Referéndum, consulta, encuesta...

 

Juan Jesús Ayala

 

 

El objetivo de cualquier nacionalista es que su territorio sea una nación con Estado propio.

¡Lo que quieran! ¡Qué más da! Y, aunque no esté dentro de la legalidad, la consulta (vamos a dejarlo en eso) que se ha verificado en Arenys de Munt, preguntando si se está de acuerdo en que Cataluña tenga un Estado propio, ha sido una manera de ver el camino por el que se conduce la gente que habita en ese municipio, que es, ni más ni menos, que hacia la independencia. Esto, que parece una banalidad, no lo es, tiene una enjundia y calado político de envergadura. Viene a ser como una mancha de aceite que se irá extendiendo, porque en el mes de octubre van a ser más de sesenta ayuntamientos los que vayan a pronunciarse en ese sentido.

Y no es que sea sólo un aviso a navegantes, sino dar con la clave del fundamento de esas consultas, que aunque se hagan desde sociedades cívicas, ya apuntan hacia una propuesta política concreta.

Los partidos catalanistas, a excepción del PSOE, llámese Esquerra y CiU, tienen una meta común, que es el pronunciamiento de la autodeterminación con proyección hacia una soberanía consolidada. Quizás la única diferencia que separe a unos de otros sean los ritmos y los tiempos. Pero que, en definitiva, no se trata de lo que unos digan y propongan los otros, sino la decisión que induce a tomar un camino y otro mediante el voto de la gente. Y si se decide independencia, ahí está y sobre ello se tendrá que trabajar desde el Estado español y desde las instituciones catalanas. Así de claro. Y no hay que darle más vueltas.

El objetivo de cualquier nacionalista es que su territorio sea una nación con Estado propio y buscar qué tipo de relación se quiere tener con el resto del Estado, antes tutor. O bien independencia total, una confederación o simplemente un Estado federalizante. Lo que se quiera. Pero eso no lo deciden los políticos. Los políticos proponen y los que habitan el territorio deciden. No se hará nada positivo y convincente ajeno a la voluntad popular, y esas consultas (no hay que tomarlas a pitorreo y minimizarlas) nos ponen en la pista de qué es lo que hay y saber la dimensión que tiene la conciencia nacional de los pueblos, dónde empieza, dónde termina y cuántos son los que van por esa vía.

Los territorios tienen su historia, una pasada y determinante y otra que hay que hacer. De la remota, si es necesario buscar protagonistas, se buscan, pero poco se resuelve con ello; y de la historia próxima, de la venidera, ahí sí que tienen que estar todos implicados, con razones y con potencia.

De ahí que lo de Arenys de Munt y lo que salga próximamente del territorio catalán nos parece acertado, porque las fronteras de los pueblos no la marcan los linderos geográficos. Los pueblos se definen, se desarrollan y se identifican al compartir una cultura. Que esta sea común. Si no es así, no hay país, no hay nación. Es pura entelequia que viaja a ninguna parte, no tiene retorno, al garete y sin norte.