Racismo
mediático, cruda realidad
Altakay Ayt Daute
Quizás sea porque voy creciendo y fijándome
más en las cosas, pero me temo que la razón sea otra. De un tiempo para acá, en
todas las TV, radios, periódicos y demás medios de difusión informativa, se
nota un incremento de lo que denomino racismo mediático, sea consentido o no
consentido. Con el inicio de la crisis en España, se ha mirado mal al
extranjero considerándolo culpable del retroceso económico y de la falta de
trabajo, con el consecuente aumento del paro. Incluso en la política española,
han aparecido desde hace cosa de tres años partidos políticos de claro ramalazo
ultraderechista que, desgraciadamente, gozan de un número de votos que en otras
ocasiones y en otros lugares no verían ni en pintura.
Intentaré en las siguientes líneas
ejemplificar y respaldar mi argumento sobre el racismo mediático. Mi primer
ejemplo es la televisión, centrándonos en los noticiarios supuestamente
imparciales. Se produce un robo y el noticiario se dispone a contárselo a los
televidentes. Hay dos maneras de contarlo: si el ladrón es español y si el
ladrón es extranjero. En el primer caso, sólo se transmitirá el número de
implicados y los objetos sustraídos, pero en el segundo caso se dirá de manera
reiterativa que el ladrón o los ladrones son extranjeros, dirán su
nacionalidad, donde vive y desde cuándo. ¿Será que el español tiene más derecho
a “chorizar” por ser español? ¿Tiene menos delito?
Otro caso, utilizando ahora los tabloides,
es el de la violencia de género, esa lacra social y podrida que nos ataca
diariamente con nuevos asesinatos. Si un miembro de una pareja española asesina
a su pareja, sólo se relata el suceso y la repercusión en el lugar, contando
quizás los medios y las leyes que se habían impuesto en torno a la situación
irregular de esa pareja, pero si la pareja la conforman extranjeros, se relatará
con todo detalle de donde provienen, su situación, sus trabajos, etc.,
añadiéndole algún comentario de los vecinos. Otra vez repito, ¿Será que por ser
extranjero ha matado a su mujer? Sin embargo, el español la ha matado también,
¿Por qué no se machaca con la nacionalidad española de ese asesino?
Por último, antes de cerrar este artículo
con una breve reflexión, quisiera tocar muy por encima el asunto de la
política, saltándome las últimas peticiones de los organismos europeos que
piden un control total a la inmigración en ese continente y la famosa carta de
residencia pedida por los grupos de la derecha española. Quiero entrar al trapo
en cuanto a los partidos que piden la extradición de los inmigrantes afincados
en España: ¿sabían ustedes que sus abuelos, padres, etcétera, etcétera, fueron
inmigrantes, no siempre legales? ¿Sabían ustedes que la economía española le
debe mucho a los inmigrantes de hace muchos años? ¿Sabían ustedes que todos los
inmigrantes no son malos, ni asesinos, ni ladrones, que casi su totalidad son
trabajadores incansables que fabrican día a día su sueño de conseguir algo de
dinero para ayudar a su familia? Es típico el escuchar “si tanto les gusta su
país, que se vayan”, por ejemplo. Bien, a todos nos gusta nuestro país, aquí y
donde vayamos, ¿O es que los inmigrantes se olvidaron de España y de Canarias?
¿Alguno renegó de su tierra? No, todo lo contrario, abanderaron sus naciones
allá a donde fueron pensando algún día, soñando con poder volver y que la
situación dentro de sus fronteras mejorase. Que vivan y trabajen aquí, no
quiere decir que sean inferiores a nosotros, nada de eso: por haber abandonado
a su tierra, su familia, su historia y parte de su cultura, son valientes, por
afrontar su destino con vigorosidad, sabiendo que sería duro. No paguen nunca
sus frustraciones con otros, por muy distintos y por muy a tiro que estén, no
afrontar la realidad de las cosas es un problema psicológico, y en algunos
casos el racismo puede ser la cumbre de un problema mucho peor.
Por último, reflexionar sobre lo escrito: la
historia siempre se repite. En Europa, tras la Gran Guerra o Primera Guerra
Mundial y el crack de la bolsa de Nueva York, la economía de todos los países
europeos, en especial la alemana, dio un retroceso brutal, con una depresión
económica mucho mayor que la española. Toda la sociedad culpó de ello a los
inmigrantes, se les trató de culpables y de conspiradores contra sus patrias.
¿Saben en que derivó aquello? En la llegada al poder de los fascistas, con el
peor de ellos a la cabeza, el dictador alemán Adolf Hitler, cabeza del partido
Nazi, que cometió el terrible genocidio contra el pueblo hebreo que todos
conocemos y nos arrastró a la II Guerra Mundial. Y
todo empezó con la publicidad negativa hacia los inmigrantes. Dejemos de culpar
al diferente, al extranjero, y pongámonos a trabajar para solucionar las cosas,
para crear un nuevo sistema que no convierta de nuevo al mundo en un polvorín
que al simple olor de una cerilla pueda explotar por completo.