmopolitismos, que presuman de universalistas y de internacionalistas, cuando en realidad se comportan ellos como el más puro reaccionario y nacionalista español -y por muy portugués anticatólico e internacionalista que se declare ostentoso?

Y digo esto último, señores, porque Saramago -según leí- estuvo también entre los que firmaron el ultraespañolísimo -y por ende borbónico borbónico- manifiesto politico Basta ya: esa muy bien manipulada y nada pacifista presión callejera en favor de la Constitución y del Estatuto de Autonomía (Constitución y Estatuto muy reaccionarios y ultranacionalistas españoles, auténtica continuación del más duro franquismo antirrepublicano, del más puro espíritu impuesto por el llamado Movimiento convertido hoy en Monarquía Absoluta) y con la única finalidad de anular o aniquilar al republicano independentismo vasco. Siga con su lectura, señor Armiche, aunque me hierva la sangre tener que oír tales agravios sin poder defenderme.

 

Mas quien habló sería el joven Pancho:

¡Espere un momento!, que al pronto recuerdo ahora algo que leyera usted, señor Armiche -eso de que el público debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón. Aquí bastante hemos ya mencionado que el paisanaje canario tan autoproclamado progresista necesita lavarse la mala conciencia del que no se rebela abiertamente contra el poder metropolitano. Necesita lavársela escuchando, extasiado, las prédicas y los sermones de fuereños famosos e 'izquierdistas' de salón al servicio mercenario del poderío español.

Ese paisanaje jamás se atreverá a escuchar o leer palabras que de verdad sean dignificantes por aquí, palabras que estimulen verdaderamente la rebeldía libertaria, jamás. El señor Jaramago no iba a ser una excepción en esto de servir mercenariamente al poder colonizador -aunque sea profesionalmente a través de una editorial.

Pero si, por una casualidad, se le hubiera ocurrido preocuparse por nosotros mínimamente (estudiando -por ejemplo- nuestra historia y leyendo algo de nuestros escritores menos dóciles y más lúcidos, además de pasear por los lugares donde subexisten nuestros compatriotas guanches actuales) y luego hubiera pretendido dar pública y honestamente sus pareceres, sabría entonces que no hay lugar desde donde pudiera pretender darlos.

Y si lograra dar sus sinceros pareceres, sería por poco tiempo. Inclusive se le acabaría el chollo de mono de feria intelectual que tantos dividendos, por lo visto, le proporciona.

Por eso pienso que debe el señor Jaramago enterarse (para que supiere que no exagero) de que aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, acaba de ser echado del periódico La Tribuna -periódico donde gratuitamente colaboraba- tras el cambio de director (pues el anterior, Federico González Ramírez, se enfrentó a los dueños y lo mantuvo de colaborador hasta su marcha) luego de también haber sido echado del Diario de Las Palmas, y de que está vetado en los demás periódicos. Simplemente: no puede publicar en los periódicos comerciales de su Patria, ni siquiera gratuitamente.

 

¡Carajo con el amigo Pancho! -intervino nuevamente el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. Oyéndolo tan exaltado, recordé lo que seguía en ese subrayado suyo, señor Armiche. Me refiero a lo de que el señor Saramago confesó que había encontrado <<una idea en la que él creía que los lanzaroteños habían recibido y habían integrado>> -¿se acuerdan ustedes?

(Asentimos con la cabeza, aunque con el gesto algo dubitativo, imperceptible, de que no lo recordábamos muy bien).

Luego, teatralmente, añadiría el señor nobeleado que César tenía <<una idea de presente y una idea de futuro, ¿qué está pasando ahora?>>.

Insistiendo en lo que acaba de proponer el joven Pancho, el portugués debe saber que los lanzaroteños -como consecuentes canarios que son- sólo tienen, salvo excepciones muy sufridas por lúcidas, la obsesiva idea de sobrevivir como sea -aunque fuere animalitamente, aunque fuere sin mínima autoconsciencia, aunque fuere colaborando en la plena degradación de su Patria.

Debe también saber él que -obligados por el poderío nacionalista católico español a no tener memoria colectiva, es decir, <<alma colectiva>>- desconocen su pasado. Al desconocer su pasado, están incapacitados para comprender el presente y además carecen de fructífera energía para luchar por prepararse el futuro.

Incluso aconsejaría al señor Saramago –sabiendo que no me hará caso, claro, si me escuchara- que leyera algo del ya fallecido Leandro Perdomo Spínola (del que, de paso, podría aprender bastantes bondades en todos los aspectos, principalmente en la construcción de las frases). Síga con su lectura, señor Armiche.

 

El anciano, tras ajustarse los espejuelos y toser algo forzadamente, leerá con su voz más pausada:

"¿Qué es lo que Lanzarote, Canarias, tiene que proponer a los habitantes para vivir <<dignamente>>? ¿quiere hacer una especie de <<república bananera>>, algo así como una estancia del turismo?". Y detendrá la lectura, como invitando a que alguien de los contertulios opinara.

Hablaría quien menos yo esperaba, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos, diciendo pausadamente:

Opino que ya se dijo casi todo lo por decir sobre ese individuo Saramago, que se pone en plan Padrediós Bendito Bajado del Cielo aprovechándose trajinero de nuestra tremenda ignorantación y de nuestro irredento proverbial papanatismo tan rastrero. Sí: el nota tiene que ser un tolete o un cínico para decir eso sin haberse dado cuenta de que ni Lanzarote en particular ni Canarias en general pueden proponer nada a nadie.

Eso es como pretender que un aguililla con las alas cortadas y enjaulada se ponga libremente a volar. Y si él no se ha percatado de que somos igual que esa aguililla sin alas y enjaulada, repito que es tolete o malvado hipócrita.

Además: ni siquiera, aunque lo pretendiéremos, podríamos hacer una república bananera, pues ya el poderío español se encarga de hacer un caciquerío bananero -peor todavía, un burdel bananero- a través de sus tantos esbirros coloniales -y tras habernos cortado las alas y enjaulado.

Insisto: si en verdad quiere ayudarnos el señor Saramago, entonces le recomiendo que ayude a los canarios a reavivar el alma colectiva de su Patria, encarándose al inmisericordemente dañino poderío español. Si él así no lo hace, habremos de señalar sin tapujos que es un invasor más, invasor de lujo: sí y por muy afamado que sea y muy de izquierdas que comercialmente se pregone ante las baboserías de turno –baboserías a que son muy aficionados casi todos nuestros hombres de la cultura y de la política ante los fuereños con publicitado relumbrón... ¡Qué asco, Madrita mía del Pino Guanche!

 

20-octubre-2000

 

* * *

 

- III -

 

El anciano Armiche, tras carraspear mientras se ajustaba nuevamente los espejuelos, continuará la lectura de lo que tenía subrayado en desdoblada página de periódico. Oigan: el señor Saramago denunció la llegada de las empresas multinacionales a las Islas y en especial a Lanzarote, antes de opinar -seguramente que fingiéndose muy compungido- que "me parece una grave imprudencia de Lanzarote su dependencia absolutamente <<aterradora y exclusiva>> del turismo".

(Detuvo el viejo Armiche la lectura, levantando la mirada por sobre las gafas sin aro: incitando al comentario participativo).

 

Quien volvió a hablar sería el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos: ¡un momento, por favor! ¿Podría leer de nuevo eso, señor Armiche, si no le importa? (Lo repite el anciano: esta vez agravando fingidamente la entonación y mucho más despacio).  Tras lo que dirá Amaranto... Etcétera:

Ya me tiene hasta los mismísimos cataplines todo ese genterío famoso tan preocupado de boquilla por la situación de la parte geofísica de Canarias que disfruta, pero jamás por la situación de los canarios -acaso puritita chusma para ese genterío famoso. A lo más que parece éste poder llegar es a señalar algunos síntomas (síntomas que cualquiera -y sin hacer falta ser afamado erudito- puede percibir a poco que abra los ojos del entendimiento sensible). Jamás se atreve a señalar y citar claramente el nombre de la cruel enfermedad (inclemente colonialismo  depredador) y mucho menos se atreve a señalar y citar al agente patógeno (España, insaciable e inclemente potencia colonial).

Señala y cita esos pocos síntomas -el genterío famoso tan preocupado- incluso con carantoñas de sufrimiento anímico, ¡pero sin dejar de embostarse placentero y echarse alguna copita al caletre! ¡Ni por asomo esos malditos afamados que nos llegan citan las causas de nuestra situación, y mucho menos se atreven los hipócritas mimosos del demontre a exponer concretamente y sin vaguedades cuál sería la solución según ellos -que tan sabios presumen ser!

Sí, señores: me sigue costando creer que en verdad al señor Saramago le preocupe mínimamente nuestro bienestar, el del guancherío -claro- y no el de los meros residentes. Pues aquí -a poco que te descuides- todo quisque acaba siendo más canario que el carajo: aunque haya llegado ayer y con el maldito mendaz cuento de que es canario el que "trabaja" en Canarias.

(Interrumpió el joven apodado Pancho, sin saber ahora ironizar: ¿entonces los nativos, descendientes de precoloniales, que carecemos de trabajo o que lo tenemos en precarísimo no somos canarios al no poder trabajar? ¿Entonces qué somos? ¿Acaso somos ladillas guanches con peor suerte que las demás ladillas guanches que sí tienen trabajo más o menos asegurado?).

 

El llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos no supo responder a la sonrisa tristísima de Pancho. Continuaría él con la voz más entibiada de tristeza:

Pienso, por el contrario, que el señor José Saramago se comporta –ojalá que acaso inconscientemente- cínico y propagandístico de su obra con poses de personaje progresista que de vez en cuando tira voladores de reclamo para que se sepa que está ahí luchando por la Humanidad y tiene libros en venta. Me ha acabado dando él la impresión de que su estrategia propagandística es la de hacerse pasar por rebelde con eso de pregonarse comunista, (¿no lo vieron en fotografía doblando comunistamente la cerviz ante el comunistísimo rey sueco cuando la parafernalia del Nobel?)  es la de alardear ir contracorriente con eso de ser utópico ecologista tan respetuoso y solidario con todos los más pobres del mundo.

(De nuevo le interrumpirá el joven Pancho, que sigue en el tan perrario desempleo: <<respetuoso con todos menos, por lo percibido, con los pobrísimos de aquí, que somos bastantes, quizá muchísimos más de los que podrá él suponer: quizá alrededor del ochenta o noventa por ciento de los tantos verdaderos canarios, de los tantos guanches actuales>>).

Muy cierto, amigo: pues él actúa en nuestra colonizada Patria igual que cualquier invasor del montón. Actúa peor inclusive: actúa como cualquier invasor de los parasitarios privilegiados. Actúa él, además, totalmente impune de cinismo hipócrita, aprovechándose de nuestra absoluta indefensión, de nuestra papanizante ignorancia. Trabaja él -según tengo entendido- para los mandamases del poderosísimo grupo multinacional ultraborbónico y ultracapitalista español Prisa -¡ahí es nada!

Afirmo lo de poderosísimo porque, según ya se ha dicho aquí, en el escalofriante libro El precio de la libertad,  de Jesús Cacho, con el Rey y con el presidente del Gobierno metropolitano -antes González y ahora Aznar- forma el dueño de Prisa, Jesús Polanco, la verdadera cúpula del Sistema que impera sobre España y colonias, el sistema llamado Borbonismo por el amigo Ramírez (y me señaló con un gesto de barbilla alzada) y que yo mejor llamaría Borbonato (plutocracia coronada)

 

No podía el joven Pancho permanecer en silencio e intervendrá nuevamente, sin pedir siquiera la venia: tienes razón, Amaranto Froilanillo de Póngase Usted Todos los Santos Que Guste. Si en verdad fuera rebelde y no mimoso, si en verdad estuviera el señor Jaramago honradamente preocupado por nosotros, por el pueblerío guanche, por los perrarios,  debería ya saber que nuestra Patria está prostituida al máximo porque simple y crudamente está colonizada: colonizada sin apenas contestación, colonizada con casi absoluta sumisión e indefensión en la mayoría de quienes sabrían contestar, rebelarse.

Me refiero, con esto último, a los intelectuales -incluyendo a artistas de cualquier jaez y a quienes posean estudios llamados superiores- y a otros canarios con inquietudes políticas que sientan de veras la necesidad imperiosa de arrancar de raíz eso que tanto parece preocupar al señor Jaramago y que es -ya usted lo acaba de recordar, don Amaranto  Froilán de Tantos Santos- duro y puro colonialismo expoliador.

Pienso que debería el portugués más canario que todos nosotros juntos (si haces caso al rastrero  papanatismo de quienes vocean mercenariamente en los medios de comunicación perrarios) saber que el objetivo natural y contundente de toda colonización es esquilmar codiciosamente al país conquistado. Con esas depredadoras multinacionales que tanto "preocupan" al eximio escritor -¡pobrecito el pobre!-, la metrópoli (el Sistema y sus cortesanos, además de algunos que otros esbirros afortunados y de unas poquitas ladillas guanches de aquí) gana muchísimo dinero.

Lo único que interesa al cruel proxeneta de su prostituta es el máximo rendimiento económico. Y, si pudiera, inclusive la vendería para comida de cerdos cuando ya no le sirviera en el negocio sexual. Pensar y osar decir que podría ser de otra manera nuestra situación continuando sometidos a España, señores, manifiesta supina ignorancia o repugnante cinismo.

Los lanzaroteños en particular y los canarios en general (guanches actuales en tremendísima mayoría poblacional aún; sí, guanches como lo fueron nuestros antepasados amasikes de hace cinco siglos y pésele lo que le pese al señor Jaramago -que también se suma ufano de altivez genocida a quienes, invadiéndonos, hasta el pasado biológico quieren arrebatarnos) nos encontramos totalmente incapacitados para impedir (admitiendo inclusive que tuviéramos consciencia de nuestra denigrante situación y quisiéramos rebelarnos, situación de la que son eficaces colaboradores las gentes fuereñas como él -que también vienen  a trajinarse placentero a nuestra prostituida Patria, pagando por la pertinente "prestación" a la proxeneta España) que aquí puedan instalarse las multinacionales o mafias que sean.

Tampoco, aunque lo pretendiéremos, podemos verdaderamente hacer algo para planificarnos social y económicamente. Y no podemos porque llana y cruelmente el poderío metropolitano lo ha impedido, lo impide y lo impedirá. Eso que el señor Jaramago califica de grave imprudencia -sin aclarar quién es el imprudente o quiénes son los imprudentes- no significa más que colonialismo puro y bastante duro. Y éste -que, al menos, yo sepa- no se sustenta más que en la aceptación más sumisa y con resignación perraria de todo cuanto nos suceda: para eso cuenta el poder metropolitano con nuestro profundo miedo de irredentos indefensos y con nuestra esterilizadora ignorantación de aculturados (no tiene uno más que hablar con cualquier universitario para constatar la miserienta gravedad de cuanto les digo).

Que todo aquí sea dependencia del turismo (dependencia absolutamente aterradora y exclusiva, según los calderonianos epítetos lanzados por el Jaramago a la galería de papanatas) es absoluta responsabilidad culposa y exclusiva del aterrador poder metropolitano español y de sus colaboradores esbirros canarios.

Asimismo debemos sumar en la responsabilidad culposa -¡claro!- a los afamados fuereños que por acá recalan tan sabihondos ellos con toditito lo que nos concierne, tan comprensivos ellos con la indiscutible españolidad del Archipiélago, tan encantados ellos con la amabilidad tan perruna del isleño, tan angelicalmente escandalizados ellos con las mínimas y estrafalarias protestas de rebeldía que anónima, clandestinamente, unos poquititos osados y diabólicos canarios repletos de rabia y de insensatez acaban ejerciendo donde puedan y como sea.

 

El joven Pancho calló para tomar una poca de agüita de pasote fría. Lo que aprovecharía El Cobra -algo menos ronco que de costumbre-: oyendo aquí al amigo, pienso que deberé decir que no todos los fuereños han sido así de mezquinos como el portugués señor Saramago. A nuestra Patria han arribado y arriban hombres -muy pocos, cierto- que pusieron y ponen sus talentos y virtudes al servicio de nuestro pueblo. Los pusieron y ponen sin alharacas, jugándose incluso la libertad y la vida. 

De entre esos pocos compatriotas, un amigo del señor Ramírez, el ya mentado tinerfeño don Ricardo García Luis, con su impagable labor histórica, periodística y de conferenciante ha dejado constancia fidedigna de ello. Así, a brote pronto, me vienen a la memoria el señor José Rial Vázquez, el entrañable anarquista Pepe El Catalán, el autopseudonominado Calícrates Temísdemos (heterónimo de -según Pablo Quintana- Melitón Gutiérrez Castro, también anarquista), por mentar a ya fallecidos.

Y ya que menté al amigo de Ramírez, a don Ricardo García Luis, también pienso que, si esas gentes como el señor don José Saramago quieren de veras ayudarnos, entre otras empresas ayudadoras deberían leer alguno de los libros de don Ricardo –muchísimo más fructíferos, por supuesto, que los del nobeleado señor portugués. Seguro estoy de que aprenderían mucho de ellos, aprenderían lo inimaginable.

Repito: deben leerlos si de veras quieren esas gentes tan preocupadas <<de boquilla>> ayudarnos -cosa que dudo: no hay más que verles la geta de vividores soberbios y despreciadores de lo verdaderamente vivo canario, de lo aún no caquéxico canario.

 

15-noviembre-2000

 

 

* * *

 

- IV -

 

El viejo Armiche continuaría leyendo lo subrayado en la página de periódico:

José Saramago lamentó durante su conferencia la <<pérdida del espíritu lanzaroteño>> que le atrajo hace siete años a la isla. Bajo la precisión de que <<las únicas credenciales que posee es el amor y el respeto por Lanzarote>>, además de la idea de que la vida puede mejorar, y censuró el <<equivocado concepto de calidad de vida elegido>> (más coches, más carreteras, más discotecas y centros comerciales) y criticó la <<indiferencia>> de los ciudadanos ante el <<deterioro general de la Isla>>.

Dejó de leer el anciano: quitándose lentamente los espejuelos. Luego nos miraría parpadeante, cual profesor que inquiere respuesta o comentario a cualquiera del alumnado.

 

Hablará el apellidado Miranda, quien últimamente ha preferido guardar silencio al igual que yo, como si ya nada de cuanto nos acontece le importara: sumido en la implacable resignación canaria –o perraria (que de este modo llamamos a la aceptación desesperanzadora de todo cuanto nos agreda -y por nuestra indefensión tan acobardante). Y diría con voz más bien de hombre contrito, acaso verdaderamente desganado, casi tartamudeando:

¿A qué espíritu se referirá el premiado nobelescamente? ¿Se referirá, el pobrecillo, al de la sumisión absoluta "tan amable" del canariaje, sin el menor síntoma de rebeldía, ante lo fuereño?

¿Acaso se referirá "el más insigne que el carajo escritor" al espíritu de la total aceptación rastrera de una legalmente imparable invasión, invasión propiciada colonialmente y que principalmente repercute en beneficio económico del poder metropolitano y demás depredadores ultracapitalistas y en perjuicio del pleberío que somos?

¿Se referirá, quizás, a la endofobia tan consustancial de nuestras tan enajenadas almas individual y social?

Siento curiosidad por que alguna vez exponga con nitidez y sin humaceras literaturescas a qué espíritu se referirá, cuando habla de nuestro espíritu, el señor Saramago -o Jaramago, como lo apellida coñón Pancho.

Me pregunto también por qué no se interroga y por qué no se responde él, en público, a quiénes verdaderamente benefician todos esos lucrativos males por los que pasa Lanzarote y que tanto y tan teatralmente parecen dolerle.

Y quisiera yo saber dónde guarda, tan egoísta y falaz, esas únicas credenciales que dice él poseer, las del amor y el respeto -¿amor y respeto a qué y a quiénes?

Pues ¿qué amará él que no sea, según vislumbro de sus intervenciones propagandísticas para vender sus libros, la tranquilidad paradisíaca de un entorno sólo físico y no dignamente humano: tranquilidad paradisíaca que, dentro de poco, le será absolutamente imposible debido al inexorable exceso demográfico -y por lo que no sentiré nada de pena?

Así al pronto y sin más pretenciones, deduzco que el anciano señorito José Saramago amará del lanzaroteño, de cualquier canario, acaso el aspecto y el comportamiento de perrario dócil y siempre dispuesto a obedecer y agradar al caprichudo amo de turno, de perrario agradecido por la limosna (limosna dada por quienes nos han esquilmado impunemente, limosna que es una parte mínima y venenosa de cuanto se nos esquilmó, de cuanto se nos continúa esquilmando).

Digo yo si será eso lo que el famoso portugués ama de nosotros. Digo si será a ese espíritu al que Saramago reclama no sé qué. (Y calló Miranda con un preocupante suspiro de resignación canaria, o perraria, suspiro de persona que parece desear mejor la muerte y dejar de ver tanta miseria moral entre tus irredentos compatriotas).

 

Lo que aprovecharía El Cobra para participar, ronco nuevanente por el mal de amores que con tanta frecuencia le aqueja, e inquirir alzando la voz ferrugienta y sin poder simular la tirria que le ha acabado cogiendo al dizque comunista borbónico escritor portugués:

Bien, bien... ¿y cómo demontres puede mejorar la vida un pueblo colonizado sin la mínima posibilidad de planificar su futuro individual y colectivo, pueblo condenado a aceptar sin rechiste, completamente resignado por la indefensión, el imperativo incontestable de un poder foráneo inmisericorde, soberbio e insaciable de codicia?

¿Y por qué no insinúa el tan "sabio y solidario" señor Saramago cómo podríamos mejorar la vida, qué será lo que debamos hacer estos alienados hasta el tuétano que somos los canarios?

¿Aún no se ha enterado el tan preocupado portugués de que todo eso de los "más y más coches", "más y más carreteras", "más y más discotecas" y "más y más centros comerciales" forman muy enriquecedora e ineludible parte de la prostitución de mi Patria en suculento beneficio de la insaciable proxeneta España -o Borbonia-, proxeneta que tanto parece él admirar?

¿Tampoco se ha enterado de que no se trata de <<indiferencia>>, ya que ésta requiere un alma con capacidad de responder despectiva con mínima altanería, necesaria ésta –la altanería- para ser indiferente?

¿No ha captado todavía que simple y duramente se trata de pura impotencia, de puritita caquexia: producto de cinco malditos siglos de cruel colonización que él, cual invasor, parece empeñado en no aceptar, en ni siquiera poner en duda aunque fuere un poquito alguna vez?

Perdónenme las interrogantes, señores. Es que ese hombre, cual si fuere uno más de los codiciosos políticos engatusadores de papanatas e ignorantes, se aclara poco o nada: limitándose, quejica, a farfullar lo evidente, lo superficial, farfullarlo -eso sí- artero, malicioso, tirando ladino contra nosotros, los independentistas.

¡Qué fácil le resulta al Individuo, desde una tan cómoda posición, nada comunista, de fuereño residiendo cual ricachón turista mimado, exigirles a los nativos lanzaroteños que reaccionen no sé cómo ni ante qué y quiénes!

Lo exige él en plan moralista ofendido por la maldad del prójimo, pero sin arriesgarse someramente a aportar alguna luz sobre las causas de la degenerativa situación y sobre sus posibles soluciones.

Y cuando a algunos pocos canarios les da por mínimamente reaccionar en público, reaccionar  más bien acojonados y casi suplicantes, para que se haga una Ley de Residencia (Pañocaliente Ley que no solamente no nos curará el mal, sino que nos empozoñará aun más la situación), va el Nota y se pone furiosillo a pregonar que estos acojonados e infelices contestatarios son xenófobos, racistas y demás insultos tan gratos a los progres de mullido sofá o barra de bar con vaso de whisky en la mano y mirada lasciva a la hembra -o al macho- que aparece o pasa frente a ellos.

Y si por un rarísimo casual van un par de desesperados compatriotas y pintan su impotente rabia en el Golfo lanzaroteño, lugar considerado de interés natural (considerado así no sé para  quiénes, pues para mí -mientras sigamos colonizados- no lo es), también va el Nota y los llama estrafalarios y poco menos que reos merecedores de cárcel o destierro de su Patria.

Habla él, erupta él, sin preguntarse nunca a qué puede deberse esa actitud tan colérica y esos comportamientos tan autodestructivos. Acaso no lo pregunta porque cree el Nota sabérselo comunistamente todo y no tiene qué ni por qué preguntar (y mucho menos preguntar por qué ha llegado este pueblo de más de un millón de individuos descendientes de canarios precoloniales -¡sic, coño!- a andar con el alma bajo mínimos, con casi sin alma).

 

Ya que el amigo Santiago (que así se llama El Cobra) mentó la xenobia y el racismo, -vocablos tan progremente colonizadores aquí- permítaseme leerles esto que casualmente leí anoche -diría el joven Pancho, procurando una entonación de persona educadita y tolerante con todo el mundo y por mucho que te jodan.

Está en la página 166 del libro En la burbuja, de aquí el amigo Ramírez; y pertenece al artículo Recordando a Pancho Villa por lo de Cuba ahora, artículo vetado en su momento por la dirección del Diario de Las Palmas. (Mientras leía, se fue olvidando el joven Pancho de entonar educadito). Escuchen:

 

"Relata John Reed que, al entrar en Chihuahua, Pancho Villa hizo llamar al cónsul inglés, a cuyo cargo estaban los intereses de la colectividad española local, y le ordenó: <<Transmita usted a todos los gachupines (españoles) mi orden de que junten en el acto todos sus bártulos ¡y se vayan! Cualquier gachupín que descubramos en el Estado después de pasados cinco días será puesto junto al paredón más próximo y fusilado>>.

(Interrumpirá súbito el apellidado Miranda para refunfuñar con rabia nítida: "¡y pensar que hay quienes llaman xenofobia a la necesidad de una población de, para poder practicar la dignidad de autogobernarse, procurar echar de su País a los dañinos extranjeros dueños violentos de su tierra y de sus voluntades!)

Repito que estas palabras se encuentran en la página 166 del libro En la burbuja, libro que no tiene desperdicio y que abriría los ojos a quienes se atrevieran a leerlo y reconocerse en su lectura.

Siga usted, don Armiche, con lo dicho por el ínclito Jaramago, tan valientemente antixenófobo aquí (y muy xenófobo antiyanky en Cuba, por ejemplo) -y por más que no pueda él simular que desearía que a su alrededor viviera poca gente, es decir, que se vaya a joder para otra parte el chusmerío que le estorbe.

¡Pero ese deseo tampoco sería xenofobia viniendo de él,  por supuesto, sino preocupación ecologista por el entorno natural tan exótico y único en el mundo! ¡Pues sí que manda cataplines el Nota!

 

No pudo el viejo Armiche atajar la sonrisa abierta y dirá, sonriendo todavía:

Parece, muchachos, que ya saben ustedes lo que viene a continuación en lo subrayado; pues se me adelantaron a contestar al tan "preocupado" escritor portugués. Oigan (y, tras ajustarse los anteojos y carraspear un poquito para aclarar la voz, continuó con la lectura, despacito): el señor Saramago...

..."Habló <<con coraje y cortesía>> de la <<resignación>> de la población ante <<la desfiguración de la naturaleza, del espacio y, sobre todo, de esa idea de la Isla que caracterizaba a los lanzaroteños>>.

Y añadió: “A mí me causa un gran dolor pensar que todo esto pasa ante <<la apatía de la población>>"

 

¡Qué lindo suena eso de con coraje y cortesía, ¿verdad?! -masculló, sin saber ironizar, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. ¡Qué hombre tan bueno y tan sabio, tan valiente y abnegado es don Jaramago!

¡Tenemos que evitar por todos los medios que se nos vaya de Lanzarote hombre tan valioso! ¡Tenemos que evitarlo limpiando de chusma y gentes de mal vivir los alrededores de su vivienda!

¡Debemos procurar que sólo vengan los turistas en número que él considere adecuado y servirle agradecidos -con gentil resignación perraria- en lo que se le ofrezca, pues cuanto hagamos por San Jaramago Bendito será poco!

 

30-octubre-2000

 

* * *

 

- V -

 

Al viejo Armiche no suelen cuadrarle las ironías. Y mucho menos le cuadran si se trata de asuntos tan importantes como el denigrante exceso poblacional invasor en nuestra Patria, un exceso poblacional invasor utilizado colonialmente -con estrategia depredadora insaciable y aherrojadora inclemente- por la metrópoli.

No, más bien le disgustan las ironías, cualesquier clases de ironía, al viejo Armiche. Por eso su sonrisa de forzada condescendencia -tras las palabras sarcásticas del llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos sobre el monárquicamente premionobelado José Saramago- le saldrá tristona, pareciendo regañisa.

Y continuaría leyendo el anciano las líneas que tenía subrayadas en página de periódico, palabras atribuidas según éste al mentado escritor:

"No se trata de vivir como nuestros abuelos. No estamos respetando el planeta, lo destruimos; y Lanzarote no es una excepción. Pero yo soy un ingenuo, ingenuidad que me vino de César Manrique".

Dejó de leer el viejo Armiche para guardar silencio y ceder a los contertulios la opinión, el comentario. Mas, extrañamente, ninguno hablaría. Y añadirá el anciano, con el tono cansado, como si estuviera conteniendo un suspiro:

Observen cómo recurre el escritor portugués, con eso de 'no estamos respetando el planeta, lo destruimos; y Lanzarote no es una excepción', a la tan recurrida estrategia colonial de difuminar o anular nuestros específicos problemas en la socorrida problemática universal, sí: difuminarlos o anularlos como si esos problemas tan específicamente nuestros no tuvieran sus causas y sus culpables muy concretos y definidos.

Es ésta, amigos, una maleva estrategia de tosca distracción, estrategia sutil para ignorantados papanatas como nosotros.

Observen cómo -por otra parte- recurre el señor José Saramago a la utilización hipócritamente autoinculpante de la primera persona del plural para que los canarios (puesto que a nosotros dirigía él su sermón, haciéndose pasar, solidariamente, por un paisano más) acabemos acatando y admitiendo una culpa que no nos pertenece.

Y no nos pertenece esa culpa (al menos por activa) porque nada hemos podido ni podemos planificar en nuestra colonizada Patria, pues sencilla y crudamente todo se nos impone sin tenerse mínima cuenta de nuestra voluntad ni, mucho menos, de nuestro beneficio.

 

El joven Pancho (acaso por sentir lástima de la amargura que emanaban las palabras de un viejo Armiche cansado) aprovechó el silencio de éste -para remojarse la boca- y diría:

También yo, maestro, he llegado a pensar que lo importante (para las gentes que aquí falazmente llamamos de izquierda se resisten a admitir, por puro y natural temor o por rastreras conveniencias económicas, la situación sociopolítica -colonial absoluta- de Canarias) sigue radicando en eludir pérfidamente nuestros tan localizados e intransferibles problemas.

Los eluden esas gentes con la manida engañifa de que el problema es mundial, de que la política y la economía están globalizadas, de que en todas partes cuecen habas -sic, y no judías-, de que en otros sitios se está muchísimo peor (para eso está la televisión asustando didácticamente con imágenes del permanente desastre en que viven nuestros semejantes del Tercer Mundo), de que el progreso es imparable y la cuestión no es vivir como nuestros abuelos -y otras mistificaciones de ésas.

Pero jamás apuntan esas gentes, señores míos, alguna solución global en la que de veras se nos tenga en cuenta también a todos los canarios.

Por lo visto y oído, todas esas gentes llamadas de izquierda, sean nativas guanches o invasoras fuereñas como el señor Jaramago, nunca jamás han recurrido ni recurrirán -aquí, en el Paraíso Podrido- a lo ejemplar universal haciendo referencias, por verbigracia, a que la isla de Malta (más pequeña que nuestra Gomera) o Andorra (más chiquitita que bastantes de nuestros municipios) o la Groenlandia (con bastante menos habitantes que el mismo Telde) y otros países por el estilo son soberanos, no tienen que seguir pautas de ningún poder colonial, y que pueden ellos elegir sus concretas políticas, sus aliados, su pertenencia o no pertenencia a tales o cuales organizaciones internacionales. (¡Y son soberanos, a pesar de sus menores población y/o extensión territorial, y con muchísimas menos razones étnicas e históricas que nosotros!)

No, señores: aquí esas gentes tan teatreramente de izquierdas como el señor portugués Jaramago nunca recurrirán a estos casos de dignificación para ejemplificar, nunca. Pues, si recurrieran, se les cerrarían todas las puertas para propagandear sus obras; y en ninguno de los medios de comunicación colonial encontrarían ellos la mínima oportunidad para venderse como elementos importantes.

Sencillamente pasarían esas gentes a ser purititos clientes del ninguneo. Sencillamente no existirían -e incluso se les dificultaría o negaría que residieran entre nosotros.

Por ello, esas gentes importantes de izquierdas tan borbonistas aquí (apoyando la democráticamente despótica Constitución española en actos públicos contra los separatistas vascos, catalanes, gallegos, andaluces y los independentistas guanches -pues nosotros no podemos ser separatistas al estar ya separados: porque estar sometidos colonialmente no significa estar unidos y sí significa estar sometidos, estar debajo, paralíticoa, incapacitadoa para el autogobierno, para la linda responsabilidad de hacerte tú mismo la política, la planificación del futuro) jamás irían a Cuba a predicar que, por ejemplo, la mayoría de los cubanos vivirían mucho mejor si se somete su humilde Patria a los ricos y tan 'liberales' Estados Unidos de América: ¡qué va!

Allí su prédica será todo lo contrario: será la de instar a los cubanos a que resistan, a que continúen pugnando dignamente por su soberanía, pugnando por la libertad de su Patria. Allí esas gentes como el señor portugués Jaramago exaltarán la figura ya inane, tan manipulable, del fallecidísimo José Martí: quien, si ahora viviera entre nosotros, como canario, no sólo sería ignorado por esas gentes tan de izquierdas, sino que no moverían éstas ni un dedo para ayudarlo si le metiera mano asesina el maldito poder español.

Es triste admitirlo, señores míos: esas gentes tienen siempre a mano el discurso adecuado para contentar -o no incordiar- a quienes mandan en donde lo pregonen. Y con toda razón esas gentes se llaman y se comportan "coherentes", fieles a un ideal: coherentes con su camaleonismo tan demagógico y tan rentable económicamente, y fieles a la estrategia publicitaria que les ayude a vender sus productos en cualquier mercado -pues papanatas huidores de su realidad los hay en todas partes.

(Y calló el joven Pancho para refrescar el gaznate con un sorbito de yerbaluisa mentolada traída de su casa. Lo que aprovechó El Cobra para intervenir).

 

En efecto, amigo: acabas (sin querer y con cierta pena) cogiéndoles auténtica aversión -aversión indeseable por dañina para tu salud psíquica. Y más aversión les coges cuando lees u oyes que vuelven a insistir en falsías -muy flagrantes para quienes conocen el asunto- como la falacia de que César Manrique fue un ingenuo (entendiendo esto de 'ingenuo' como creo que lo quiere dar a entender el inclitillo Jaramago: como cándidamente crédulo de las bondades ajenas, como iluso o inocente esperanzado en el futuro).

Ya aquí se ha dicho bastantes veces que César Manrique fue un artista notable, cierto. Pero era (sin valoraciones peyorativas) un artista muy calculador, con un nada desdeñable -ni pecaminoso- sentido comercial del arte que realizaba.

Le sacó Manrique más que mucho dinero a su trabajo, amparado él (como cualquier artista bueno o malo que consiga enriquecerse en la colonia) por algún podercillo público que permitiera y propiciara su quehacer creador tan lucrativo.

Y también se ha dicho aquí bastantes veces que cuanto realizó -por muy lindo y ecológico que en verdad sea o se quiera hacer creer- sólo puede ser benefactor para quienes prostituyen a Lanzarote, que no somos el pueblerío canario mientras sigamos colonizados, mientras continuemos sometidos a las voluntades políticas y codicias dinerarias fuereñas.

Dejémonos de machangadas, señores. Y lo afirmo sin ánimo de desdoro para el canario lanzaroteño César Manrique: Si de algo estoy seguro, es de que el admirado artista no era ingenuamente cándido, no era un ser inocentemente crédulo.

Aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, sabe de los razonadamente nada ingenuos emputes del señor Manrique contra el canallerío político: en especial cuando no se le hacía caso o se le negaba el trabajo o el proyecto -y las posibilidades de adquirir una buena tajada económica- que presentaba.

Y también sabe el amigo Ramírez, principalmente, de lo nadita ilusamente cándido que con claridad y desesperación percibía y denostaba César nuestra mezquindad de pueblerío insensibilizado que parece refocilarse con su miseria y trémulo de miedo al inclemente poderío esbirril canario-español.

Podía César Manrique ser entusiasta -por temperamento biológico- e incluso confiar mucho y obstinadamente en el valor dignificador del arte -sí, señores. Pero no era cándido, sino todo lo contrario.

Sabía él calcular muy bien y defender sus intereses pecuniarios. Sabía él aprovecharse astuto del más o menos influyente poder que ese entusiasmo vital y ese su indiscutible arte le habían proporcionado.

Así es que, señor Jaramago -como aquí le dice el cuate don Pancho- a otro perro con ese hueso de las bondades altruistas de alguien que ya no vive para defenderse -o aprovecharse mezquino, que todo podía esperarse de César Manrique en estos asuntos tan terrenales- de mendaces y espúreamente utilizados piropos.

 

Tras estas resonantes palabras del Cobra, pareció el viejo Armiche reavivar su ánimo. Y diría, como para justificar el disgusto que le produjo la ironía anterior del llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos:

He repetido que, cuando se tuviere que hacer alguna limpieza animal humana en nuestra Patria por el evidente exceso poblacional, para el poderío metropolitano español y sus compinches imperialistas sobraremos primeramente canarios. Ténganlo muy claro, muchachos, y no se llevarán a engaño: pues nunca sobrarán los fuereños que aquí hayan preferido quedarse; aquí sobraremos nosotros.

Por eso no debemos bromear con este asunto del exceso demográfico y sí mantener e incrementar la vivificante rabia libertaria. Han oído bien, amigos: rabia libertaria.

Debemos mantenerla tenazmente e incrementarla sin concesiones, mantenerla con firmeza e incrementarla sin desmayo frente a los que nos invaden colonizadoramente (como el mismito señor José Saramago si son verdades cuanto los medios de comunicación exponen que ha afirmado él).

Sí: debemos mantenerla e incrementarla con altiva obstinación, mantenerla e incrementarla sin hipócritas tolerancias y sin pseudoprogresismos dialogantes. Eso... o la consunción como pueblo aún diferenciado.

Nadie que me conozca afirmará sin mentir que soy un necrófilo movido por el resentimiento o por la frustración. He tenido la fortuna de haber sabido y podido aprovechar biófilamente la existencia -a Alcorac gracias.

Por eso nadie podrá decir, sin faltar a la verdad, que disfruto o me quedo impasible ante las tristezas y maldades ajenas que acontezcan en cualquiera de las partes del planeta y de la historia, ¡inclusive de hace siglos! (Había cierta ternura en la rasposa entonación del viejo Armiche, una ternura agridulce).

Esa misma biofilia me hace rabiar ante las maldades impunes y para colmo incluso bendecidas.  Es muy cierto: el amor se acaba inexorablemente convirtiendo en profundo e incontrolable odio a quien maltrata al ser amado, y más inclusive si éste es indefenso y está encanallado por el maltrato.

Si no amaras al ser maltratado, no odiarías al que lo maltrata. Yo quisiera no odiar. Y no quisiera porque el odio provoca sufrimientos y yo no quiero sufrir, no.

 

28-diciembre-2000

 

* * *

 

 

- VI -

 

Sí, amigos: el amor se acabará –inexorablemente- convirtiendo en odio hacia quien abusa del ser amado, indefenso ante el maltrato y envilecido. Ves, por ejemplo, a tu hermana prostituida por un chulo prepotente e insaciable de codicia.

Ese chulo no sólo abusa de tu hermana con maltrato muy evidente, explotándola comercial hasta la extenuación. No, sino que también (y debido al pánico que le tiene la infeliz y a la obnubilación moral e intelectual producida por situación tan denigrante) ha logrado que piense -¡la pobrecilla!- y sienta que todo se lo debe al maldito chulo explotador y que sin él se encontraría peor, ¡que sin él no podría ella, la infeliz, vivir!

Pugnarás tú, entonces y si no has perdido el decoro ni la mínima capacidad de compadecerte, por arrancarla de esa existencia ignominiosa. Lo harás -lleno de amargura, por supuesto- intentando hacerle comprender que la vida que lleva es nefasta, sin posibilidades de futuro digno.

Inclusive le dices que está inexorablemente abocada -la pobrecilla- a una pudrición física y moral absoluta si no se quita de arriba al maldito chulo, si no se emancipa de él para poder emprender decidida un camino saludable en libertad y responsabilidad.

Pero, por desgracia, esa tan querida hermana prostituida, temerosa y obnubilada, seguramente ni te hará caso. Seguramente te dará largas con más o menos afectuosas excusas, debido -quizás- a que en el fondo aún te respete un poco o te ame vagamente fraternal.

El chulo explotador -cuando perciba que tu insistencia puede dar resultado- será capaz, por supuesto, de denunciarte 'legalmente' -¡sí!- o de amenazarte, molestarte o de inclusive castigarte a través de algún sicario.

Sí: quieras o no quieras, te guste o te disguste, concluirás deseando obsesivo terminar con el chulo. Concluirás deseando obsesivo que desaparezca él, que desaparezca por completo.

Concluirás deseando que sean otros los que le aniquilen si tú -por frágil o por impotente- no puedes hacerlo desaparecer de la vida de tu hermana. Concluirás odiándolo a muerte.

Eso es, amigos míos, cuanto acaban sintiendo los patriotas hacia el poderío que tiene colonizada inclementemente a su Patria indefensa y amedrentada: odio, deseo de que se desmigaje en mil pedazos, con la esperanza de que -destruido ese poderío- pueda tu pobre prostituida Patria recuperar su ultrajada decencia, su libertad arrebatada, la capaz posibilidad de un futuro digno en responsabilidad solidaria. En fin... (¿Han leído ustedes el poema CANTONALISMO, del ninguneado magnífico poeta aruquense DOMINGO RIVERO?).

Volvamos a las periodísticas manifestaciones del tan publicitariamente preocupado por nosotros escritor José Saramago, afincado tan regiamente borbonista en Lanzarote. Escuchen (y volvió el viejo Armiche a leer con voz pausada, tras afirmarse los espejuelos):

"Demandó esa conciencia colectiva que está siendo suplantada por la insensibilidad y apostó por la reflexión sobre lo que se desea para la Isla. <<¿Funcionamos con la conciencia que cada uno lleva dentro? No me parece que está ocurriendo>>".

Insistamos en el tratamiento de gurú o, poco menos, taumaturgo que el prenserío y el oficialismo cultural papanatas canarios -salvo esas excepciones silenciosas que siempre hay y habrá, y que solemos desconocer-  acostumbran dispensar al galardonado portugués cuando hace demandar o exigir (cual si fuera ‘mamá de los pollitos’, según dicen los mexicanos del 'tipo farolillo presuntuoso') que el lanzaroteño ponga en práctica algo –la conciencia colectiva- de lo que, por imperativo colonial, carece (con las salvedades honestas y, por ende, independentistas: salvedades que, por el contrario, parecen disgustar sobremodo al señor Saramago, quien no se ha dignado a plantearse -ni mucho menos ponerse a admitir- que todavía existen guanches alzados, cada vez en mayor número -por fortuna).

Recalquemos, además, la tremenda dificultad, casi imposibilidad, de que el lanzaroteño o el canario -con la excepción de los rebeldes, de los insumisos alzados- ponga a funcionar ese algo que se le ha negado poseer: conciencia colectiva de pueblo dueño de su destino social.

Pues lo que Saramago llama 'conciencia que uno lleva dentro' se reduce -en nosotros- a puritita espectativa temerosa y desanimada frente a las órdenes y disposiciones de los inclementes poderes que en ese momento tocan, sean poderes económicos o policiales, poderes ejercidos por fuereños o por compatriotas al servicio esbirril de la metrópoli.

 

11-enero-2001

 

 

* * *

 

- VII -

 

Esa insensibilidad -ya se ha dicho aquí otras veces y debemos ahondar en ello- es producto del miedo y de la desmoralización: miedo y desmoralización tan propios de un pueblo como el nuestro, colonizado hasta la ignominia por ser un pueblo completamente indefenso, pueblo al que se le ha impedido y se le continúa impidiendo tener alma, tener personalidad propia, borrándosele la memoria con el objetivo de que se desconozca y se incapacite para tener entendimiento y ejercer su libre voluntad.

Pienso -con honda tristeza- que al señor José Saramago, por lógicos prioritarios intereses profesionales o dinerarios, le costará admitir que existe un exclusivo y patente responsable de que el canario en general y el lanzaroteño en particular se muestren insensiblen,  un único máximo responsable de que se comporte irreflexivo, de que continúe desconscienciado.

Ese único responsable, pleno de culpa e inmisericorde, es el poderío colonial español en todas sus facetas. A tal poderío –consciente o inconscientemente, le guste o le disguste o le dé lo mismo oír- sirve por dinero y vanidad (eso es lo que, tras leerlas, moral e intelectualmente deduzco de sus manifestaciones) el escritor portugués.

Pienso ¡con honda tristeza! que al señor José Saramago le costará admitir que casualmente los únicos canarios sensibles, reflexivos, conscienciados, somos los independentistas, somos los antiimperialistas -aquí antiespañolistas, al ser España ('nación mala', según la calificó hace poco más de un siglo esa buena persona que fue el dominicano Máximo Gómez) el poderío colonizador.

Le costará, y acaso le repugnará al –admirado justamente por bastante gente- escritor portugués admitirlo. Le costará porque parece ser que, según él, somos los independentistas poco menos que unos extravagantes, por no decir extraterrestres.

Sí: da él la impresión, en sus manifestaciones publicadas, de que los actuales guanches alzados somos gentes que vivimos fuera del momento histórico, de que somos insolidarios, unos nacionalistas excluyentes.

Para ello emplea inclusive el escritor portugués Saramago desprecios tan 'progres', esos manidos desprecios a los que suelen recurrir quienes 'izquierdosamente luchan' para que no haya fronteras -'en otros sitios', claro. Pero sin atreverse mínimamente a luchar para que aquí desaparezca la peor de todas las fronteras: la alta muralla carcelaria colonial.

Por eso no es casualidad, refrendando cuanto les digo, que el diputado del nacionalfilípico Partido borbonista Español mal llamado Socialista y Obrero -tan contundente y profesionamente dependentista en nuestra Patria-, Emilio Fresco, agradeció las muestras de solidaridad del portugués cuando éste "tildó de estrafalario al nacionalismo radical que se ha activado recientemente en Canarias, a través de <<agresiones>> a sedes de partidos políticos en Santa Cruz de Tenerife, entre ellas la <<socialista>>, y de <<pintadas xenófobas>> en el paisaje natural de El Golfo, en Lanzarote".

Si no me engaño, muchachos, no ha quedado mínimamente claro –periodísticamente, al menos- el asunto de las agresiones, tan condenadas éstas por quienes se niegan tozudos -y por dinero- a condenar las sí tremendísimas agresiones que día a día, acaso segundo a segundo, sufre nuestra Patria geográfica y humanamente.

Si no me engaño, las aludidas pintadas –estemos de acuerdo o en desacuerdo con ellas- no son xenófobas sino anticolonialistas, son odiadoras de la opresión abusiva y del expolio incesante. Y -que yo sepa- el paisaje de El Golfo no ejerce de natural ni de lanzaroteño sino de artificio turístico depredador colonial -y por ende anticanario.

Pero lo acaso más lindo del señor Saramago, creyéndose 'mamá de los pollitos', estuvo en lo que aquí tengo subrayado. Pongan oreja, muchachos:

"Numerosas fueron las preguntas planteadas por el escritor a los lanzaroteños. Estoy aquí no sé por cuánto tiempo. Me temo que un día tenga que preguntarme si merece la pena seguir viviendo en Lanzarote".

¿Pero en verdad estas palabras han sido pronunciadas por el tan solidario y progresista comunista escritor nobeleado portugués? (Y guatdó súbito silencio el viejo Armiche: para tomar del porrón una poca de agua dulce mentolada).

 

Entonces aprovecharía el joven Pancho, procurando hablar con la misma suavecita entonación melosa que el anciano:

¿Acaso en verdad no busque él (tan dizque de izquierda marxista, tan dizque preocupado por el chusmerío que -oprimido y explotado- sufre a lo largo y ancho del planeta) y sólo quiera él de isla Lanzarote que le sirva ésta de burbuja paradisíaca en la que disfrutar de la necesaria tranquilidad para el trabajo literario y de su clima para los ratitos de ocio?

¿A eso, en verdad, se reduce para Jaramago la entrañable Lanzarote: una burbuja paradisíaca en la que disfrutar de pleno al mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño continúa indefenso y desconscienciado, no pudiendo mínimamente encararse e influir sobre el devenir del territorio sobre el que desde siglos vive (pues, amigos, uno también es sus ascendientes y es sus descendientes)?

¿A eso se reduce, al mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño continúe no pudiendo nada más que permanecer silencioso de impotencia al servicio de voluntades e intereses fuereños siempre depredadores -un servicio mucho o poco remunerado, y remunerado siempre con dinero  pudridor?

¿A eso se reduce la entrañable Lanzarote para don Jaramago, al mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño asiste tan resignado de impotencia a una invasión irremediablemente letal? ¿A eso se reduce?

 

22-enero-2001

 

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- VIII -

 

Nos sorprendió mucho que Pancho mantuviera la dulce entonación durante el largo de su perorata tan bronca. Miranda inclusive le aplaudiría brevemente antes de decir, intentando imitar las modulaciones orales del joven Pancho:

¿por qué el ínclito don José Jajajaramago, en lugar de amenazar con que se larga de Lanzarote, no se pone, por una vez aunque sea, a reflexionar sobre la verdadera situación de ella en particular y de Canarias en general, a reflexionar principalmente sobre la situación de sus habitantes nativos, de los guanches de hoy con una lengua y unas manifestaciones culturales distintas a las de hace cinco siglos, pero guanches en mayoría?

¿Por qué, tras la sincera reflexión, no se pone a luchar por lo único que en verdad puede salvar a eso que tan teatral dice él amar, Lanzarote, luchar para que seamos los canarios -sin dar la espalda al mundo, sin autoenclaustrarnos insolidarios- los que gobernemos Canarias?

¿Saben lo que les digo, señores? Que ojalá se largue si va a seguir él ejerciendo de vulgar invasor: pues extranjero que no pugne por la emancipación justiciera de nuestra Patria es inexorablemente un invasor; lo es por simple lógica política e histórica.

Que ojalá se vaya a Portugal y se ponga a luchar para que ésta vuelva al redil de la madre Patria tan amada por él, a Borbonia. Siga con su lectura, señor Armiche.

 

No hace falta que sean ustedes tan descorteses, muchachos. El asunto no se arregla con descortesías ni exabruptos. Terminemos con las preocupaciones del señor José Saramago, quien ojalá se quede entre nosotros; pero que se quede al menos con neutralidad, al menos no ejerciendo de español borbonista en forma tan descarada. Terminaré de leerles esto.

 

(Pero quien intervino habría de ser el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos:)

Leí en prensa que ese eximio escritor portugués tan capitalista imperialista en la práctica, "se planta y no se irá de Lanzarote". E insisto en lo de "tan borbonista" porque él –ya se dijo aquí, y hay que repetirlo- ha apoyado intransigente y con la tapadera del altisonante y espúreo ¡BASTA YA! la Constitución y el Estatuto de Autonomía borbonistas -Constitución no jurada por el Borbón, pero al entero servicio policial y lucrativo de éste- frente a quienes, por simples deberes ético e histórico, propugnan -tímidamente, por cierto- algún mínimo cambio o mejora. (Lean el poema CANTONALISMO, ¡es chiquitito!)

Y se planta él y no se irá de Lanzarote porque ésta ¡lo nombró "hijo adoptivo"! y, agradecido, ¡no puede abandonar a una madre!

 

Un momentito, por favor -interrumpió de nuevo el últimamente demasiado enconado joven Pancho: ¿Cómo, en verdad, puede una isla nombrar esto o lo otro a alguien, si una isla no puede hablar?

¿Por qué no se dice simple y llanamente que el grupúsculo de personas que conforman el poder –esa capacidad represora para disponer e imponer su voluntad al pueblerío- de ayuntamiento o cabildo o gobierno "autonómico" (grupúsculo que aquí, por imperativo colonial, difícilmente podrá realizar algo verdaderamente beneficioso para esta sociedad desmigajada o etérea o burbújica que el colonialismo ha hecho de nosotros) premia o galardona a éste o a aquél según sus conveniencias mercantiles publicitarias, éste o aquél -asimismo por imperativo colonial- siempre enemigo de nuestra emancipación? Sí: enemigo; pues, si no lo fuera, jamás se le premiaría o galardonaría.

¿Tanto cuesta citar las cosas y los hechos por su nombre más sencillo? ¿Aquí, para ser premiado o galardonado o reconocido <<dejado en paz>>, solamente se puede vivir servilmente de rodillas o arrastrado y además jediendo permanentemente a mentiras? 

¿Aquí no hay opción, por minúscula que sea, para vivir con dignidad abiertamente y no en poco menos que la clandestinidad cotidiana? Continúe usted, amigo Amaranto Froilán de Todos los Santos Que Vos Queráis.

 

27-enero-2001

 

 

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- IX -

 

Dice, más valientemente que el carajo, Saramago (ahora publicitando a troche y moche su última novela comunistamente polanquista) que se quedará en Lanzarote. Se queda pese a los ataques xenófobos -¡sic!

Así -de modo tan vilmente doblado- esas gentes tan letradas y tan letradoras utilizan el palabrerío. Así lo usan acá por la colonia: con tanta democrática intolerancia frente a quienes pugnan por lo más hermosamente humano en una colonia -la soberanía de su Patria, la descolonización de su País para poder comenzar a ejercer como pueblo en verdad responsable ante su destino.

Repitamos: ¿Por qué no va él a, por ejemplo, Malta o Andorra -tan chiquititas y poquito pobladas ellas- y en público preconiza muy premionobelescamente la dependencia y sumisión de los malteses o andorranos a un Estado mucho mayor? ¿Por qué no va y lo preconiza?

Señores: Xenofobia es visceral miedo (miedo convertido natural o artificialmente en aversión pura y dura) a lo Extranjero como Extraño, como posible peligro -por desconocido, por imprevisible o por dañinas experiencias anteriores- para tu subsistencia alimentaria, reproductiva o cobijadora.

¿Quién -sanamente, pues lo insano es la Endofobia- no tiene miedo a quedarse sin alimento, a no poder disponer de su hembra o macho, a quedarse sin un cachito de protectora tierra?

Apoyado en mis experiencias vitales y lectoras, pienso que lo más que hemos sido los canarios es Miedosos, casi Paralizados de Pánico, ante lo Fuereño, principalmente lo fuereño español.

Razones históricas para ese Pánico ha habido y hay a montones. De él ha surgido y continúa tan viva la autodefensiva negación de lo verdaderamente Nuestro, esa insistente autodefensa de airearnos más españoles que los mismos españoles (llenando de banderas rojigualdas todas las fiestas populares, por ejemplo, o no atreviéndonos a siquiera cambiar el nomenclátor callejero repleto de nombres viles muy dañinos para nuestra dignidad) y más católicos que nadie (¿oyó, cristianito?): nos iba, nos va, la pura subsistencia animal en ello.

Ese tremendo Miedo en nuestra gente culta, principalmente en la universitariada que gana dinero cómodamente (pues el objetivo de toda universidad colonial es el de pudrir por la cabeza al paisanaje colonizado), toma la forma de Papanatismo Despectivo hacia Todo lo Propio que Pueda Ayudar a Conscienciar -incluyendo entre ese paisanaje leído y universitariado a bastantes de los pregonados independentistas viejos o jóvenes.

Cuando ese Miedo tan Colonial se vuelve, entre algunos colonizados ya conscientes e impacientados por emancipar a su Patria, en Lacerante Aversión, entonces los afamados voceros de turno -invasores o colaboracionistas- aparecen, escandalizadillos, para que no se desmande el chusmerío con esos tales malos ejemplos.

Van y aparecen ellos (casi siempre varones, pues las hembras, principalmente las izquierdozuelas tienen otra misión más sutil y muchísimo más eficaz en el aherroja-miento colonial) con el preciso palabrerío denostador tan culto y cautivador.

Van y surgen amparados -como ya se ha dicho bastante aquí, en la tertulia A la Sombra de Alcorac, con las apariencias hipócritas tan manidas de tolerancia, universalismo, solidaridad y otras usuales mentiras hermoseadas por el prenserío y restantes medios de comunicación coloniales: prenserío y medios de comunicación tan intransigentemente intolerantes y cosmopolitamente ultralocalistas españoles; prenserío y demás medios de comunicación tan democráticamente insolidarios y agresivos con nosotros, los canarios que queremos practicar la única humanización posible, la de la libre responsabilidad para procurar planificarnos el futuro –puesto que, a fin de cuentas, esto es política democrática: la planificación del futuro colectivo de una sociedad a través de individualidades elegidas por ésta y no al servicio policial de la casta dominante.

 

¡Lógica y salutífera acaba siendo esa Aversión que usted ha calificado de Lacerante, amigo Amaranto Froilán de Ahora Mismo Ningún Santo! -volvería a interrumpir el joven Pancho.

Pues, como ya dijo aquí el señor Armiche, el amor al ser amado se convierte en odio insoportable al abusador que tiene oprimido y vejado al ser que amas. Y cuanto más fuerte e impotente de ayuda sea ese amor, mucho más fuerte e insoportable será inexorablemente el consecuente odio.

¿Ya no se ha dicho aquí que cierto psiquiatra irlandés afincado en Chicago -¿o en Boston?-, cierto psiquiatra apellidado O’Connor, recomendaba a sus compatriotas -¡ya independientes políticamente!-, y como terapia ineludible, el odio a todo lo inglés?

Lo recomendaba hasta que no se arrancaren del alma individual y colectiva la tan denigrante alienación psicológica que hubieron dejado los muchos años de cruel colonización, alienación que ha llamado Ve-güenza Maligna, algo parecido a la Endofobia mezclada con el Miedo Rastrero que se acaba sintiendo por el verdugo tras haberte dejado éste el alma hecha trizas después de haberte violado infinidad de veces. Siga usted.

 

5-febrero-2001

 

 

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- X -

 

Retomó la palabra el bautizado con todas las de la ley Amaranto Froilán de Todos los Santos:

Volviendo al asunto, recuerden que los esos tales 'Personajes Preocupados por los pobrecitos canarios' como el señor José Saramago suelen presumir, por ahí afuera y con justiciera razón ("¡Pero casi siempre lejos del terreno de lucha y según el escenario publicitario!" -exclamó Pancho iracundo), de que es lícito e incluso licitador el acto rebelde reivindicativo contra cualquier opresión que sea deshumanizante.

("El durísimo camino hacia lo poquitísimo de bondad social, y por ende individual, que actual y tan contingentemente hay en el mundo está anegado de sangres resecada y fresca, sangres casi exclusiva de gente biófila, de gente indefensa, nada poderosa -poderosa es a la que, en el fondo y en la superficie, sirven aquí esos Personajes Preocupados" -leyó Miranda de un papel, diciendo que son palabras escritas por mí y que, por supuesto, ni recuerdo cuándo las escribí).

En efecto, amigos míos: toda historia oficial o extraoficial es casi exclusivamente criminal -o sin el casi. Están ellas empedradas de ingente cantidad de crímenes con algunos muy exparcidos y pequeñitos rebrotes de verdes bondades -crímenes que suelen terminar siendo además bendecidos comercialmente  por la iglesia oficial de turno.

En el caso concreto de nosotros los canarios -paralizados por la ignorantación y la incapacidad para la lucha reivincativa eficaz en pro de nuestra emancipación- la xenofobia (sentimiento que acaba convirtiéndose inexorablemente en tan esterilizante y torturador) se ha vuelto, por naturalísima cobardía colonial, hacia adentro.

Se ha vuelto castradora endofobia que nos convierte en tan amabilitos, tan servicialitos, tan resignaditos, tan nobilitos –como parece ser que por acá nos quieren las gentes saramaguianas fuereñas y los compatriotas colaboracionistas con el poderío español.

Esa misma prensa, que tanto bombo y platillo da al palabrerío, más o menos sincero, del justa -o injustamente- alabado escritor portugués, publicó que aquí, en la Patria Inclementemente Prostituida (y que esa prensa denomina 'Comunidad Autónoma'), ¡deberían haber cien Saramagos!

 Estoy de acuerdo, acaso por vez primera, con esa petición. Sí: debería haber cien, doscientos, hasta mil Saramagos. Pues si hubiera cien o doscientos, incluso mil, entonces sería no sólo posible, sino irremediable, la inmediata y tan necesaria independencia de nuestra Sufrida Patria.

Pero lo triste es que aquí hay muchos más de cien, muchísimos más de mil saramagos al vil servicio del colonialismo español. Lo lacerante, lo  triste, es que sobran, es que abundan asfixiantes los que en medios de comunicación y centros docentes -o tribunas de notoriedad pública- son saramagos defendiendo sin tregua ni consideración la sumisión colonial de Canarias –defendiéndola con verborreas disfrazadas de progresismos (cuando la realidad enseña que el prioritario e ineludible progreso en una colonia siempre es y será la descolonización), de cosmopolitismos (cuando la realidad enseña que un pueblerío bestializado por el miedo y la ignorantación jamás podrá entender el mundo, ya que ni siquiera se conoce a sí mismo, ya que se limita a repetir cotorramente lo que el amo cruel le ordena que repita), de universalismos  (cuando la realidad enseña que lo honestamente universal tan sólo puede ser lo local sin barreras aherrojadoras), de solidaridades (cuando la realidad enseña que está incapacitado para ayudar con eficacia al vecino quien ha sido desposeído a la fuerza de la capacidad para ayudarse a sí mismo).

¿¡Qué le vamos a hacer!? (y suspiró afligido Amaranto Froilán de Todos los Santos). Siga usted leyendo eso que tiene sub-rayado ahí, señor Armiche; y perdone la interrupción.

A lo que respondió el anciano: se acabó lo que quedaba. Escuchemos a los amigos Ramírez y Pepe Pérez en una rancherita mexicana de las suyas. Y les cantamos Seis años -de José Ángel Espinosa Aragón Ferrusquilla y a petición de Amaranto Froilán de Todos los Santos-, ¡Qué manera de perder! -de Cuco Sánchez y a petición de un cliente asiduo del cafetín- y La araña –de José Alfredo Jiménez, a petición de Miranda.

 

12-febrero-2001

 

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