EL
INDEPENDENTISMO CANARIO, “ÉTICAMENTE REPROBABLE”
Francisco
Javier González
Cuando en 1871 el canario Nicolás Estévanez rompe su
sable de capitán y se da de baja en el Ejército español como protesta por el
fusilamiento por las tropas coloniales en La Habana de 8 estudiantes independentistas,
era una “canariada” sin sentido. Para Blas Villar y Villate, Conde de Valmaseda
y Capitán General de la isla, cualquier medio de conservar la españolidad de
“nuestra fiel Isla de Cuba” era un acto “éticamente
irreprochable”.
Cuando en 1896 y 1897, el Capitán General Valeriano
Weyler -Marqués de Tenerife, Duque de Rubí y Carnicero de Cuba por méritos de
guerra- condenó a la muerte por hambre a casi un millón de civiles cubanos,
muchos de origen canario, con su “Reconcentración”,
era tan “éticamente irreprochable” que
el Rey lo nombró “Grande de España”.
Cuando desde
Cuando en esa guerra contra el rebelde Sidi Mohamed Abd el-Krim en defensa de la civilización
occidental y mayor gloria de España, el General Primo de Rivera, tras su
desembarco en Alhucemas, muestra “su disgusto” al contemplar las cabezas
cortadas de los “salvajes” rifeños espetadas en las bayonetas de aquella Legión
comandada por los Millán Astray y Franco, el suyo era un disgusto estético. Los
militares españoles siguieron tomando como trofeos las cabezas rebeldes porque,
por supuesto, era un acto “éticamente
irreprochable”.
Cuando en 1925, el Jefe Militar de la Guardia Colonial
española en Guinea Ecuatorial -luego “provincia” de Río Muni- el teniente
Julián Ayala Larrazábal, ordenó cavar una enorme fosa de
Cuando en 1936 los militares españoles se reúnen en el
tinerfeño Monte de Las Raíces para planificar su golpe de estado, y luego
“suicidan” el 16 de julio al general Amado Balmes, “suicidio” cronometrado
exactamente con la llegada a Gando del avión Dragón Rapide, para que Franco volara
a Tetuán a movilizar las tropas coloniales del norte marroquí y apoyara a los
Mola, Queipo de Llano, Saliquet, Cabanellas o al Sanjurjo que aclaraba que “esta vez nos sublevamos con Franquito o sin
Franquito”, se trataba de “salvar a la Patria” aún a costa de más de un
millón de muertos, por lo que era tan “éticamente
irreprochable” que hasta la Iglesia la denominó como “Cruzada”.
Cuando en esta colonia, que no fue frente en la
incivil Guerra de España, los tribunales de la Capitanía General de Canarias
que ostentaba el benemérito y llorado asesino, el General Dolla,
condenaban a muerte a cientos de canarios reos de ser rojos, comunistas,
masones o separatistas, y las cívicas y criollas Brigadas del Amanecer
terminaban la limpieza “desapareciendo” al resto de los incívicos defensores de
la legalidad republicana, eso era parte de los deseos divinos para la gloria de
la imperial España y, por lo mismo, “éticamente
irreprochable”.
Cuando en agosto de 1942 el Capitán General de
Canarias, General Serrador -el del Puente-, firma la sentencia de muerte
solicitada por el Fiscal Militar, Miguel Zerolo Fuentes, contra los
desgraciados paisanos Manuel Febles y Emiliano Gutiérrez por intentar,
frustradamente, asaltar armados con un martillo en La Laguna al gerente del
Cine Parque Victoria y los fusilan en el Barranco del Hierro -últimos paisanos
fusilados por el Ejército Español en Canarias- se trata de reprimir el hambre a
tiros y eso, desde la óptica del fascismo, es algo “éticamente irreprochable”.
Cuando el pasado 24 de octubre, miles de canarios se
manifiestan por la descolonización e independencia de Canarias en las calles de
La Laguna, armados de peligrosas banderas ondeantes tricolores y de verdes
estrellas, el General Jefe del Mando de Canarias -figura que sustituye a los
antiguos Capitanes Generales- el General Vega Alba, en pura coherencia lógica
con la historia anterior, califica al acto y al debate sobre la descolonización
de Canarias como “éticamente reprobable”.
Desde luego que somos “éticamente reprobables”. No hemos entrado a caballo en las Cortes
Españolas como el General Pavía, ni hemos entrado al tiro limpio en el
Parlamento como el Tte. Coronel Tejero, ni hemos sacado tanques a la calle como
el General Milán del Bosch. Ni siquiera hemos amenazado con que la Corona, con
el apoyo del Ejército, impida que “España se rompe” como solicitó el Teniente
General José Mena al Consejo Supremo el Ejército
Español el 26 de octubre de 2005.... y siguió más de
tres meses al mando de los 30.000 soldados de la Fuerza Terrestre española,
hasta que por reiteración de llamamiento a la sedición, y dado que el caso era “éticamente irreprochable” se le
condenó solo a ocho días de arresto domiciliario y se le pasó a la reserva.
El General Vega Alba, ilustre continuador de una
historia militar española ya muy larga, actúa en esta colonia de la forma, por
supuesto, “éticamente irreprochable”
que le enseña esa historia. ¡Gloria y Honor a la unidad de la hispana patria!
Canarias a 5 de noviembre de 2009