Por Candelaria, que no pase nada
Wladimiro
Rodríguez Brito
La próxima semana se
produce en la piel de la isla picuda la mayor movilización humana de cuantas
acontecen en Tenerife con la particularidad de que en muchos casos dejamos el
coche unas horas y nos hacemos peatones, descubriendo numerosos rincones del
interior de la Isla que, en parte, nuestros jóvenes pisan por primera vez.
Es decir, se entra en
el mundo rural, antaño transitado por los isleños, y que hoy se convierte en
parte en un territorio exótico que gran parte de nuestra generación joven
apenas conoce. Y lo que es peor, un territorio forestal cargado de lo que ahora
llamamos combustible (leña, pinocha, ramas, etc.), que con anterioridad estaba
barrido a la escoba por una sociedad carente de recursos. Los peregrinos de
ahora apenas conocen el territorio por el que transitan para el que sólo les acompaña un bastón, unas botellas de agua y, tal vez, un
GPS.
No queremos asociar a
estos peregrinos con otras "mercancías" que también transitan con una
minoría de ellos, aunque los servicios sanitarios que se extienden por la ruta
nos advierten cuál es la principal causa de accidente de los peregrinos.
Es en este marco de
relación territorio-hombre en el que situamos estas líneas pensando en que el
próximo fin de semana, con el mes de agosto encima, y si nos visita el siroco
-que suele aparecer por esta época-, tenemos todos que tomar decisiones, que
deben ser asumidas colectivamente, de cómo actuamos con más responsabilidad
evitando riesgos no sólo para nuestros montes sino, lo que es más importante,
para las personas.
Los peregrinos de
Candelaria de ahora tienen poco en común con los de hace 50 años, que sí tenían
un conocimiento del interior de la Isla, con un dominio de su geografía,
fuentes, cuevas, barrancos, lugares donde defenderse ante un posible incendio,
ya que era una población muy vinculada con los montes y sus aprovechamientos.
No sólo había menos combustible en nuestros montes, sino que sus caminantes
dominaban el suelo por el que pisaban.
En una palabra: una
parte importante de los peregrinos de ahora tienen una cultura urbana, aunque
vivan en El Tanque, Garachico o Guía de Isora. Es en este marco en el que nosotros creemos que si
el tiempo se aproxima a los "tres 30" -temperaturas por encima de 30
grados, humedad por debajo del 30 por ciento y vientos de más de
Es en este nuevo marco
cultural, económico y ambiental en el que van a pisar nuestros peregrinos este
fin de semana. Es decir, los peregrinos de ahora tienen poco en común con
nuestros abuelos, que tenían un gran dominio del territorio, fuentes, cuevas,
barrancos y, en consecuencia, los riesgos ante un accidente eran totalmente
diferentes a los que tenemos en estos momentos. Todo esto debemos tenerlo
presente para que se siga cumpliendo con la tradición cultural y religiosa y
que por Candelaria nunca pase nada.