Puerto Rico, un amago de soberanismo

 

Juan Jesús Ayala

 

Puerto rico en la actualidad tiene la condición política de ser un Estado Libre Asociado, lo cual viene a significar que es un territorio incorporado de Estados Unidos, pertenece a esa nación, pero, paradójicamente, no forma parte de esos Estados. Los derechos constitucionales, según proclama la Corte Suprema, no son ampliados a todos los territorios sino que tanto esos, como es Puerto Rico, como sus ciudadanos sólo tienen pleno derecho a la protección de la Constitución cuando el congreso de los Estado Unido los haya incorporado de manera total como parte integrante de la nación.

De aquí se deduce, y es así como se funciona en la actualidad, que los ciudadanos de Puerto Rico lo son de los EEEU con todos los derechos y deberes que confiere esa ciudadanía, pero como las elecciones presidenciales se celebran en Estados y no en territorios incorporados, ya los residentes en Puerto Rico no tienen opción a intervenir sobre el mandatario que se vaya a elegir.

Sólo existe la figura del Comisionado en el Congreso que representa a Puerto Rico que sólo tiene derecho a voz pero no a voto. Con lo cual su voz cuasi afónica de nada sirve ante la voz estridente del resto de los Estados americanos.

Sabemos de las vicisitudes de este pueblo que desde 1922 se incorpora como un Estado más, pero sólo a nivel teórico puesto que es en 1947 cuando el congreso aprueba que los puertorriqueños puedan elegir a su gobernante; y así, a partir de 1952, ya queda después de alguna que otra insurrección de carácter independentista con el staus actual de Estado Libre Asociado.

Sabemos también que, desde hace poco más o menos 25 años, cuando el partido independentista era fuerte y tenía casi el 45 por ciento de la representación popular, instó a la ONU, a la Asamblea de Descolonización de los Pueblos, para tramitar su independencia como colonia, que así era considerada. El año pasado, de nuevo, se solicitó la independencia y las resoluciones, tanto las del año pasado como las anteriores, fueron al cesto de los papeles.

Y eso es así por la importancia y relevancia del poder que los EEUU tienen en este organismo, que obliga a la espera, y más aún cuando la representación del partido independentista, que ahora anda por apenas el 2 por ciento, es incapaz de doblegar voluntades de altas instancias.

La opción independentista por parte de la gran mayoría se encuentra aparcada y lo que se propugna ahora es que entre EEUU y Puerto Rico pueda establecerse un pacto de soberanía compartida, lo que sería deseable para el país. Con este pacto se iría más allá, se rescataría poder y se obligaría al congreso a ceder competencias, de manera que, efectivamente, sea Puerto Rico un Estado más de la Unión. Por ahí, al menos, circula el deseo de la mayoría de los puertorriqueños.

La soberanía de los pueblos cuando existen tiras y aflojas; cuando los pronunciamientos no están del todo decididos y las voluntades de sus habitantes no se definen desde un amplio consentimiento, el proceso se enmaraña, se dificulta, cuando no se enlentece.

Puerto Rico, desde la situación política que tiene, no es un ejemplo de soberanismo, y menos aún paradigma a imitar por pueblos que pretenden llegar a él desde dentro. Actualmente, no es más que un centrismo equidistante más del exterior que de sí mismo. Es un amago de soberanismo, pero no llega a la satisfacción plena del concepto.

Da la impresión, no obstante, de que el status actual, de momento, les complace y no quieren sobresaltos imprevistos, aunque sí compaginar más las actitudes de una parte y de la otra, sin violencias ni beligerancias estériles, pero, eso sí, con la aquiescencia del patrono del Norte, o sea de los EEUU.

Puerto Rico bien se puede considerar que tiene una condición colonial y bien pudiera ser una piedra de toque o punto de reflexión para no dar saltos en el vacío y sí en la búsqueda de otros ritmos más consecuentes que, apoyados por la mayoría, lleguen a ese pacto de soberanía compartida, para desde ahí adelgazar al Congreso americano y fortalecer el suyo con decisiones que pura y exclusivamente en él se tomen.

Puerto Rico, muchas veces, se pone como referencia de avanzadilla, de novedad, de rampa de lanzamiento para lograr la soberanía. El modelo no sirve y los que piensan en eso deben ampliar sus conceptos y saber lo justito de sus propuestas y tener una visión más amplia que abarque otras metas. Si es, claro está, si pretenden y se empeñan en ir por ese camino.

 

 

Redacción de El Guanche:

El Comité de Descolonizacion de la ONU aprueba Resolución sobre Puerto Rico, 15-06-2009

Resolución de la ONU sobre Puerto Rico de 13 /06/2008

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http://copronu.blogspot.com/2009/06/resolucion-sobre-puerto-rico-ante-el.html

http://www.independencia.net/articulos/MLS_ONU62101.html

http://www.independencia.net/articulos/pon_fm_com_desconu898.html