Respuesta al teniente general don Emilio Pérez Alamán

 

José E. Rodríguez Ramírez *

Don Emilio:

Mi respetable y estimado teniente general, ex jefe del Mando de Canarias. Su carta abierta dirigida a mí, y publicada según su deseo y el nuestro el pasado domingo 27 de febrero[1], me sorprende por varios motivos. Por un lado, debo confesarle la satisfacción que me ha supuesto que se acuerde usted de mí con tantos detalles, así como su cortesía y afecto conmigo. Francamente, por este lado me ha dado usted una gran alegría y me siento muy honrado con su misiva. Sepa que el mismo afecto que usted me profesa se lo tengo también a su persona de manera extraordinaria, porque usted me ofreció momentos de cordialidad y conocimientos sobre su nobleza, inteligencia, sentido de la amistad y respeto a las personas por muy humildes que seamos. Por otro lado, me ha causado cierto disgusto el párrafo donde me dice "desde mi retiro, no tan tranquilo como quisiera". Si la intranquilidad le viene por la lectura de los editoriales de EL DÍA, lo comprendo. Ojalá que sea por este motivo y no por trastornos y complicaciones familiares, de salud o de cualquier otra índole. Realmente me disgustaría, porque usted merece lo mejor en su descanso, en su retiro.

Efectivamente, en EL DÍA tienen cabida todas las opiniones salvo aquellas que puedan provocar ofensas y mala imagen de personas, entidades o instituciones y, por supuesto, las que puedan acarrear, a juicio nuestro, repercusiones judiciales. Pero la libertad es muy bonita. Es un ansia que poseemos desde que nacemos, porque nacemos libres. Aparecemos en este mundo procedentes del limbo y vamos adquiriendo conciencia de lo que somos y de lo que debemos hacer con el libre albedrío y dignidad que nos ha otorgado nuestro Creador. Usted sabe que durante las monarquías absolutas y despóticas -que la actual española no es ni una cosa ni la otra-, que durante las dos repúblicas que hemos padecido -en las que el desorden y hasta el tiroteo y la muerte eran frecuentes- y que durante dos dictaduras -la última una dictadura de obras públicas, pero también de represión del pensamiento y de las libertades que nos eran negadas- Canarias ha vivido como una colonia sometida a España. Por lo tanto, nuestro pensamiento, nuestra línea editorial ha estado reprimida o condicionada por el temor al castigo. Hoy, a pesar de las listas cerradas (el domingo decíamos que actualmente hay más democracia que en otros tiempos, a pesar de las listas electorales cerradas) podemos expresarnos sin miedo. Hasta hemos llegado a decir un par de veces que ni el Ejército, ni las Fuerzas policiales, van a disparar contra el pueblo cuando éste reclame libertad en la calle.

En nuestro caso, creo conveniente aclararle que la expresión ideológica de EL DÍA es enteramente mía, como editor y director. Sólo mía y no, como usted supone, mía y de mi equipo de redacción, y responsable único, yo. En mi equipo de redacción figuran muchos redactores de nacimiento o procedencia peninsular. Es decir, españoles. Y créame, se lo confieso, que cumplen con su trabajo pero no colaboran de corazón en estos editoriales con los que pedimos la libertad del pueblo canario, al menos de manera explícita, oral. Un pueblo que no posee la libertad a la que tiene derecho porque el Ejército castellano y sus mercenarios, que eran muchos, invadieron estas tierras, estas Islas donde vivían miles de habitantes (nuestros antepasados los guanches; usted lo debe saber porque es persona bien cultivada) que fueron masacrados en una actuación genocida de ese Ejército que en aquellos tiempos se estaba constituyendo como Ejército español. Seres que habitaban pacíficamente estas Islas y fueron invadidos, esclavizados, violados, vendidos y exhibidos en las cortes europeas. En fin, la historia es muy larga. Demasiado larga para resumirla en dos o tres líneas de este editorial.

El ya español de entonces nunca fue bien visto en este Archipiélago porque nos trataba como colonos o medianeros de una finca situada allá, en otro continente. Su altanería y mando eran constantes; perpetuos. Se les temía como se le temía a la Santa Inquisición. Hoy ese Ejército invasor, genocida, es bien distinto. Y el peninsular que reside en Canarias, también. Aunque todavía quedan godos insoportables. Godos a los que no podemos sufrir por su prepotencia y por creerse superiores al aborigen canario. Esos pocos siguen creyendo que somos indígenas, nativos, por el hecho de sabernos isleños colonizados, mientras que ellos son españoles continentales. Cualquier español, civil o militar, siente que Canarias le pertenece porque es una posesión de España, pero ese no es el sentir de los canarios, porque nos sabemos criaturas humanas con sensaciones y sentimientos.

Sigo más o menos el orden de su carta. Esa relación, tanto institucional entre la Capitanía General de Canarias y nuestro grupo de comunicación, sigue intacta en mi concepto y corazón, y en especial con usted, siendo afectuosa, respetuosa y de altísima consideración. No ha cambiado. Todos los recuerdos que usted desborda en su carta los conservamos en imágenes y en el corazón. Y entro en una palabra, en un concepto, que parece que es el que ha molestado a determinadas personas, aunque no entendemos por qué. La palabra es ocupación refiriéndonos al estamento militar. Ya hemos dicho, en respuesta a un ilustre militar que escribe en nuestras páginas, que seguimos creyendo que el Ejército de España destacado en Canarias es una fuerza de ocupación, aunque muy distinta al Ejército del siglo XV y de las fuerzas militares que cumplían órdenes de las monarquías absolutas, de las repúblicas y las dictaduras. Es tan distinto el actual Ejército como lo es el día de la noche. Hablábamos en días pasados que el Ejército hoy tiene una vestimenta moral y material muy distinta. Acabemos: sabemos que no disparará contra el pueblo. Además, el pueblo está con el Ejército. En esta Casa admiramos y elogiamos su disciplina y obediencia a los mandos superiores, su abnegación, su heroísmo tantas veces demostrado, sus estrategias y hasta su orden y limpieza. Pero si Canarias está en otro continente que no es el europeo, y España está en el continente europeo y a 1.400 kilómetros de su punto sur y a 2.000 de Madrid, ¿qué es ese Ejército en Canarias? ¿Qué calificativo gramatical cabe para que no se entienda, llegado el caso, que es un ejército de represión? Porque el Ejército está ocupando un espacio, unas instalaciones, y tiene presencia en un territorio que no es español. Lo es por mor de una Constitución que nos califica de Comunidad autónoma para disfrazarnos a los canarios, a los isleños, como europeos. Aunque nos irrita que se nos tilde de europeos ultraperiféricos, al menos Europa se ha encargado de decir que no somos de Europa, sino de más allá de Europa. Ultraeuropeos. Aunque el Gobierno de Madrid no hace estas distinciones, nadie puede negar que somos una descarada colonia que España posee desde hace casi seis siglos, después de una cruenta invasión y una lucha ¡que duró cien años! en la que los nativos de este Archipiélago veían, desesperadamente, cómo perdían sus tierras y vendían a sus hijos. Cómo ultrajaban a sus mujeres. La historia ni ha mentido ni ha exagerado.

Por favor, don Emilio, teniente general, buen amigo: admiramos al Ejército y la palabra ocupación no debe ser considerada de forma peyorativa como se nos atribuye por parte de alguien y que también ha motivado su carta abierta que estamos respondiendo. Y por favor, no se preocupe. Nos parece que en su ánimo existe ese malestar. Mire usted: me atribuye una fuerte personalidad y yo, don Emilio, me considero mínimo -y la expresión no es mía- cuando me considero, pero mucho cuando me comparo. Yo no tengo más personalidad que la que me da la fuerza de mi patriotismo y mis deseos por ver esta tierra libre y digna, y a sus habitantes con la identidad que les corresponde: la de canarios y no la de españoles, porque españoles son los que nacen, habitan en España y españolean por el mundo. Canarias no es España. ¿O es que el pico del Teide es la cumbre más alta de España? Desde luego que no. Es patente que no. Don Emilio: usted es un español dignísimo y nos parece muy bien que, siendo de España, sea español. Pero nos parece igual de bien que un canario sea canario. Que su identidad sea la de canario de la nación y Estado canarios.

Le escribo en estos momentos en que un sindicato español comunista nos amenaza, precisamente en época de crisis en España y en Canarias, arrastradas estas Islas por su yugo colonial. Crisis en la que la carencia de ingresos es casi absoluta y en la que luchamos por mantenernos a flote. El año pasado cumplimos cien años. Ese sindicato comunista parece que quiere hacerse con la cabecera de este medio. Yo, que soy el propietario, lucho en conjunción con mis hijos, propietarios todos también de esta empresa, por mantener este medio de comunicación, que es el de más prestigio y número de lectores del Archipiélago, con una diferencia abismal con el que los que le siguen. Pero le aseguro que "a mi edad" ningún equipo -usted sabe por qué lo digo-, poco o visceralmente formado, se ha hecho con la cabecera de este medio para convertirlo en un periódico joven y levantisco. Gracias a mi edad, a mi experiencia, no olvido que soy un veterano sensato y consciente y consecuente con mi historia y la de este periódico. Quiero y lucho mucho por mi tierra canaria. Guardo con gran esmero la dedicatoria que usted nos dejó cuando visitó EL DÍA.

Don Emilio: su carta es extensa. Mis razones para estar dolido por ciertas intervenciones son muy fuertes. Mis criterios no son soflamas pero sí, aunque a usted no le parezca, argumentos poderosísimos de independencia. ¿De dónde proceden los derechos de pertenencia de España sobre estas Islas? ¿De dónde proceden los derechos de un país situado en otro continente? Usted sabrá, porque es persona instruida, que estamos en la Zona Económica Exclusiva de Marruecos y eso nos atemoriza. Dudo que el Ejército crea conveniente enfrentarse en una guerra contra Marruecos. La ONU y su Comité de Descolonización de los Pueblos, las organizaciones del mundo libre, le apoyan y no creo que lo hagan con España por razones geográficas, de aguas jurisdiccionales y ni tan siquiera políticas.

Por otra parte, no hay contradicción entre atacar a España y alabar a su Ejército. No hay contradicción porque nosotros no atacamos a España, bueno fuera, sino razonamos que España no tiene derechos sobre Canarias, pero seguimos alabando a su Ejército. Y hasta nos enorgullece ver en la Plaza de Weyler el palacio de la Capitanía General y haber pisado sus salones.

Y acabo. Me enorgullezco, y lo digo con frecuencia, de poseer, a mis años, una lucidez mental y una memoria extraordinarias. Puedo decir que conservo intactas las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Mi memoria va hacia atrás en la historia y recuerda la conquista y las vilezas del Ejercito de los adelantados y de sus esbirros mercenarios, así como la crueldad con la que fue tratado el pueblo canario. Mi entendimiento me dice que ese genocidio, esa injusticia, hay que repararla. Me aseguran que tenemos medios para convertirnos en un país muy rico, si no salen las riquezas de esta tierra hacia las arcas de España. Mi voluntad en este aspecto es muy fuerte. Me quedan pocos años de vida, o muchos, quien sabe. Tengo tres disparos en el corazón, pero Dios dirá. Tengo respeto por mis amigos. Por usted en especial. Lo estoy viendo y leyendo con emoción. A su pregunta sobre la residencia geriátrica que el Cabildo estaba construyendo sobre el Hospital Militar, creo que se acabó y está siendo utilizada. No sé si la habitaré, porque espero que Dios me encuentre para llevarme con Él en mi casa y en mi cama con la conciencia tranquila. Y si es sabiendo que Canarias recobró su libertad, mucho mejor. Usted acaba citando mi carácter liberal. Gracias. Soy un liberal de arriba a abajo. No me gustan las mordazas, pero sí el orden y ayudar al prójimo e infundir buenas costumbres. Aclaro: primero, canario; luego, conservador, y después socialista humanista, no político.

Acabo como hace usted en su carta. Con mis más afectuosos saludos, le deseo lo mejor. En cuanto a los deseos de que pase un buen carnaval, pocos ánimos tengo a mi edad y en mis circunstancias. Gracias por su epístola, y reciba un gran abrazo, mi respetable y querido amigo general del honroso y digno Ejército español. Ojalá podamos darnos ese abrazo en la Plaza de Weyler junto a la bandera de España, como bandera de una nación amiga a la que nos une lengua y cultura básicamente, pero en el mástil más alto ha de estar la bandera de nuestra nación y Estado canario. Después, felizmente, nos tomaremos ese café que usted dice en la Plaza Militar. Otra vez, un cordial abrazo.

* Presidente de Editorial Leoncio Rodríguez, editor y director de EL DÍA

Publicado en el periódico El Día, 01-03.2011

[1]Carta abierta a don José Rodríguez Ramírez, editor y director de El Día de Tenerife