*
(De José Saramago y demás)
* * *
***
Guardar silencio "intelectual" no es despreciar sino apoyar
al Poder vigente.
En su libro El sentido de la realidad
dijo Isaiah Berlin, refiriéndose a una tesis del alemán Fichte, que "los valores no se
descubren sino se construyen". Esto me lleva a reafirmar que política, toda política -incluso la más
íntimamente personal-, es la inexorable -sic- planificación del futuro con elementos del
presente y enseñanzas del pasado.
En mi prostituida Patria Canaria los
elementos del presente están controlados por agentes españoles o canarios al
servicio del poder metropolitano, y el pasado lo desconocemos en su casi
totalidad o se nos mixtifica con absoluta vesania.
Mas, cuando uno responde públicamente
mediante su obra artística -en mi caso literaria-, está haciendo política
porque participa, quiera o no, en esa ineludible planificación. Tampoco hay,
por tanto, actividad de incidencia social (como radiar un partido de fútbol,
por ejemplo) políticamente neutra.
En nuestra Patria Canaria (al habérsenos
dificultado violentamente -sic- la construcción de valores emancipadores, al
impedírsenos tiránicamente -sic- la construcción de valores dignificantes,
forzándosenos a aceptar colonialmente los opresivos valores españoles) lo
habitual ha sido, y continúa siendo, la cultura de la evasión, de la elusión, o
de la pura mascarada cortesana, cuando no la del ataque frontal –liquidador- al
menor atisbo de un arte emancipador –principalmente en la actividad literaria.
Casi nunca ha sido nuestra cultura la del
enfrentamiento directo con la tiranía española, enfrentamiento sin perífrasis
ni eufemismos. Y ello, al menos para mí, es injustificable, imperdonable. Por
eso quiero volver a airear algo leído hace unos pocos meses.
Lo aireo porque es una acusación sin
ambages al esbirraje colonial que, ciega o lúcidamente, participa en la
pudrición de nuestro pueblo. Ese esbirrismo hace posible que hoy, ciento
setenta años después, continúen vigentes las denigradoras razones que aducía el
esbirro capitán general Francisco Tomás Morales cuando, a petición del maldito
"madrid", elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente
infundados los recelos "madrileños" sobre la lealtad isleña.- informe
que no me canso de repetir. Fue el 10 de diciembre de 1827 cuando Morales fechó
lo siguiente:
"Desengáñese V.E.: En Canarias ni
las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de
los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social;
nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes.
>>Su situación topográfica,
su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder
sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución
¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas
de los innovadores?"...
En toda esa miseria se continúa sustentado
la "españolidad" actual de la mayoría de mis compatriotas. Quienes
tenemos la obligación de construir los valores de la salutífera rebeldía somos
los más responsables e incluso culpables... pues el silencio no es despreciar
sino apoyar al Poder vigente, al denigrante poder colonial español.
* * *
SOBRE "PREOCUPADOS" Y
"RESIGNACIÓN CANARIA"
(de José Saramago y
demás)
- I -
Entonces interrumpiría el apodado Pancho, con entonación ansiosa:
Me
vino a la memoria como relámpago algo que leí por vez primera hace cinco
años: justo en la página doce de Notas y recuerdos, libro de Agustín
Millares Torres (1826 -1898). También lo recordé porque el tal Francisco Tomás
Morales, que vivió entre 1781 y 1847 (ejerciendo de Capitán General entre los
años 27 y 36), fue contemporáneo durante veinte años del insigne prócer don
Agustín -hombre que hoy, por decente y sabio, sólo podría ser independentista.
Dice así:
"La casa del Coronel -en La Oliva de Fuerteventura- es una especie de fortaleza, con cañones y cuerpo de guardia, muebles antiguos, costumbres feudales y riqueza forrada de miseria.
>>El coronel es
mirado con la misma veneración que a Dios. Cuando se le descubre en aquellas
grandes llanuras que forman horizonte, la gente se descubre y permanece inmóvil
hasta que desaparece por la parte opuesta. Hay quien asegura que, al acercarse,
se arrodillan".
Tenía
sólo veinte años Agustín Millares Torres cuando en 1846, rumbo a España para
estudiar música, aprovechó la parada del barco en Puerto de Cabras e indagó
cuanto pudo sobre aquellos pobres infelices mahoreros que tantas hambre y
humillación habían pasado, pasaban y continuarán pasando. Ahora, cuando por mor
del turismo
podrían ellos resarcirse de tales penurias físicas y anímicas, resulta que
apenas sí pueden decir con verdadera propiedad que Fuerteventura es su tierra -casi toda ella
controlada y expoliada por fuereños con la complicidad de los colaboracionistas
de siempre y aprovechándose de la indefensión e ignorancia del nativo
resignado.
¿Saben
en qué pensaba, señores, mientras oía al amigo Pancho? -preguntó con gesto
entristecido Amaranto Froilán de Todos los Santos. Pensaba en cuán pobres de
alma seguimos siendo -a esta pobreza hay quien la llama ‘resignación canaria’
("mejor que canaria, ¿por qué no llamarla perraria? –interrumpió fugaz Miranda).
Supe que Ricardo García Luis presentó un libro
del entrañable, y ya fallecido, Hermógenes Afonso Hupalupa en el Ateneo de La Laguna
y que asistió bastante gente. Es muy típico de nosotros escudarnos tras unos heroicos
compatriotas muertos, compatriotas que cuando vivían apenas sí eran mínimamente
arropados y estimulados en su lucha libertaria: lucha que hubieron ellos de
realizar soportando agobiantes soledades y, sobre todo, soportando muchas
ponzoñosas desventuras afectivas causadas por las personas más allegadas y
queridas (“además del aseteo constante de injurias y calumnias de los
supuestamente correligionarios suyos” –apostilló Pancho).
Seguro estoy de que, si Hermógenes Hupalupa estuviera vivo y
presentara ahora su libro (admitiendo que lo hubiese podido publicar tras
ímprobas fatigas económicas y morales), apenas sí aparecerían por allí los
cuatro indiscutibles de siempre -además del entrañable presentador Ricardo
García Luis.
Pero, como ya su palabra viva no molesta ni
levanta ampollas (muy especialmente entre los paisanos que, jugando a independentistas, envidiaban y criticaban
ponzoñosos su vehemente arrojo patriótico), sino que puede ser manipulada de
una u otra forma, entonces vamos y -consecuentes con nuestra psicología de
colonizado envilecido-, lo enarbolamos y lo enaltecemos para poder continuar
escondiéndonos y rumiando nuestras frustraciones mientras hacemos el vacío e
inclusive vituperamos al compatriota vivo que planta cara -casi siempre en solitario-
al poderío colonial español.
Así
es la vida, señores. De hombres como Hermógenes Hupalupa, Secundino Delgado y unos
pocos demás, sólo nos debería interesar seguirles el ejemplo y mostrarles la
mayor gratitud mientras estamos vivos: ejemplo y gratitud que principalmente
nos animen a seguir la única digna de las luchas aquí, la lucha por la
emancipación de la Patria colonizada: y teniendo presente que la Patria no
tiene padres, sino hijos -buenos o malos, ingratos o agradecidos, trabajadores
o gansos, fieles o traidores, heroicos o cobardes... pero hijos.
Ese
ejemplo y esa gratitud, consecuentemente, me impedirán tomar parte en la
necrofilia cómodamente idolátrica hacia una buena persona que -si viviera-
continuaría siendo crucificada desde todas partes, especialmente por quienes
–juguetones- ahora la consideran y proclaman suya, poco menos que de su
exclusiva propiedad.
Por
eso no debe extrañarnos que, de entre esos admiradores y propulsores actuales
del machacado Hermógenes y del no menos lacerado Secundino Delgado, haya
quienes despotriquen calumniosos contra -por ejemplo- el periódico Liberación y contra algunos de sus participantes y de otros
que dan continua y abiertamente la cara en pro de la soberanía de nuestra
sorroballada Patria.
Resulta
más llevadero y ostentoso a esos tan patrióticos compatriotas
despotricadores ocultarse tras los muertos, sí. ¡Qué tris-teza! Perdonen el
desahogo y la interrupción. Continúe usted, joven.
(Pero Pancho se mantuvo silencioso, con la boca abierta, mirando como hipnotizado hacia el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos).
Entonces
aprovechará el viejo Armiche para casi susurrar:
Tus palabras, amigo, suenan duras y uno
quisiera que no correspondiesen a la realidad, que estuvieran exageradas. Mas
temo que no yerras del todo en tus apreciaciones... En fin...
El amigo Pancho mentó a los mahoreros y eso tan
contundente de "la riqueza forrada de miseria" y "al control
expoliador de fuereños". Quisiera, por ello, recordarles las palabras del tan alabanceado
escritor portugués José Saramago, palabras que la prensa colonial publicó hace
unos pocos días. Supongo que ustedes las habrán leído.
(Se
equivocó de plano el anciano: ninguno de los contertulios las hubo leído. Y,
mientras hablaba, extraería del bolsillo superior izquierdo de su sahariana una
página de periódico dobladísima y bastante subrayada. Tras haberla desdoblado y
extendido sobre la mesa, leyó:)
"José Saramago advierte del deterioro de
Canarias con el excesivo monocultivo del turismo. El escritor critica la
pasividad de los lanzaroteños ante el deterioro de la Isla". Ése es el titular. La
prensa se refería a lo que expuso el escritor portugués en conferencia
celebrada en el Club Náutico y organizada por la asociación cultural Achicatande.
Esa
Achicatande
supongo que será una más de las asociaciones que, pese a su nombre tan aborigen y siguiendo el programa
colonial habitual de ellas tan 'canarias', procuran evitar que se oiga la
palabra del rebelde, del independentista -intervino El Cobra, enronquecida su voz por
otro mal de amores.
Seguro que será una asociación que debe seguir
demostrando que ningún canario vale la pena. ¿Cómo habrán tratado y seguirían
tratando asociaciones así a personas como el canario lanzaroteño Leandro
Perdomo, intelectual y hombre muchísimo más valioso para Lanzarote y Canarias
que cuarenta mil Saramagos juntos?
¡Menuda desgracia es ésta, que todo cuanto de
cultura por aquí brota acaba siendo purita cizaña anticanaria y por muy de canaria que presuma! Siga usted,
señor Armiche.
Pero
quien habló sería el joven apodado Pancho, para exclamar: ¡menudo papanatismo
rastrero se ha montado aquí entre los culturos con el tal Jaramago, bastante más ruin
escribiendo que -además del eximio Leandro Perdomo- nuestros aún vivos Isaac de
Vega y Rafa Arozarena! ¡Si hasta una persona tan culta y tan condescendiente
como el doctor Rafael Inglott lo califica de bodrio que parece escribir un
poquillo mejor últimamente, imagínense cómo será de paquete por mucho celofán
mediático con que se le envuelva y propagandee!
Yo
mismo soy uno de los que han intentado leerlo -por curiosidad y por no ser
injusto en mis apreciaciones- y me atrabanco enseguida de lo tan empalagoso y
farfullero que escribe el individuo. Y no me digan que sobre gustos no hay nada
escrito; pues, si de algo se ha escrito demasiado, es precisamente sobre
gustos, sobre cómo éstos también son producto de interesados adoctrinamientos
ideológicos.
El que es bueno es bueno y el que es malo es malo por mucho que procuren engatusarnos con mentiras mediáticas y de las otras. Así lo siento y así lo digo. Discúlpeme el desahogo, señor Armiche. Adelante con su lectura.
Pienso que te has pasado en tus apreciaciones, amigo Pancho, que rayas en la injusticia. Yo he leído al señor José Saramago -no mucho, cierto, pero sí lo suficiente. Y me parece aprovechable: no tanto como bastantes otros, cierto, incluidos los mentados por ti.
Pero puede ser que te sientas dolido porque consideras que admite él, por puro peseterismo o desidia, o por la edad o el exceso de ocupaciones distraidoras, ser utilizado papanata y torticeramente por esos auténticos esbirros culturales que tienen copados todos los espacios docentes, periodísticos, radiofónicos y televisivos: gentes que actúan como inclementes represores colonialistas para ningunear hasta la extinción a nuestros escritores, de los que algunos no resultan peores que el señor Saramago -cierto-, pero no tan mejores como afirmas tú, Pancho, al menos según mi valoración, claro. Bien... Sigamos leyendo lo que tengo aquí subrayado. Creo que merece la pena.
"Defendió Saramago a su vez una conciencia ciudadana
colectiva y afirmó que estamos asistiendo a la segunda muerte de César
Manrique. La primera fue el cuerpo, la segunda es la muerte del espíritu. Ante un
público que debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón, Saramago
confesó que <<yo encontré aquí una
idea en la que yo creía que los lanzaroteños habían recibido y habían
integrado. César Manrique tenía una idea de presente y una idea de futuro, ¿qué
está pasando ahora?>>".
Perdone un minuto, señor Armiche -atajó Miranda con cierta brusquedad, inusitada en él: hombre más bien de talante socarrón. Leyendo cosas de éstas, se pregunta uno si individuos tan ensalzados como el señor Saramago en verdad son toletes de liar o listos que se hacen los bobos para seguir mamando del bote, y no importa la edad que se tenga si está bien del coco.
Vamos a ver: ¿por qué no se ha preocupado él,
que lleva aquí sus cuantos años, en leer a algunos de nuestros escritores más
significativos? Opino que, si los hubiese leído, debería saber que a un pueblo
al que se le fuerza a vivir sin memoria -y por ende sin personalidad ni capacidad
para aprender, para ilustrarse, para conscienciarse- no se le puede exigir entendimiento para comprender y captar
su realidad, ni mucho menos exigirle voluntad capacitada para integrar
algo bueno en su alma individual y -mucho menos- en su alma colectiva.
Debería saberlo el insigne escritor. Es su obligación intelectual si se pone a manifestarse en público y, por consiguiente, su obligación ética y, por consiguiente, su obligación política. Nadie es neutral en sus manifestaciones publicadas. Y mucho menos lo es un escritor tan reconocido como él.
9-octubre-2000
* * *
- II -
El
Cobra aprovecharía
que callara abruptamente Miranda: para participar en el coloquio. Y dirá con
voz nítida pese a su ronquera de amores: hace un rato volvió a mentar el amigo
Pancho lo de cuánto se ocultan muchos compatriotas presuntos independentistas
detrás de los poquitos muertos heroicos nuestros.
Se
ocultan -pienso- para acaso engatusar a su mala conciencia, engatusarla en vez
de apoyar a los luchadores vivos en la contienda emancipatoria de nuestra
Patria, luchando ellos asimismo o no estorbando -al menos- con sus celos y
envidias y demás frustraciones narcisistas.
Pero
atendiendo a lo que ha leído usted, señor Armiche, caigo en la cuenta de que el
mentado señor Saramago (hombre 'preocupado por nosotros', del que Alcorac nos
libre y guarde) también recurre hipócrita y torticeramente al muerto, y por
ende silencioso, César Manrique.
Recurre,
fingiendo dramatismo inclusive, con esa machangada de que el artista
lanzaroteño murió dos veces: la primera de cuerpo y la segunda de espíritu.
¡Pues sí que manda cataplines la tal patujada, señores míos! ¡Lo que hay que
hacer comunistamente para promocionar capitalistamente tus libros y para que se te invite a
espectaculares conferencias o a ser entrevistado izquierdosamente colonizador!
Que
yo sepa, el mismito César andaba por ahí presumiendo propagandístico de su obra
artística y ecológica en Lanzarote –obra y propagandeo que yo no tengo por qué
valorar negativamente, pero que sus buenitos dinerones y suculentitas
prebendonas le proporcionaron. Exaltaba él por ahí, sobremanera y eufórico de
orgullo por su labor, los encantos de su isla.
Los
exaltaba César publicitariamente como el totorota ingenuo que exalta la
hermosura y pureza de su jovencita hermana, niña simplona y pobre e indefensa,
ante proxenetas mafiosos sin escrúpulos. Éstos, desde que pueden, se apropian
de ella y la prostituyen al máximo e inmisericordemente -como así ha ocurrido y
ocurre con nuestra indefensa Patria, y como seguirá ocurriendo hasta su
consunción si no nos emancipamos cuanto antes del maldito poderío español.
César Manrique mercadeó con su obra como
cualesquiera de los otros artistas: sin reparos éticos (aunque él se creyera,
con razón discutible, un ángel de la guarda ecológico, ángel que no le hacía
fos al dinero ni a la vanidad publicista, ni al compincheo político) y sin
conciencia patriótica. Se enriqueció él dinerariamente, ostentó su riqueza e
incluso doblaría la cerviz -pletórico de cortesanía- ante el merito Borbón y
Borbón, directo heredero del dictador Franco y actual Jefe del Estado que tan
policialmente nos mantiene aherrojados e ignorantes.
Si mal no recuerdo, el político lanzaroteño que al
principio lo apoyaría en ese negocio tan lindo que montó (y que en Patria
independiente acaso hubiera valido la pena; pero que en Patria totalmente
sometida se limita a aumentar inexorable el aherrojamiento y, a la larga, el
irreversible deterioro) acabaría suicidado. ¿Por qué se suicidó ese tal
político si también era bastante rico y dícese que muy respetado? Según oí, no
estaba enfermo irreversible o cosa parecida.
Y volviendo a eso que usted nos ha leído, señor Armiche, me sigo preguntando si no le da vergüenza al colonialmente y colonizadoramente alabanceado Saramago pronunciar tales tonterías tan dañinas; si no le da cierto repelús -tras muchas veces declararse comunista- prestarse a juegos tan capitalistamente coloniales.
¿Es que a su lado no tiene a alguien que le asesore
un poquito con decencia y cierta sabiduría? ¿Es que quienes le rodean
únicamente son simples garrapatas cortejadoras o es él tan soberbio que todo se
lo sabe y no admite consejos, simples insinuaciones, alguna opinión que sea
verdaderamente progresista, que sea verdaderamente humanitaria, opinión que en
nuestra Patria sólo puede ser antiimperialista, sólo puede ser independentista?
¡Alcorac bendito que estás en los cielos!: ¿es que
nunca vendrá un intelectual extranjero, de los reconocidos publicitadamente, a
echar una mano a este chusmerío en que el maldito poder colonial español tanto
empeño ha puesto en convertirnos?
¿Es que todos los intelectuales que por acá recalan
sólo pueden acabar siendo, con su complicidad, invasores colonialistas, y por
mucho que presuman de progresía y de cosmopolitismos, que presuman de
universalistas y de internacionalistas, cuando en realidad se comportan ellos
como el más puro reaccionario y nacionalista español -y por muy portugués
anticatólico e internacionalista que se declare ostentoso?
Y digo esto último, señores, porque Saramago -según
leí- estuvo también entre los que firmaron el ultraespañolísimo -y por ende
borbónico borbónico- manifiesto politico Basta ya: esa muy bien manipulada y nada pacifista
presión callejera en favor de la Constitución y del Estatuto de Autonomía
(Constitución y Estatuto muy reaccionarios y ultranacionalistas españoles,
auténtica continuación del más duro franquismo antirrepublicano, del más puro
espíritu impuesto por el llamado Movimiento convertido hoy en Monarquía Absoluta) y con la
única finalidad de anular o aniquilar al republicano independentismo vasco.
Siga con su lectura, señor Armiche, aunque me hierva la sangre tener que oír
tales agravios sin poder defenderme.
Mas quien habló sería el joven Pancho:
¡Espere
un momento!, que al pronto recuerdo ahora algo que leyera usted, señor Armiche
-eso de que el público debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón.
Aquí bastante hemos ya mencionado que el paisanaje canario tan autoproclamado progresista necesita lavarse la mala
conciencia del que no se rebela abiertamente contra el poder metropolitano.
Necesita lavársela escuchando, extasiado, las prédicas y los sermones de
fuereños famosos e 'izquierdistas' de salón al servicio mercenario del poderío
español.
Ese paisanaje jamás se atreverá a escuchar o
leer palabras que de verdad sean dignificantes por aquí, palabras que estimulen
verdaderamente la rebeldía libertaria, jamás. El señor Jaramago no iba a ser una
excepción en esto de servir mercenariamente al poder colonizador -aunque sea
profesionalmente a través de una editorial.
Pero si, por una casualidad, se le hubiera
ocurrido preocuparse por nosotros mínimamente (estudiando -por ejemplo- nuestra
historia y leyendo algo de nuestros escritores menos dóciles y más lúcidos,
además de pasear por los lugares donde subexisten nuestros compatriotas
guanches actuales) y luego hubiera pretendido dar pública y honestamente sus
pareceres, sabría entonces que no hay lugar desde donde pudiera
pretender darlos.
Y si lograra dar sus sinceros pareceres, sería
por poco tiempo. Inclusive se le acabaría el chollo de mono de feria
intelectual que tantos dividendos, por lo visto, le proporciona.
Por eso pienso que debe el señor Jaramago enterarse (para que supiere que no exagero) de que
aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, acaba de ser echado del periódico La Tribuna -periódico donde
gratuitamente colaboraba- tras el cambio de director (pues el anterior,
Federico González Ramírez, se enfrentó a los dueños y lo mantuvo de colaborador
hasta su marcha) luego de también haber sido echado del Diario de Las Palmas, y de que está vetado en
los demás periódicos. Simplemente: no puede publicar en los periódicos
comerciales de su Patria, ni siquiera gratuitamente.
¡Carajo
con el amigo Pancho! -intervino nuevamente el llamado Amaranto Froilán de Todos
los Santos. Oyéndolo tan exaltado, recordé lo que seguía en ese subrayado suyo,
señor Armiche. Me refiero a lo de que el señor Saramago confesó que había
encontrado <<una idea en la que
él creía que los lanzaroteños habían recibido y habían integrado>> -¿se acuerdan ustedes?
(Asentimos con la cabeza, aunque con el gesto
algo dubitativo, imperceptible, de que no lo recordábamos muy bien).
Luego, teatralmente, añadiría el señor nobeleado
que César tenía <<una
idea de presente y una idea de futuro, ¿qué está pasando ahora?>>.
Insistiendo en lo que acaba de proponer el joven
Pancho, el portugués debe saber que los lanzaroteños -como consecuentes
canarios que son- sólo tienen, salvo excepciones muy sufridas por lúcidas, la
obsesiva idea de sobrevivir como sea -aunque fuere animalitamente, aunque fuere
sin mínima autoconsciencia, aunque fuere colaborando en la plena degradación de
su Patria.
Debe también saber él que -obligados por el poderío
nacionalista católico español a no tener memoria colectiva, es decir, <<alma colectiva>>- desconocen su pasado. Al
desconocer su pasado, están incapacitados para comprender el presente y
además carecen de fructífera energía para luchar por prepararse el
futuro.
Incluso aconsejaría al señor Saramago –sabiendo que no me hará caso, claro, si me escuchara- que leyera algo del ya fallecido Leandro Perdomo Spínola (del que, de paso, podría aprender bastantes bondades en todos los aspectos, principalmente en la construcción de las frases). Síga con su lectura, señor Armiche.
El anciano, tras ajustarse los espejuelos y toser algo forzadamente, leerá con su voz más pausada:
"¿Qué es lo que Lanzarote, Canarias, tiene que proponer
a los habitantes para vivir <<dignamente>>? ¿quiere hacer una especie de <<república bananera>>, algo así como una estancia del
turismo?". Y
detendrá la lectura, como invitando a que alguien de los contertulios opinara.
Hablaría quien menos yo esperaba, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos, diciendo pausadamente:
Opino
que ya se dijo casi todo lo por decir sobre ese individuo Saramago, que se pone
en plan Padrediós Bendito Bajado del Cielo aprovechándose trajinero de nuestra
tremenda ignorantación y de nuestro irredento proverbial papanatismo tan
rastrero. Sí: el nota tiene que ser un tolete o un cínico para decir eso sin haberse dado
cuenta de que ni Lanzarote en particular ni Canarias en general pueden
proponer nada a nadie.
Eso es como pretender que un aguililla con las alas
cortadas y enjaulada se ponga libremente a volar. Y si él no se ha percatado de
que somos igual que esa aguililla sin alas y enjaulada, repito que es tolete o
malvado hipócrita.
Además: ni siquiera, aunque lo pretendiéremos,
podríamos hacer una república bananera, pues ya el poderío español se encarga
de hacer un caciquerío bananero -peor todavía, un burdel bananero- a través de
sus tantos esbirros coloniales -y tras habernos cortado las alas y enjaulado.
Insisto: si en verdad quiere ayudarnos el señor
Saramago, entonces le recomiendo que ayude a los canarios a reavivar el alma
colectiva de su Patria, encarándose al inmisericordemente dañino poderío
español. Si él así no lo hace, habremos de señalar sin tapujos que es un
invasor más, invasor de lujo: sí y por muy afamado que sea y muy de izquierdas
que comercialmente se pregone ante las baboserías de turno –baboserías a que
son muy aficionados casi todos nuestros hombres de la cultura y de la política
ante los fuereños con publicitado relumbrón... ¡Qué asco, Madrita mía del Pino
Guanche!
20-octubre-2000
* * *
- III -
El anciano Armiche, tras
carraspear mientras se ajustaba nuevamente los espejuelos, continuará la
lectura de lo que tenía subrayado en desdoblada página de periódico. Oigan: el
señor Saramago denunció la llegada de las empresas multinacionales a las
Islas y en especial a Lanzarote, antes de opinar -seguramente que fingiéndose muy compungido- que "me
parece una grave imprudencia de Lanzarote su dependencia absolutamente <<aterradora y exclusiva>> del turismo".
(Detuvo el viejo Armiche
la lectura, levantando la mirada por sobre las gafas sin aro: incitando al
comentario participativo).
Quien volvió a hablar sería el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos: ¡un momento, por favor! ¿Podría leer de nuevo eso, señor Armiche, si no le importa? (Lo repite el anciano: esta vez agravando fingidamente la entonación y mucho más despacio). Tras lo que dirá Amaranto... Etcétera:
Ya
me tiene hasta los mismísimos cataplines todo ese genterío famoso tan
preocupado de boquilla
por la situación de la parte geofísica de Canarias que disfruta, pero jamás por
la situación de los canarios -acaso puritita chusma para ese genterío famoso. A
lo más que parece éste poder llegar es a señalar algunos síntomas (síntomas que cualquiera
-y sin hacer falta ser afamado erudito- puede percibir a poco que abra los ojos
del entendimiento sensible). Jamás se atreve a señalar y citar claramente el
nombre de la cruel enfermedad (inclemente colonialismo depredador) y mucho menos se atreve a señalar
y citar al agente patógeno (España, insaciable e inclemente potencia colonial).
Señala
y cita esos pocos síntomas -el genterío famoso tan preocupado- incluso con
carantoñas de sufrimiento anímico, ¡pero sin dejar de embostarse placentero y
echarse alguna copita al caletre! ¡Ni por asomo esos malditos afamados que nos
llegan citan las causas de nuestra situación, y mucho menos se atreven los
hipócritas mimosos del demontre a exponer concretamente y sin vaguedades cuál
sería la solución según ellos -que tan sabios presumen ser!
Sí,
señores: me sigue costando creer que en verdad al señor Saramago le preocupe
mínimamente nuestro bienestar, el del guancherío -claro- y no el de los meros
residentes. Pues aquí -a poco que te descuides- todo quisque acaba siendo más
canario que el carajo: aunque haya llegado ayer y con el maldito mendaz cuento
de que es canario el que "trabaja" en Canarias.
(Interrumpió
el joven apodado Pancho, sin saber ahora ironizar: ¿entonces los nativos,
descendientes de precoloniales, que carecemos de trabajo o que lo tenemos en
precarísimo no somos canarios al no poder trabajar? ¿Entonces qué somos?
¿Acaso somos ladillas guanches con peor suerte que las demás ladillas guanches
que sí tienen trabajo más o menos asegurado?).
El llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos no supo responder a la sonrisa tristísima de Pancho. Continuaría él con la voz más entibiada de tristeza:
Pienso,
por el contrario, que el señor José Saramago se comporta –ojalá que acaso
inconscientemente- cínico y propagandístico de su obra con poses de personaje
progresista que de vez en cuando tira voladores de reclamo para que se sepa que
está ahí luchando por la Humanidad y tiene libros en venta. Me ha acabado dando él
la impresión de que su estrategia propagandística es la de hacerse pasar por
rebelde con eso de pregonarse comunista, (¿no lo vieron en fotografía doblando comunistamente la cerviz ante el comunistísimo rey sueco cuando la
parafernalia del Nobel?) es la de
alardear ir contracorriente con eso de ser utópico ecologista tan respetuoso y solidario con todos los más
pobres del mundo.
(De
nuevo le interrumpirá el joven Pancho, que sigue en el tan perrario desempleo: <<respetuoso con todos
menos, por lo percibido, con los pobrísimos de aquí, que somos bastantes, quizá
muchísimos más de los que podrá él suponer: quizá alrededor del ochenta o
noventa por ciento de los tantos verdaderos canarios, de los tantos guanches
actuales>>).
Muy
cierto, amigo: pues él actúa en nuestra colonizada Patria igual que cualquier
invasor del montón. Actúa peor inclusive: actúa como cualquier invasor de los
parasitarios privilegiados. Actúa él, además, totalmente impune de cinismo
hipócrita, aprovechándose de nuestra absoluta indefensión, de nuestra
papanizante ignorancia. Trabaja él -según tengo entendido- para los mandamases
del poderosísimo grupo multinacional ultraborbónico y ultracapitalista español Prisa -¡ahí es nada!
Afirmo
lo de poderosísimo porque, según ya se ha dicho aquí, en el escalofriante libro
El precio de la libertad, de Jesús Cacho, con el Rey y con el
presidente del Gobierno metropolitano -antes González y ahora Aznar- forma el
dueño de Prisa,
Jesús Polanco, la verdadera cúpula del Sistema que impera sobre España y
colonias, el sistema llamado Borbonismo por el amigo Ramírez (y me señaló con un gesto de
barbilla alzada) y que yo mejor llamaría Borbonato (plutocracia coronada)
No
podía el joven Pancho permanecer en silencio e intervendrá nuevamente, sin
pedir siquiera la venia: tienes razón, Amaranto Froilanillo de Póngase
Usted Todos los Santos Que Guste. Si en verdad fuera rebelde y no mimoso, si en verdad estuviera el señor Jaramago honradamente preocupado por nosotros, por el
pueblerío guanche, por los perrarios, debería ya
saber que nuestra Patria está prostituida al máximo porque simple y crudamente
está colonizada: colonizada sin apenas contestación, colonizada con casi
absoluta sumisión e indefensión en la mayoría de quienes sabrían contestar,
rebelarse.
Me refiero, con esto último, a los intelectuales
-incluyendo a artistas de cualquier jaez y a quienes posean estudios llamados
superiores- y a otros canarios con inquietudes políticas que sientan de veras
la necesidad imperiosa de arrancar de raíz eso que tanto parece preocupar al
señor Jaramago y que es -ya usted lo acaba de recordar, don Amaranto Froilán de Tantos Santos- duro y puro
colonialismo expoliador.
Pienso que debería el portugués más canario que todos nosotros juntos
(si haces caso al rastrero papanatismo
de quienes vocean mercenariamente en los medios de comunicación perrarios)
saber que el objetivo natural y contundente de toda colonización es esquilmar
codiciosamente al país conquistado. Con esas depredadoras multinacionales que
tanto "preocupan" al eximio escritor -¡pobrecito el pobre!-, la
metrópoli (el Sistema y sus cortesanos, además de algunos que otros esbirros afortunados y de unas poquitas
ladillas guanches de aquí) gana muchísimo dinero.
Lo único que interesa al cruel proxeneta de su
prostituta es el máximo rendimiento económico. Y, si pudiera, inclusive la
vendería para comida de cerdos cuando ya no le sirviera en el negocio sexual.
Pensar y osar decir que podría ser de otra manera nuestra situación continuando
sometidos a España, señores, manifiesta supina ignorancia o repugnante cinismo.
Los lanzaroteños en particular y los canarios en
general (guanches actuales en tremendísima mayoría poblacional aún; sí,
guanches como lo fueron nuestros antepasados amasikes de hace cinco siglos y
pésele lo que le pese al señor Jaramago -que también se suma ufano de altivez
genocida a quienes, invadiéndonos, hasta el pasado biológico quieren
arrebatarnos) nos encontramos totalmente incapacitados para impedir (admitiendo
inclusive que tuviéramos consciencia de nuestra denigrante situación y
quisiéramos rebelarnos, situación de la que son eficaces colaboradores las
gentes fuereñas como él -que también vienen
a trajinarse placentero a nuestra prostituida Patria, pagando por la
pertinente "prestación" a la proxeneta España) que aquí puedan
instalarse las multinacionales o mafias que sean.
Tampoco, aunque lo pretendiéremos, podemos
verdaderamente hacer algo para planificarnos social y económicamente. Y no
podemos porque llana y cruelmente el poderío metropolitano lo ha impedido, lo
impide y lo impedirá. Eso que el señor Jaramago califica de grave
imprudencia -sin
aclarar quién es el imprudente o quiénes son los imprudentes- no significa más
que colonialismo puro y bastante duro. Y éste -que, al menos, yo sepa- no se
sustenta más que en la aceptación más sumisa y con resignación perraria de todo
cuanto nos suceda: para eso cuenta el poder metropolitano con nuestro profundo
miedo de irredentos indefensos y con nuestra esterilizadora ignorantación de
aculturados (no tiene uno más que hablar con cualquier universitario para
constatar la miserienta gravedad de cuanto les digo).
Que todo aquí sea dependencia del turismo
(dependencia absolutamente aterradora y exclusiva, según los calderonianos
epítetos lanzados por el Jaramago a la galería de
papanatas) es absoluta responsabilidad culposa y exclusiva del aterrador poder
metropolitano español y de sus colaboradores esbirros canarios.
Asimismo debemos sumar en la responsabilidad
culposa -¡claro!- a los afamados fuereños que por acá recalan tan sabihondos ellos con toditito lo que
nos concierne, tan comprensivos ellos con la indiscutible españolidad del
Archipiélago, tan encantados ellos con la amabilidad tan perruna del isleño, tan angelicalmente escandalizados ellos con las mínimas y
estrafalarias protestas de rebeldía que anónima, clandestinamente, unos
poquititos osados y diabólicos canarios repletos de rabia y de insensatez acaban ejerciendo donde
puedan y como sea.
El joven Pancho calló para tomar una poca de agüita de pasote fría. Lo que aprovecharía El Cobra -algo menos ronco que de costumbre-: oyendo aquí al amigo, pienso que deberé decir que no todos los fuereños han sido así de mezquinos como el portugués señor Saramago. A nuestra Patria han arribado y arriban hombres -muy pocos, cierto- que pusieron y ponen sus talentos y virtudes al servicio de nuestro pueblo. Los pusieron y ponen sin alharacas, jugándose incluso la libertad y la vida.
De entre esos pocos compatriotas, un amigo del
señor Ramírez, el ya mentado tinerfeño don Ricardo García Luis, con su
impagable labor histórica, periodística y de conferenciante ha dejado constancia
fidedigna de ello. Así, a brote pronto, me vienen a la memoria el señor José
Rial Vázquez, el entrañable anarquista Pepe El Catalán, el autopseudonominado Calícrates
Temísdemos
(heterónimo de -según Pablo Quintana- Melitón Gutiérrez Castro, también anarquista),
por mentar a ya fallecidos.
Y ya que menté al amigo de Ramírez, a don Ricardo
García Luis, también pienso que, si esas gentes como el señor don José Saramago
quieren de veras ayudarnos, entre otras empresas ayudadoras deberían leer
alguno de los libros de don Ricardo –muchísimo más fructíferos, por supuesto,
que los del nobeleado señor portugués. Seguro estoy de que aprenderían mucho de
ellos, aprenderían lo inimaginable.
Repito: deben leerlos si de veras quieren esas
gentes tan preocupadas <<de
boquilla>>
ayudarnos -cosa que dudo: no hay más que verles la geta de vividores soberbios
y despreciadores de lo verdaderamente vivo canario, de lo aún no caquéxico
canario.
15-noviembre-2000
* * *
- IV -
El viejo Armiche continuaría leyendo lo subrayado en la página de periódico:
José Saramago lamentó
durante su conferencia la <<pérdida
del espíritu lanzaroteño>> que le atrajo hace siete
años a la isla. Bajo la precisión de que <<las únicas
credenciales que posee es el amor y el respeto por Lanzarote>>, además de la idea de que la vida puede mejorar, y
censuró el <<equivocado
concepto de calidad de vida elegido>> (más coches, más
carreteras, más discotecas y centros comerciales) y criticó la <<indiferencia>>
de los ciudadanos ante el <<deterioro
general de la Isla>>.
Dejó
de leer el anciano: quitándose lentamente los espejuelos. Luego nos miraría
parpadeante, cual profesor que inquiere respuesta o comentario a cualquiera del
alumnado.
Hablará
el apellidado Miranda, quien últimamente ha preferido guardar silencio al igual
que yo, como si ya nada de cuanto nos acontece le importara: sumido en la
implacable resignación canaria –o perraria (que de este modo llamamos a la aceptación desesperanzadora de todo
cuanto nos agreda -y por nuestra indefensión tan acobardante). Y diría con voz
más bien de hombre contrito, acaso verdaderamente desganado, casi
tartamudeando:
¿A
qué espíritu se referirá el premiado nobelescamente? ¿Se referirá, el
pobrecillo, al de la sumisión absoluta "tan amable" del canariaje, sin
el menor síntoma de rebeldía, ante lo fuereño?
¿Acaso
se referirá "el más insigne que el carajo escritor" al espíritu de la
total aceptación rastrera de una legalmente imparable invasión, invasión
propiciada colonialmente y que principalmente repercute en beneficio económico
del poder metropolitano y demás depredadores ultracapitalistas y en perjuicio
del pleberío que somos?
¿Se
referirá, quizás, a la endofobia tan consustancial de nuestras tan enajenadas almas
individual y social?
Siento curiosidad por que alguna vez exponga con
nitidez y sin humaceras literaturescas a qué espíritu se referirá, cuando habla de nuestro espíritu, el señor
Saramago -o Jaramago, como lo apellida coñón
Pancho.
Me pregunto también por qué no se interroga y por
qué no se responde él, en público, a quiénes verdaderamente benefician todos
esos lucrativos males por los que pasa Lanzarote y que tanto y tan teatralmente
parecen dolerle.
Y quisiera yo saber dónde guarda, tan egoísta y
falaz, esas únicas credenciales que dice él poseer, las del amor y el respeto -¿amor y respeto a qué y
a quiénes?
Pues ¿qué amará él que no sea, según vislumbro de
sus intervenciones propagandísticas para vender sus libros, la tranquilidad
paradisíaca de un entorno sólo físico y no dignamente humano: tranquilidad
paradisíaca que, dentro de poco, le será absolutamente imposible debido al
inexorable exceso demográfico -y por lo que no sentiré nada de pena?
Así al pronto y sin más pretenciones, deduzco que
el anciano señorito José Saramago amará del lanzaroteño, de cualquier canario,
acaso el aspecto y el comportamiento de perrario dócil y siempre dispuesto a
obedecer y agradar al caprichudo amo de turno, de perrario agradecido por la
limosna (limosna dada por quienes nos han esquilmado impunemente, limosna que
es una parte mínima y venenosa de cuanto se nos esquilmó, de cuanto se nos
continúa esquilmando).
Digo yo si será eso lo que el famoso portugués ama de nosotros. Digo si será
a ese espíritu al que Saramago reclama no sé qué. (Y calló Miranda con un
preocupante suspiro de resignación canaria, o perraria, suspiro de persona que
parece desear mejor la muerte y dejar de ver tanta miseria moral entre tus
irredentos compatriotas).
Lo
que aprovecharía El Cobra para participar, ronco nuevanente por el mal de amores que con tanta
frecuencia le aqueja, e inquirir alzando la voz ferrugienta y sin poder simular
la tirria que le ha acabado cogiendo al dizque comunista borbónico escritor
portugués:
Bien, bien... ¿y cómo demontres puede mejorar
la vida un pueblo colonizado sin la mínima posibilidad de planificar su futuro
individual y colectivo, pueblo condenado a aceptar sin rechiste, completamente
resignado por la indefensión, el imperativo incontestable de un poder foráneo
inmisericorde, soberbio e insaciable de codicia?
¿Y por qué no insinúa el tan "sabio y
solidario"
señor Saramago cómo podríamos mejorar la vida, qué será lo que debamos hacer
estos alienados hasta el tuétano que somos los canarios?
¿Aún no se ha enterado el tan preocupado portugués de que todo eso
de los "más y más coches", "más y más carreteras",
"más y más discotecas" y "más y más centros comerciales" forman muy enriquecedora
e ineludible parte de la prostitución de mi Patria en suculento beneficio de la
insaciable proxeneta España -o Borbonia-, proxeneta que tanto parece él
admirar?
¿Tampoco se ha enterado de que no se trata de <<indiferencia>>,
ya que ésta requiere un alma con capacidad de responder despectiva con mínima
altanería, necesaria ésta –la altanería- para ser indiferente?
¿No ha captado todavía que simple y duramente se
trata de pura impotencia, de puritita caquexia: producto de cinco malditos
siglos de cruel colonización que él, cual invasor, parece empeñado en no
aceptar, en ni siquiera poner en duda aunque fuere un poquito alguna vez?
Perdónenme las interrogantes, señores. Es que ese
hombre, cual si fuere uno más de los codiciosos políticos engatusadores de
papanatas e ignorantes, se aclara poco o nada: limitándose, quejica, a farfullar lo evidente,
lo superficial, farfullarlo -eso sí- artero, malicioso, tirando ladino contra
nosotros, los independentistas.
¡Qué fácil le resulta al Individuo, desde una tan cómoda
posición, nada comunista, de fuereño residiendo cual ricachón turista mimado,
exigirles a los nativos lanzaroteños que reaccionen no sé cómo ni ante qué y
quiénes!
Lo exige él en plan moralista ofendido por la
maldad del prójimo, pero sin arriesgarse someramente a aportar alguna luz sobre
las causas de la degenerativa situación y sobre sus posibles soluciones.
Y cuando a algunos pocos canarios les da por
mínimamente reaccionar en público, reaccionar
más bien acojonados y casi suplicantes, para que se haga una Ley
de Residencia
(Pañocaliente Ley que no solamente no nos curará el mal, sino que nos
empozoñará aun más la situación), va el Nota y se pone furiosillo a pregonar
que estos acojonados e infelices contestatarios son xenófobos, racistas y demás
insultos tan gratos a los progres de mullido sofá o barra de bar con vaso de whisky
en la mano y mirada lasciva a la hembra -o al macho- que aparece o pasa frente
a ellos.
Y si por un rarísimo casual van un par de
desesperados compatriotas y pintan su impotente rabia en el Golfo lanzaroteño, lugar
considerado de interés natural (considerado así no sé para
quiénes, pues para mí -mientras sigamos colonizados- no lo es), también
va el Nota y los llama estrafalarios y poco menos que reos merecedores de
cárcel o destierro de su Patria.
Habla él, erupta él, sin preguntarse nunca a qué
puede deberse esa actitud tan colérica y esos comportamientos tan
autodestructivos. Acaso no lo pregunta porque cree el Nota sabérselo comunistamente todo y no tiene qué ni
por qué preguntar (y mucho menos preguntar por qué ha llegado este pueblo de
más de un millón de individuos descendientes de canarios precoloniales -¡sic,
coño!- a andar con el alma bajo mínimos, con casi sin alma).
Ya
que el amigo Santiago (que así se llama El Cobra) mentó la xenobia y el racismo, -vocablos tan progremente colonizadores aquí-
permítaseme leerles esto que casualmente leí anoche -diría el joven Pancho,
procurando una entonación de persona educadita y tolerante con todo el mundo y
por mucho que te jodan.
Está en la página 166 del libro En la burbuja, de aquí el amigo
Ramírez; y pertenece al artículo Recordando
a Pancho Villa por lo de Cuba ahora, artículo vetado en su momento por la
dirección del Diario de Las
Palmas. (Mientras
leía, se fue olvidando el joven Pancho de entonar educadito). Escuchen:
"Relata John Reed que, al entrar en Chihuahua, Pancho Villa hizo llamar al cónsul inglés, a cuyo cargo estaban los intereses de la colectividad española local, y le ordenó: <<Transmita usted a todos los gachupines (españoles) mi orden de que junten en el acto todos sus bártulos ¡y se vayan! Cualquier gachupín que descubramos en el Estado después de pasados cinco días será puesto junto al paredón más próximo y fusilado>>.
(Interrumpirá súbito el apellidado Miranda para refunfuñar con rabia nítida: "¡y pensar que hay quienes llaman xenofobia a la necesidad de una población de, para poder practicar la dignidad de autogobernarse, procurar echar de su País a los dañinos extranjeros dueños violentos de su tierra y de sus voluntades!)
Repito que estas palabras se encuentran en la
página 166 del libro En la burbuja,
libro que no tiene desperdicio y que abriría los ojos a quienes se atrevieran a
leerlo y reconocerse en su lectura.
Siga usted, don Armiche, con lo dicho por el
ínclito Jaramago, tan valientemente
antixenófobo aquí (y muy xenófobo antiyanky en Cuba, por ejemplo) -y por más
que no pueda él simular que desearía que a su alrededor viviera poca gente, es
decir, que se vaya a joder para otra parte el chusmerío que le estorbe.
¡Pero ese deseo tampoco sería xenofobia viniendo de
él, por supuesto, sino preocupación
ecologista por el
entorno natural tan exótico y único en el mundo! ¡Pues sí que manda cataplines
el Nota!
No pudo el viejo Armiche atajar la sonrisa abierta y dirá, sonriendo todavía:
Parece, muchachos, que ya saben ustedes lo que
viene a continuación en lo subrayado; pues se me adelantaron a contestar al tan
"preocupado" escritor portugués. Oigan (y, tras ajustarse los
anteojos y carraspear un poquito para aclarar la voz, continuó con la lectura,
despacito): el señor Saramago...
..."Habló <<con coraje y cortesía>>
de la <<resignación>> de la población ante <<la desfiguración de la naturaleza, del
espacio y, sobre todo, de esa idea de la Isla que caracterizaba a los
lanzaroteños>>.
Y añadió: “A mí me causa un gran dolor
pensar que todo esto pasa ante <<la
apatía de la población>>"
¡Qué
lindo suena eso de con coraje y cortesía, ¿verdad?! -masculló, sin saber ironizar, el
llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. ¡Qué hombre tan bueno y tan sabio, tan valiente y abnegado es don Jaramago!
¡Tenemos que evitar por todos los medios que se
nos vaya de Lanzarote hombre tan valioso! ¡Tenemos que evitarlo limpiando de
chusma y gentes de mal vivir los alrededores de su vivienda!
¡Debemos procurar que sólo vengan los turistas
en número que él considere adecuado y servirle agradecidos -con gentil
resignación perraria- en lo que se le ofrezca, pues cuanto hagamos por San Jaramago Bendito será poco!
30-octubre-2000
* * *
- V -
Al viejo Armiche no suelen
cuadrarle las ironías. Y mucho menos le cuadran si se trata de asuntos tan
importantes como el denigrante exceso poblacional invasor en nuestra Patria, un
exceso poblacional invasor utilizado colonialmente -con estrategia depredadora
insaciable y aherrojadora inclemente- por la metrópoli.
No, más bien le disgustan las ironías, cualesquier clases de ironía, al viejo Armiche. Por eso su sonrisa de forzada condescendencia -tras las palabras sarcásticas del llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos sobre el monárquicamente premionobelado José Saramago- le saldrá tristona, pareciendo regañisa.
Y
continuaría leyendo el anciano las líneas que tenía subrayadas en página de
periódico, palabras atribuidas según éste al mentado escritor:
"No se trata de vivir como nuestros abuelos. No
estamos respetando el planeta, lo destruimos; y Lanzarote no es una excepción.
Pero yo soy un ingenuo, ingenuidad que me vino de César Manrique".
Dejó de leer el viejo Armiche para guardar silencio y ceder a los contertulios la opinión, el comentario. Mas, extrañamente, ninguno hablaría. Y añadirá el anciano, con el tono cansado, como si estuviera conteniendo un suspiro:
Observen
cómo recurre el escritor portugués, con eso de 'no estamos
respetando el planeta, lo destruimos; y Lanzarote no es una excepción', a la tan recurrida
estrategia colonial de difuminar o anular nuestros específicos problemas en la
socorrida problemática universal, sí: difuminarlos o anularlos como si esos
problemas tan específicamente nuestros no tuvieran sus causas y sus culpables
muy concretos y definidos.
Es
ésta, amigos, una maleva estrategia de tosca distracción, estrategia sutil para ignorantados
papanatas como nosotros.
Observen
cómo -por otra parte- recurre el señor José Saramago a la utilización
hipócritamente autoinculpante de la primera persona del plural para que los canarios (puesto que a
nosotros dirigía él su sermón, haciéndose pasar, solidariamente, por un paisano más) acabemos
acatando y admitiendo una culpa que no nos pertenece.
Y
no nos pertenece esa culpa (al menos por activa) porque nada hemos podido ni
podemos planificar en nuestra colonizada Patria, pues sencilla y crudamente
todo se nos impone sin tenerse mínima cuenta de nuestra voluntad ni, mucho
menos, de nuestro beneficio.
El joven Pancho (acaso por sentir lástima de la amargura que emanaban las palabras de un viejo Armiche cansado) aprovechó el silencio de éste -para remojarse la boca- y diría:
También yo, maestro, he llegado a pensar que lo
importante (para las gentes que aquí falazmente llamamos de izquierda se resisten a admitir,
por puro y natural temor o por rastreras conveniencias económicas, la situación
sociopolítica -colonial absoluta- de Canarias) sigue radicando en eludir
pérfidamente nuestros tan localizados e intransferibles problemas.
Los eluden esas gentes con la manida engañifa
de que el problema es mundial, de que la política y la economía están
globalizadas, de que en todas partes cuecen habas -sic, y no judías-, de que en
otros sitios se está muchísimo peor (para eso está la televisión asustando
didácticamente con imágenes del permanente desastre en que viven nuestros
semejantes del Tercer Mundo), de que el progreso es imparable y la cuestión no es vivir como nuestros abuelos -y otras
mistificaciones de ésas.
Pero jamás apuntan esas gentes, señores míos,
alguna solución global en la que de veras se nos tenga en cuenta también a
todos los canarios.
Por lo visto y oído, todas esas gentes llamadas de
izquierda, sean
nativas guanches o invasoras fuereñas como el señor Jaramago, nunca jamás han
recurrido ni recurrirán -aquí, en el Paraíso Podrido- a lo ejemplar universal haciendo referencias, por
verbigracia, a que la isla de Malta
(más pequeña que nuestra Gomera) o Andorra
(más chiquitita que bastantes de nuestros municipios) o la Groenlandia (con bastante menos habitantes que el mismo Telde) y
otros países por el estilo son soberanos, no tienen que seguir pautas de ningún
poder colonial, y que pueden ellos elegir sus concretas políticas, sus aliados,
su pertenencia o no pertenencia a tales o cuales organizaciones internacionales.
(¡Y son soberanos, a pesar de sus menores población y/o extensión territorial,
y con muchísimas menos razones étnicas e históricas que nosotros!)
No, señores: aquí esas gentes tan teatreramente de izquierdas como el señor portugués Jaramago nunca recurrirán a estos
casos de dignificación para ejemplificar, nunca. Pues, si recurrieran, se les
cerrarían todas las puertas para propagandear sus obras; y en ninguno de los
medios de comunicación colonial encontrarían ellos la mínima oportunidad para venderse como
elementos importantes.
Sencillamente pasarían esas gentes a ser purititos
clientes del ninguneo. Sencillamente no existirían -e incluso se les
dificultaría o negaría que residieran entre nosotros.
Por ello, esas gentes importantes de izquierdas
tan borbonistas aquí
(apoyando la democráticamente despótica Constitución española en actos públicos contra los
separatistas vascos, catalanes, gallegos, andaluces y los independentistas
guanches -pues nosotros no podemos ser separatistas al estar ya separados:
porque estar sometidos colonialmente no significa estar unidos y sí significa estar sometidos, estar debajo,
paralíticoa, incapacitadoa para el autogobierno, para la linda responsabilidad
de hacerte tú mismo la política, la planificación del futuro) jamás irían a
Cuba a predicar que, por ejemplo, la mayoría de los cubanos vivirían mucho
mejor si se somete su humilde Patria a los ricos y tan 'liberales' Estados Unidos de
América: ¡qué va!
Allí su prédica será todo lo contrario: será la de
instar a los cubanos a que resistan, a que continúen pugnando dignamente por su
soberanía, pugnando por la libertad de su Patria. Allí esas gentes como el
señor portugués Jaramago exaltarán la figura ya inane, tan manipulable, del
fallecidísimo José Martí: quien, si ahora viviera entre nosotros, como canario,
no sólo sería ignorado por esas gentes tan de izquierdas, sino que no moverían
éstas ni un dedo para ayudarlo si le metiera mano asesina el maldito poder
español.
Es triste admitirlo, señores míos: esas gentes
tienen siempre a mano el discurso adecuado para contentar -o no incordiar- a
quienes mandan en donde lo pregonen. Y con toda razón esas gentes se llaman y
se comportan "coherentes", fieles a un ideal: coherentes con su camaleonismo tan
demagógico y tan rentable económicamente, y fieles a la estrategia publicitaria
que les ayude a vender sus productos en cualquier mercado -pues papanatas
huidores de su realidad los hay en todas partes.
(Y calló el joven Pancho para refrescar el gaznate
con un sorbito de yerbaluisa mentolada traída de su casa. Lo que aprovechó El
Cobra para
intervenir).
En
efecto, amigo: acabas (sin querer y con cierta pena) cogiéndoles auténtica
aversión -aversión indeseable por dañina para tu salud psíquica. Y más aversión
les coges cuando lees u oyes que vuelven a insistir en falsías -muy flagrantes
para quienes conocen el asunto- como la falacia de que César Manrique fue un
ingenuo (entendiendo esto de 'ingenuo' como creo que lo quiere dar a entender el
inclitillo Jaramago: como cándidamente crédulo de las bondades ajenas, como iluso o
inocente esperanzado
en el futuro).
Ya aquí se ha dicho bastantes veces que César
Manrique fue un artista notable, cierto. Pero era (sin valoraciones
peyorativas) un artista muy calculador, con un nada desdeñable -ni pecaminoso-
sentido comercial del arte que realizaba.
Le sacó Manrique más que mucho dinero a su trabajo,
amparado él (como cualquier artista bueno o malo que consiga enriquecerse en la
colonia) por algún podercillo público que permitiera y propiciara su quehacer
creador tan lucrativo.
Y también se ha dicho aquí bastantes veces que
cuanto realizó -por muy lindo y ecológico que en verdad sea o se quiera hacer
creer- sólo puede ser benefactor para quienes prostituyen a Lanzarote, que no
somos el pueblerío canario mientras sigamos colonizados, mientras continuemos
sometidos a las voluntades políticas y codicias dinerarias fuereñas.
Dejémonos de machangadas, señores. Y lo afirmo sin
ánimo de desdoro para el canario lanzaroteño César Manrique: Si de algo estoy
seguro, es de que el admirado artista no era ingenuamente cándido, no era un
ser inocentemente crédulo.
Aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, sabe de los razonadamente nada ingenuos emputes del señor Manrique contra el canallerío político: en especial cuando no se le hacía caso o se le negaba el trabajo o el proyecto -y las posibilidades de adquirir una buena tajada económica- que presentaba.
Y también sabe el amigo Ramírez, principalmente, de
lo nadita ilusamente cándido que con claridad y desesperación percibía y
denostaba César nuestra mezquindad de pueblerío insensibilizado que parece
refocilarse con su miseria y trémulo de miedo al inclemente poderío esbirril
canario-español.
Podía César Manrique ser entusiasta -por
temperamento biológico- e incluso confiar mucho y obstinadamente en el valor
dignificador del arte -sí, señores. Pero no era cándido, sino todo lo
contrario.
Sabía él calcular muy bien y defender sus intereses
pecuniarios. Sabía él aprovecharse astuto del más o menos influyente poder que
ese entusiasmo vital y ese su indiscutible arte le habían proporcionado.
Así es que, señor Jaramago -como aquí le dice el
cuate don Pancho- a otro perro con ese hueso de las bondades altruistas de
alguien que ya no vive para defenderse -o aprovecharse mezquino, que todo podía
esperarse de César Manrique en estos asuntos tan terrenales- de mendaces y
espúreamente utilizados piropos.
Tras
estas resonantes palabras del Cobra, pareció el viejo Armiche reavivar su ánimo. Y
diría, como para justificar el disgusto que le produjo la ironía anterior del
llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos:
He repetido que, cuando se tuviere que hacer
alguna limpieza animal humana en nuestra Patria por el evidente exceso
poblacional, para el poderío metropolitano español y sus compinches
imperialistas sobraremos primeramente canarios. Ténganlo muy claro, muchachos,
y no se llevarán a engaño: pues nunca sobrarán los fuereños que aquí hayan
preferido quedarse; aquí sobraremos nosotros.
Por eso no debemos bromear con este asunto del
exceso demográfico y sí mantener e incrementar la vivificante rabia libertaria.
Han oído bien, amigos: rabia libertaria.
Debemos mantenerla tenazmente e incrementarla sin
concesiones, mantenerla con firmeza e incrementarla sin desmayo frente a los
que nos invaden colonizadoramente (como el mismito señor José Saramago si son
verdades cuanto los medios de comunicación exponen que ha afirmado él).
Sí: debemos mantenerla e incrementarla con altiva
obstinación, mantenerla e incrementarla sin hipócritas tolerancias y sin
pseudoprogresismos dialogantes. Eso... o la consunción como pueblo aún
diferenciado.
Nadie que me conozca afirmará sin mentir que soy un
necrófilo movido por el resentimiento o por la frustración. He tenido la
fortuna de haber sabido y podido aprovechar biófilamente la existencia -a
Alcorac gracias.
Por eso nadie podrá decir, sin faltar a la verdad, que disfruto o me quedo impasible ante las tristezas y maldades ajenas que acontezcan en cualquiera de las partes del planeta y de la historia, ¡inclusive de hace siglos! (Había cierta ternura en la rasposa entonación del viejo Armiche, una ternura agridulce).
Esa misma biofilia me hace rabiar ante las maldades
impunes y para colmo incluso bendecidas.
Es muy cierto: el amor se acaba inexorablemente convirtiendo en profundo
e incontrolable odio a quien maltrata al ser amado, y más inclusive si éste es
indefenso y está encanallado por el maltrato.
Si no amaras al ser maltratado, no odiarías al que
lo maltrata. Yo quisiera no odiar. Y no quisiera porque el odio provoca
sufrimientos y yo no quiero sufrir, no.
28-diciembre-2000
* * *
- VI -
Sí, amigos: el amor se acabará –inexorablemente- convirtiendo en odio
hacia quien abusa del ser amado, indefenso ante el maltrato y envilecido. Ves,
por ejemplo, a tu hermana prostituida por un chulo prepotente e insaciable de
codicia.
Ese chulo no sólo abusa de tu
hermana con maltrato muy evidente, explotándola comercial hasta la extenuación.
No, sino que también (y debido al pánico que le tiene la infeliz y a la
obnubilación moral e intelectual producida por situación tan denigrante) ha
logrado que piense -¡la pobrecilla!- y sienta que todo se lo debe al maldito
chulo explotador y que sin él se encontraría peor, ¡que sin él no podría ella,
la infeliz, vivir!
Pugnarás tú, entonces y si no has
perdido el decoro ni la mínima capacidad de compadecerte, por arrancarla de esa
existencia ignominiosa. Lo harás -lleno de amargura, por supuesto- intentando
hacerle comprender que la vida que lleva es nefasta, sin posibilidades de
futuro digno.
Inclusive le dices que está
inexorablemente abocada -la pobrecilla- a una pudrición física y moral absoluta
si no se quita de arriba al maldito chulo, si no se emancipa de él para poder
emprender decidida un camino saludable en libertad y responsabilidad.
Pero, por desgracia, esa tan
querida hermana prostituida, temerosa y obnubilada, seguramente ni te hará
caso. Seguramente te dará largas con más o menos afectuosas excusas, debido
-quizás- a que en el fondo aún te respete un poco o te ame vagamente fraternal.
El chulo explotador -cuando
perciba que tu insistencia puede dar resultado- será capaz, por supuesto, de
denunciarte 'legalmente' -¡sí!- o de amenazarte, molestarte o de inclusive
castigarte a través de algún sicario.
Sí: quieras o no quieras,
te guste o te disguste, concluirás deseando obsesivo terminar con el chulo.
Concluirás deseando obsesivo que desaparezca él, que desaparezca por completo.
Concluirás deseando que
sean otros los que le aniquilen si tú -por frágil o por impotente- no puedes
hacerlo desaparecer de la vida de tu hermana. Concluirás odiándolo a muerte.
Eso es, amigos míos,
cuanto acaban sintiendo los patriotas hacia el poderío que tiene colonizada
inclementemente a su Patria indefensa y amedrentada: odio, deseo de que se
desmigaje en mil pedazos, con la esperanza de que -destruido ese poderío- pueda
tu pobre prostituida Patria recuperar su ultrajada decencia, su libertad
arrebatada, la capaz posibilidad de un futuro digno en responsabilidad solidaria.
En fin... (¿Han leído ustedes el poema CANTONALISMO, del ninguneado magnífico
poeta aruquense DOMINGO RIVERO?).
Volvamos a las periodísticas
manifestaciones del tan publicitariamente preocupado por nosotros escritor José
Saramago, afincado tan regiamente borbonista en Lanzarote. Escuchen (y volvió
el viejo Armiche a leer con voz pausada, tras afirmarse los espejuelos):
"Demandó esa conciencia colectiva
que está siendo suplantada por la insensibilidad y apostó por la reflexión
sobre lo que se desea para la Isla. <<¿Funcionamos con la conciencia que cada uno
lleva dentro? No me parece que está ocurriendo>>".
Insistamos en el
tratamiento de gurú o, poco menos, taumaturgo que el prenserío y el oficialismo
cultural papanatas canarios -salvo esas excepciones silenciosas que siempre hay
y habrá, y que solemos desconocer-
acostumbran dispensar al galardonado portugués cuando hace demandar o
exigir (cual si fuera ‘mamá
de los pollitos’, según dicen los mexicanos del
'tipo farolillo presuntuoso') que el lanzaroteño ponga en práctica algo –la conciencia colectiva- de lo que, por
imperativo colonial, carece (con las salvedades honestas y, por ende,
independentistas: salvedades que, por el contrario, parecen disgustar sobremodo
al señor Saramago, quien no se ha dignado a plantearse -ni mucho menos ponerse
a admitir- que todavía existen guanches alzados, cada vez en mayor número -por
fortuna).
Recalquemos, además, la
tremenda dificultad, casi imposibilidad, de que el lanzaroteño o el canario
-con la excepción de los rebeldes, de los insumisos alzados- ponga a funcionar
ese algo que se le ha negado poseer: conciencia colectiva de pueblo dueño de su
destino social.
Pues lo que Saramago
llama 'conciencia que uno lleva dentro' se reduce -en nosotros- a puritita
espectativa temerosa y desanimada frente a las órdenes y disposiciones de
los inclementes poderes que en ese momento tocan, sean poderes económicos o
policiales, poderes ejercidos por fuereños o por compatriotas al servicio
esbirril de la metrópoli.
11-enero-2001
* * *
- VII -
Esa insensibilidad -ya se ha dicho aquí otras veces y debemos ahondar
en ello- es producto del miedo y de la desmoralización: miedo y desmoralización
tan propios de un pueblo como el nuestro, colonizado hasta la ignominia por ser
un pueblo completamente indefenso, pueblo al que se le ha impedido y se le
continúa impidiendo tener alma, tener personalidad propia, borrándosele la
memoria con el objetivo de que se desconozca y se incapacite para tener
entendimiento y ejercer su libre voluntad.
Pienso -con honda tristeza- que
al señor José Saramago, por lógicos prioritarios intereses profesionales o
dinerarios, le costará admitir que existe un exclusivo y patente responsable de
que el canario en general y el lanzaroteño en particular se muestren insensiblen, un único máximo responsable de que se
comporte irreflexivo, de que continúe desconscienciado.
Ese único responsable, pleno de
culpa e inmisericorde, es el poderío colonial español en todas sus facetas. A
tal poderío –consciente o inconscientemente, le guste o le disguste o le dé lo
mismo oír- sirve por dinero y vanidad (eso es lo que, tras leerlas, moral e
intelectualmente deduzco de sus manifestaciones) el escritor portugués.
Pienso ¡con honda tristeza! que
al señor José Saramago le costará admitir que casualmente los únicos canarios
sensibles, reflexivos, conscienciados, somos los independentistas, somos los
antiimperialistas -aquí antiespañolistas, al ser España ('nación mala', según la calificó hace poco más de un siglo esa buena persona que fue
el dominicano Máximo Gómez) el poderío colonizador.
Le costará, y acaso le repugnará
al –admirado justamente por bastante gente- escritor portugués admitirlo. Le
costará porque parece ser que, según él, somos los independentistas poco menos
que unos extravagantes, por no decir extraterrestres.
Sí: da él la impresión, en sus
manifestaciones publicadas, de que los actuales guanches alzados somos gentes
que vivimos fuera del momento histórico, de que somos insolidarios, unos
nacionalistas excluyentes.
Para ello emplea inclusive el
escritor portugués Saramago desprecios tan 'progres',
esos manidos desprecios a los que suelen recurrir quienes 'izquierdosamente luchan' para que no haya fronteras -'en
otros sitios', claro. Pero sin
atreverse mínimamente a luchar para que aquí desaparezca la peor de todas las
fronteras: la alta muralla carcelaria colonial.
Por eso no es casualidad,
refrendando cuanto les digo, que el diputado del nacionalfilípico Partido
borbonista Español mal llamado Socialista y Obrero
-tan contundente y profesionamente dependentista en nuestra Patria-, Emilio Fresco, agradeció las
muestras de solidaridad del portugués cuando éste "tildó de estrafalario al nacionalismo
radical que se ha activado recientemente en Canarias, a través de <<agresiones>> a sedes de partidos políticos
en Santa Cruz de Tenerife, entre ellas la <<socialista>>, y de <<pintadas xenófobas>> en el paisaje natural de El
Golfo, en Lanzarote".
Si no me engaño,
muchachos, no ha quedado mínimamente claro –periodísticamente, al menos- el
asunto de las agresiones, tan condenadas éstas por quienes se niegan tozudos -y
por dinero- a condenar las sí tremendísimas agresiones que día a día, acaso
segundo a segundo, sufre nuestra Patria geográfica y humanamente.
Si no me engaño, las aludidas
pintadas –estemos de acuerdo o en desacuerdo con ellas- no son xenófobas sino
anticolonialistas, son odiadoras de
la opresión abusiva y del expolio incesante. Y -que yo sepa- el paisaje de El
Golfo no ejerce de natural ni de lanzaroteño sino de artificio turístico
depredador colonial -y por ende anticanario.
Pero lo acaso más lindo
del señor Saramago, creyéndose 'mamá de los pollitos', estuvo en lo que aquí
tengo subrayado. Pongan oreja, muchachos:
"Numerosas fueron las preguntas planteadas por el escritor a los
lanzaroteños. Estoy aquí no sé por
cuánto tiempo. Me temo que un día tenga que preguntarme si merece la pena
seguir viviendo en Lanzarote".
¿Pero en verdad estas
palabras han sido pronunciadas por el tan solidario y progresista comunista escritor nobeleado portugués? (Y guatdó súbito silencio el
viejo Armiche: para tomar del porrón una poca de agua dulce mentolada).
Entonces aprovecharía el joven
Pancho, procurando hablar con la misma suavecita entonación melosa que el
anciano:
¿Acaso
en verdad no busque él (tan dizque de izquierda marxista,
tan dizque preocupado por el chusmerío que -oprimido y explotado- sufre a lo largo y ancho
del planeta) y sólo quiera él de isla Lanzarote que le sirva ésta de burbuja paradisíaca en la que disfrutar de la necesaria tranquilidad para el trabajo
literario y de su clima para los ratitos de ocio?
¿A eso, en verdad, se
reduce para Jaramago
la entrañable Lanzarote: una burbuja paradisíaca en la que disfrutar de pleno
al mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño continúa indefenso y
desconscienciado, no pudiendo mínimamente encararse e influir sobre el devenir
del territorio sobre el que desde siglos vive (pues, amigos, uno también es sus
ascendientes y es sus descendientes)?
¿A eso se reduce, al
mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño continúe no pudiendo nada más que
permanecer silencioso de impotencia al servicio de voluntades e intereses
fuereños siempre depredadores -un servicio mucho o poco remunerado, y
remunerado siempre con dinero pudridor?
¿A eso se reduce la
entrañable Lanzarote para don Jaramago,
al mismo tiempo que el pueblerío lanzaroteño asiste tan resignado de impotencia
a una invasión irremediablemente letal? ¿A eso se reduce?
22-enero-2001
*
* *
- VIII
-
Nos sorprendió mucho que Pancho mantuviera la dulce entonación
durante el largo de su perorata tan bronca. Miranda
inclusive le aplaudiría brevemente antes de decir, intentando imitar las
modulaciones orales del joven Pancho:
¿por qué el ínclito don José Jajajaramago, en lugar de amenazar con que
se larga de Lanzarote, no se pone, por una vez aunque sea, a reflexionar sobre
la verdadera situación de ella en particular y de Canarias en general, a
reflexionar principalmente sobre la situación de sus habitantes nativos, de los
guanches de hoy con una lengua y unas manifestaciones culturales distintas a
las de hace cinco siglos, pero guanches en mayoría?
¿Por qué, tras la sincera
reflexión, no se pone a luchar por lo único que en verdad puede salvar a eso
que tan teatral dice él amar, Lanzarote, luchar para que
seamos los canarios -sin dar la espalda al mundo, sin autoenclaustrarnos
insolidarios- los que gobernemos Canarias?
¿Saben lo que les digo, señores?
Que ojalá se largue si va a seguir él ejerciendo de vulgar invasor: pues
extranjero que no pugne por la emancipación justiciera de nuestra Patria es
inexorablemente un invasor; lo es por simple lógica política e histórica.
Que ojalá se vaya a Portugal y se
ponga a luchar para que ésta vuelva al redil de la madre Patria
tan amada por él, a Borbonia. Siga con su lectura, señor Armiche.
No hace falta que sean ustedes
tan descorteses, muchachos. El asunto no se arregla con descortesías ni
exabruptos. Terminemos con las preocupaciones del señor José Saramago, quien
ojalá se quede entre nosotros; pero que se quede al menos con neutralidad, al
menos no ejerciendo de español borbonista en forma tan descarada. Terminaré de
leerles esto.
(Pero quien intervino habría de
ser el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos:)
Leí en prensa que ese eximio
escritor portugués tan capitalista imperialista en la práctica, "se planta y no se irá de
Lanzarote". E insisto en lo de "tan
borbonista" porque él –ya se dijo aquí, y hay que repetirlo- ha apoyado
intransigente y con la tapadera del altisonante y espúreo ¡BASTA YA! la Constitución y el Estatuto de Autonomía borbonistas -Constitución
no jurada por el Borbón, pero al entero servicio policial y lucrativo de éste-
frente a quienes, por simples deberes ético e histórico, propugnan
-tímidamente, por cierto- algún mínimo cambio o mejora. (Lean el poema
CANTONALISMO, ¡es chiquitito!)
Y se planta él y no se irá de
Lanzarote porque ésta ¡lo
nombró "hijo adoptivo"! y, agradecido, ¡no puede abandonar
a una madre!
Un momentito, por favor
-interrumpió de nuevo el últimamente demasiado enconado joven Pancho: ¿Cómo, en
verdad, puede una isla nombrar esto o lo otro a alguien, si una isla
no puede hablar?
¿Por
qué no se dice simple y llanamente que el grupúsculo de personas que conforman
el poder –esa capacidad represora para disponer e imponer su voluntad al
pueblerío- de ayuntamiento o cabildo o gobierno "autonómico"
(grupúsculo que aquí, por imperativo colonial, difícilmente podrá realizar algo
verdaderamente beneficioso para esta sociedad desmigajada o etérea o burbújica
que el colonialismo ha hecho de nosotros) premia o galardona a éste o a aquél
según sus conveniencias mercantiles publicitarias, éste o aquél -asimismo por
imperativo colonial- siempre enemigo de nuestra emancipación? Sí: enemigo;
pues, si no lo fuera, jamás se le premiaría o galardonaría.
¿Tanto cuesta citar las
cosas y los hechos por su nombre más sencillo? ¿Aquí, para ser premiado o
galardonado o reconocido <<dejado en paz>>, solamente se puede
vivir servilmente de rodillas o arrastrado y además jediendo
permanentemente a mentiras?
¿Aquí no hay opción, por
minúscula que sea, para vivir con dignidad abiertamente y no en poco menos que
la clandestinidad cotidiana? Continúe usted, amigo Amaranto Froilán de Todos
los Santos Que Vos Queráis.
27-enero-2001
* * *
- IX -
Dice, más valientemente que el carajo, Saramago (ahora publicitando a troche y moche su
última novela comunistamente polanquista) que se quedará en Lanzarote. Se queda
pese a los ataques xenófobos -¡sic!
Así
-de modo tan vilmente doblado- esas gentes tan letradas y tan letradoras
utilizan el palabrerío. Así lo usan acá por la colonia: con tanta democrática intolerancia frente a quienes pugnan por lo más hermosamente humano
en una colonia -la soberanía de su Patria, la descolonización de su País para
poder comenzar a ejercer como pueblo en verdad responsable ante su destino.
Repitamos:
¿Por qué no va él a, por ejemplo, Malta o Andorra -tan chiquititas y poquito
pobladas ellas- y en público preconiza muy premionobelescamente la dependencia y sumisión de
los malteses o andorranos a un Estado mucho mayor? ¿Por qué no va y lo
preconiza?
Señores: Xenofobia es visceral
miedo (miedo convertido natural o artificialmente en aversión pura y dura) a lo
Extranjero como Extraño, como posible peligro -por desconocido, por
imprevisible o por dañinas experiencias anteriores- para tu subsistencia
alimentaria, reproductiva o cobijadora.
¿Quién -sanamente, pues lo insano
es la Endofobia- no tiene miedo a quedarse sin alimento, a no poder disponer de
su hembra o macho, a quedarse sin un cachito de protectora tierra?
Apoyado en mis experiencias
vitales y lectoras, pienso que lo más que hemos sido los canarios es Miedosos, casi Paralizados
de Pánico, ante lo Fuereño,
principalmente lo fuereño español.
Razones históricas para ese
Pánico ha habido y hay a montones. De él ha surgido y continúa tan viva la
autodefensiva negación de lo verdaderamente Nuestro,
esa insistente autodefensa de airearnos más españoles que los mismos españoles
(llenando de banderas rojigualdas todas las fiestas populares, por ejemplo, o
no atreviéndonos a siquiera cambiar el nomenclátor callejero repleto de nombres
viles muy dañinos para nuestra dignidad) y más católicos que nadie (¿oyó, cristianito?): nos iba, nos va, la pura subsistencia animal en ello.
Ese tremendo Miedo en
nuestra gente culta, principalmente en la universitariada que gana dinero
cómodamente (pues el objetivo de toda universidad colonial es el de pudrir por
la cabeza al paisanaje colonizado), toma la forma de Papanatismo Despectivo hacia Todo lo Propio
que Pueda Ayudar a Conscienciar -incluyendo entre ese
paisanaje leído y universitariado a bastantes de los pregonados
independentistas viejos o jóvenes.
Cuando ese Miedo tan
Colonial se vuelve, entre algunos colonizados ya conscientes e impacientados
por emancipar a su Patria, en Lacerante Aversión, entonces los afamados voceros de turno -invasores o
colaboracionistas- aparecen, escandalizadillos, para que no se desmande
el chusmerío con esos tales malos ejemplos.
Van y aparecen ellos
(casi siempre varones, pues las hembras, principalmente las izquierdozuelas tienen otra misión más sutil y muchísimo más eficaz en el
aherroja-miento colonial) con el preciso palabrerío denostador tan culto y
cautivador.
Van y surgen amparados
-como ya se ha dicho bastante aquí, en la tertulia A la Sombra de Alcorac, con las apariencias hipócritas tan manidas
de tolerancia,
universalismo, solidaridad y otras usuales mentiras
hermoseadas por el prenserío y restantes medios de comunicación coloniales:
prenserío y medios de comunicación tan intransigentemente intolerantes y cosmopolitamente ultralocalistas españoles; prenserío y demás medios de comunicación
tan democráticamente insolidarios y agresivos con nosotros, los canarios que queremos
practicar la única humanización posible, la de la libre responsabilidad para procurar
planificarnos el futuro –puesto que, a fin de
cuentas, esto es política democrática: la planificación del futuro colectivo de
una sociedad a través de individualidades elegidas por ésta y no al servicio
policial de la casta dominante.
¡Lógica y salutífera acaba
siendo esa Aversión que usted ha calificado de Lacerante, amigo Amaranto
Froilán de Ahora Mismo Ningún Santo! -volvería a interrumpir el joven Pancho.
Pues,
como ya dijo aquí el señor Armiche, el amor al ser amado se convierte en odio
insoportable al abusador que tiene oprimido y vejado al ser que amas. Y cuanto
más fuerte e impotente de ayuda sea ese amor, mucho más fuerte e insoportable
será inexorablemente el consecuente odio.
¿Ya no se ha dicho aquí
que cierto psiquiatra irlandés afincado en Chicago -¿o en Boston?-, cierto
psiquiatra apellidado O’Connor, recomendaba a sus compatriotas -¡ya
independientes políticamente!-, y como terapia ineludible, el odio a todo lo inglés?
Lo recomendaba hasta que
no se arrancaren del alma individual y colectiva la tan denigrante alienación
psicológica que hubieron dejado los muchos años de cruel colonización,
alienación que ha llamado Ve-güenza Maligna, algo parecido a la Endofobia mezclada con el Miedo
Rastrero que se acaba sintiendo por el verdugo tras
haberte dejado éste el alma hecha trizas después de haberte violado infinidad
de veces. Siga usted.
5-febrero-2001
* * *
- X -
Retomó la palabra el bautizado
con todas las de la ley Amaranto Froilán de Todos los Santos:
Volviendo
al asunto, recuerden que los esos tales 'Personajes
Preocupados por los pobrecitos canarios' como el señor José Saramago suelen presumir,
por ahí afuera y con justiciera razón ("¡Pero casi siempre lejos del
terreno de lucha y según el escenario publicitario!" -exclamó Pancho
iracundo), de que es lícito e incluso licitador el acto rebelde reivindicativo
contra cualquier opresión que sea deshumanizante.
("El durísimo camino hacia lo poquitísimo
de bondad social, y por ende individual, que actual y tan contingentemente hay
en el mundo está anegado de sangres resecada y fresca, sangres casi exclusiva
de gente biófila, de gente indefensa, nada poderosa -poderosa es a la que, en
el fondo y en la superficie, sirven aquí esos Personajes Preocupados" -leyó Miranda de un papel, diciendo que son palabras escritas por mí y
que, por supuesto, ni recuerdo cuándo las escribí).
En efecto, amigos míos: toda
historia oficial o extraoficial es casi exclusivamente criminal -o sin el casi.
Están ellas empedradas de ingente cantidad de crímenes con algunos muy
exparcidos y pequeñitos rebrotes de verdes bondades -crímenes que suelen
terminar siendo además bendecidos comercialmente por la iglesia oficial de turno.
En el caso concreto de nosotros
los canarios -paralizados por la ignorantación y la incapacidad para la lucha
reivincativa eficaz en pro de nuestra emancipación- la xenofobia (sentimiento que acaba convirtiéndose inexorablemente en tan
esterilizante y torturador) se ha vuelto, por naturalísima cobardía colonial,
hacia adentro.
Se ha vuelto castradora endofobia que nos convierte en tan amabilitos, tan servicialitos, tan
resignaditos, tan nobilitos –como parece ser que por acá nos quieren las gentes
saramaguianas fuereñas y los compatriotas colaboracionistas con el poderío
español.
Esa misma prensa, que tanto bombo
y platillo da al palabrerío, más o menos sincero, del justa -o injustamente-
alabado escritor portugués, publicó que aquí, en la Patria Inclementemente Prostituida (y que esa prensa denomina 'Comunidad Autónoma'), ¡deberían haber cien Saramagos!
Estoy de acuerdo, acaso por vez primera, con
esa petición. Sí: debería haber cien, doscientos, hasta mil Saramagos. Pues si
hubiera cien o doscientos, incluso mil, entonces sería no sólo posible, sino
irremediable, la inmediata y tan necesaria independencia de nuestra Sufrida
Patria.
Pero lo triste es que aquí hay
muchos más de cien, muchísimos más de mil saramagos
al vil servicio del colonialismo español. Lo lacerante, lo triste, es que sobran, es que abundan
asfixiantes los que en medios de comunicación y centros docentes -o tribunas de
notoriedad pública- son saramagos defendiendo sin tregua ni
consideración la sumisión colonial de Canarias –defendiéndola con verborreas
disfrazadas de progresismos (cuando la realidad enseña que el prioritario e ineludible progreso en
una colonia siempre es y será la descolonización), de cosmopolitismos (cuando la realidad enseña que un pueblerío bestializado por el miedo y
la ignorantación jamás podrá entender el mundo, ya que ni siquiera se conoce a
sí mismo, ya que se limita a repetir cotorramente lo que el amo cruel le ordena
que repita), de universalismos (cuando la realidad enseña que
lo honestamente universal tan sólo puede ser lo local sin barreras
aherrojadoras), de solidaridades (cuando la realidad enseña que está incapacitado para ayudar con
eficacia al vecino quien ha sido desposeído a la fuerza de la capacidad para
ayudarse a sí mismo).
¿¡Qué le vamos a hacer!? (y
suspiró afligido Amaranto Froilán de Todos los Santos). Siga usted leyendo eso
que tiene sub-rayado ahí, señor Armiche; y perdone la interrupción.
A lo que respondió el
anciano: se acabó lo que quedaba. Escuchemos a los amigos Ramírez y Pepe Pérez
en una rancherita mexicana de las suyas. Y les cantamos Seis años -de
José Ángel Espinosa Aragón Ferrusquilla y a petición de Amaranto Froilán
de Todos los Santos-, ¡Qué manera de perder! -de Cuco Sánchez y a petición de un
cliente asiduo del cafetín- y La araña –de José Alfredo Jiménez, a
petición de Miranda.
12-febrero-2001
*
* *