Renovaciones nacionalistas

Canarias debe ser de una vez sujeto histórico

 

Juan Jesús Ayala

El nacionalismo canario está perfectamente definido, como lo está cualquier otro nacionalismo del planeta. Su meta es la construcción nacional y al unísono establecer un empeño que vaya decidido en la dirección de la instauración de un Estado canario que englobe a todas las Islas.

Los nacionalistas canarios no terminamos de aprender. Es como si fuera una constante invariable, como si nos acompañara toda la vida un aciago demiurgo. Y es que la centrifugadora nacionalista, cuando se pone a funcionar, capacita a aquellos que por ese camino transitamos a desperdigarnos, a machacarnos, a situarnos unos de los otros cuanto más lejos mejor. Como si el enemigo fuéramos nosotros mismos, sin aprender de viejos errores o posicionamientos que en su día se adoptaron; además, sin tener clara la perspectiva del entorno canario y saber por dónde vendrán los que pongan a esta tierra al pie de los caballos. Si los nacionalistas andamos con renovaciones y basamos en ello una de nuestras máximas preocupaciones, con insularismos travestidos políticamente y un malabarismo de nuevas siglas, lo que se conseguirá es estar en un continuo esquizoide donde ni al principio ni al final nadie sabrá quién es quién y, entre tanto, eso sí, Canarias escurriéndose por entre las manos de los unos y de los otros.

Al nacionalismo canario no le hace falta renovarse. El nacionalismo canario está perfectamente definido, como lo está cualquier otro nacionalismo del planeta. Su meta es la construcción nacional y al unísono establecer un empeño que vaya decidido en la dirección de la instauración de un Estado canario que englobe a todas las Islas. Y esto será realidad si hay coherencia nacionalista (que es la gran y lamentable carencia), entre todos, y fuerza en los votos, que si son mayoría nos pondría en la tesitura no de nuevas aventuras, sino de otros objetivos políticos que nos merecemos y que entre todos podremos lograr, y estoy refiriéndome a un proceso que termine en la independencia.

La renovación en el nacionalismo canario pasa por ser eso, simplemente nacionalistas. No hace falta enfatizar con nomenclátor rimbombante y rebuscado que deja mucho que desear, y más aún cuando se arrastran "zetas", "ces", "vosotros" o "vais a ver" en el lenguaje, que, la verdad, no suenan muy bien. El canario tiene su acento. El nacionalismo tiene el suyo, que, aun siendo universal y estando implantado en el mundo, el de uno, el de la tierra, debe enmarcarse con fuerza en una dicción de aquí, con una pronunciación de aquí, porque cuando nos llegan renovaciones con latinajos, con circunloquios y con frases estereotipadas es como si la fantasía fuera la que discurre y el personalismo el que toma presencia (personalismo del que se dice, una y otra vez, que hay que huir) .

El nacionalismo canario no tiene que renovarse. La ideología está ahí, lo que hay que hacer es desempolvarla, acercarse a ella, concretarla, animarla y darle vitalidad.

Mientras los nacionalistas, algunos que así se llaman, tienen como objetivo la renovación, otros que son más nacionalistas que ellos, nacionalistas españoles del PP y del PSOE se frotarán las manos al ver tanta estrategia fallida de carácter personal y de resabio consolidado.

El nacionalismo canario no tiene por qué renovarse, pero sí que tiene muchas cuestiones que se deben poner en la mesa de la discusión, con fuerza, sin timorateces, con claridad, y no desde la penumbra urdiendo ir unos en contra de los otros, porque eso no es renovarse; es fabricarse una mortaja funeraria.

Renovar no es volver a ser nuevo, distinto, diferente. Canarias debe ser de una vez sujeto histórico. Alejarnos de ese objetivo no sólo es ir contracorriente, sino desperdiciar un montón de energía que sólo conducirá al desahucio político. El nacionalismo no se renueva. Se pone en marcha, se desarrolla o se atasca.