La felicidad en un mundo complicado
Wladimiro
Rodríguez Brito
Hemos de pensar en cómo reactivar el
sector primario, poniendo en marcha tierras ociosas que generen alimentos para
nuestra población y que a la vez den estabilidad en numerosos núcleos rurales
Pasados
los días en los que hemos celebrado unas fiestas cargadas de familiaridad,
espíritu de concordia y amistad, debemos plantearnos qué hacer en este nuevo
año ante una situación económica que nos ha sorprendido a casi todos. Parece
claro que el modelo económico que ha dominado en nuestro entorno en los últimos
30 años se enfrenta a numerosas dificultades; todos teníamos asumida la
relación entre crecimiento económico y bienestar y habíamos olvidado la
narración bíblica de años de vacas gordas y años de vacas flacas. Después de
tantos años de bonanza, varias generaciones de canarios habían asumido que el
pasado sólo había que dejarlo en los museos, y que austeridad, economía de
subsistencia, respeto al sector primario, etcétera, habían quedado atrás para
siempre.
El
modelo económico en el que han vivido en los últimos años Europa Occidental,
Japón y Estados Unidos parece que tiene graves problemas, entre otras razones,
por el uso y disfrute de los recursos del planeta, distribuidos de manera
injusta, pues poco más del 10% de la población del planeta se había apropiado
de algo más del 80% de los principales recursos. Por ejemplo, de los 86
millones de barriles de petróleo que se extraen diariamente en todo el mundo,
corresponden unos
Esta
situación se ha complicado en los últimos años con la irrupción de los llamados
países emergentes (Brasil, China, Rusia, etcétera), que en un mundo dirigido
sólo desde el mercado y sin una intervención clara de los Estados, ha
contribuido a generar la situación de crisis que todos conocemos, con
escándalos financieros y falta de credibilidad del modelo económico que se ha
implantado en todo el planeta tras la caída de
Es
en este marco complicado y confuso en el que tenemos que plantearnos las
prioridades políticas y sociales en este naciente 2009, en el que muchas cosas
han de cambiar no sólo en cuánto consumimos, sino en cómo lo hacemos. Este
nuevo año parece que va a hacernos reflexionar sobre el uso y conservación de
los recursos. Los aspectos ambientales, económicos y sociales no pueden ni
deben estar apartados en un territorio en el que vivimos más de dos millones de
personas y en donde hemos de mirar con más cariño las cosas de casa.
En
estos momentos las políticas económicas que realiza la administración central,
autonómica y parte de las administraciones locales están centradas en crear
empleo para la mano de obra que hasta ayer estaba en la construcción y en el
sector servicios, resolviendo un problema social grave a corto plazo. Sin
embargo, apenas se están planteando temas estructurales que generen riqueza y
estabilidad social a medio y a largo plazo.
Hemos
de establecer medidas que potencien actividades productivas y fomenten los
recursos locales y nos haga menos dependientes del exterior. Así, por ejemplo,
hemos de pensar en cómo reactivar el sector primario, poniendo en marcha
tierras ociosas que generen alimentos para nuestra población y que a la vez den
estabilidad en numerosos núcleos rurales y que, por otra parte, sean factores
ambientales de limpieza y reactivación de zonas que en los largos veranos de
estas islas generan potenciales problemas de incendio. En este marco, la
formación profesional y la cultura del territorio, la sabiduría popular
devaluada por modelos importados y la dignificación de los hombres y mujeres
que se acercan a la agricultura y a la ganadería, nos puede generar no
solamente mejoras sociales y económicas, sino también reducir nuestra
dependencia del exterior.
En
estos momentos, la única administración que está realizando una serie de obras
significativas en las medianías -papas, frutales, redes de riego, caminos de
acceso al medio rural- es el Cabildo, por lo que sería razonable que las demás
administraciones complementen o potencien esta labor realizada en los últimos
años.
Por
otro lado, ante la actual situación de importación de alimentos en Canarias y
la llamada libre circulación en
Parece
claro, pues, que hemos de prepararnos para una nueva época en la que los
modelos basados en el crecimiento económico y el consumismo y derroche de los
recursos deberán pasar a uno más austero, sostenible y más solidario, ya que es
imposible que los 6.700 millones de personas que viven en este planeta tengan
como modelo el de las clases medias del mundo occidental. Así, tiene que haber
un equilibrio entre Estado y mercado público y privado, porque la
administración no puede estar sólo para rescatar náufragos, como ha ocurrido
con